Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.

Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew

Capítulo 21.

Archie fue por Candy al Hogar. Ella estaba en la biblioteca acomodando los estantes.

-Candy ¿Aún no terminas? Has trabajado muy duro ésta semana, gatita.

-¡Archie!

-Pronto obscurecerá, vamos. Todo está impecable y no me iré sin ti.

-Sólo me falta hablar con los niños, están viendo una película con la Hermana María en el cuarto de proyección, pronto acabará. Dejé mi caballo en…

-No Candy, te digo que todo está perfecto. Debemos irnos, recuerda que Albert llegará en la noche.

-Sí Archie, yo ya había calculado y me daba tiempo de llegar a arreglarme para recibirlo.

-Bueno, no necesitas mucho arreglo Candy, siempre te ves preciosa. Pero me preocupa que regreses sola. Tom me llamó para decir que hoy no te llevaría.

-Gracias Archie. Está bien vámonos ya (dijo con una alegre sonrisa).

De camino a Lakewood…

-¿Candy por fin despediste a Damien?

-Ja, ja Archie. Nunca te simpatizará ¿Cierto?

-Ya veo, no lo has hecho. Era muy bueno para ser cierto. Lo pensé cuando al entrar vi la sala de espera vacía y su consultorio cerrado. Normalmente aún tiene pacientes a ésta hora.

-¿En serio Archie? ¡No me di cuenta!

-Candy, en verdad estabas totalmente enfocada en dejar el Hogar como nuevo.

-Sí, quiero que Albert esté orgulloso.

-Yo creo que ya lo está, al igual que yo. Te admiro mucho gatita ¿Te lo había dicho antes?

-Muchas gracias, Archie. Aunque sí me lo has dicho ya, siempre me alegra escucharlo.

-Y a mí me alegra más ser parte de tu vida. Quiero que sepas que siempre estaré aquí para ayudarte.

-Lo sé porque siempre lo has hecho Archie. Sin ti no sé cómo habría resuelto todo esto. Tú me has enseñado a llevar la administración y te encargas de todas las cosas que aún estoy aprendiendo a manejar.

-Pronto te harás cargo de todo, pero aun así sabes que me podrás llamar para lo que necesites.

-Archie, Albert y tú son mi mayor apoyo y a quienes más quiero, lo sabes ¿Verdad?

-Aunque tal vez quieres a Albert un poquito más ¿Me equivoco? (Dijo guiñándole un ojo pícaramente).

-Archie... yo… (Completamente sonrojada Candy no supo qué responder).

-No te avergüences Candy, en realidad hacen una pareja perfecta.

-Archie, pero Albert nunca me ha tratado así, es decir como si lo fuera.

-Cierto. Candy disculpa mi atrevimiento. Es sólo que mereces lo mejor. Damien, por ejemplo, está interesado en ti y no me agrada nada.

-Archie, Damien no es tan malo como parece. Sabes, deberías darle una oportunidad.

-¡Una oportunidad para que te corteje!

-No Archie, para que lo conozcas. Hasta podrían llegar a ser buenos amigos.

-Pero si tú misma no eres su amiga aún, al menos no que yo sepa.

-Cierto pero conmigo es diferente. Tú has dicho ya el porqué.

-Vaya. Entonces no se rinde, eh. Si te sigue molestando se las verá conmigo.

-Archie tranquilo. No me molesta, sólo bromea. Aunque ahora que lo mencionas los últimos días apenas si cruzamos un par de palabras.

-Bien, creo que es lo mejor (dijo mientras se estacionaba).

Bajaron del auto

-Adelántate Candy, tengo que bajar unas cosas.

-Está bien.

Candy se dirigió a la entrada principal y la puerta se abrió antes de que alcanzara los últimos escalones.

-¡Albert! (Subió corriendo para abrazarlo).

-Candy, te extrañé mucho pequeña.

-Albert, llegaste antes. Mírame estoy hecha un desastre.

-No te preocupes por eso. Te ves hermosa Candy.

-Sí claro, toda polvorienta y con la falda sucia. Los niños estuvieron muy traviesos hoy y me hicieron subir un par de árboles en la mañana.

-Ya veo ¿No habrá sido al revés?

