Neville:
La pregunta lo tomó por sorpresa. ¿Estaba jugando con él? La boca de Seamus se abrió por completo y lo miró estupefacto. Neville le devolvió una mirada entre molesta y apologética, tampoco entendía muy bien lo que estaba pasando.
─Quizá él lo prometió, pero yo no ─dijo por fin Seamus, aunque sonó casi a pregunta. Theodore primero lo miró y giró su cabeza a un lado, examinándole.
─Por favor Finnigan, dame una excusa ─Theo parecía realmente excitado con el prospecto de una batalla mañanera, con esa sonrisa suya de depredador y las ojeras tan pronunciadas acentuando el vacío de sus ojos. Neville se tuvo que repetir la enorme lista de cosas horribles que había escuchado del chico para no sentirse mal por él.
Nott tenía muchísimas más cicatrices que Pansy casi tantas como él mismo pero su apariencia era mucho más perturbadora. Neville pensó en lo que diría su abuela, que eran el enemigo y que sentir compasión y mostrar compasión son cosas que si no sabemos diferenciar nos acabarán matando.
Después pensó en sus padres con el mismo vacío en los ojos y a la vez tan diferente. Pensó en la voz de su madre cantándole canciones y acariciándole el cabello.
─Duerme mi bebito ─es lo que repetía ahora una y otra vez. A penas hablaba y cuando lo hacía era todo lo que decía─. Duérmete ya ─Solía darle escalofríos pero ahora le gustaba pensar que era su forma de decirle que sabía quién era.
─Devuélvela Pansy, y te daré esta ─pidió esperando que su voz siguiera firme. No quería romper un juramento ni siquiera en aquellas circunstancias, o en especial en aquellas circunstancias en las que parecía que todo acto de bondad por pequeño e irracional que fuera marcaba una diferencia entre ellos y nosotros.
─No te creo ─contestó ella. Neville la fulminó con la mirada un minuto entero, sopesando la situación.
─¡Neville! ─Seamus sacudió su manga. Snape los había visto y bajaba de la mesa de profesores con McGonagall de cerca, los labios tan apretados como siempre y una mano bajo la túnica─. ¡Salgamos de aquí!
Siguió a Seamus por el pasillo que iba a las cocinas dedicándole una última mirada a Pansy que lo saludó moviendo su varita como una despedida. Neville se dio topes imaginarios en la frente.
─Creo que hay un par de cosas que no me has dicho ─dijo Seamus entre resoplidos. Neville asintió.
Pansy:
Las últimas semanas habían sido mucho peor de lo que Pansy había pronosticado. El haber vetado a los alumnos de ir a casa por Pascuas había sido una mala jugada por parte del régimen. No sólo había vuelto a los rebeldes más rebeldes sino que ahora los indecisos ya no lo eran más.
Los estudiantes más grandes protegían a los pequeños, a algunos incluso lograban sacarlos del castillo en las noches. Cada vez había menos alumnos en clase y más alumnos planeando atrapar a Snape en el invernadero con un lazo del diablo. El asunto se les estaba yendo de las manos y había rumores de que pronto llegarían refuerzos, como si de criminales y no de estudiantes se tratara.
Dos semanas después del incidente con Longbottom una gota no sólo colmó el vaso, sino que lo tiró al suelo y lo hizo añicos: El registro de hijos de muggles. Por alguna razón, el registro no había llegado aún a Hogwarts y Pansy sospechaba que los profesores tenían mucho que ver, pero dada la fuga de niños en plena luz del día la medida se impuso con fuerza y a la mañana siguiente ya había interrogatorios brutales para todos los habitantes del castillo.
Pansy miraba con profundo desagrado cómo la pobre muchacha de Hufflepuff caía al suelo y de inmediato cubría la distancia entre él y su hermanito y lo abrazaba con fuerza para protegerlo de las maldiciones que les lanzaban una y otra vez.
─¿A qué buena familia le robaron la magia? ─seguía preguntando Runcorn entre hechizos, a pesar de que al usar veritaserum ya habían probado que no habían robado a nadie─. ¡Responde asquerosa sangre sucia!
