Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.


Despertando a tu Encuentro

Por LisW.

Capítulo 26

Al entrar Archie la recibió con un abrazo. Le dijo que era tarde y que la estaba esperando para cenar.

Cuando terminaron Annie lo llamó y se retiró para contestarle en su habitación, no sin antes desearle buenas noches a Candy.

Ella también subió a su recámara. Se duchó y se puso su bata para dormir. Estaba secándose el cabello frente al tocador y recordó que había guardado en su bolso el obsequio de Damien y la carta. Sacó el regalo y el sobre, llevándoselos volvió a sentarse frente al espejo.

Tras dudarlo, minutos después abrió la cajita. Tomó de ella una pequeña figura: Dos niños de plata abrazados frente a una media luna adornada con diminutas amatistas. La niña de cabello rizado y vestido campestre y el niño con una boina y pantaloncillos cortos.

Candy sonrió, era una figura sencilla pero a la vez única y muy bonita. La dejó ahí sobre su tocador. Iba a abrir la carta pero recordó que él le había pedido que lo hiciera en Navidad. Y ella mejor aún, decidió que la leería cuando estuviera ya instalada en Nueva York. Porque los siguientes días sólo pensaba dedicarlos a Albert. Y pensando en eso se fue a dormir.

Dorothy despertó a Candy temprano, había muchas cosas que hacer. Primero la hizo elegir un precioso vestido para la cena. Después del desayuno ayudó a Candy a decorar la estancia, el salón y el comedor principal, al final envolverían los regalos para dejarlos bajo el enorme árbol cerca de la chimenea.

En la tarde llegaron Albert, la tía Elroy y George. Candy los recibió con un tierno abrazo. La tía dijo que subiría a descansar y que bajaría hasta que llegaran los invitados.

Albert subió a ducharse y bajó poco después. Se había puesto un fino suéter blanco de cuello de tortuga y pantalones de pana beige.

Candy estaba sentada en un sofá frente a uno de los preciosos ventanales que daban al jardín. Ella llevaba un precioso abrigo corto color vino por el que se asomaba una blusa de un tono más claro que hacia juego con la plisada falda cuadriculada a la rodilla, las mallas y las botas largas que usaba.

Era temprano aún para pensar en la cena.

Candy volteó y vio que Albert estaba recargado en la pared a una mediana distancia de donde ella se encontraba y que la observaba. Sintió una descarga eléctrica atravesando su abdomen. Se veía apuesto a rabiar y además la miraba de un modo indescifrable e irresistible.

-¿Albert cuánto tiempo llevas ahí? Debes estar cansado por el viaje, creí que dormirías un poco.

-¿Me acompañas Candy? Descansaré frente a la chimenea.

-Claro, hace mucho frío.

Albert acercó el sofá a la chimenea y se sentaron, Candy lo veía un poco nerviosa sin saber qué decir. Él la abrazó pasando su brazo por encima del hombro de Candy acercándola a su pecho y ella tembló ligeramente.

Entonces Albert cerró los ojos, recostó su cabeza cómodamente sobre el respaldo del sofá y se relajó. Candy sintió una enorme paz así abrazada a Albert, con su cabeza sobre su pecho, escuchando los latidos de su corazón, respirando su aroma y sintiendo su calor; Además de la calidez que emanaba de la chimenea. Un momento dulce y perfecto que la embriagó y la hizo sentir algo más: Un deseo absoluto de él. Lo amaba, sentía que descansaba sobre el precioso regazo de un ángel.

Él aún con los ojos cerrados comenzó a acariciar los rizos de Candy.

-Pequeña, no te imaginas cuánto te extrañé (dijo con la voz suave y relajada).

Entonces abrió los ojos, dándose cuenta de que había pensado en voz alta y Candy cambió de posición en el sillón para incorporarse a modo de verlo. El la miraba con ternura y acarició muy despacio y con absoluta delicadeza su mejilla.

