Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 17
Damien pasó el domingo preparando suplementos alimenticios que llevaría a sus pacientes al día siguiente. En el nuevo Hogar de Pony tenía un consultorio, al que llegaban personas del pueblo también. En verdad amaba su profesión. Por eso al principio no quería abandonar Francia en donde ya tenía muchas responsabilidades. Tuvo que dejar un par de instituciones. Edward, su hermano, seguía apoyando económicamente los lugares en los que Damien trabajó como voluntario dando consultas gratuitas en Paris y pueblos aledaños.
Sin embargo ahora el doctor estaba feliz. Nunca pensó que en Norteamérica conocería a una enfermera tan linda, la mujer de sus fantasías y sueños.
Ya había dado el primer paso, o quizás el segundo. Ahora no se detendría por nada ni nadie. Sabía que no le simpatizaba a su primo. Sí, tenía que lidiar con Archie, pero después del paseo del día anterior, sintió más confianza.
Por fin había librado la muralla que Candy construía cuando no aceptaba sus invitaciones. Muchas veces intentó que ella directa o casualmente lo acompañara dar un pequeño paseo, a comer o a visitar a sus pacientes en el pueblo. Ella siempre se negó. Por eso tuvo que planear el día de campo. Ahora sabía que Candy ya no lo evadiría más. Ella seguramente ya no se negaría más a compartir un poco de su tiempo libre con él. Estaba dispuesto a tener paciencia, a contener las ganas que tenía de pedirle que fuera su novia y besarla… Siempre y cuando por lo menos pudiera pasar algunos momentos fuera del trabajo con ella. Candy era tan hermosa… Agradecía que (excepto por todos los niños del Hogar de Pony, quienes sin duda también la amaban) no tenía un verdadero rival. Ya bastante difícil era reprimir sus impulsos frente a ella.
Mientras tanto en Lakewood…
Archie se despedía de los rubios guiñando un ojo a Albert. Candy no se dio cuenta. Los abrazo y dijo que regresaría al anochecer con Annie, ya que seguro ella querría saludarlo antes de que partiera de nuevo a Chicago.
Ahora Albert y Candy estaban en la estancia del tercer piso. Sentados en el suelo, sobre un hermoso tapete, de nuevo frente a la chimenea porque el día estaba muy frío.
-¿Entonces te vas mañana Albert?
-Sí, pequeña. Pero te aseguro que vendré de nuevo el fin próximo de semana.
-En dos semanas más será Navidad.
-Sí. ¿Qué quieres hacer ese día Candy?
-Aún no sé. Pero por supuesto quiero pasarla aquí, con ustedes.
-Así será Candy, estaremos contigo. A propósito pequeña, faltan dos semanas para regalos pero, tengo algo para ti.
Se levantó, fue por dos cajas envueltas en precioso papel de regalo color verde y volvió a sentarse en la alfombra frente a ella.
-Albert, gracias. ¿Puedo abrirlos ahora?
-Candy, por supuesto. Ábrelos ya, pequeña.
De la primera caja Candy sacó un precioso vestido rojo de exótica tela que había comprado en Sri Lanka. Tenía la facha de un típico vestido hippie, pero bordado con una tela hermosa en verdad. También había delicado un collar de semillas carmesí y madera con el que hacia juego. Candy nunca había visto algo así.
-Dónde lo encontraste Albert, en verdad es hermoso.
Abre el segundo regalo también y lo sabrás…
Al abrir la segunda caja se encontró una bellísima botella de cristal azul con arena. Un muñequito de madera tallada. Y una antigua y bella caja de madera con piedrecillas de mar y grabados hermosos. Dentro de la cual había muchas postales de Sri Lanka. Todas con dedicatoria.
-No pude enviarlas pero eran todas para ti.
-Albert. Con que ahí estuviste. Es un sitio hermoso.
-Candy, algún día te llevaré… Para que lo confirmes, es más bello de lo que se ve en las postales.
Entonces Albert le habló no sólo de Sri Lanka, también de sus viajes por Europa. Y le dio después un tercer regalo. Un par de simpáticas y coloridas marioneta de arlequín que había comprado en Viena y un broche de plata en forma de rosa con pequeños brillantes incrustados. Había un regalo para Archie y para Annie también, pero se los pensaba dar hasta el 25 de Diciembre.
Pasaron así las horas, ellos no habían notado que ya atardecía. Cuando Candy se percató de que ya era tarde tuvo una idea.
-Albert, ya que Archie va a regresar con Annie. Qué te parece si preparamos la cena y los invitamos cuando lleguen.
-Muy bien, pero Candy tú ya has hecho el almuerzo. Deja que yo me encargue.
-Está bien tú cocinas Albert, pero yo te ayudaré.
Así, en la cocina entre juegos y bromas Albert preparó la cena. Candy lavó verduras, frutos, trastes, y le acercaba los ingredientes. Ambos estaban muy felices. El tiempo pasó muy rápido, más de lo que ambos hubiesen querido, comenzaba a ocultarse el sol.
Dejaron listo el comedor, se miraron satisfechos de su trabajo. Subieron, al tercer piso y se dirigieron a sus respectivas habitaciones para cambiarse y estar listos antes de que Archie llegara con Annie.
Continuará…
