Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.


Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew

Capítulo 27

Hayley Douglas era una de las actrices más sobresalientes de la compañía teatral St. James. Una actriz de veintidós años, de corto cabello negro y grandes ojos azules.

Terrence que aún tenía veinte años. Cuando entró a la compañía no socializó ni le dio importancia alguna a forjar lazos de amistad con sus nuevos compañeros. Tendía a aislarse.

Entonces a ella le asignaron un personaje que tenía muchos diálogos y en consecuencia prácticas con el actor. Al poco tiempo de ensayar con él se convirtió en su mejor amiga.

Aunque todas hablaban de lo atractivo que Terry era a Hayley eso la tenía sin cuidado. Estaba secretamente enamorada de uno de los escenógrafos: Mark, y en el Inglés únicamente encontró a alguien que compartía su carácter. Ambos rebeldes e irreverentes. Además de que también los dos odiaban el exceso de atención y el asedio que los medios enfocaban en sus vidas personales.

Hayley se sentó en la estancia a fumar un cigarrillo con Terry.

-Ja, ja. Por lo visto Mark no fue a la recepción (dijo con un tono sarcástico y una sonrisa de medio lado).

-No. Diablos Terry ¿Disfrutas mi desdicha verdad?

-No me digas que ignorabas que a él no lo invitarían. Ja, ja, ja. No lo consideran parte importante del asqueroso glamour.

-No, pese a lo bien parecido que es.

-Eso no lo sé, pero es un buen hombre. Tan decente que no sucumbe aún a tus descarados coqueteos durante los ensayos. Y vaya que buscas cada ridículo pretexto: "Llamen a Mark, la luna está cayéndose… Esa lámpara no luce bien ahí quisiera decírselo al escenógrafo por favor"

-Ya caerá, ya caerá ¿Quién lo diría, no Terry? Míranos, los dos actores más talentosos y codiciados de todo Brodway solos en estas fechas.

Por cierto los fotógrafos de la revista Scene se han quedado con un palmo de narices y totalmente frustrados porque no te presentaste. Hubieras visto sus rostros, fue muy cómico. Gracias por no ir, ha sido mi única diversión.

-Claro, sólo falté para que te entretuvieras en algo.

-Lo ves, pese a tu dura coraza eres un gran amigo, ja, ja, ja.

Y así siguieron conversando mientras fumaban y tomaban whisky.

Tras tres horas y media bajaron y tomaron un taxi. Terry acompañó a Hayley hasta dejarla en la puerta de su apartamento. Después caminó varias calles bajo la nieve.

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Amaneció en el hogar de Pony. Damien había pasado todo el veinticuatro ayudando a la Hermana María y a la Señorita Pony ya que los ayudantes tendrían esos días libres.

Ayudó en la cocina, vio películas con los niños, cenaron y cantaron villancicos frente a la chimenea.

Durmió en una de las dos nuevas habitaciones privadas, reservadas para hacer guardia o para invitados especiales.

Ahora ya era Navidad, los primeros rayos de frío sol iluminaban la blanca nieve. Aún no daban las siete cuando los niños se abalanzaron a tocar estrepitosamente la puerta de Damien, tanto que casi la derriban.

Ante la insistencia, él abrió aún en pijama y los niños se burlaron porque llevaba un gorrito de dormir.

-¡Santa Claus! (le gritaban)

-Doctor Santa Claus ja, ja, ja (se burlaba John)

-Vamos niños, no molesten. Lo use porque hacía mucho frío (dijo mientras se lo quitaba).

Lo tomaron de las manos y lo jalaron para que corriera con ellos hasta el padre árbol. Gritaron de la emoción al verlo repleto de regalos y se tiraron a la nieve para recogerlos.

-Tráiganlos a la estancia por favor, aquí nos congelaremos.

Llegaron frente a la chimenea.

-Niños, con calma. Los regalos tienen sus nombres. Recuerden que Santa los ha etiquetado.

-¡Damien! ¡Damien! Aquí hay varios para ti…

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Terry se levantó con resaca y molesto contestó el teléfono, era Eleanor.

-Disculpa hijo ¿Te desperté?

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Albert tocó a la puerta de Candy.

-Señorita dormilona, todos la estamos esperando abajo.

