Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.

Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew

Capítulo 15.

Candy se quedaba en el hogar cuando era necesario y las demás ocasiones en la mansión de Lakewood. Ahí también se quedaba Archie y Annie los visitaba con mucha frecuencia. Como Albert estaba de viaje, se sentía fuera de lugar en Chicago, donde la tía vivía acompañada por Eliza y Neil. Albert mismo estuvo de acuerdo en que Candy y Archie se establecieran en Lakewood hasta su regreso. Ella aún era una Andrew.

Albert conducía alegre y relajado. A unas cuantas millas delante de él iba otro auto y parecía dirigirse también a la mansión. No le dio importancia sin embargo. Hasta que vio que se estacionó. Entonces un joven que a lo lejos le recordó a Stear bajó del automóvil y a su encuentro salía Candy. ¡Candy!

Por un breve instante no supo si apresurarse para alcanzarlos antes de que partieran, ya que ella parecía a punto de subir al auto, o si dejar que se marcharan. La segunda opción era la más adecuada pensó. Y antes de que pudieran notar el auto, se giró para entrar por otro lado. Una fría punzada presionó su abdomen. Y emociones encontradas se apoderaron de él. Entró a la mansión cuando ya Candy había partido.

-Damien, sabías que Annie y Archie tenían un compromiso con tu familia, verdad.

-Candy no me lo tomes a mal por favor, después de todo los niños son felices con nosotros aunque ellos no vayan. Sabes, invité a Jimmy para que no te enojes conmigo. Y para estar seguro de que me perdonarás, hice que prepararan una deliciosa tarta de frutas para ti y los niños... Aunque temo que acabarás por comer tú la mayor parte.

Entre Candy y Damien ya no había tanta tensión como en un inicio (cuando comenzó a trabajar en el hogar) la hubo. En ese entonces lo evitaba. Ahora empezaban a llevarse como amigos. Ella descubrió pronto que la arrogancia de el, desaparecía cuando no estaba rodeado de gente adinerada y poderosa. Creyó ver al verdadero Damien en el Hogar, un chico bondadoso y sencillo. Se preguntaba cómo era posible que tuviese dos facetas tan distintas desarrolladas y quién era él en verdad. Sin embargo aún la incomodaba pasar tiempo a solas con él. Ya quería llegar con los niños.

-Apresúrate Damien, los niños estarán ansiosos…

-Candy, es muy temprano aún.

-Vamos de paseo, seguro despertaron antes que nosotros.

-Cierto, ellos no son perezosos como una rubia que a veces llega tarde al trabajo.

-Yo no llego tarde, tú siempre estás antes. Eso es todo.

-Soy un doctor muy dedicado, no lo puedo evitar.

-Sólo porque es cierto, no le diré nada. Señor modestia.

-Ja, ja, ja. No te pongas celosa, tú eres una excelente enfermera, la mejor que he conocido. A veces quisiera ser un niño del hogar también... ¡Mira! ya están esperándonos. Tenías razón.

Los niños corrieron hasta el automóvil. Damien abrió la cajuela, sacó varias canastas y comenzó a repartirlas. Después, del asiento trasero de su automóvil sacó la canasta grande. Y comenzó a acomodar en cada canasta lo que más que picnic parecía un pequeño banquete. Cuando acabaron él exclamo:

-Bien señorita Andrew, ahora usted nos va a dirigir. Niños prepárense para la excursión… Ah, lo olvidaba, falta Jimmy. No debe tardar, esperemos sólo un poco quieren.

Los niños reían, la Señorita Pony y la Hermana María estaban alegres. Jimmy llegó pronto y amarró su caballo. Se despidieron de las madres de Candy y emprendieron el camino, los niños corrían, Candy, Jimmy y Damien trataban de alcanzarlos.

Albert estaba en su despacho. Parado frente al hermoso ventanal tenía la mente en blanco. Sobre el escritorio estaba un regalo para Candy. Volteó a verlo y sintió rabia. No contra ella, por supuesto. Sentía rabia para consigo mismo. Candy… cómo pude ser tan engreído y tonto, se reprochaba mentalmente. Cómo pude sin decirte lo que significas para mí, creer que me esperarías. Ese chico te miraba de una forma… como un hombre enamorado. ¿Acaso le corresponderás Candy? ¿He llegado tarde nuevamente para entrar en tu corazón?

