Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 18.
Candy Y Albert bajaron, Albert se puso pantalones de pana, una camiseta azul cielo y un elegante suéter negro cerrado. Candy llevaba una juvenil falda color lila, una preciosa blusa blanca, un suéter de cuadros que combinaba con el conjunto y botas blancas. Se había dejado el cabello suelto y su único maquillaje era una línea negra que hacía sus ojos más grandes y los labios de rosa. Esperaban a Archie en la sala principal, pero no llegaba.
-Cuánto más demorará. Has preparado una deliciosa cena Albert, sería un desperdicio si no llegan.
-Candy, si quieres cenamos nosotros, ya pasó más de una hora. Pero si deseas esperarlos lo haremos.
-No lo sé Albert, sólo quince minutos más.
Albert la veía y le parecía la joven más hermosa del mundo. Ella por su parte se sentía nerviosa ya que Albert lucía guapísimo. Vestido así le recordaba al Albert amnésico. Con su cabello a los hombros y esos ojos. Santos cielos, si Archie no llegaba…
Pero llegó.
-¿Candy, Albert, nos estaban esperando? Disculpen demoramos, hubo un contratiempo en la carretera.
-No te preocupes Archie.
-¡Albert qué bueno verte! (Annie lo abrazó)
-Annie, gracias. Lo mismo digo, es bueno estar de vuelta.
-Bueno, los esperábamos para cenar. Espero que no lo hayan hecho ya…
-No, aún no cenamos Candy. Gracias (contestó Annie).
Entonces cenaron y después tomaron café frente a la chimenea donde Annie tocó algunas piezas en el piano con Archie. Se divirtieron mucho con un juego de mesa que pusieron sobre la alfombra y lo jugaron hasta pasada la medianoche.
Annie se quedó en la habitación contigua a la de Candy.
Albert partiría temprano a Chicago pero tuvo tiempo de pasar a dejar a Candy al Hogar.
Camino al Hogar de Pony…
-Sabes Candy, ya es hora de que aprendas a conducir… Yo te enseñaré.
-Sí, me gustaría mucho. Con los asuntos del Hogar y las consultas que asisto, olvide darme tiempo de hacerlo. Archie siempre me viene a dejar y como Tom diario al anochecer va a dejar productos que nos vende, me lleva hasta Lakewood de nuevo. Me han mal acostumbrado.
-Claro, entiendo, te quieren y para ellos es un placer hacerlo. Si yo me estableciera aquí lo haría también. Pero aprender a conducir te facilitaría muchas cosas.
- Otras veces vengo y regreso a caballo Albert, sabes que me gusta montar.
-Comprendo, aunque no siempre es seguro que lo hagas Candy, sobre todo si sales tarde.
-Cierto, hay ocasiones en las que tenemos que trabajar hasta muy tarde, aunque cuando eso pasa, me quedo en el Hogar... Oh, ya casi llegamos… ¿Albert qué día regresas? Sé que hoy ya tienes que partir pero me gustaría que vinieras el viernes si puedes, para enseñarte todos los avances y lo bien que quedaron las nuevas instalaciones.
-Entonces arreglaré mis compromisos para tener el viernes libre Candy y aquí estaré.
-¿En serio? Gracias Albert. Tengo tantas ganas de que veas lo mucho que se ha hecho…
Llegaron al Hogar y Albert se bajó del automóvil para abrirle la puerta a Candy y se abrazaron para despedirse.
-Dale mis saludos a la Tía Elroy Albert, gracias por traerme.
-No me lo agradezcas. Nos vemos el viernes Candy, te extrañaré.
Un par de ojos ámbar observaban la escena desde la ventana del consultorio.
Candy entró directo a su despacho en el hogar porque había dejado pendientes; papeles que tenía que firmar, recibos por revisar etc. Primero iba a llamar a Tom para pedirle productos del rancho. Sí, la esperaba todo un día de actividades por supervisar. Suspiró y se dispuso a trabajar.