-Oh Albert ya voy (decía una voz soñolienta)

Albert no pudo resistirlo y entró.

-¡Candy son las once de la mañana! (dijo fingiendo un regaño pero con la voz enternecida)

-Disculpa… (Y bajó la cabeza avergonzada para de inmediato subirla y sonreír pícaramente) Santa Claus me ha dado permiso.

-¿Ah sí? Pues yo creo que no, porque el sí hizo su labor puntualmente y bajo el árbol de la chimenea está la prueba.

Candy como niña se levantó de la cama de un salto.

-¡Vamos Albert!

-Candy ¿No piensas cambiarte? Ja, ja, ja.

Candy enrojeció, guiño un ojo y sacó la lengua.

-Lo siento Albert. Diles que bajo en quince minutos.

-Muy mal señorita retrasos, ya la esperamos una hora y media. Candy, si fuera por mí bajarías así. Te vez adorable, pero ya sabes que la tía pondría un grito por encima del cielo.

-Ja, ja. Cierto.

Candy se puso nerviosa porque cuando Albert le hacía el cumplido se acercó lentamente a ella y su mirada era seductora e irresistible. Ahora estaba en frente de ella.

-Candy quiero ser el primero en desearte una feliz Navidad ¿Puedo abrazarte?

Candy no contestó y lo abrazó con todo el amor del que era capaz. Albert suspiró.

-Feliz Navidad pequeña.

Se separaron.

-Te espero abajo Candy.

Ella bajó justamente quince minutos después. Entró al salón, hizo una ligera reverencia y se disculpó por el retraso.

Archie la abrazó efusivamente. Después ella abrazó a la tía Elroy. George la saludo respetuosamente. Y finalmente Albert la abrazó de nuevo.

-William ahora comienza tú. Abre tu primer regalo (dijo la tía).

Se sentaron alrededor de la chimenea sobre un lujoso tapete con motivos navideños que habían dispuesto para la ocasión.

Después de que Albert abriera su primer obsequio todos comenzaron a repartirse los demás regalos y los abrieron contentos, entre risas y demostraciones de cariño.

La tía estaba feliz también, aunque disimulaba. Notaba que Albert estaba enamorado de Candy, ambos irradiaban felicidad estando juntos, por eso logró conmoverse y le pareció una mujercita digna de su sobrino. Además de que le estaba muy agradecida porque lo había rescatado cuando él estuvo amnésico. Recordó entonces cuánto la quiso Anthony y ahora que la veía con Albert aunque aún no fueran novios, se sintió tranquila por fin.

Así pasó la mañana y al atardecer Albert salió a pasear al pueblo con Candy, George y la tía Elroy.

Archie fue a la mansión de los Britter, llevaba los regalos para Annie y sus padres y se quedó con ellos hasta que anocheció.

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Damien se despidió de la Señorita Pony y de la hermana María, ellas le agradecieron por todo. Los niños ya estaban durmiendo.

Llegando al pueblo lo invadió la nostalgia. Vio a las familias y a varias parejas paseando. Ya no podía evadirse. No tuvo ganas de ir a su casa, se estacionó cerca del área de restaurantes y bares.

A sólo unos metros de él, de un elegante restaurante vio salir a Albert acompañado por Candy, la señora Elroy y George.

Para que no lo vieran entró al bar que tenía en frente.

Se dirigió a la barra y pidió un whisky doble.

"Esa voz me es familiar" pensó Archie.

Alzó la mirada que hasta ese instante había tenido fija en la barra y volteó para constatar que, en efecto, se trataba del francés.

Damien al sentirse observado también volteó y lo reconoció.

-Vaya sorpresa. Archie ¿Verdad? (y le estrechó la mano)

-¡Hola francés! (dijo con la voz bastante alta, como si se alegrara de verlo, era muy evidente que a Archie ya se le habían subido las copas)

-Parece que llegué justo a tiempo. Creo que si sigues así pronto necesitarás un doctor ¿Pero qué diablos haces aquí, no deberías estar con Annie?

-Candy…

-Annie, dije Annie.

-Sabes Damien, ja, ja. Tú y yo tenemos algo en común después de todo.

-Sí, que frecuentamos éste maldito bar.

-¡No! Candy, Candy. Los dos la amamos y ella nunca nos podrá corresponder... Nunca.

