Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 19
-Hola, habla a la mansión Britter. ¿Con quién desea que lo comunique? (Contestó el ama de llaves).
-Julie, soy Damien, comunícame con la señorita Britter por favor.
-Oh, sí. Aguarde un momento Doctor Boissieu…
-Claro, gracias Jul.
Un par de minutos después
-¿Hola?
-Annie, cuánto tiempo sin escucharte o saber de ti.
-Damien fui al hogar hace dos semanas.
-Precisamente, es mucho tiempo, diría que medio mes. Dime ¿Nos visitarás esta semana? Los niños te extrañan mucho y además ansían uno de tus deliciosos pasteles.
-Ésta semana no podré ir. Cuando lo hago les dedico el día completo y ahora estoy saliendo con mi madre por las mañanas. Sabes, ella quiere mudarse a Nueva York y antes de que lo haga he estado pasando más tiempo a su lado.
-Comprendo. Y qué hay de tus tardes ¿Tienes tus tardes libres Annie? Me pregunto si antes del fin de semana te gustaría ir conmigo al Teatro.
-Damien, es extraño, nunca antes hemos salido… Archie podría mal interpretarlo ¿Irá Candy también?
-No, no. Ella al parecer está muy ocupada. Ann, somos amigos ¿Cierto? No lo tomes como otro de mis chantajes por favor.
-Sí, somos amigos, supongo.
-¿Supones? Más que amigos eres como de mi familia… No mal interpretes mis palabras. Te aseguro que mis intenciones son como agua cristalina. Archie puede estar completamente tranquilo.
-Damien ¿Qué estás tramando ahora? Si son tan cristalinas ¿Por qué no entiendo?
-Annie, me ofendes ¿Tan malo es salir de repente con un viejo amigo? Bueno, olvida lo de viejo porque no lo soy en absoluto…
-Damien te conozco y cuando das tantos rodeos algo muy malo planeas. Mejor dime de una vez por todas qué tienes entre manos, qué es lo que necesitas.
-Annie, ya lo he dicho. Bueno, bueno. Tú ganas. A decir verdad me haría bien un encuentro, una charla entre amigos y aquí sabes que no tengo muchos.
-No pensé que fueras del tipo de hombre que necesita tanto de sus amigos.
-Annie, cierto y no es que de ahora en adelante lo vaya a ser. Pero sí ahora. Verás, en la vida siempre llega el momento de hacer algo que normalmente no se acostumbra…
-Pero primero era el hogar, después dijiste algo acerca de ir a una función al teatro…
-Sí, sí, necesito hablar contigo Annie. Pero de mi parte sería una grosería, que después de tanto tiempo sin vernos no lo hagamos en persona.
-Pero nunca nos vimos así de hecho. Únicamente conversamos en las reuniones familiares…
-Exacto, después de tanto tiempo de conocernos… Qué mal que no lo hemos hecho. Para no sólo aburrirte con mis charlas y para que no sea tan pesado soportarme, si no te apetece ir al teatro, podemos dar un paseo, ir a cenar, qué sé yo... Con el debido permiso de tu noviecito, claro. Creeme, no quiero causar conflictos en tu relación con el aristócrata.
-Ja, ja. Damien. Como si fueras en verdad a pedirle permiso, ni siquiera se hablan.
-Annie, por favor. Sólo un par de horas. Está bien. Si no quieres salir conmigo comprendo, sé que soy una tentación. A veces aún me sorprende que sea tan irresistible…
-Damien, deja ya de bromear.
-¿Bromear? Bueno Annie, te decía que lo comprendo. Si no quieres salir conmigo ¿Podría visitarte entonces? No lo he hecho porque no me atrevía a llegar sin avisarte.
-¿No te atrevías? Damien, me estás preocupando.
Damien se impacientaba. Creyó que Annie o en verdad no comprendía nada, o se divertía dándole evasivas.
-Annie, Annie… Querida Annie… (Estaba a punto de decirle la verdadera razón por la quería verla)
-Damien discúlpame, no quise decir que no seas bienvenido. Ven cuando prefieras, hasta el jueves tendré las tardes libres y estaré en casa.
-Excelente Annie ¿Te parece bien mañana?
-Damien ¿Tan mal te encuentras?
-Annie, estoy muriendo.
-Damien…
-Annie, no te preocupes. Con tu ayuda sobreviviré.
-Damien, me asustaste. Muy bien, mañana te espero.
-Annie qué sería de mí en América sin ti. Después de todo solo soy un indefenso francés en un continente desconocido.
Una hora más tarde.
-Pasa Julie.
-Señorita, la llaman otra vez. Es la señorita Andrew.
-Está bien Julie, puedes retírate.
-¿Candy?
-Annie, te necesito ¿Podríamos vernos?
