Pansy:
Neville Longbottom se rio en su cara.
─No te ves tan peligrosa sin esto ─dijo mostrándole los pedazos de su varita que estaban a penas unidos por dos plateadas hebras de pelo de unicornio.
─Las apariencias engañan ─contestó Pansy sin perder el aplomo─. Tu abuela debió haberte enseñado que no es bueno molestar a una mujer cuando está llorando.
─Ofrecer ayuda no es molestar ─gruñó más hostil de lo necesario a la mención de su abuela.
Pansy abrió y cerró la boca pensando en algo que decir pero no tuvo que hacerlo por mucho tiempo, porque se escucharon voces tras la puerta y ambos se tiraron al suelo en el acto. Ella volvió a esconderse tras el escritorio y Neville gateó para ponerse a su lado, iba a protestar cuando el sonido de la puerta abriéndose de un tirón los hizo quedarse inmóviles.
─Esto es una pérdida de tiempo, vimos al irlandés imbécil desaparecer tras la pared. Como cucarachas se nos escurren entre los dedos ─decía la voz de Theodore Nott con su inconfundible ladrido de borracho.
─ ¿Y serás tú quien les diga eso a los Carrow? ─preguntó frenético otro chico. No recibió respuesta y los pasos por el salón continuaron─. Echa un vistazo por ahí.
─ ¿Crees que hay alguien bajo el escritorio Inglebee? ─Theo sonaba cada vez más molesto, sin embargo su cabeza apareció a un lado de Pansy en unos segundos. Ella se llevó un dedo a los labios y lo miró con súplica; Theo levantó ambas cejas, sorprendido, confundido y algo sospechoso al ver a Neville acurrucado junto a Pansy.
─ ¿Qué encontraste? ¿Son ellos? ─la voz de Inglebee sonaba ansiosa, y para crédito de Theo su varita se movió tan rápido que pareciera no tener ni una sola copa encima.
─ ¡Obliviate! ─durante los dos segundos que los ojos del chico de Ravenclaw se pusieron en blanco Theo señaló a Pansy con un dedo tembloroso y el olor a whisky invadió el ya de por sí cargado ambiente─. Tienes mucho que explicar señorita ─soltando una risita un tanto maníaca se estiró al momento que Inglebee volvía a decirle que investigara bajo el escritorio.
─Echa un vistazo por ahí.
─ ¿Crees que hay alguien bajo el escritorio?─repitió Theo con tono aburrido y volvió a mirar bajo el escritorio, esta vez con la expresión controlada pero los ojos fijos en Longbottom─. Nada Inglebee tal como lo predije; nadie es tan estúpido para esconderse bajo un escritorio.
Neville:
Cuando el ruido de los pasos de los chicos se perdió en la distancia, Neville dejó salir el aire que había estado conteniendo. Pansy Parkinson también parecía estarse recuperando de un pequeño ataque cardíaco por lo que se quedaron sentados en silencio mucho después de que éste se volviera incómodo.
─Ehm ─Neville carraspeó un par de veces para recuperar su voz─. Te debo una ─dijo ofreciéndole la mano derecha. Ella hizo ademán de tomarla, sin embargo le dio un codazo en la nariz y tomó su varita.
─Ya no me debes nada Longbottom ─se levantó de un salto y Neville logró tomarla del tobillo pero ella le propinó tremenda patada en la cara que terminó por romper lo que su codo no pudo. Neville emitió un grito ahogado y se cubrió la cara con ambas manos, intentando que la sangre dejara de fluir. Pansy salió corriendo con la varita de Neville en la mano y cerró la puerta con seguro, así quedaría atrapado dándole tiempo para escapar.
En ése momento, en el bolsillo de su túnica Neville sintió el galeón falso calentarse y como pudo, se limpió la sangre que le había caído en los ojos, y miró el escueto mensaje: "5 piso, alerón norte, trampa". Frunció el ceño preguntándose si "trampa" se refería a "trampilla" o a "chicos que te quieren descuartizar"; de cualquier modo no tenía caso quedarse ahí parado, sangrando y sin varita, tenía que llegar al cuartel cuanto antes.