Damien bebió el whisky de un solo trago al escucharlo.

-Pero qué… ¿Archie, te sientes bien? En realidad creo que ya no deberías acabarte esa botella. Santos Cielos ¿Cuántas llevas? (dijo un poco asustado)

El de la barra contestó que era la primera pero que al parecer el joven no estaba acostumbrado a beber y se le había subido rápidamente.

-Estaba preocupado ¿Sabe? Es uno de los Andrew y sería muy penoso tener que ver como se queda inconsciente, aquí, en mi barra. Al parecer se conocen. Por favor ¿Podría usted hacerse cargo del caballero?

-Descuide, sí. Lo haré. Creo que ahora mismo lo llevaré hasta su residencia. Antes de que como señala usted, se desmaye.

-¡Claro que no! Que me desmaye ¿Qué tonterías son esas? Estoy bien.

Mejor acompáñame, vamos ya, bebe algo más Damien, yo invito.

Tú también lo necesitas, lo sé. De lo contrario por qué rayos estarías aquí.

-Verás Archie yo sólo entre de casualidad…

-Ja, ja. Por supuesto yo también.

-Hablo en serio Archie, es mala idea que sigas bebiendo ¿No parten mañana a Nueva York? Tendrás que viajar con resaca y dudo mucho que te guste.

-Vaya estás tomando muy bien la partida de Candy.

-Tal vez… pero Archie ¿Es en serio, qué diablos te pasa? (dijo al ver que Archie se servía más licor y se lo tomaba como si fuese agua).

-¿Quién eres, mi mamá? Te dije que pidieras algo, está bien entonces yo ordenaré por ti. Sírvale un gin and tonic. Si bebes conmigo te lo diré.

Le sirvieron a Damien el coctel y comenzó a beberlo.

-Así está mejor, ja, ja. Estoy bebiendo con el francés ja, ja, ja. Pensándolo bien sí debo estar un poco ebrio… No importa, dije que si me acompañabas te lo diría.

Verás francesito es tu amiga Annie, se trata de ella…

-Creí que te amaba.

-No me interrumpas, vaya modales. Sí, me ama. Me ama desde que éramos adolescentes o tal vez desde antes. No lo sé… Pero yo no la amo Damien… arg, maldito alcohol. Creo que se lo estoy confesando al menos indicado, a su amigo. Vaya lio.

-Annie es como de mi familia, sin embargo no diría que somos amigos en realidad.

-Sabes, ya hasta me estás cayendo bien Damien. Lástima es tarde para que me simpatices ja, ja, mañana partimos… Pero qué demonios te estaba diciendo… Ah sí, Damien no amo a Annie y hoy sus padres me han hablado de dar el siguiente paso, sabes a lo que me refiero.

-Ya veo.

-Y me he atrevido a decirles que no.

-Vaya, eso debió requerir agallas. Te felicito-

Archie se sorprendió.

-No necesito de tu sarcasmo ¿Lo estás siendo? Maldita sea creo que ya no lo distingo, lo admito, estoy un poco mareado.

-Para nada he sido sarcástico Archie. Al contrario, creo que sería un grave error que te comprometas sin amarla.

Pero piénsalo bien ¿Estás seguro? Tal vez sólo te dio pánico la idea, después de todo aún son bastante jóvenes.

-No, no es eso. Si se tratara de Candy por ejemplo, no sólo me comprometería: Me casaría con ella sin pensarlo.

Damien abrió los ojos como platos.

-No me veas así ¿Tú no lo harías? Pero está mi tío. Ella lo ama a él. No lo dice pero lo sé bien. Ellos se enamoraron mucho tiempo atrás, al parecer desde que eran niños... Yo siempre he llegado tarde, ja, ja. Como tú ahora ¡Eso merece un brindis!

A Damien no le quedó más que brindar con él. Estaba sorprendido, nunca se imaginó que Archie estuviera enamorado de Candy también. Comprendió porqué no le había simpatizado desde un inicio: No eran sólo los celos de un primo, eran los celos de alguien que la veía como hombre; había considerado a Damien un rival más.

Al darse cuenta de que no era algo personal pensó que Archie era un buen tipo y entonces se compadeció de él.