-Yo te extrañe también Albert…

Entonces entró un mayordomo y disculpándose les informó que su tía estaba buscando a Candy porque era momento de subir a prepararse para la cena.

Candy suspiró pesadamente mientras le decía a Albert que tenía que dejarlo o la tía se enfadaría.

Dorothy ya estaba en su habitación, ella la ayudaría a peinarse y a maquillarse, ya que Candy no acostumbraba peinados ostentosos.

Llevaban ya dos horas frente al tocador…

-Pero Dorothy ¿En serio tengo que peinarme así?

Dorothy le mostraba la portada de una revista.

-Vamos Candy, te verás preciosa. Con el secador te alaciaré. Después te maquillaré y serás toda una Brigitte Bardot ¿No quieres sorprender a Albert?

-Dorothy…

-Candy, no te sonrojes. Además al vestido que elegimos en la mañana le queda muy bien el cabello así.

-Dirás el que elegiste tú. En realidad no pensaba usarlo, me lo regaló la señora Britter hace un par de meses. No es mi estilo Dorothy.

Era un elegante y espectacular vestido de noche diseñado en satén verde esmeralda, con mangas abombadas, grandes puños dorados, top cruzado y anudado al cuello tipo pareo, espalda descubierta y falda larga de corte sirena.

-Pero es precioso Candy, realza y estiliza tu hermosa figura. Úsalo por favor, no reniegues.

-Dorothy me tratas como si fuera una muñeca a la cuál arreglas… ¿Los ojos, me los tienes que delinear tanto?

-¡Candy, no te muevas o lo arruinarás!

Pasó una hora más…

Albert en su habitación tras haberse afeitado se puso el esmoquin y bajó. Se encontró con Archie en la estancia principal (llevaba un elegante traje de seda negra estilo barroco), estaba esperando a Annie y a sus padres.

Media hora después anunciaron a los Britter, pasaron al salón y la tía Elroy bajó.

Sólo faltaba Candy para que pasaran al comedor.

Entre tanto Annie nerviosa veía a Archie, le pareció aún más guapo con ese traje. Ella llevaba el cabello recogido en forma de moño, suntuosos aretes de diamantes y un romántico vestido negro de encaje de manga larga de corte ajustado, cuello cisne, largo hasta la rodilla. Archie reconocía que se veía preciosa, pero esperaba expectante por Candy.

Los señores Britter conversaban con la tía Elroy cuando de repente la puerta del salón se abrió.

Era Candy que como una preciosa aparición se asomó tímidamente. Dorothy le dio un discreto empujoncito y entró.

Todos se quedaron impresionados y Albert casi boquiabierto.

Candy lucía como una auténtica estrella de cine.

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Isabelle Marie, una joven francesa de veinte años de edad. Era hija única. Proveniente de una familia acomodada, emparentada con los Boissieu. Una chica refinada, vanidosa y para algunas cosas caprichosa.

Había nacido y vivido sus primeros años con sus padres en Canadá. Cuando cumplió los doce su familia regresó a Francia.

Entonces se instalaron en Paris cerca de la mansión Boissieu donde tenían una hermosa aunque antigua propiedad.

Isabelle estaba ahora en Nueva York, frente a la chimenea de la mansión de sus tíos Sabine y Jonathan Boissieu.

Sola en el sofá con una copa de vino entre las manos, esperaba y pensaba. Tenía la mirada perdida entre las llamas de la chimenea…

Mientras Edward y Jonathan charlaban en el despacho y Sabine se preparaba para bajar a cenar.

… Isabelle fijó la vista en el fuego color ámbar, ámbar… como los ojos de Damien.

Una lágrima bajó por su mejilla derecha. Sentía coraje por estar lejos de él, tristeza porque lo extrañaba e impotencia porque nada podía hacer. Ni siquiera sabía dónde estaba y no le habían dado su número "Tranquila Isabelle querida, lo verás para Año Nuevo. Una dama sabe esperar" Le había dicho Sabine; su tía.

