Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 20.
Damien no solía beber pero al dejar la residencia de Annie lo primero que buscó fue un bar y ahí se internó durante horas.
Llegó de madrugada a su casa en el pueblo. Metió el coche al garaje y ni siquiera se ocupó de cerrar la cortinilla. Entró sin encender la luz, se quitó la gabardina y se acostó en el sofá más grande de la pequeña estancia, colocado debajo de una ventana de aperladas persianas horizontales por las que se filtraba la luz tenue de la calle. El alcohol había perdido sus efectos, sólo tenía sueño. Waffy, su gatita se acercó y comenzó a ronronear. Era un espacio acogedor y cálido pero bastante pequeño.
Su familia tenía una mansión en Chicago y otra en Nueva York. En ambas ciudades pudo haber trabajado en cualquier hospital de prestigio, además de, para sentirse completo colaborar en instituciones de beneficencia dando consultas gratuitas, como lo había hecho en Francia.
"En una ciudad siempre hay más necesidades" Recordó a los pacientes que abandonó en Paris y lo asaltaron imágenes de su infancia... él corriendo por los callejones de los barrios más pobres y olvidados.
¡Pero no! Llegando a los Estados Unidos la conoció y eligió trabajar en el Hogar.
Sí, para estar ceca de ella. "El amor a primera vista no funciona" afirmó mentalmente.
El creyó que Candy sentiría pronto lo mismo por él. Sin embargo en los ya casi tres meses que llevaba trabajando para ella, no había conseguido ningún progreso.
Aunque no se arrepentía del todo. En el ámbito laboral, al menos, se sentía satisfecho ayudaba a mucha gente. Los niños lo admiraban y querían, él también les tenía un gran afecto.
"Así que Candy había sido huérfana también… El corazón tenía sus misterios, quién le iba a decir que se enamoraría de alguien que se parecía tanto a él con sólo verla. El amor a primera vista no era un fraude después de todo. Claro, el gran fiasco era pensar que fuera a ser correspondido"
Mujeres hermosas conocía infinidad. Ahí estaba Maeve una mujer de belleza increíble. Alta, de largo cabello castaño, ojos azules, elegante cuello, facciones refinadas y porte perfecto. Una estudiante de filosofía que conoció en la universidad. Su admiradora oficial. Con la que salió un par de veces pero de quien no logró enamorase. Se lo había dicho, terminó todo vínculo y sin embargo ella insistía, buscándolo hasta por debajo de las piedras. Varias veces lo esperó en la salida del hospital. Cielos, el no verla más era lo único que en verdad agradecía de estar tan lejos de su nación. Seguro ya estaría acosando a alguien más. Pobre Maeve eso nunca fue amor, era solamente una mujer caprichosa y obstinada.
Y por otro lado, de las damas en la alta sociedad nunca se percató. Simplemente no les ponía atención. Sin importar cuan grande fuera la belleza de éstas. Algo en sus entrañas, algo que ni siquiera él mismo lograba comprender hacía que sintiera una fuerte aversión hacia ellas. A todas las había ignorado excepto a una...
Pero quién diría que en realidad Candy y el compartían el mismo origen.
Comenzaba a enternecerse pensando en ese momento, cuando la vio por primera vez... y de repente un dolor punzante atravesó su abdomen al recordar lo que le había dicho Annie.
Aún con el corazón quebrantado se quedó dormido debido al cansancio. Así, sobre el sofá. Destapado y sin siquiera haberse quitado los zapatos. Waffy se acurrucó sobre su regazo.
…
Los brillantes rayos de sol se posaron sin piedad en su rostro despertándolo. Entonces sintió una fuerte jaqueca. Instintivamente levantó el brazo y llevó la muñeca ante sus ojos... Cuando vió la hora se incorporó de un salto y corrió a ducharse, ni siquiera desayunó. Aun así llego tarde al Hogar. Por primera vez ahí estaba Candy para recibirlo y acompañarlo al consultorio.
-Candy, que amable. No te molestes que ya me sé el camino.
-Pero por lo visto el camino hasta el Hogar lo olvidaste. Tienes a tus pacientes esperando por ti desde las nueve.
-Vaya, debo ser un gran doctor para que esperen tanto por mí, no crees.
-Damien, no estás para hacer bromas. Esto es serio.
-Candy, lo siento no me grites por favor.
-Damien, no estoy gritando… (Lo observó bien) ¡Aja! ¡Bebiste! Damien, no puede ser; Hoy…
-Candy, Candy, no te preocupes ni te enojes por favor. Ten por seguro que los atenderé a todos aunque me vaya más tarde.
-No es sólo eso Damien. Hoy tenía algo muy importante que hacer. Atendí cuatro de tus consultas. Al hacerlo perdí una cita importante. Esta semana ultimaré asuntos concernientes a las aulas que estamos construyendo. En la mañana iba a reunirme con el arquitecto.
-Wow ¿Cuatro dices? Lo siento mucho Candy ¿No lo puedes ver más tarde u otro día?
-No. Ahora tendrá que ser hasta la próxima semana.
-Perdóname. Si me lo permites te diré que, respecto a las aulas no hay de qué preocuparse, no es lo más urgente ¿Cierto? Era más relevante el asunto de la ampliación en los dormitorios si mal no recuerdo.
-Damien, lo que pasa es que el viernes yo quería tener más asuntos resueltos. El contrato con el arquitecto sólo tenía que revisarlo y firmarlo, él no pudo venir hasta acá.
-Pero entonces; si sólo era el contrato, esperar una semana más no es tanto tiempo.
-Pero será Navidad para entonces, en sólo una semana más.