-Candy ¿Qué pasa? ¡Qué te ha hecho Damien!
-¿Cómo sabes que se trata de él?
-Oh, Candy. No es tan difícil adivinarlo, lo ves a diario y ya me has hablado antes con ese mismo tono de voz para quejarte de él.
-¿Lo he hecho?
-Sí, aunque en realidad sólo al principio lo hacías ¿Ya lo olvidaste? Cuando comenzó a trabajar en el hogar…
-Annie, lo siento. Ya recuerdo.
-Bueno Candy, no es solo por eso. La verdad es que él también me llamó hoy.
-¿En serio? Qué coincidencia. ¿Acaso te habló de mí?
-No, pero al recibir tu llamada deduje que no era casualidad.
-Annie ¿Sabes? Ya me siento mejor, olvídalo, es una tontería.
-Candy ¿Estás segura?
-Sí, sí, Annie disculpa. No te alarmes por favor, estoy bien… Te visitaré después. Adiós.
Cuando Candy colgó se arrepintió de haberla llamado. Aún estaba en su oficina en el Hogar. Se sentó pesadamente tras su escritorio y frente a una pequeña pila de recibos, comenzó a pensar y a pensar...
La confusión que experimentaba no se solucionaría hablando con Annie.
Si tan sólo Albert le diera alguna esperanza, una señal más sólida. O quizás ya lo había hecho y ella no lo notó porque se sentía insegura y no creía que Albert la viera como a una mujer. Pese a saber que él era William Andrew y que con eso se resolvía el misterio de su identidad y pasado, Albert seguía siendo un hombre enigmático y hermético. Ella lo veía como a un hombre irresistible al que amaba en silencio pero al que aún no descifraba por completo.
Había sido su primera ilusión, el chico de sus sueños, su príncipe. Fue también su ángel guardián, quien le salvaba la vida, quien la rescató y reconfortó en los peores momentos de su vida. Cuando perdió la memoria fueron y vivieron juntos como los mejores amigos y ella terminó enamorándose de él. Aunque aún seguía siendo afectuoso, la protegía y cuidaba; No le hablaba a Candy de sus emociones o miedos más profundos. Ella había sido transparente siempre y aún en los peores momentos se mostró tal cual era y él la consoló. Pero Albert se mantenía distante en ese sentido.
Recordó claramente al apuesto joven amnésico. Noble, atento, inteligente, divertido, libre de espíritu y por si fuera poco guapísimo, Albert lo tenía todo no le hacía falta ser un Andrew. Era tan fácil convivir así… Sin que hubiese una clase social imponiéndose, un apellido dirigiendo su vida. Ahora él tenía muchas responsabilidades y viajaba a con frecuencia. William Andrew lo tenía todo, menos aquella libertad con la que ella lo había conocido. Pero para las damas de la alta sociedad eso no importaba, sólo el poder que él tenía. Además por si fuera poco era el empresario más apuesto y joven que dirigiese una fortuna de tales magnitudes. En todos sentidos para las hijas de las familias bien colocadas él era el más atractivo, un candidato al esposo ideal.
Para Candy seguía siendo Albert, el hombre por quien su corazón latía acelerado. Amaba su carácter, su sentido del humor, sus ideales, sus hermosos ojos azul cielo, cada mueca que hacía al hablar, su manera de caminar, cada uno de sus ademanes y movimientos, cada pícaro guiño…
Amaba estar entre sus brazos cuando lo abrazaba… En ese momento sólo el pensamiento y la evocación provocaron que ella sintiera la urgencia de hacerlo. Abrazando a Albert se sentía a salvo, olvidaba sus angustias, el tiempo se detenía y flotaba en una mágica nube eléctrica que envolvía sus sentidos.
Albert ¿Qué estarás haciendo ahora, habrás llegado a Chicago ya? Apenas hoy te has ido y ya me haces tanta falta… Estás tan lejos…
Entonces la inseguridad se apodero de ella nuevamente, temía que para él ella nunca llegara a serlo todo. Seguramente cuando recobró la memoria, en el fondo supo que a futuro necesitaría a otra clase de mujer a su lado y por eso se fue. Después de todo ella seguía distando mucho de ser una típica dama de sociedad.
Horas más tarde.
Candy estaba por irse a la cama cuando sonó el teléfono.
-¿Hola?
-Hola, pequeña. ¿Cómo estuvo tu día?
-¡Albert! Bien, los lunes hay más trabajo pero por suerte terminé de arreglar todos los pendientes. ¿Qué tal tu regreso a Chicago?
-Apenas llegaba y tuve que dirigir una junta que se extendió más de lo previsto. Discúlpame Candy, por eso no pude llamarte antes ¿Te desperté?