Gracias a todos los magos, su camino estuvo libre de mortífagos junior hasta llegar a la pequeña escalera en espiral que llevaba al alerón de la torre norte. Pegó la oreja a la puerta y de inmediato escuchó a alguien susurrando hechizos, probablemente un guardia practicando sus maldiciones. Sin pensarlo dos veces giró la perilla y entró a la estancia cargando contra la puerta. El guardia que debió estar recargado en ella salió volando y golpeó su cabeza contra el muro. Un hechizo le pasó rozando el cabello y su compañero gritó:
─¡¿Qué demonios Niles?! ─bajó corriendo las escaleras para ayudar a su amigo pero al llegar abajo, Neville salió de la curva y le dio un puñetazo limpio en la cara para después cogerlo en un clásico candado─. ¡Me rindo! ¡Me rindo! ─gritó el chico dándole manotazos para que le soltara. Neville le quitó la varita y le apuntó, diciéndole que no se moviera. Una vez fuera de su vista, en la siguiente curva de la escalera, le lanzó su varita y corrió con todas sus fuerzas hacia arriba. Las escaleras cambiaron a unas verticales que subían al alerón. Neville trepó con esfuerzo, por el dolor de su nariz y sus resbalosas manos llenas de sangre. Pero pudo llegar hasta arriba sin problemas. Alzó la trampilla y en dos segundos, estaba en casa.
Pansy:
─No te creo ─Theo bebió otro sorbo directo de la botella y se limpió las gotas que quedaron en su creciente barba con la manga de la túnica.
─Yo tampoco te creería pero eso fue lo que pasó ─contestó Pansy recargando la cabeza contra la pared de las cocinas y cerrando los ojos. Estaba tan cansada; el tipo de cansancio que no se iría ni con la mejor de las siestas.
─Si de algo sirve yo tampoco te lastimaría nunca ─Theo la miró directo a los ojos y le dio un apretón amistoso, Pansy sonrió genuinamente por primera vez en lo que parecían siglos.
─Lo sé, pero tú eres mi amigo. No es lo mismo ─Se recargó contra él que meneó la cabeza pero no dijo nada más. Lo abrazó por la cintura y le ayudó a incorporarse─. Vamos, es hora de volver.
Theodore Nott apuró su botella de licor y se levantó tembloroso con ayuda de Pansy y los elfos domésticos, quienes les dieron tres pequeños frascos de poción contra la resaca y los mandaron a dormir con el clásico: "vuelvan pronto". Benditos sean.
Llegaron a las mazmorras sin contratiempos y una vez dentro Theo se desplomó en uno de los sofás. Pansy pensó que pudo haber sido peor, pudo haberse quedado inconsciente en el suelo. Tallándose los ojos y bostezando, le quitó los zapatos y conjuró una manta para taparlo antes de subir a su cuarto.
Como siempre la recibió el sonido de los ligeros ronquidos de Millicent y nada más, ninguna otra respiración venía de las otras dos camas porque sus ocupantes estaban muy lejos de ahí. Pansy se cambió con un movimiento de la varita de Neville y estuvo tentada de practicar unos cuantos hechizos más para acostumbrarse a ella, pero desistió al sentarse en su cama y notar lo suave que era y las ganas que tenía de poner la almohada sobre su cabeza y huir. Alejarse de ahí todo lo que le permitiera su mente.
Neville:
Quizá nunca lo diría en voz alta, pero Aberforth Dumbledore era su Dumbledore favorito.
El hombre lo había salvado de morir de hambre, lo había comunicado con el mundo exterior y por si fuera poco le había conseguido otra varita.
─Conozco a alguien que conoce a alguien ─se había limitado a gruñir el viejo Abe al dársela y Neville se había conformado, no era como si pudiera ir al callejón Diagon o siquiera salir de Cabeza de Puerco a Hogsmade para comprar otra pues todas las visitas se habían suspendido. Además esa noche la iba a necesitar.
La noche del banquete de Pascua se arriesgó a ir al Gran Comedor principalmente en apoyo a los demás profesores que intentaban, igual que lo hicieron con el de navidad, hacer sentir a los alumnos que podían festejar en paz. Medida que era posible gracias a que Snape había implementado una política de cero tolerancia de magia en el Gran Comedor, ni siquiera los Carrow podían producir un pañuelo para sonarse la nariz sin que el director los echara del lugar.
Neville sospechaba que era por su propia seguridad pero aunque la intención fuera autoprotección le iba bien al colegio.
