Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW.
Capítulo 25
Inició la semana en el Nuevo Hogar de Pony. Los niños comenzaron sus vacaciones y Candy también descansó del papeleo y de las actividades que cotidianamente se llevaban a cabo los lunes.
Jimmy llegó al hogar temprano. Pasó al consultorio de Damien para saludarlo y le dijo que llevaría a su jefe al pueblo de compras.
Jimmy era ya un alto y apuesto adolecente. Estaba por cumplir los quince años, se encargaba del rancho de su padre y estudiaba el noveno grado.
Pasó a la oficina de Candy y salieron juntos para subir a la camioneta
(a Jimmy le permitían conducir una de las camionetas del rancho. En el pueblo lo conocían, era una comunidad pequeña y lo tenía permitido).
Fueron de una tienda a otra en busca del árbol y los adornos navideños para la noche buena. Cuando ya tuvieron esas cosas decidieron dónde comprarían los regalos para los niños, la Señorita Pony, La Hermana María, el señor Cartwright, Tom y el señor Stevens. Por supuesto Candy buscaría obsequios para Albert, Archie, Annie, la tía Elroy, George y para Dorothy también.
-¿No piensas regalarle nada al doctor Damien?
-Jimmy… bueno, tal vez. Primero buscaremos algo para Albert, ayúdame a encontrar un obsequio muy especial (dándose cuenta de sus palabras y del entusiasmo con el que lo había dicho, se sonrojó).
-Como quieras… Yo sí le comparé algo al doctor. Jefe, cualquiera de los dos me agrada para ti. Aunque Damien es mi amigo. Me pregunto con cuál de los dos te casarás. Ja, ja, ja, aunque pobre, ja, ja. Al que elijas lo compadezco, le espera una jefe mandona y que aún no sabe cocinar.
-Jimmy ¿Sabes? Mejor yo voy a buscar el regalo para Albert y tú ve a comprar el de tu amigo Damien. Nos vemos aquí en el reloj de la plaza dentro de tres cuartos de hora. ¿Está bien?
-Como quieras jefe, ja, ja.
-¡Jimmy, ya no me digas jefe!
-Pero para mí siempre serás el jefe, o la jefe. Ja, ja.
-Con que sí, eh ¡Me las pagarás!
-Lo sé, lo sé ya tienes diecinueve años y ahora te molesta que te llame así.
-Entonces ya no lo hagas.
-Entendido jefe.
-Pequeño bribón ¡Ven acá!
-Es broma Candy, ya, ya. Sólo lo digo para divertirme, enfureces y te ves realmente graciosa. No vayas a dejar de comprar mi obsequio por eso.
-¡Buena idea!
-¡No! Ja, ja. Está bien, lo tengo merecido. Ahora ya me voy por el tuyo y el de Damien. Nos vemos en cuarenta y cinco minutos y después almorzamos en el café frente al parque.
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Llegaron hasta el atardecer al Hogar. Los niños estaban jugando en el campo, ellos aprovecharon que no los verían para bajar y esconder los regalos. Al entrar, Jimmy le pidió ayuda a Damien, aunque Candy le había dicho antes que no lo hiciera.
-Damien, esos no. Son del jefe y los llevará a la mansión. Son éstos de acá.
-Debería bajar de una vez el árbol.
-No, Damien o los niños vendrán. El árbol al final.
-Como digas Candy.
-Vaya, estás muy serio con Candy (Jimmy tuteaba a Damien al igual que todos los niños hacían, el doctor así lo había pedido desde el inicio).
-¡Jimmy, ven ayúdame con esto por favor!
-¡Allá voy jefe!
Escondieron la mayoría de los regalos en la oficina de Candy. Damien también llevó una buena parte de éstos a su consultorio.
Después Damien al fin bajó el árbol y los niños corrieron a alcanzarlo. Jimmy bajó los adornos, entraron a la estancia lo acomodaron y todos comenzaron a decorarlo.
Candy, para no estar tan cerca del doctor decidió ornamentar las paredes. Damien la veía de un modo furtivo. Y también así, de un modo secreto; imaginaba una vida futura con ella, más momentos como ese a su lado.
Candy volteó de repente para ver cómo estaban arreglando el árbol y sus miradas se encontraron. Entonces Damien dejó de disimular y permitió que la sugestión y el intenso brillo de sus ojos ámbar la observasen. Candy abrió los ojos y enseguida se giró evadiéndolo, para seguir pegando escarcha artificial en la pared.
Damien cerró los puños y sintió rabia, pero no lo hizo evidente.