-No, apenas iba a mi recámara. Albert, no te preocupes. Aún debe ser pesado para ti asumir tantas responsabilidades.
-Me he acostumbrado pequeña. Pero sí, hay días en los que quisiera renunciar a todo y pasar más tiempo contigo.
-Albert… a mí… también me gustaría verte más seguido.
-Como en los viejos tiempos ¿Recuerdas Candy?
-Claro Albert, sólo que sería un verdadero escándalo que volvieras trabajar a lavando platos.
-Ja, ja. Sí, ni pensarlo. Eso podría matar a mi tía, quien por cierto dice extrañarlos mucho. Me ha pedido que ahora que estoy aquí regresen.
-Sí, ahora que estás de regreso me gustaría mucho ir Albert. Sólo que no puedo dejar así el hogar y Archie, él seguro extrañaría mucho a Annie.
-Pequeña, sé que eres muy responsable y amas tu trabajo. Aunque no sea para que te mudes. Mereces unas vacaciones, puedes contratar a alguien para que cubra tu ausencia. Archie está en Lakewood sobre todo para apoyarte y Annie puede pasar temporadas en su mansión aquí en Chicago, si permanece allá es únicamente por Archie.
-Pero Albert dijiste que vendrías éste fin de semana y también para Navidad. Si yo voy sería después de eso ¿Cierto?
-Sí Candy, por nada del mundo dejaré de visitarte éste fin de semana. Y por supuesto que pasaré la Navidad con ustedes en Lakewood, la tía Elroy también nos acompañará. Sin embargo el veintiséis de diciembre tendré que viajar a Nueva York. No sé si pueda volver a Chicago para celebrar el año nuevo.
-Entiendo, no te preocupes Albert. Yo probablemente la pase con los Britter.
"Lo que Candy no sabía era que Albert planeaba proponerle que viajara con él a Nueva York, pero eso era algo que quería decirle en persona"
-Candy, es más de media noche. No quiero que por mi culpa te desveles más. Que tengas dulces sueños pequeña. Mañana te llamaré.
-Gracias Albert, también tú duerme pronto. Hasta mañana.
... … … … … …
El martes pasaba rápidamente. Damien terminó sus consultas temprano y salió con prisa del Hogar. Por primera vez partió sin despedirse de los niños o de Candy quienes estaban en la Biblioteca. Apresuradamente subió a su coche. Candy lo vió partir desde la ventana porque los niños al escuchar el motor del auto corrieron a la ventana y comenzaron a gritar ¡Adiós doctor Damien!
Una hora después en la mansión Britter…
-Ya llevamos más de veinte minutos conversando Damien y dudo que sólo vinieras a hablar de nuestras familias y de cuando nos conocimos siendo tan sólo niños en Paris…
-Annie, no desdeñes tu infancia. Por lo menos yo desde pequeño ya era tan carismático... ¿No te pareció así? Creo que vine a verte precisamente porque estoy nostálgico, necesitaba recordar esos años. Son gratos recuerdos familiares, la familia es importante; A propósito ¿Es Archie el único familiar cercano a Candy aquí en Lakewood?
El tono en que Damien lo preguntó… Cómo pude ser tan tonta, se reprochó mentalmente Annie. Con que de eso se trataba, Por qué no se dio cuenta antes; Claro Albert estaba de regreso y seguramente…
-¿Annie?
-Disculpa Damien, me distraje. Por qué el interés.
-Vamos, Annie; tú sabes que el que me interese saber algo de Candy no es extraño.
-¿Y sólo para saber eso querías hablar conmigo?
-Annie… (Damien se avergonzó sabiéndose descubierto y bajó la mirada) Muy bien para qué negarlo más… Estoy confundido, es que no sabía que hubiera otros Andrew.
-Damien, pero si tú ni siquiera logras distinguir a las familias poderosas dentro de Francia, y no se diga en Paris ¡Claro que ignoras quienes conforman la elite norteamericana! De no ser porque en la fiesta de caridad conociste a Candy no tendrías hoy en día interés alguno por saber quiénes son los Andrew.
-Me conoces bien, eh Annie.
-Mejor ve directo al grano Damien. Se ve que estás sufriendo. No se lo diré a Candy si es lo que te preocupa.
-Sí que la estoy pasando mal Annie, ja, ja. He sido un tonto contigo. Perdóname.
-¿Y bien?
-Vaya, Annie… Está bien. Me siento absurdo pero estoy intrigado. Ayer la vi llegar con un sujeto alto y rubio. Supuse que se trataba de un Andrew. ¿Sabes de qué rayos hablo, lo conoces? Ojalá hubiera sido sólo mi imaginación.
-Claro que lo conozco tonto, él es William Andrew.
-¿Qué dices? ¿El famoso patriarca? Santos Cielos, yo creí que se trataba de un anciano.