Irónicamente se encontraban sentados uno junto al otro en la barra, bebiendo por la misma mujer. Sintiéndose igualmente derrotados y sin ganas de dar más pelea. Ahora únicamente estaba el anhelo de resignarse y olvidar ese sentimiento algún día.

Albert era a quien ella amaba y Damien no pensaba interponerse. Archie por lo visto tampoco.

De repente Archie dejó caer la cabeza sobre la barra, su rostro quedó de lado y tenía los ojos cerrados. Damien lo revisó y constató que estaba profundamente dormido.

Despertándolo un poco, lo ayudó a ponerse en pie y pagó la cuenta.

Cuando salieron del bar vio su coche estacionado y le pidió a Archie las llaves.

Lo llevó hasta la mansión.

Los sirvientes habían tenido el día libre y Albert abrió la puerta.

-Archie ¿Pero qué diablos has hecho?

-Bueno todo indica que se ha emborrachado. Pero no lo sé, podría tratarse de otra cosa… Aunque lo dudo porque ciertamente lo vi saliendo de un bar y de uno de muy mala muerte ¿No es así Archie? (bromeó Damien)

Buenas noches William (y le entregó las llaves del coche de Archie).

-Buenas noches Damien. Gracias por traerlo, espera. Te llevaré a tu casa.

-No hace falta, caminaré hasta salir de Lakewood y entonces tomaré un taxi.

-Nada de eso. Pasa por favor y espérenme en la sala. Bajaré enseguida y te llevaré.

-Está bien, si insistes te espero. Gracias.

Damien entró con Archie y se sentaron en el sofá. Archie se acurrucó en el hombro del francés y éste lo aparto de sí para recostarlo del otro lado sobre los grandes almohadones. Archie abrazó las almohadas y enseguida se quedó dormido de nuevo.

Por suerte la tía Elroy ya estaba en su habitación o hubiera hecho un pequeño escandalo ante tal escena.

Albert bajó y al ver así a su sobrino lo llevó al sofá frente a la chimenea.

-¿Crees que está bien?

-Sí, no ha bebido tanto.

-Habías dicho que lo viste salir del bar…

-A decir verdad lo encontré dentro del bar. Justo cuando se quedó dormido.

-Comprendo. Si no bebió tanto en un par de horas se recuperará.

Y así Albert y Damien salieron de la mansión. Candy desde su ventana los vio subir al auto y se confundió.

¿Qué hacía Damien a esa hora en la mansión y por qué Albert lo llevaba en su coche?

Ella estaba a punto de dormir, había empacado una gran maleta y ya tenía sueño como para esperar a que llegara Albert para preguntarle.

Entonces recordó la petición de Damien "Lee mi carta el veinticinco por favor"

-¡Diablos Damien, después de todo te saldrás con la tuya!

Abrió la maleta y sacó la carta.

Candy necesitaba escribirte.

Hoy me has dicho que partirás a Nueva York y que estarás allá cerca de cuatro meses o quizás más.

Desde que te conocí estoy enamorado de ti; Cierto, no es la gran revelación. Sé que te has dado cuenta gracias a mi fastidiosa actitud.

Pero también quiero que sepas que he decidido renunciar a mi anhelo por conquistar tu precioso corazón.

Si tú lo deseas te ofrezco una desinteresada amistad, porque eres una joven mujer a la que admiro mucho. La enfermera más dulce y amble que jamás conocí y la mejor jefa para la cual haya trabajado.

Disfruta mucho tu estancia en Nueva York. Yo haré mi trabajo habitual en El Hogar y me encargaré de vigilar que todo lo que has construido se conserve y crezca.

Sí, no me lo has pedido, pero lo hago también por mí. Mi profesión y mi trabajo me hacen muy feliz.

Espero que te haya gustado mi regalo, el abrazo de los niños sólo es un símbolo de mi renuncia a ti.

Ahora yo también te abrazaré en la distancia pero como se abraza a un amigo solamente.

Con cariño y deseándote lo mejor en tu viaje,

Damien

Postdata: Espero que el subdirector que William ha asignado no sea tan gruñón.

Continuará.


Gracias por sus reviews y por leer el fic.

Con cariño LisW

¡Luz! Ya te extrañaba

Glenda, espero que te siga gustando el desarrollo de la historia.

Mañana habrá más.