Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.

Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew

Capítulo 7

Los primeros rayos de sol despertaron a Albert que había dormido plácidamente en el diván, rodeado del aroma de plantas dulces y exóticas. Se refrescó tomando otra ducha. Su ropa estaba bastante sucia, así que volvió a ponerse la bata japonesa para salir al estudio y dirigirse nuevamente al pequeño invernadero en donde se cambiaría y esperaría a Mizuki.

Al salir del baño se sintió atraído por el almanaque que estaba sobre el escritorio. Fue hasta él y de pie se dispuso a hojear las grandes páginas bellamente ilustradas. En eso estaba cuando la puerta se abrió lentamente. Entonces una hermosa y joven mujer, apenas cuatro años mayor que Albert, se asomó. Empuñaba la manilla, envuelta aún en su negra, larga, vaporosa y casi traslucida bata de dormir. Vió su cristalina y azul mirada y sujetó con más fuerza el pomo.

Albert tenía abierta la parte superior de la bata. Ambos llevaban sus largas cabelleras sueltas y salvajes. La de él húmeda, la de ella semejante a una nube obscura. Él la observó estático sin que su mano izquierda pudiera soltar la página del almanaque, su mano derecha permanecía sobre el escritorio. Ella le sostuvo la mirada durante esos segundos en los que él parecía petrificado sin embargo fué ella también la primera en desviarla, bajando la cabeza en un sutil movimiento.

-Disculpa…

-Disculpa…

Dijeron al unísono.

Mizuki entró al estudio cerrando su bata por completo, ajustando y anudando las cintas a su cintura.

-Discúlpame tú, te dije que podías disponer de ésta habitación. Sólo que debía empacar unos libros y creí que aún no despertabas.

Albert dejó el almanaque, también cerró su bata y se dirigió a ella.

-Desperté temprano, pero dormí lo suficiente. Gracias...el intruso aquí soy yo- Dijo Albert y le dirigió un guiño. Tomando el almanaque se acercó más a ella y añadió -¿Puedo ayudarte? Esté libro es bastante pesado y creo que no vas a dejarlo, es muy bello.

-Gracias, sí; pienso llevármelo. Las maletas están aún en mi habitación, las llevaré a la sala. Tú puedes llevar el libro y leerlo en el sofá mientras yo termino de empacar y me cambio. El autobús pasará en dos horas, aún es muy temprano.

-Así lo haré. Gracias a ti. Te dejo para que empaques tus libros- Dijo Albert sonriéndole con un brillo involuntariamente coqueto en la mirada y salió del estudio con el almanaque bajo el brazo.

Enseguida sin embargo volvió sobre sus pasos, la puerta seguía abierta. Se asomó y dijo:

-Soy Albert, un despistado que ha olvidado preguntar cuál es tu nombre...

-Yo lo olvidé también...Mizuki...es mi nombre.

Ambos sonrieron, entonces Albert hizo una discreta reverencia y se marchó.

Antes de dirigirse a la sala, fue al invernadero donde había dejado su ropa y se cambió. Ya en la estancia se sentó en el cómodo sofá y siguió leyendo el almanaque.

Media hora después Mizuki se asomó con las maletas. Albert le ayudó a cargarlas hasta dejarlas cerca de la puerta.

-Prepararé algo para desayunar.

-Te ayudaré.

-Pero…

-Te ayudaré. ¿No confías en mí, en que pueda preparar un desayuno siendo un hombre?

-Claro, puedes ayudarme si lo deseas… más de lo que ya has hecho- Dijo ella con una dulce sonrisa.

En la cocina Albert mostró sus habilidades y preparó una ensalada con frutas, mangos y otras que hasta entonces desconocía (propias de la región) pero que parecían exquisitas.

Ella preparó una bebida con zumo de cítricos y cortó pan de arroz.

Se sentaron en la mesa de cristal de la luminosa cocina. Y comenzaron el desayuno tímidamente pero simultáneamente sentían una gran confianza el uno para con el otro. Sí, Albert pese a todo lo ocurrido y a no saber absolutamente nada de ella (salvo lo que su casa le dejaba ver) confiaba. Él sabía leer dentro del corazón de las personas. Era algo casi innato y que desarrolló por completo durante su etapa de trotamundos.

Cuando terminaron, el ayudó a limpiar la mesa. Se disponía a lavar los trastos cuando ella lo interrumpió.

-Ya no viviré más aquí pero supongo que habrá que dejarlos limpios por si alguien viene a visitarme después- Bromeó haciendo alución a sus perseguidores al tiempo que sin querer su mano rozó bajo el agua las manos de Albert mientras depositaba un plato en la tarja. Él sintió un escalofrío y ella soñó de sólo tocar la suave, firme y varonil piel de Albert, entonces dio un paso hacia atrás. Albert volteó a verla. Tenía el cabello obscuro recogido en una coleta y llevaba un entallado y discreto, aunque hermoso vestido rojo. En silencio Mizuki acomodó unas cosas en la alacena para salir del trance. Él terminó de enjuagar los trastes y se secó las manos.

Entonces ella con un ademán lo invitó a la sala.

Ya estaban ambos sentados, uno frente al otro (porque así estaban dispuestos los únicos dos sillones del lugar). Y ella tomó la iniciativa hablando pausadamente.

-Ayer, seguramente al salir del centro en el que hago investigaciones científicas, me siguieron unos activistas con los que me había involucrado ignorando que se dedicaban al tráfico ilegal de fauna exótica. Soy bióloga y caí en una trampa al creer que defendían una zona natural en peligro, cuando en realidad querían que yo les ayudara en sus bajos negocios. Por supuesto me negué…Ya me habían amenazado, pero creí que no se atreverían a más…Ellos temen que los delate, supongo.

-¿Y por eso vas a Japón?

-Sí, por eso tengo que regresar a mi país. Aquí no conozco en realidad a nadie y creo que no estaré segura. Si los denuncio temo que las autoridades crean que soy una de ellos porque muchos me vieron en sus falsas marchas de protesta y me identifican como parte de ese grupo de extranjeros…la mayoría son extranjeros también-

Mizuki parecía nerviosa, trataba de ocultar el temor que le inspiraba la situación.

-Te acompañaré al aeropuerto, podrían estar al acecho.

- No es necesario, no te preocupes. Tendré cuidado...no te preocúpes por favor, ya hiciste mucho por mí...

-Pero lo hago. Me preocupo. Y te acompañaré, estaré tranquilo cuando vea que abordas tu vuelo a salvo.

-¿Harás eso?- Dijo con una voz muy suave. -En verdad te lo agradezco...Está bien.

...Yo también tengo un vuelo que abordar hoy. Pensó Albert pero no lo comentó. Su vuelo partiría por la tarde y tendría tiempo de volver al hotel por sus pertenencias.

Siguieron una amena y tranquila conversación acerca del país en el que se encontraban, sus maravillas naturales y lo que ella investigaba. Pasó poco más de una hora y decidieron que era momento de marcharse. Albert dio tiempo a Muzuki para que se despidiera de sus plantas y del que había sido su hogar cerca de un año, después la ayudó haciéndose cargo del equipaje y salieron rumbo al aeropuerto.

Continuará…