Cuando terminaron Tom llegó a dejar quesos y leche para la semana. Se ofreció en ir a dejar a Candy a la mansión y ella le pidió a Jimmy que los acompañara. Al llegar los invitó a cenar.
Esa noche Damien no hizo más que sentir que Candy se le escapaba cual arena o agua entre las manos. Ni siquiera era para ella un amigo como Jimmy o Thomas Stevens.
En eso pensaba cuando sonó el teléfono.
-Hola Damien.
-Edward ¿De dónde me hablas, aún estás en Francia?
-No. Ayer llegué a Nueva York, o mejor dicho; Llegamos.
-¿Llegaron?
-Adivina quién insistió en acompañarme…
-Ed, no estoy para adivinanzas.
-Vaya, Damien. Qué tienes, no te escuchas nada bien.
-No es nada, sólo tuve un día difícil en el trabajo.
-Vaya, sé que te empeñas pero tal vez estás trabajando en exceso. Mi padre me ha dicho que desde que estás en el Hogar no has venido a visitarlos… Y bueno; como no estás para juegos, te lo diré: Isabelle vino conmigo.
-¿Isabelle, nuestra prima?
-No hay otra Isabelle que ambos conozcamos ¿O sí?
-¡Diablos Ed, es lo único que me hacía falta!
-Descuida, recuerda que está aquí con nosotros.
-La conoces, seguro averiguará dónde estoy.
-Ja, ja. Mis padres no se lo dirán, pero va a pasar la Navidad con nosotros, ja, ja. Espero que aun así vengas.
-Edward, ahora pienso quedarme. Tal vez en año nuevo.
-Damien, generalmente los Boissieu estamos en familia para tales ocasiones. Sí que te pasa algo… Déjame ver, aunque no lo imagino ¿A caso hay alguna chica involucrada?
-Edward discúlpame, no quiero hablar de eso en este momento.
-Damien, cielos. Al parecer te enamoraste ¡Menos mal, creíamos que nunca lo harías! Está bien, no preguntaré de quién se trata. Ja, ja. Pobre Isabelle, se lo advertí.
-Isabelle sólo es una de tantas chicas caprichosas, si la vas a compadecer sólo hazlo por esa razón.
-Es verdad, pero no estoy de acuerdo. Lo que siente por ti no parece ser sólo un capricho.
-¡Lo es!
-Lo sea o no, si no en Navidad; me temo que tendrás que verla en Año Nuevo muy a tu pesar.
-¿Por qué lo dices?
-Damien, qué horror ja, ja, ja. Te hemos perdido… Estoy intrigado, tengo que conocerla ¿Olvidaste la fiesta de Año Nuevo?
-¡Diablos Ed! Sí, ahora recuerdo.
-Para nuestro padre es muy importante. Te perdonará que no vengas el jueves, pero que faltes la próxima semana, jamás.
-Claro, entonces iré. No tengo elección y tal vez me haga bien tomarme unos días lejos de aquí.
-Damien has logrado preocuparme. Lo que sea que te pase aquí te esperamos y ya hablaré contigo hermano. Ahora me voy, mañana nos espera una reunión a primera hora.
-Bien Ed, envíale mi amor a nuestra madre y dile a mi padre que ahí estaré el treinta y uno. Nos vemos.
-Lo haré. Nos vemos Damien.
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El martes Damien estuvo aún más distante. Cuando se topaba con Candy únicamente le sonreía, asentía o la saludaba muy, muy brevemente. Ella también siguió esquiva. No dijo nada más allá de "Buen día" y "Hasta mañana".
Esa noche Candy pensó que tal vez exageraba su actitud para con Damien.
"¿Estaba acaso siendo grosera con él, por ignorarlo así? Bah, en todo caso él también actuaba de la misma manera. ¿Sería posible que extrañara que él fuera el de siempre, que bromeara, que fuese un parlanchín en busca de pretextos para encontrarla… que le coqueteara? ¡Qué! No, no. Es absurdo. Le estoy dando a este asunto demasiada importancia. Si no me habla qué me importa. Bah, no me interesa."
Candy creía conocerlo y resultaba que el doctor seguía siendo una persona enigmática. Nunca le habló de asuntos personales. Si bien conoció a sus padres en la fiesta (y eso únicamente porque la tía Elroy insistió en presentarla a las que se consideraban las mejores familias) ignoraba cualquier otra cosa acerca de él.