-Damien estás muy retrasado en noticias. Hubo un tiempo en el que todos lo imaginábamos así. Pero ya tiene más de medio año que la noticia de que William Andrew era el mismo al que viste circuló en los más prestigiados medios.
-Annie, vaya sorpresa… No sabía que un día necesitaría estar al tanto de las superfluas notas sociales… Entonces él es su tío (Suspiró aliviado y sonriente).
-Damien… ¿No lo sabes aún?
-¿A qué te refieres, hay algo más que no sepa Annie?
-Bueno Damien, no sé si tengas que saberlo. Pero para nadie es un secreto… Creí que por trabajar en el Hogar ya te habías enterado…
-Annie ahora yo te pido que no me des rodeos, por favor.
-Candy no tiene parentesco alguno con él, a menos que se casen...
Damien palideció súbitamente, se encontraba en una especie de shock.
-Pero Damien ¿Te sientes bien? (Dijo asustada Annie).
-Sí, sí… Es sólo que no… no entiendo nada.
-Damien no es tan complicado Candy creció en el Hogar, después la adoptaron los Andrew.
-¡Por supuesto! Annie, Ahora comprendo por qué son tan amigas ella y tú. No me lo tomes a mal, es que son tan distintas.
-Bueno Damien, sabes que sólo tu familia conoce mi origen, porque nuestros padres son verdaderos amigos y porque tú mismo eres un adoptado. Aunque nosotros siempre les hemos guardado el secreto.
-¡Pero, qué! No hables así por favor. Para mi familia y amistades no es un secreto, Annie. Mis padres nunca lo han negado. Yo no me avergüenzo de serlo.
-Entonces por qué no lo dicen.
-Bueno Annie, verás; no es que tengamos que hablar de eso cada que conocemos a alguien ¿Lo imaginas? "Señora Miller, soy Damien Boissieu, por cierto soy adoptado. O, Señor Miller él es mi hijo Edward, por allá está Damien el adoptado" Ja, ja, ja, aunque sería divertido ver cómo reacciona la aristocracia ante tales declaraciones, no crees, ja, ja.
-¿Y por qué no se lo has dicho a Candy?
-Annie ¿Acaso es algo que tenga que saber? Si piensas que se le oculto por vergüenza estás muy equivocada. A mí por ejemplo no me importa si ella es huérfana como nosotros. Eso sólo hace que la quiera todavía más ¿Sabes? Pero agradezco que nunca le hayas dicho nada y te pido que no le digas que lo soy, por favor.
-Como quieras Damien. Descuida, de mí nunca lo sabrá si tanto miedo te da que se entere.
-Sabes Annie ahora comprendo tantas cosas.
-¿De qué cosas hablas?
-El cariño que le tienen Jimmy, Tom, la Hermana María y la Señorita Pony. ¡Claro! Cómo no me di cuenta. Eso y comentarios que los niños hacían…
-Vaya si han sido discretos entonces.
-Bueno no es que lo oculten. Sencillamente yo nunca pregunté nada. Pese a las evidencias no lo sospechaba. Me la presentaste como una Andrew y yo me concentré en conocerla ahora, en su presente. No en averiguar cuál era su pasado…
-Claro, Damien estás muy enamorado, pero Archie y yo sospechamos que ella y Albert se aman. No lo tomes a mal ni como algo personal pero por favor no te interpongas.
Damien cambió su aún sorprendido y mortecino semblante a un encendido rojo de rabia.
-Annie, no me lo tomes a mal ni como algo personal tampoco, pero nadie me dice de quien puedo o no enamorarme y a quien puedo o no pretender.
-Está bien Damien pero se acabó, ahora que Albert ha vuelto no esperes que yo sea tu cómplice ni que te ayude a conquistarla.
-Descuida Annie, descuida. No te meteré en problemas ni te involucrare en nada. Gracias por el té y por la charla. Ya no deseo hacer que pierdas más tiempo. Perdóname por favor. No me siento bien. Quisiera irme… Tengo que irme Annie. Discúlpame.
-Te entiendo Damien, espero que tú me entiendas a mí.
-Por supuesto Annie, Albert es el tío de Archie. Comprendo que tu lealtad esté de su lado. No estoy molesto contigo ni quiero que me consideres un enemigo. Si me necesitas llámame. En verdad no estoy molesto contigo Annie... ¡Pero diablos, me tengo que ir! Gracias por todo.
Damien besó la mejilla de Annie para despedirse y esbozó una sonrisa en un intento fallido por ocultar su malestar.
Continuará…
Gracias por seguir la historia y por sus reviews:
Glenda: Ahora el que necesitará parecetamol será Damien ; )
Josie: Más sorpresas vendrán
Karina
Luz
Fran
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¡Gracias!