-Bueno… (Dijo agachando la cabeza y sonrojándose) Digamos que fue culpa de ambas partes.

-Candy, nunca cambiarás.

Archie los alcanzó y entraron juntos. Dorothy anunció la hora a la que estaría lista la cena y le dijo a Candy que subiría a su habitación con ella para ayudarla a que estuviese presentable. Candy subió a regañadientes, mientras Albert y Archie la miraban divertidos.

Después de cenar, los tres tomaron café en la sala principal frente a la chimenea.

Aprovecharon para planear la Noche Buena, ya que faltaban sólo ocho días y Albert tendría que irse el sábado a Chicago.

Acordaron que, como le prometió a Candy ahí mismo la celebrarían. Albert llevaría a su tía. Eliza y Neil la habían invitado a pasarla con ellos, o mejor dicho los padres de éstos la invitaron, pero ella naturalmente decidió que iría a Lakewood para estar con sus sobrinos.

Archie invitaría a los Britter.

Candy a Tom, al señor Stevens, a Jimmy y al señor Cartwright.

La Hermana Maria y la Señorita Pony le habían pedido que no se preocupara por ellas, la pasarían en el Hogar con los niños. Candy a diario hacía tanto por ellas que insistieron en que no las visitara y olvidara el Hogar por un par de días, para estar en esas fechas especiales con Albert a quien no había visto en tantos meses y a quien tanto le debían ahora.

Ella aún así, planeaba el veinticinco enviarles muchos regalos con Tom.

Hablando de esos asuntos estaban cuando Albert recibió una llamada desde Chicago y la atendió en su despacho. Regresó a la estancia y se despidió de Candy con un cálido abrazo, diciéndole que era tarde y que mejor subiera a descansar porque él y Archie tenían que revisar algunos papeles que llevarían a Nueva York.

-Mañana yo te despertaré para que vayamos al hogar pequeña.

-Seguro ya estaré lista cuando toques la puerta Albert.

-¿En verdad? Yo recuerdo a una enfermera del Hospital Santa Juana que olvidaba levantarse temprano.

-¡Albert, he cambiado!

-Lo sé, sólo bromeaba Candy, de cualquier modo paso por ti a tu recámara.

-Muy bien Albert. Casi lo olvidaba ¿Archie vendrás también? Recordé que tienes que entregar a La señorita Pony la contabilidad.

-Claro, no te preocupes por eso. Los acompañaré.

-Candy, quién iba a imaginarlo. Aun con lo dormilona y traviesa que eres te has convertido en toda una directora (dijo divertido Albert).

Candy se sonrojó y le sonrío.

-Bueno es fácil porque lo hago por los niños. Ahora subiré, aún tienen que trabajar. Espero que no se desvelen tanto. Hasta mañana.

-Hasta mañana Candy (dijeron al unísono).

. ….

Damien despertó de mal humor. Apenas pudo dormir un par de horas antes de que amaneciera. Cepilló y dio de comer a Waffy. Después se preparó para salir al Hogar.

Cuando se estacionó notó que un automóvil desconocido con la insignia Andrew estaba ahí. Exhalo pesadamente y respiró profundo como tratando de relajarse antes de entrar. Al hacerlo, enseguida y casi sin ver se dirigió a su consultorio.

Candy estaba con Albert y Archie preparando café en la nueva cocina del Hogar. Oyeron que se abría la puerta principal y Albert se asomó.

Damien iba caminando con prisa por el pasillo y se detuvo en seco cuando al levantar la mirada lo vio, sus ojos miel se tornaron del color de la sangre. Albert relajado le sostuvo la mirada un par de segundos, Damien serio y sin hablar, inclinó ligeramente la cabeza a modo de saludo y se giró para abrir la puerta de su consultorio. Misma por la que desapareció en menos de lo que dura un instante; como si ésta, hambrienta, lo hubiese engullido.

-¿Quién era Albert?

-Al parecer ya ha llegado el doctor.

-Ah. ¿Damien llegó? Es muy temprano, no sabía que acostumbrara llegar a ésta hora.

-Lo que pasa Candy, es que tú normalmente llegas después de las nueve. Pero por lo que sé el doctorcito llega siempre a las siete (señaló Archie).