"¿Cuál o quién era el verdadero Damien; el chico altivo de la alta sociedad, el médico entregado a sus pacientes, el joven que jugaba con los niños del hogar y al que éstos consideraban algo así como un hermano mayor? ¡Diablos no me interesa, no me interesa! Qué no me hable nunca más si no quiere. Me preocuparé por asuntos más relevantes."
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Llegó el miércoles. Pasaba de medio día cuando los niños entraron corriendo a la oficina de Candy. John habló:
-¡Es Sally! Se cayó del padre árbol ¡Ven Candy! Quiere verte, está llorando y grita que te quiere a ti ¡No deja que Damien la cure!
Candy salió con ellos y a toda prisa llegaron al consultorio.
-Niños esperen aquí.
-¡No te quiero, quiero a Candy!
Candy se puso su bata y se sentó junto a Damien frente a la camilla.
-Ya estoy aquí Sally, entre los dos te vamos a sanar estas heridas y…
-¡No! Él no es como nosotros, él no es de los nuestros.
Sally lloraba mucho sus heridas no parecían tan graves pero necesitaban limpiarlas.
-Está bien Candy. Tú puedes atenderla, que se tranquilice primero. Prepararé entre tanto la jofaina con agua tibia para que la laves.
-Sí Damien, gracias.
-Calma Sally, sólo yo te cuidaré ¿Por qué estás así? Los niños dijeron que desde temprano estabas triste y llorabas mucho.
-Sólo quise subir al padre árbol para pedirle mi deseo de Navidad como Jimmy nos dijo.
-¿Qué les dijo Jimmy?
-Que cuando aún no lo adoptaban, él pedía deseos de Navidad subiendo al árbol y se le concedían. También nos leyó un cuento la semana pasada, el del genio en la lámpara.
-Ya veo, y ahora tú quisiste pedir un deseo.
-Candy, quiero que me adopten como a él, como a Tom, como a ti (dijo llorando)
-Lo harán Sally y mientras tanto todos nosotros somos tu familia (le decía mientras le desinfectaba las heridas y la revisaba).
Damien conmovido las escuchaba, dejó la jofaina y el jabón cerca de ellas y se alejó de nuevo porque Sally lo miró con reproche.
-Sally ¿Qué te pasa? No debes ser grosera con el doctor Damien, o te ha hecho algo, dime.
-Él no es como nosotros, él no nos entiende. No sabe lo que es no tener una familia. Además ayer no se quiso quedar con nosotros a armar rompecabezas y, y, ya no nos quiere y, y, seguro se irá a Francia con sus papás (sollozaba).
-¿De dónde sacas eso?
-John lo escuchó hablando en francés y dijo que seguramente ya no nos dedicaba tanto tiempo como antes porque se iría… ¡Yo no lo quiero más, él nunca nos ha querido!
Candy volteó a ver a Damien y él se acercó.
-Sally yo no me iré. Sí, a veces me hablan por teléfono mis padres pero…
-¡Buaaaaaaaa!
-Sally ya no llores así (Damien la abrazó)
-Tú nos dejarás porque tienes papás y, y te vas a ir con ellos ¡Buaaaa!
-No Sally, no me iré. Además era sorpresa pero te lo diré: Mañana y en Navidad estaré con ustedes todo el día. Y aquí dormiré también porque le he pedido al padre árbol muchos regalos y deseos ¿Sabes? Quiero que se cumplan al amanecer.
-¡De verdad!
-Sí Sally. ¿Por qué mentiría? Quiero mis regalos además.
-No te creo, después te irás.
-No me iré, te doy mi palabra (y extendió su palma derecha).
Sally lo abrazó de nuevo.
-Perdóname, yo también quiero mis regalos y que los abramos todos contigo. Sí te quiero aunque no seas huérfano como nosotras, no te vayas.
Damien miró a Candy con ternura y finjió sorpresa, como si no supiera ya que era adoptada. Ella bajó la mirada.
Terminaron de hacer las curaciones a Sally juntos. Damien le dio un caramelo y la llevó a la estancia con los demás niños porque estaban esperándola para ver caricaturas.
Cuando regresó a su consultorio Candy todavía estaba ahí.
-Buen trabajo Candy, siempre logras ser además de enfermera una psicóloga. Yo no hubiera podido hacer que Sally dijera lo que en verdad sentía.
-Es mentira Damien, los niños también te lo dicen todo. Ya ves, te quieren mucho.
-No más que a ti pero sí, supongo que es verdad.
-Damien ¿Tú no sabías que yo crecí aquí?
-No Candy… bueno sí. Verás, hace poco me enteré.
-¿Te enteraste?
