Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 12
-¿Candy, tienes planes para el fin de semana? Prometí a los niños un día de campo. Tomaron sus vitaminas y tengo que cumplir, soy un hombre de palabra.
Sabes, no acostumbro pasar tiempo en medio de la naturaleza…Sé que a ti te gustan esas cosas, en verdad me gustaría que vayas... Necesito que me orientes y ayudes también. Aún no conozco los alrededores y seguro tú sabes qué lugares son los mejores para que los niños la pasen bien.
Era verdad que Damien había prometido a los niños que atendía, un premio sorpresa si se portaban bien y tomaban sus medicamentos, pero también era cierto que el "premio" le resultaba bastante conveniente. Naturalmente lo había planeado. Sabía que Candy aunque lo intuyera, no tendría salida.
-Será divertido, sí. Invitaré a Archie e irá Annie también.
Candy sintió seguridad, ya que acompañada de ellos Damien no tendría oportunidad alguna de molestarla.
-Qué buena idea Candy, entre más ayuda mejor. Además los niños los adoran. El sábado por la mañana pasaré por ustedes y no te preocupes por el almuerzo, yo lo llevaré.
Él sabía de antemano que Archie tendría un compromiso con los Britter. Su padre lo había enterado durante una conversación telefónica, ya que el mismo Damien debía asistir. Pero fue bastante astuto y salió del lío excusándose y alegando que su labor con los niños era muy importante y no podía fallarles.
Mientras tanto en Chicago…
…por favor no enteres a mi tía ni a los chicos, quiero sorprenderlos.
-Así será Albert, que tengas buen viaje. Te esperaré en el aeropuerto.
George colgaba el teléfono de su oficina complacido. Aunque no lo demostraba, lo alegraba la idea de tener a Albert de regreso. Él sabía que extrañaba a Candy y notaba que ella también lo echaba de menos. Por lo menos ellos sí podrían ser felices y ya era hora de que confesaran sus sentimientos…Por un momento creyó que Albert se perdería por tiempo indefinido en Asia.
Y en ese mismo instante en Sri Lanka…
Albert colgó el teléfono. Se puso sus gafas de sol y se colgó al hombro una ligera chaqueta beige para en seguida salir de la habitación. Se encontraría con Mizuki en el bar del hotel, donde hablarían de los asuntos legales finales. De ahí partirían a la ciudad para que ella firmara algunos documentos, cenarían juntos en algún hermoso restaurante y la acompañaría hasta su casa, a la que regresaba esa misma noche y donde ya podría quedarse completamente segura.
En tan sólo una semana Albert había resuelto todo con la ayuda del equipo que George le facilitó. Excelentes investigadores y agentes privados que hicieron acuerdos con autoridades y con la policía. Pudieron rápidamente dar con quienes extorsionaban a la joven. Resultó ser un grupo pequeño y no eran tan peligrosos como parecían, por el contrario fueron bastante cobardes y se rindieron. Albert mismo estuvo presente durante todo el proceso, los enfrentó y atemorizó incluzo. Por lo que confesaron y se demostró fácilmente la culpabilidad de éstos. Cumplirían una larga condena tras las rejas, mientras la cuál Mizuki tendría seguridad policiaca garantizada. Y mucho antes de que los delincuentes fueran libres de nuevo, ella acabaría sus investigaciones y regresaría a Japón.
El viernes por la noche Albert estaría de regreso en Chicago, estaba feliz.
Albert caminaba junto a Mizuki cargando su equipaje. Los callejones lucían hermosos, ya había obscurecido y las lámparas tenues de luz ámbar dejaban ver los antiguos adoquines, las estrellas en el horizonte brillaban decorando un despejado manto negro.
…Estoy de nuevo en casa (suspiró Mizuki frente a la puerta) ¿Quieres pasar a tomar un té?
-Claro, vamos.
Albert entró. Dejó las maletas en el pasillo que llevaba a las habitaciones. Mizuki le dijo que ella prepararía y llevaría el té y él esperó en la sala. Tras beber el té ambos supieron que había llegado la hora de despedirse. Ella le pidió lo esperara un poco más y regresó con un regalo para él.
-Un recuerdo de Sri Lanka, con cariño. Ábrelo cuando te encuentres en tu país. Le dijo con una tierna sonrisa. Y el asintió.
-Muchas gracias Mizuki. En verdad te deseo lo mejor.
-Albert no tienes nada que agradecer. En cambio yo te estaré agradecida siempre. Te extrañaré.
-No lo hagas por favor ¿Somos amigos cierto? Si necesitas algo, no dudes en llamarme. Ya tienes mi teléfono y también mi dirección por si algún día decides hacer alguna investigación en los Estados Unidos.
-Albert, lo mismo te digo, si necesitaras algo y vuelves…O mejor dicho si viajas a Japón, ya que partiré en unos meses… De mi parte descuida, trataré de mantenerme lejos de líos, lo prometo. Espero que la próxima vez que nos encontremos sea sólo para compartir alguna buena noticia.
Albert abrazó a Mizuki y le dio un beso en la mejilla.
-También te traje algo. Sacó una pequeña cajita del bolsillo interior de su chaqueta.
-Pero ya has hecho demasiado por mí, Albert.
Él la miró e hizo una mueca para darle a saber que no aceptaría que ella rechazara el obsequio.
Entonces, Mizuki le devolvió el beso en la mejilla y se inclinó viéndolo de frente para despedirse al estilo tradicional japonés. Él la imitó, sonrieron y Albert partió.
Durante su regreso Albert decidió visitar por última vez una de las hermosas playas vírgenes que rodeaban el pueblo antes de tomar el autobús al hotel. Cuando tuvo en frente el precioso mar, se quitó la ropa. Era de noche pero hacía bastante calor. Nadó durante un largo rato bajo las hermosas estrellas. Se sentía entusiasmado de volver a Chicago, tenía tantos planes… Pero dejó de pensar mientras nadaba, estaba absolutamente relajado y feliz. El momento era simplemente perfecto, el agua salada lo acariciaba, respiraba el aire dulce...
…Llegó con bastante sueño al hotel, por suerte ya había dejado listo su equipaje para partir al amanecer.
Continurá…