-Te equivocas, yo llego a las nueve en punto. Sabía que él llegaba antes. Sólo no imaginé que tanto porque a las nueve comienzan sus consultas, son las siete y media.

-¿Y te vio Albert? (Preguntó Archie)

-Sí, cuando entraba al consultorio.

-¿Quieres decir que ni siquiera te saludó? (inquirió ahora Candy un poco desconcertada).

-No creo que lo haya hecho a propósito. Después de todo nadie nos ha presentado aún. Parece que no se imagina quién soy.

Entonces Archie y Candy se miraron. Dejando ver que ni siquiera habían considerado hacerlo.

-Cierto. No le hemos hablado de ti ¿O tú lo has hecho Candy?

-No, es decir no exactamente Archie. Sólo sabe que el Tío Abuelo ayuda al Hogar.

-No me la creo. ¿Aún existe el viejo mito aquí?

-Creo que únicamente para él. Los niños siempre te han llamado Albert. Te lo presentaremos para aclarárselo pero lo haremos cuando tenga su primer descanso. Creo que ahora debe estar ocupado preparando algo para sus pacientes, supongo que para hacer algo importante llega tan temprano.

-Lo siento Candy, tendré que irme antes de que eso suceda. Un compromiso me espera a medio día. Pero traeré de vuelta el carro.

-Descuida Archie. No lo tienes que hacer. Ya sabremos nosotros cómo volver (dijo Albert).

-Cierto, estoy cansada del automóvil y puedo pedirle a Jimmy que me traiga a Polaris y Andrómeda.

-Vaya, han pasado de nombres históricos a nombres cósmicos.

-Ja, ja. Sí Albert. Una noche Jimmy llevó a los niños de campamento. Al dormir bajo las estrellas y gracias a las fantásticas historias que les relató, se interesaron tanto en el cosmos y las constelaciones que a su regreso buscaron en la biblioteca y cambiaron el nombre de nuestra pareja favorita de caballos. ¡Cielos ya van a ser las ocho! Los niños van a comenzar sus clases y antes quiero enseñarte las aulas. Vamos.

Damien los escuchó mientras pasaban frente al consultorio y la rabia comenzó a dominarlo. Sólo haber visto de cerca a Albert había logrado despertar en él, el deseo de conquistar a Candy más que nunca. Sí, un par de días atrás se había retractado. Había abortado la misión, decidió no hacerle más caso a su corazón. Pero al verlo todo cambió. No se rendiría ante un chico adinerado y bien parecido. Jamás ¡Jamás! Ahora pondría más empeño en serlo todo para Candy. Se dio cuenta de que en realidad no había sido firme en eso. No más bromear, no más intentos infantiles. Candy vería al hombre que Damien era y se enamoraría de él, eso lo juraba.

Pero bastó que pensara en el juramento para que sintiera temor ¿Y si pese a todo ella lo rechazaba? ¡Demonios! De qué servía todo lo que sentía por Candy, de qué le servía a él si no era correspondido ¿Qué diablos iba a hacer con todo eso?

….

…Y el mobiliario lo trajeron el mes pasado.

Candy alegre le mostraba a Albert los salones de clases. Él la escuchaba atento. Salieron después al jardín de recesos desde donde se veía la ventana del consultorio de Damien. Albert recordó entonces la fracción de segundos que la mirada color ámbar lo observó retadora y furiosa. Y supo que no tenía tiempo que perder. Lo haya hecho conscientemente o no, el joven doctor lo miró como quien tiene a un rival en frente. Declarándole la guerra desde ese instante. Una guerra que Albert no pensaba perder.

Continuará…


Mañana continúa la vista de Albert al Nuevo Hogar de Pony y más.

Gracias a quienes siguen la historia y por sus reviews

= )

Glenda, me alegra mucho que te agrade Damien, espero te siga gustando.

Josie, muchas gracias por seguir la historia y por tomarte tiempo para dejarme tus simpáticos reviews.

A todas mil gracias, me motivan a seguir y actualizar varias veces por semana.

hikarulantisforlove

Luz

Nelly

Karina

candela

Norma Anglica