Aún así, el Gran Comedor normalmente bullicioso y lleno de risas y gritos se había convertido en un salón espeluznantemente silencioso en el que el tosido ocasional retumbaba en las paredes de forma macabra y el techo proyectaba un mar de nubes grises sobre las cabezas de todos.
Los Carrow tuvieron la decencia de no presentarse. pero el que parecía no querer separarse de su asiento a la cabeza del comedor era Snape, mirando a los alumnos como un ave de presa a los gusanos de tierra, no son lo suficientemente grandes para él pero aún así los aplastará por diversión.
La gente comía en silencio y durante el postre unos cuantos susurros valientes se comenzaron a escuchar. Pero el dique se rompió cuando un niño de primero de Ravenclaw comenzó a llorar a la hora del correo. Su lechuza tenía un ala rota y las pocas plumas que le quedaban estaban llenas de sangre. La pobre ave ululó por última vez dejando un sobre en el regazo de su dueño.
─¿Qué le han hecho? ¿Qué ha pasado? ─repetía una y otra vez entre lágrimas. Una de sus compañeras que intentaba consolarlo le instó a que leyera la carta que la pobre lechuza se había esforzado tanto por llevar pero esto fue una mala idea.
La noticia de la muerte de su madre y la huida de su padre fue demasiado para el pequeño que se cayó al suelo entre espasmos de llanto y gritos desesperados. En un minuto el Gran Comedor era un hervidero de tristeza, Seamus apretaba la mesa con furia a mi lado y lágrimas de impotencia amenazaban con salir de sus ojos, Parvati le puso un brazo en el hombro pero no servía de mucho porque estaba igual o más temblorosa que él.
Volteé a la mesa de profesores a ver cómo podría Snape mantener su fachada frente a esto pero mi mirada se perdió en la mesa de Slytherin donde Milicent Bulstrode se levantaba con la cara cubierta con el cabello y salía a toda prisa. A su lado, Pansy Parkinson no movía un sólo músculo, incluso parecía aburrida, con la cabeza en su mano izquierda y con la otra jugando con su varita. MI varita.
Pansy:
Se lo estaba esperando.
Pensó que todos comenzarían a dar lástima en Navidad pero el escuadrón de torpes dirigido por Longbottom les habían dado esperanzas por unos meses más. Hoy por fin los había alcanzado el peso de su tragedia, todos querían volver a casa y nadie podía, algunos no tenían ningún lugar al que volver y finalmente lo habían asimilado. Pansy estaba genuinamente maravillada de lo mucho que habían estado evadiendo su realidad.
No es que no sintiera nada por ellos, en especial le dolían los de primer ingreso como aquél pobre chico, con todas sus ilusiones destruidas, aquellos que jamás habían conocido el verdadero Hogwarts. Tenía que pestañear varias veces para no llorar, sin embargo la tragedia que ellos vivían era una en la que ella había estado metida desde hacía tres años. Ella sabía que Voldemort había vuelto, sabía de lo que era capaz y sabía que un pie fuera de la linea significaba algo peor que la muerte.
Ella ya había albergado esperanzas de que las cosas cambiaran. Había intentado ayudar a Draco el año pasado, había intentado darle esperanza y sacarle todas esas ideas de la cabeza, había intentado hacerle ver que todo podría ser diferente si tan sólo hablara con Dumbledore o con Snape. Y también había visto como todo se iba a la mierda.
Miró de soslayo a Milicent salir del Gran Comedor y suspiró, su empatía la haría enloquecer o morir. Ella no estaba dispuesta a seguir por aquél camino, ella sobreviviría a todo esto y en cuanto sus padres dejaran de existir correría lo más rápido posible al lugar más lejano que encontrara.
No era el mejor plan pero era el más sensato, el menos doloroso.
─¡Parkinson! ─el grito hizo eco en el Gran Comedor. Unas cuantas caras se voltearon curiosas pero Madame Pomfrey ya comenzaba a correr a todo el mundo para atender al niño de Ravenclaw.
─¿Qué crees que haces Longbottom? ─Theodore Nott apareció de la nada detrás de ella con la varita preparada─. Aléjate. Ahora ─su voz sonaba sobria y calmada y por eso cien veces más amenazante.
─Sólo quiero mi varita de vuelta Parkinson ─la apuntó con una varita desconocida.
─¿Si no te la doy me harás daño... Neville? Recuerda tu juramento ─replicó ella con un puchero.
