Pansy:

Abrió los ojos, miró hacia ambos lados y de inmediato se arrepintió. La cabeza le dolía de forma sorda y constante y hacía que su estómago se uniera a la fiesta de molestias. Sentía todo el cuerpo lleno de presión y estaba sudando. Gimió un poco a su pesar y la Señora Pomfrey apareció en un campo de visión tan rápido que la sobresaltó.

─No se mueva señorita ─dijo con los labios muy apretados─. Tiene muchos huesos que reparar. ─la enfermera de la escuela nunca le había caído especialmente bien, pero parada ahí con su poción crece-huesos y la otra para dormir estaba segura que era un ángel.

─Gracias ─musitó Pansy antes de entregarse al sueño una vez más. Giró la cabeza y en el microsegundo que le tomó en quedarse dormida alcanzó a ver a Neville Longbottom debatiéndose en las sábanas manchadas de sangre.

La segunda vez que despertó fue aún peor. Tomó consciencia antes de abrir los ojos, pero la invadió un mareo como nunca antes había sentido y se dobló en la cama para vomitar. Ni siquiera era un vómito normal, de esos amarillos llenos de trocitos de comida, era un vómito claro y verdoso con manchas de sangre. Pansy se alarmó de inmediato y se alarmó aún más al sentir un brazo en su hombro.

Se giró bruscamente y se congeló en su sitio, amenazando con vomitar otra vez, pues el miedo le subió por la garganta en forma de bilis.

─Pansy querida, ¿cómo estás? ─Alecto Carrow la miraba con una expresión que pretendía ser preocupada pero sólo resaltaba su horrenda uniceja.

─Bien ─contestó rápidamente, haciendo un esfuerzo por contener el líquido en su boca.

─Le dije que no era una buena idea ─otra voz sonó detrás de Pansy que no tuvo que voltearse para saber que la Señora Pomfrey estaba cruzada de brazos y mordiéndose la lengua para no decir nada más─. Está demasiado delicada para hablar...

─Eso lo decidiré yo enfermera, ya puedes irte ─la cortó Alecto moviendo su varita.

─No voy a dejar a mi paciente voluntariamente ─replicó Pomfrey sin mover un sólo músculo. Había que admitirlo, pensó Pansy, esa señora tenía muchísimo valor y dedicación.

Alecto frunció la nariz, parecía a punto de gruñir o de lanzar alguna maldición pero con un movimiento brusco de cabeza la miró a ella.

─Pansy, corazón, no sé cómo decir ésto pero Amycus y yo estamos muy decepcionados de ustedes ─la sangre se le heló por completo, pero seguía sudando copiosamente─. No sólo han destruido propiedad del castillo, sino que han dejado que criminales desestabilizadores que ponen en peligro a este colegio escaparan con más pobres niños secuestrados ─a penas escuchaba lo que decía, porque sus sentidos estaban concentrados en el tono inconfundible y amenazante de la mujer. Alecto le preguntó algo pero los oídos de Pansy zumbaban sin control, Alecto le preguntó otra vez y la sacudió.

Entonces no pudo más y le vomitó encima. Gracias a todos los magos antiguos acto seguido, se desmayó.

Neville:

Dos días después del accidente Neville pudo levantarse de nuevo, no había sido el paciente más cooperador ni mucho menos pero entre los cuidados de Hannah y su ayudante y las visitas de la Señora Pomfrey se había recuperado más o menos. El peor día fue el primero, desorientado y sangrante en la enfermería viendo cómo Terry seguía inconsciente a su lado. Sabía que en cualquier momento llegarían los Carrow y tenía que sacar a su amigo de ahí.

La cara le ardió de vergüenza cuando recordó que casi golpea a la enfermera de la escuela en su intento por escapar y lo mal que se sintió cuando despertó en su hamaca en la Sala de los Menesteres con un par de vendajes en sus piernas.

─Terry ─dijo después de un par de intentos para aclararse la garganta─. ¿Dónde está Terry?

─Aquí hombre, pensé que te perdíamos por mi culpa ─dijo saliendo detrás de las figuras de Ernie y Hannah.

─No digas eso, yo temía por tu vida como tú por la mía. Estamos a mano ─aseguró Neville─. ¿Qué ha pasado?

─Más de lo mismo en realidad ─dijo Seamus─. Pero hay una cacería abierta por ti ─agregó con una sonrisa triste.

Neville miró al techo, por primera vez desde que había comenzado esto con ganas de que todos lo dejaran en paz, sus amigos y sus enemigos. Quería quedarse acostado durante todo el día jugando gobstones con cualquier cara desconocida o en el invernadero cuidando las plantas de la profesora Sprout, sin ningún otro sonido que el agua de los rociadores.