─Esto es demasiado ─susurró sin pensarlo.
─¿Dijiste algo? ─Crabbe estaba a su lado, mirando atentamente al frente. Pansy se puso blanca de inmediato.
─No ─contestó de inmediato y Crabbe la observó con su mirada fría y llena de veneno. Entonces escupió al suelo y cambió lugares con Millicent, claramente no quería estar cerca de una traidora a la sangre como ella.
Lo que quedó de la tarde hizo un extra esfuerzo en parecer contenta con estar ahí, tanto que llegando a su cuarto en la sala común no pudo más que vomitar sobre su cama, recordando el olor del cuarto, húmedo, salado, oxidado. Tanto sudor, lágrimas y sangre.
Este era su punto de no retorno, era el momento en que se convertía en uno de ellos y toda la distancia que intentaba mantener se había hecho trizas. No lloró pero no era por falta de ganas, parecía que su organismo estaba tan paralizado y disgustado consigo mismo que había decidido desconectarse por completo.
Horas pasaron, en las que estaba sentada en el suelo mirando por la ventana las sombras que proyectaba el agua del lago negro. Cerró los ojos dejándose llevar por el sonido del agua fluyendo contra el cristal.
─Aquí apesta ─una voz se escuchó en la puerta.
Neville:
─Abe está listo ─dijo Terry saliendo del agujero en la pared, la pintura de Ariana Dumbledore asintió sonriente.
─Muy bien, Michael vamos ─los tres subieron por la trampilla y salieron en uno de los estantes de la biblioteca─¿Por dónde? ─Michael les indicó el camino en silencio, pasaron frente a la puerta del cuarto de la Señora Pince y escucharon leves ronquidos que Lavender juraba eran de Filch.
Neville sacudió la cabeza divertido, deseando que aquello fuera verdad. El viejo celador necesitaba todo el amor posible, aunque tampoco es que se quejara. Últimamente y a pesar de su horrible carácter no mandaba a castigar a nadie, aparentemente pensaba que colgar a alguien por los pulgares era menos barbárico que aporrearlo con hechizos hasta que quedara inconsciente. Y cualquiera que hiciera pensar a Filch que era demasiado drástico merecía un lugar en el museo del horror.
Llegaron a la torre de Ravenclaw hacia las dos de la mañana, puesto que intentaban pasar lo más desapercibidos posibles.
─¿Quién inventó los Polvos Flu? ─preguntó el águila de bronce en la puerta.
Michael y Terry debatieron unos minutos pero ante el chasquido de lengua impaciente de Neville Michael dijo:
─Ignatia Wildsmith es la bruja reconocida por inventarlos, sin embargo aún tenemos dudas sobre la veracidad de ésta información.
─Tus dudas te llevarán por el camino del conocimiento ─respondió la aldaba─. Adelante.
─¿No se supone que la contraseña es una adivinanza? ─preguntó Neville una vez adentro.
─En realidad son preguntas capciosas, es muy frustrante cuando no te deja pasar porque no respondes como ella quiere ─comenta Terry en un susurro. Ahí, en el centro de la Sala Común hay dos chicas de trece años con sus baúles listos y sus capas de viaje.
Pansy:
─Todo apesta ─contestó Pansy incorporándose y estirando sus músculos con cuidado.
─No me pareces el tipo de persona que está cómoda viviendo con remordimientos ─comentó Milicent desapareciendo las sábanas vomitados de la cama.
─Es mejor que morir ─Pansy se sobaba la pierna en la que le había dado un calambre.
─¿Has muerto antes? ─preguntó su compañera con la mirada intensa, Pansy negó lentamente─. Entonces créeme cuando te digo que hay cosas peores.
A Pansy se le erizó la piel. No parecía que Milicent bromeara, pero era muy extraño enterarse de algo tan delicado de alguien que crees conocer desde hace tanto tiempo.