-Es decir no lo sospechaba. Qué tonto, soy ¿No crees? Debí darme cuenta por cómo los niños te trataban. Y me enteré, sí. Al escuchar algún comentario en la calle, tú sabes… por casualidad.
-Está bien. No importa, en realidad te esperé porque necesito disculparme…
-No Candy, eso nunca. Mira, yo no tengo nada que disculparte a ti. No me hagas sentir incómodo. Perdóname tú. A veces soy un patán ¿Cierto? No me digas que no lo has pensado.
-Bueno es verdad… Quiero decir…
-Ja, ja. Olvidémoslo.
-Te agradezco en nombre del Hogar que vayas a pasar aquí la Navidad, con los niños.
-Quiero hacerlo Candy, no me lo agradezcas. Pero si insistes en demostrar tu gratitud, bien podrías acompañarnos.
-Bueno Damien, creo que ya estás mejor.
-Estoy de vuelta Candy y sólo por ti. Ja, ja; Descuida sólo bromeo. Sé que estarás con tu familia en Lakewood y deseo que la pasen muy bien.
-Damien… quería decirte algo más. La Hermana María y la Señorita Pony ya lo saben. Antes de irme pensaba hablar contigo en mi oficina, pero te lo diré ahora.
-¿Candy qué pasa? Lo dices tan seria… ¿Al fin me despedirás?
-Acertaste… Obvio no es eso. Lo que pasa es que iré a Nueva York pasando la Navidad y no volveré hasta dentro de algunos meses. Vendrá un subdirector que Albert ha contratado para encargarse de mis funciones.
-Ya veo, me alegro por ti Candy.
-Sabes Damien, nunca imaginé que diría esto; pero ahora que me voy sé que los niños se quedarán felices porque estás con ellos.
-Ellos estarán felices, yo te extrañaré. Pero sí, aquí pienso estar… Por lo menos hasta que regreses o hasta que así lo decidas.
-Gracias Damien, te veré a mi regreso.
-Bien, no nos despidamos entonces. Aquí estaré cuando lo hagas.
Damien le sonrió y se giró para acomodar la camilla. Candy salió del consultorio. Era la última vez que se verían en meses, pensó mientras caminaba por el pasillo para volver a su oficina.
Una hora más tarde la mitad de los niños buscaron a Damien y la otra mitad a Candy. Les pidieron que vieran una película navideña con ellos ya que Candy no estaría para esa fecha con ellos.
Y así acabaron el día en la sala con los niños, viendo televisión.
A las ocho de la noche Candy se alarmó, se le había hecho tarde. Tom había llevado a la Señorita Pony y a la Hermana María al pueblo para comprar todo lo que al día siguiente necesitarían para la cena y aún no regresaban. Entonces Damien dejó a John a cargo (ya que era el mayor de todos) Y se dio a la tarea de llevar a Candy hasta la mansión.
Se estacionó frente a la entrada principal. Candy bajó del automóvil y Damien también. La acompaño en silencio hasta la puerta.
-Espera Candy.
-¿Qué pasa Damien?
-Te he traído algo, acéptalo por favor (Sacó del bolsillo interior de su abrigo una cajita y una carta) Y descuida es sólo un obsequio de Navidad, pero la carta ¿La leerías el veinticinco?
-Damien, no tenías que molestarte.
-Candy ya te lo dije, es sólo un obsequio para ti, mi compañera de trabajo… bueno mi jefa (al decirlo bajó la mirada, sonrojándose levemente, fue espontaneo y tierno sin darse cuenta). Únicamente se trata de eso. Ja, ja; No pongas esa cara de asombro y confusión. No estás comprometida a nada por aceptarlo. Y no es un anillo de compromiso acompañado de una carta pidiéndote que te cases conmigo ¿Sabes? (le hizo un seductor guiño) Ya en serio Candy acéptalo. Ahora me voy.
-Está bien Damien, gracias. Adiós, cuida de todo durante mi ausencia.
-Claro, nada pasará bajo el cuidado del mejor doctor que haya visto Francia jamás. Descuida. Adiós Candy y que tengas buen viaje.
El viento comenzaba a tornarse violento y helado. La falda de Candy se le pegó por el costado y entró a la Mansión. Damien caminó por la vereda hasta cruzar el portal de las rosas, cerró la barandilla y subió a su coche. El cielo color violeta comenzaba teñirse de negro como tinta china derramándose sobre las nubes.
Continuará…
Queridas lectoras: Muchas gracias por sus reviews, me alegran y motivan más de lo que imaginan.
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