Damien la vio a lo lejos linda como siempre. Llevaba una holgada falda azul rey a la altura de las rodillas, un suéter de cuello v azul un tono más tenue y unas zapatillas no muy altas. El cabello recogido en media coleta… ¡Hermosa!
¡¿Pero quién diablos era ese sujeto?! Sobre todo ¡De dónde demonios había salido!
Estaba en verdad furioso. Tenía que calmarse y disimular ante ella. Qué difícil iba a ser, como si no fuera suficiente con tener que esperar pacientemente hasta que Candy aceptara una cita con él.
Ahora se arrepentía, el día de Campo fue un fraude en ese sentido. Sintió que sus "logros" se hacían añicos.
¡Cálmate Damien, por todos los cielos! Se repetía mentalmente…
Tal vez es su pariente… Veamos es rubio… Sí, sí. Eso ha de ser, es un Andrew, todos son iguales.
Es su pariente…
¡Demonios! Iba a ser un día muy largo. Lamentaba ahora no estar al tanto de quienes eran los Andrew.
Tenía ganas de preguntarle a Annie, pero se sintió ridículo de sólo pensarlo. Eso era de mujeres chismosas. Bueno después de todo Annie es mi amiga…
¡No, no! ¡Qué me pasa!
Damien por primera vez detestó el amor.
¿Así se siente enamorarse como idiota? Los celos son un verdadero fastidio. Y dio un puñetazo al escritorio. Al hacerlo reaccionó y se avergonzó de sí mismo.
Pero veamos, por otro lado…
Sí, sí. Yo soy un gran partido, ja, ja. No tengo nada que temer…
Y recordó las fiestas de la Alta Sociedad en Francia, en las que más de una jovencita hacia todo por llamar su atención. Recordó a Maëve… Diablos, no quería recordarla… Pero vaya, ella sí que estaba loquita por su amor.
Su ego salió al rescate justo cuando más lo necesitaba porque en ese momento su primer paciente llegaba.
…
-Pase, pase señora Smith.
Y al decirlo el altivo gesto que tales pensamientos le habían dibujado, mágicamente se transformó dejando sólo un rostro humilde y amable a la vista.
Durante ese día casi no vio a Candy. Los lunes siempre había más pacientes y por desgracia obviamente también los lunes Candy tenía una enorme carga de trabajo, con toda una semana que organizar pasaba más tiempo de lo común encerrada en su oficina, haciendo llamadas y demás. Así que sólo cuando había alguna emergencia lo asistía como enfermera. Malditos lunes, tendría que ingeniárselas para verla o ella se iría sin despedirse, como solía hacer, mientras él aún se encontraba en consulta. Ese día no podía dejar que se fuera sin por lo menos hablar con ella unos minutos. Quería verla, analizar su rostro, notar si había algo distinto en ella.
"Diablos y recontra diablos. En verdad estoy mal" Se avergonzaba pero algo tenía que urdir.
Por suerte los niños del hogar eran ahora todos sus pequeños cómplices. Incluso Jimmy cuando los visitaba estaba de su lado. Jimmy, que ahora era un jovencito la celaba al principio pero finalmente lo había aceptado como el pretendiente oficial de Candy. Por supuesto, ella no lo sabía. Tom era neutral, no mostraba que le simpatizara pero tampoco se oponía.
Pensó y pensó y a falta de tiempo para planear algo mejor urdió un sencillo plan. Entreabrió la puerta y se asomó para llamar al primer niño que viera pasar frente a su consultorio.
Sí, perfecto, Roger.
Minutos más tarde…
-Sólo tienes que ir hasta el consultorio de Candy y decir que se presentó una emergencia, que la necesito... No sé, inventa que entró una mujer quejándose bastante, tú ibas pasando y entonces te pedí que la llamaras.
-Pero doctor, eso es mentir y usted nunca nos había hecho mentir.
-Por favor Roger. Sí, mentir es muy malo, pero no tanto si se trata de algo que se descubrirá en seguida y que a nadie daña… Verás; Cuando ella entré sabrá que no es verdad y la mentira se acaba, no llega a más. Simplemente se esfuma.