Comenzaba a atardecer. Los niños se habían divertido en grande. Candy, Damien y Jimmy jugaron con ellos toda la mañana. Comieron juntos sobre los manteles de colores que habían tendido en el césped y volvieron a jugar. Ahora descansaban bajo el cielo rojizo. Damien les contaba fabulas y chistes.

-Jimmy, Damien. Ya es tarde y pronto anochecerá, es hora de marcharnos, está comenzando a hacer mucho frío. No estamos en verano como para quedarnos a acampar o hacer fogatas.

-Está bien "jefe". Jimmy, ya sé por qué la llamas así a veces. Niños, ya la oyeron. Levantemos las canastas y no dejen nada de basura. Nuestra hermosa enfermera ya no tiene energía, creo que está envejeciendo ja,ja.

Candy hizo una rabieta y miró entre furiosa y jugando a Damien. Jimmy reía.

-Aún no se casan y ya pelean, ja,ja,ja. El jefe casada, eso tengo que verlo.

-¡Jimmy!

Emprendieron el camino hacia en hogar entre reclamos y bromas.

Candy le pidió a Jimmy que los acompañara a Lakewood. Pero él dijo que tenía que regresar al rancho porque tenía trabajo pendiente y que otro día la visitaría.

-No me queda más que llevarla yo sólo de regreso. Señorita rabietas.

-No me pongas más motes Damien. Está anocheciendo. Me quedaría aquí pero mañana irá Annie a visitarme, quiero dormir temprano.

-Sí está anocheciendo, es como la octava vez que lo mencionas. ¿Acaso le temes a la obscuridad Candy? Muy bien, muy bien no me responda Señorita, "no me pongas motes" miedosa. Vamos ya.

Camino a Lakewood…

-Vamos, Candy ¿La pasaste tan mal?

-No, por supuesto que no. Sabes al contrario la pase muy bien. Te agradezco que seas tan bueno con los niños. No había conocido a nadie además de los Andrew que fuese tan bueno con ellos.

-Los Andrew, vaya Candy acabas de hablar como si tú no fueras una de ellos… Llegamos, ya está a salvo señorita.

…Damien en realidad no sabía del origen de Candy. Él sabía actuar y desenvolverse en sociedad, pero no estaba al tanto de los sucesos y pormenores o chismes de la gente adinerada. Jamás leía en los diarios la sección de sociales y ni siquiera reconocía a los socios de sus padres ni a muchas de las más influyentes familias. Eso en todo caso era tarea de Edward, pensaba. A él sólo le importaba su carrera y en eso se enfocaba…

-Ja, ja. Sólo señorita, está mejor.

-No me digas que extrañaste mis absurdos y atinados apodos.

-No Damien, créeme, no. Gracias por traerme.

-Espera yo abriré la puerta.

-Nada de eso.

Dijo Candy mientras bajaba del auto y enseguida se asomó por la ventana.

-Damien, no es necesario que bajes. Debes estar cansado, te agradezco todo. La pasé muy bien. Nos vemos el lunes en el hogar, te invitaría pero Jimmy se rehusó a acompañarnos y no hay nadie en la mansión, me temo que Archie se quedará hasta tarde con los Britter.

-Comprendo bien Candy. No te preocupes. Yo soy quien debe agradecer que me hayas acompañado hoy, no hubiera sido lo mismo sin ti. Nos vemos el lunes.

Albert había pasado la tarde pensando y dando vueltas a miles de asuntos pendientes, en un sillón frente a la fogata del despacho. La masión estaba en completo silencio ya que desde que llegó dio el día libre a todos los trabajadores, incluyendo a Dorothy. Quería estar solo.

Cuando vio que anochecía, sintió otra punzada de dolor. Había extrañado tanto a Candy y ahora que estaba en Lakewood tampoco podía estar con ella. Salió de la mansión y se perdió entre los jardines. Tuvo ganas de ir al campo y de perderse en el bosque. Pero sintió que era mucho drama para un solo día, así que se recostó sobre el césped del jardín y aspiró el aroma a rosas que pese a ser invierno estaba tan presente.

Candy se sentía confundida y melancólica, no sabía ni siquiera por qué. Antes de entrar a la mansión, decidió dar un paseo por el jardín. Necesitaba tranquilizarse, quería ver las pocas preciosas rosas del invierno, sí eso seguramente la reconfortaría. O la entristecería más tal vez, pero lo necesitaba, quería sentir que estaba cerca de Anthony. En el fondo sabía que a quien ella ahora más anhelaba era a otro Andrew.

Continuará…