Entonces recordó la primera vez que vio sus ojos, cómo y dónde lo había conocido…

Ella era sólo eso, una chiquilla de doce años y también era invierno cuando le presentaron a sus tíos, su familia más cercana.

Llegó con sus padres a la mansión Boissieu; Los esperaban para cenar.

Ella sabía que tenía un primo llamado Edward porque sus padres partieron a Ontario poco después de que Ed nació y ya había escuchado acerca de él. Pero aunque sus papás estaban enterados de la adopción de Damien, nunca lo mencionaban.

Se dirigían hacía la puerta principal y vio a un muy apuesto chico de lacio cabello castaño obscuro, vestido con shorts y playera de manga corta. El jovencito estaba persiguiendo a un gato.

Sabine salió y lo alcanzó:

-Damien ¡Déjate de juegos infantiles con Nivea y ven por favor! Tus tíos han llegado.

Sabine y Damien alcanzaron a Isabelle y a sus padres, atravesaron el jardín y entraron en la mansión. Jonathan y Edward los esperaban.

"Ese sublime chico de quince años no podía ser su primo" pensó en ese momento la chiquilla. Y cuando vio sus preciosos ojos ámbar le pareció que opacaban al mismísimo brillo del sol.

Amó desde esa primera vez el salvaje fuego de su mirada. Comprendió esa noche al escuchar a sus tíos que Damien en efecto no era su primo, al menos no de sangre.

Lo vio crecer y entre más pasaba el tiempo, más amaba su carácter, su risa, su actitud tan distinta a la de los demás chicos que conocía, el misterio de no saber quiénes eran sus verdaderos padres o de dónde venía y hasta amaba la tragedia que eso encerraba porque quería usarla algún día de pretexto para consolarlo.

Él se convirtió en su obsesión absoluta, una obsesión que crecía con el paso de los años. Cuando partió a los Estados Unidos su corazón se había destrozado. Estaba acostumbrada a verlo aunque el sólo la considerara su prima. Sí Isabelle era sólo eso para Damien, su prima…

-¡Isabelle! te estamos esperando, mírate ahí sola sufriendo por estar enamorada de un imposible. Ven a cenar ya primita (Había dicho Edward de un modo tan tierno que ni parecía una burla).

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Terrence Grantchester no quiso salir a celebrar la Noche Buena. Había rechazado muchas invitaciones por parte de la compañía teatral, de admiradoras y hasta la de su madre.

Eleanor la pasaría con su nueva familia. Se había casado con un afamado actor y la habían invitado los padres de este a su residencia. Su esposo le dijo que llevara a Terry, pero ella sabía que iba a ser difícil que aceptara.

Se encontraba recostado en el sofá de su lujoso departamento. Había fumado ya varios cigarrillos y se sentía molesto. No le gustaba el invierno en absoluto. Buscaba su encendedor cuando el timbre sonó "Y ahora qué" pensó fastidiado.

-Hayley…

-Sí, sorpresa Terrence. La verdad es que fui a la recepción de la compañía. Todo estaba precioso, la vista era increíble desde el doceavo piso, pero lo admito: Me aburría sin ti.

-No debiste. Sabes que no quiero celebrar nada en absoluto.

-Vamos, que no he traído un pavo en el bolso. Sólo vine a hacerte compañía.

-Está bien, pero no esperes que mi carácter sea agradable esta noche.

-Ja, ja. Terry descuida, por eso somos amigos ¿No? Te soportaré.

Continuará.


Disculpen lo breve o inconcluso del capítulo el fin de semana (domingo) lo compensaré y avanzaré en la historia todo lo que pueda.

Mil gracias por sus reviews y por leerme.

Tengan por seguro que completaré el fic. Sólo es que a veces no me da tiempo para escribir como quisiera. Pero cada semana habrá actualización hasta concluirlo.

Sami

Ana

Glenda

hikarulantisforlove

NELLY

Josie ¿Dónde andas?

:::Saludos a todas:::

= )