Sólo quería un respiro, un momento para no ser el líder de nadie, unas horas en las que él pudiera hacer preguntas y tener miedo y que su abuela lo abrazara. Pero su abuela estaba en quién sabe dónde y por lo que le habían dicho ya se había tomado un respiro de dos días.

─¿Cómo va la evacuación? ─preguntó intentando no sonar demasiado cansado.

─Nos hemos concentrado en Gryffindor que es en donde empezaron la cacería de brujas ─dijo Seamus sonriendo ante su propio chiste. Neville asintió y con un suspiro gigante cerró los ojos intentando seguir adelante. Un día más, se decía siempre, sólo un día más.

Pansy:

Cuando volvió a despertar había una conmoción en la puerta, Pomfrey discutía acaloradamente con el mismísimo Snape que no paraba de lanzarle miradas de soslayo como las que solía mandarle a Draco el curso pasado, casi como si estuviera preocupado.

─Sus interrogaciones la van a matar ─susurraba Pomfrey lívida de coraje─. Y no pretendo engañarme creyendo que eso le preocupe a nuestro nuevo director, pero todos se te van a echar encima si ésta chica muere. Los tuyos y los nuestros.

─Todos somos servidores de la misma entidad, no lo olvides ─dijo Snape sin mover un músculo de su cara─. Una semana Poppy, es todo.

Madame Pomfrey parecía a punto de cachetearlo por usar su nombre de pila, pero decidió dar por ganada la batalla y le cerró las puertas de la enfermería en las narices al antiguo profesor de pociones.

Al ver que había despertado la llenó de pociones y ungüentos y se quedó mirándola como cuervo hasta que se quedó dormida del puro aburrimiento. Pansy supuso que su silencio era la forma que tenía la enfermera de protestar contra lo que Pansy hacía, pero su deber como sanadora no la dejaba hacer menos que eso.

Abrió los ojos por tercera vez como a las tres de la madrugada a juzgar por la oscuridad en las ventanas y el absoluto silencio de la enfermería. Sentía todo el cuerpo agarrotado y la espalda le dolía demasiado como para seguir acostada. Con cuidado, esperando otro ataque de vómito, se sentó en su cama y se hizo bolita, cono lo que se estiraron sus músculos dolorosa y exquisitamente. Estuvo estirándose poco a poco durante unos minutos pero la incomodidad volvía en cuanto se acostaba.

Esto es ridículo, se dijo.

Mirando hacia ambos lados e intentando hacer el menor ruido posible se puso sus pantuflas, su gruesa capa que descansaba en el respaldo de la cama y salió de la enfermería. Del cuarto de la señora Pomfrey se escuchaban los suaves silbidos de un caldero y sonidos de frascos. Honestamente, esa mujer era un vampiro o algo. Era cuestión de tiempo para que notara su ausencia así que planeó un paseo rápido a su lugar favorito y de regreso.

Neville:

─No seas estúpido hombre ─dijo Seamus intentando empujarlo a la cama─. No te has recuperado del todo.

─Nadie más que yo sabe cómo pasar por los invernaderos sin hacer ruido ─contestó testarudo─. Sin mencionar que la mayoría de las plantas de ahí los matarán.

Sus compañeros se quedaron mudos, sabían que tenía razón y que los estúpidos niños de tercero que habían intentado poner un lazo del diablo en el escritorio de Snape y en su lugar lo habían puesto en sus cuellos no tenían tiempo. Neville era su mejor apuesta.

─Voy contigo ─dijo Susan y Neville asintió y le dio las gracias. Susan los desilusionó a ambos antes de salir, cosa que había estado practicando todo el semestre con cada vez mejores resultados.

─Después de hoy no más misiones hasta dentro de una semana. Tienes que descansar, promételo ─le susurró con la cara más seria que jamás había visto en su redonda cara. Neville asintió sintiéndose culpable del alivio que le provocaba anhelar su tiempo fuera.

Pansy:

Estaba consciente de que aquél no era el mejor escondite, pero le gustaba el aire fresco y le encantaban las alturas, la hacían sentir poderosa y en control. Siempre y cuando nada se moviera como en una maldita escoba. Además no era como si alguien que mirara por la ventana fuera a ver directo hacia abajo.

Se arrebujó aún más en su capa y se recargó contra el matacán, apoyada en la cornisa del séptimo piso haciendo girar la varita de Neville en sus manos. Era una buena varita; cerezo y pelo de unicornio, flexible, treinta y tres centímetros. Personalmente le gustaban un poco más rígidas pero no estaba mal. Había estado practicando hechizos sencillos por casi dos horas y pensando en que era hora de volver a la enfermería, pero claro, nada parecía salirle bien estos días.