-Entonces se enojará conmigo.
-Claro que no, mira; Yo tengo más que perder, ella sabrá que fue mi idea. Roger, tienes casi trece años no eres tan pequeño como para no entenderlo.
-Está bien, está bien ya me convenció, no hable tanto… Me debe una doctor Damien.
- Cóbramela con creces.
-Con menos vitamínicos y una mesada extra me conformo.
-¡Pero si no recibes mesadas!... Comprendo, comprendo pequeño rufián. Ahora ve.
-Soy rufián por su culpa, no sé si la mesada sea suficiente. Ja, ja…
-Oh sí, que Dios me juzgue a mí. Ve en paz hijo mío, tú estás libre de pecado. No, espera no vayas tan "en paz", tienes que parecer alarmado.
-Descuide. A veces cuando la Hermana Maria no vigila, veo los dramas en la televisión (Dijo Roger muy confiado).
-Qué horror, no veas esas cosas… Bueno ahora resultaron útiles, ja, ja.
-Doctor, si gracias a mí se casa con Candy no me tiene que dar nada ¿Sabe?
-Ja, ja. Si eso llega a pasar y sucede gracias a ti, te adoptaremos Roger. Ahora ve, quieres… Espera tal vez deberíamos practicar. ¡Diablos no! En veinte minutos va a llegar el señor Palmer. Ve, ve confió en tus dotes histriónicas.
Al salir del consultorio Roger rio fuertemente, el doctor estaba muy desesperado. Era mejor que la televisión. Estaba tan divertido con la situación que cuando entró al despacho de Candy después de decir que había una emergencia en el consultorio no pudo contenerse y echó a reír.
-Candy enfureció. ¿Eso era lo que parecía?
Esto no va a salir bien, pensó Roger y cuando iba a seguirla, ella lo detuvo.
-Tú te vas a la biblioteca Roger, todos están haciendo sus tareas. Si no vas te castigaré por hacerle caso a Damien.
Dicho eso Roger en un instante echándose a correr desapareció del pasillo.
Candy entró al consultorio como un pecoso huracán.
-Si querías jugarme una broma pesada te salió muy, muy mal. Y si querías hablar conmigo elegiste la peor manera de hacerlo.
Candy echaba chispas, roja de coraje y con los puños cerrados sobre su cintura miraba a Damien.
-Te ves hermosa aun así de enojada Candy.
-¿Lo hiciste para verme molesta? ¡Damien tengo mucho trabajo!
-Si quieres te puedo ayudar. Por otro lado no me grite señorita Candice White, aún no es mi esposa para hacerlo.
¡Diablos! Damien lo dijo de un modo tan gracioso y adorable. Además era tan gallardo… Que Candy no lo pudo evitar, sonrió y enseguida comenzó a reírse. Cuando dejo de hacerlo se sintió traicionada por ella misma. Y recordó que estaba furiosa.
-Damien, no es gracioso.
-Yo no soy quien echó a reír, ¿Cierto?
-No te conocía ésta clase de juegos. Además involucrar a uno de los niños es llegar demasiado lejos (Entonces recordó cómo el mismo Roger había soltado a reír y ella volvió a reírse).
Entonces su risa contagió a Damien y él mismo comenzó a hacerlo también.
-Perdóname sí Candy, vaya lio, ja, ja…
-Lo siento ¿Interrumpo doctor? Tenía cita y me retrasé.
-Oh no, disculpe usted señor Palmer, no se preocupe, está justo a tiempo. Sólo deme un par de minutos por favor.
-Nada de eso, pase señor, yo ya me iba.
-Gracias señorita Candy.
"Otro intento fallido" Pensó Damien.
"Inoportuno señor Palmer… Aunque viéndolo bien salió mejor de lo que pensé".
Sonrió satisfecho.
Continuará…
Gracias por sus reviews = D Me motivan a escribir y actualizar más rápido de lo que pensaba.
hikarulantisforlove
Glenda
Josie
Norma anglica
Luz
Y a toda(o)s la(o)s que lean el fic, gracias.