-Cierto, lo olvidé y después fin de año. Bueno porque esperes tres semanas no se vendrá abajo el Hogar. Mira, si quieres yo mismo puedo conseguirte a otro arquitecto, Edward me puede ayudar.
-No lo sé…
-Vamos, se ve que te preocupa bastante. Ahora insisto en hacerlo, con suerte estará aquí el jueves para que así, el viernes ya lo tengas resuelto.
-¿Lo harías?
-Sí, por supuesto que sí. Traer un arquitecto, hacerme pasar por un arquitecto. Pídeme lo que quieras y verás que por ti lo haré.
-Damien, bueno… pensándolo bien tal vez no es tan urgente después de todo.
Ahí estaba Candy evadiéndolo de nuevo, rechazando su ayuda. Entonces lo supo.
-Candy se sabe que la reconstrucción de este lugar se debe a William Andrew ¿Cierto?
-Sí ¿Por qué? Eso ya lo sabías.
-Bueno, no lo conozco aún, pero es verdad, ya lo sabía.
-Entonces por qué preguntas ¿A qué viene el comentario?
-Bueno estas tan preocupada, apresurando contratos y demás asuntos… supongo se debe a que te presionan ¿Me equivoco?
Damien sólo lo insinuó para analizar la reacción de Candy. Por supuesto sabía que no era así, que la que quería quedar bien con William era ella.
-¡Damien, no supongas tonterías! Para nada, él no es esa clase de persona. Yo quiero que todo se haga bien porque los niños lo merecen y en señal de agradecimiento, eso es todo.
-Bien, bien. Perdón por entrometerme. Arreglaré lo del arquitecto de cualquier modo. Es lo menos que puedo hacer por haber causado el conflicto.
-No Damien, ya te dije que no. Admito que exageré. Tienes razón nadie me está imponiendo nada.
-Salvo cierta enfermera de mal genio...
-¡Damien yo no tengo mal genio!
-No dije Candy.
-No hay ninguna otra enfermera en el Hogar. Y la que está nunca tiene mal genio.
-Claro y lo dices con las manos en la cintura.
-Ya es tarde Damien, atendí a cuatro de tus pacientes pero los demás te esperan.
-Lo sé. Gracias, no volverá a suceder (Dijo mientras se ponía su bata).
-Muy bien, acepto tus disculpas. Ahora me voy.
-No me digas que hasta pensaste en despedirme.
-Damien no he dicho eso.
-Está bien jefa yo también acepto sus disculpas.
-Damien, eres imposible. Me voy. Te están esperando.
-Lo que usted ordene jefa. Ah y si me hace el favor dígale al señor Taylor que pase. Que tenga buen día jefa.
-Querrás decir buena tarde.
-Diablos… Lo siento. Sí, eso quise decir.
-Damien, casi lo olvidaba yo también necesito pedirte un favor. Como acabarás más tarde necesito que cierres por fuera con ambas llaves. Yo tengo que regresar temprano a casa hoy.
-Claro, lo haré.
-Gracias. Y como estarás ocupado aquí nos veremos hasta mañana.
-Descuida, hasta mañana entonces, gracias por despedirte, no cabe duda, hoy estás muy amable.
Candy no le siguó el juego, ya se iba y Damien la llamó,
-Candy…
Ella volteo.
-¿Sí?
-Mañana llegaré temprano, lo prometo ¿No vayas a buscar a otro doctor quieres?
-Eso espero Damien, si cumples no lo haré. Y ya no bebas ¿Quieres?
-Eso último no puedo asegurarlo pero llegaré temprano aun así.
-¡Damien!
-Es broma jefa, ahora váyase o tendrá que fungir de enfermera, aquí conmigo lo que resta del día (Le dijo seductoramente).
Ante el suave tono de voz que Damien usó, y comprendiendo lo que decía, Candy se sonrojó y se sintió como una tonta por hacerlo. Entonces sin decir nada más, decidida salió por fin del consultorio.
Damien notaba que lograba ponerla nerviosa, sin embargo sabía que fracasaba. Lo que era peor, se sentía derrotado por alguien que ni siquiera estaba ahí.
Y por primera vez en todos esos meses, quiso desistir. Comenzaba a darse por vencido y decidió dejar de acercarse a Candy por completo. Lo que restaba del día se limitaría a únicamnete atender consultas.
De regreso en su casa, dado que no podía dormir, se desveló viendo películas viejas acompañado por Waffy. La acarició taciturno hasta que la gatita se durmió.
-Vaya Waff al menos tu puedes hacerlo, duerme waff-waffy, duerme.
Llegó el jueves y percibió a Candy más atareada aún. Pero mantuvo su distancia. Ahora él era quien evitaba encontrarse con la hermosa rubia. Entre consultas jugó con los niños y aunque estos se lo pidieron, al terminar con sus pacientes no se quedó más tiempo, como a menudo hacía cuando se acercaba el fin de semana y se fue temprano.
Candy no se percató del cambio en Damien porque sólo tuvo cabeza para dejarlo todo perfecto. Puso más esmero en ordenar las cosas antes de marcharse. Cuidó cada insignificante detalle. Y al hacerlo no pudo ocultar su alegría. Mañana estará aquí Albert. ¿Damien? Ni siquiera tuvo tiempo de comentárselo. Ya se había ido. Sólo la señorita Pony y la hermana María sabían sobre la visita. Ellas por cierto sí notaron que Damien se fue antes e intuían el por qué. Sin embargo nada dijeron. Querían ante todo que Candy fuese feliz y sospechaban desde hacía mucho tiempo atrás, quién, para ella personificaba la felicidad.
Continuará…
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