─Lo siento ─dijo con sinceridad, intentando dejar de imaginar escenarios en donde ella moría. El morbo se la estaba comiendo viva, quería saber qué había pasado y cómo había vuelto entera de esa experiencia.
─Eres más valiente de lo que crees, todos lo somos. Es como cuando te avientas de un avión, todo tu sentido común te dice que el paracaídas te mantendrá a salvo, pero el instinto de supervivencia es demasiado grande, es el que te mantiene paralizado mirando al vacío con esa horrenda sensación en el estómago. Vas a morir, es lo que el instinto sabe, y va a doler y va a terminar con tu existencia y todo tu cuerpo está en contra de eso. Pero una vez que saltas es la experiencia más maravillosa del mundo, la total libertad. Eres libre de ti mismo.
El silencio le siguió a su comentario. Pansy tenía una vaga idea de lo que era un avión -una especie de escoba para mucha gente- pero no sabía que alguien quisiera saltar de ellos a propósito. No quería parecer confundida, estaba consciente de que Milicent estaba compartiéndole algo personal que significaba mucho para ella, pero no podía dejar de sentir que su paracaídas no había funcionado.
─No seré un héroe ─le advirtió en voz baja, antes de que ella comenzara a hablar de más─. Y menos uno patético ─añadió pensando en Harry Potter y compañía, en especial en ese idiota de Longbottom. Milicent captó el tono y levantó las manos en señal de rendición.
─Como tú quieras. Pero vivir así me daría asco.
Neville:
Caminaban en silencio y aprisa, parando en cada esquina y escuchando tras cada puerta. Subiendo las escaleras tan rápido como les era posible sin llamar la atención de los patrulleros mortífagos.
─Por aquí ─susurró Michael consultando su galeón─. ¿Me permite milord? ─le preguntó a una armadura que acto seguido se movió hacia la derecha y con su espada hizo un agujero en el muro como si fuese de gelatina. Las dos chicas ahogaron un gemido de sorpresa.
─Problemas ─anunció Terry levitando los baúles hacia dentro donde algún miembro del ED seguramente estaba listo para atraparlos─. Dos aves a las tres y cuarto.
Neville rodó los ojos. Terry insistía en hablar en "código" en cada una de las salidas nocturnas del ED porque decía que le ayudaba a conservar su salud mental, el problema eran los valiosos segundos que perdían al intentar saber hacia dónde eran las tres y cuarto.
─Michael, llévalas con Abe. Y que Hannah atienda ese codo ─dijo señalando a la chica rubia que tenía una herida mal vendada en el brazo─. Terry conmigo ─ambos corrieron en la dirección opuesta haciendo mucho ruido. La técnica funcionó y de inmediato se escuchó la voz de una chica gritar.
─¡Eh, por aquí!
Pansy:
─¡Eh por aquí! ─gritó Pansy escuchando el ruido en el pasillo.
─Algo anda mal ─dijo Theo parando a los tres otros─. Es demasiado ruido, casi como si quisieran que los siguieran.
─Tal vez son de los nuevos ─Goyle podía tener razón, el castillo estaba al borde de la guerra y casi todos estaban escogiendo bandos -o siendo obligados a hacerlo- y muchos novatos corrían por el castillo dando tumbos sin sentido. Colin Creevy había hecho explotar el despacho de Snape hacía dos días y de no ser por Neville y su pandilla lo habrían enviado a Azkaban.
─¿A ésta hora? ─Theo revisó su reloj. Dos de la mañana, era demasiado tarde para que fuera algo precipitado, esas ratas tenían un plan escurridizo como siempre─. Estoy cansado de que me lancen hechizos por culpa de esos imbéciles ─dijo crujiendo los dientes y levantando su varita dándole a su cara un brillo maquiavélico. Aguzó el oído y nos guió por un estrecho pasillo a la derecha, los pasos se escuchaban en el pasillo contiguo al nuestro, las sombras pasaron justo frente a nosotros, Theo alzó su varita.
─¡Bombarda! ─gritó Goyle tembloroso y ambos pasillos colapsaron.