─¡Por ahí! ─se escuchó un grito justo cuando iba a entrar al castillo. Se fue hacia atrás con tanta fuerza que casi se cae─. ¡No volverás a escapar Longbottom! ─gritaba Runcorn furioso, la voz destrozada como si se hubiera desgarrado la garganta de tanto gritar. Al oír el apellido de Longbottom aguzó el oído y se arriesgó a mirar por la ventana, vio pasar una capa negra a toda velocidad y se agachó de inmediato.

Un ruido casi la hace caer otra vez, alguien intentaba abrir la ventana pero su hechizo se lo impedía. Al intentar incorporarse quedó cara a cara con la persona en la que quería evitar pensar desde el incidente.

─¡Abre! ¡Pansy por favor! ─Neville golpeaba la ventana con fervor. No lo pensó dos veces y con un movimiento de su varita abrió la ventana. Neville se escabulló hacia afuera con una agilidad sorprendente y cerró con cuidado para que no hiciera demasiado ruido.

Neville:

─¡Sube, sube! ─Pansy parecía querer protestar pero se lo pensó mejor al ver las sombras en el pasillo. Puso un pie en el techo y se encaramó a una piedra salida más arriba con Neville justo tras ella. Siguieron escalando el ala oeste de Hogwarts hasta llegar a la almena superior, para aquél entonces Pansy respiraba con esfuerzo y las piernas le temblaban.

─¿Acaso no sabes buscar tus propios escondites? ─preguntó enojada.

─Lo siento ─dijo como respuesta automática─. ¿De qué te escondías tú? ─preguntó de repente, como si se le acabara de ocurrir.

─De lo mismo que tú supongo ─ella se encogió de hombros y caminó hacia la pequeña puerta de madera que llevaba al pasillo del aula de Aritmancia. Neville la siguió.

─Hablé con Milicent hace poco ─Pansy no volteó ni pareció haberlo escuchado─. Hablamos de ti ─ella se detuvo. Volteó a verlo con una ceja levantada y giró el pomo de la puerta.

─No me interesa.

Se adelantó de un salto y evitó que entrara al castillo. Tuvo que apartarse unos centímetros antes de poder mirarla a los ojos sin bizquear y por un momento se sintió incómodo de tenerla tan cerca; no quería recibir otra golpiza.

─Escúchame ─dijo tomándola del brazo. Pansy parecía a punto de arrancarle la cabeza pero él siguió hablando. Podía ser su única oportunidad─. ¿No quieres unirte al ED? Está bien lo entiendo; pero tampoco eres una de ellos.

Pansy entrecerró los ojos y sacudió el brazo para soltarse de su agarre. Neville la dejó ir pero siguió bloqueando la puerta.

»Tienes una elección Pansy, todos la tenemos y no me refiero a escoger bandos porque las personas no se dividen en buena gente y mortífagos. Todos tenemos oscuridad dentro, todos tenemos luz. No te estoy pidiendo que te declares contra Voldemort, ni siquiera que nos pases información de las patrullas nocturnas o de los horarios de castigo. Sólo quiero que sepas que te podemos ayudar a ayudar, te podemos entrenar, te podemos esconder.

─Ahora escúchame tú a mi ─Pansy sacó la varita de la nada y la puso bajo la barbilla de Neville─. No necesito que me salven, no necesito que me ayuden. Entre más te metes en mi vida más la pones en riesgo Longbottom. ¿Crees que no he considerado todos los posibles escenarios? ¿Crees que estoy perdida y que con tu mano amiga podré salir del hoyo? No es tan sencillo estar del lado equivocado, de éste lado no te dejan ir.

─Mis padres están en San Mungo ─la cara de Neville se puso roja de inmediato─. Han estado ahí toda mi vida y probablemente estarán hasta el día de su muerte. Mi abuela a penas me manda una carta al mes en la que me dice que aún no la atrapan y toda la familia de su hermano fue masacrada al iniciar la guerra...

─Lo siento mucho. No lo sabía ─dijo ella interrumpiéndolo y bajando la varita. Con pesar bajó la mirada sin rastro de desafío─. Pero eso es justamente lo que quiero evitar, no quiero ver a mis padres en celdas volviéndose locos. No quiero vivir con heridas sangrantes por toda el alma. Torturar niños me lastima pero no tanto como ver a mi familia sufrir.

─¿Entonces prefieres vivir de curitas? ─gritó Neville, frustrado al fin. Pansy lo miró confundida─. Prefieres fingir que son heridas menores y llenarlas de curitas, pero siguen sangrando y seguirán sangrando hasta que no puedas deshacerte de ellas llorando en aulas vacías, hasta que te drenen todo y no quede más de ti que la frialdad tras la que te quieres esconder. ¿Eso es lo que quieres? ¿Convertirte en lo que no soportas?

─Lo siento, pero de éste lado sólo tenemos curitas ─entonces Neville se hizo a un lado abatido.