Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.


Despertando a tu Encuentro

Por LisW.

Capítulo 32

Ya había anochecido cuando llegaron los Britter en su limusina a la exclusiva celebración de fin de año del hotel Hilton. Tomaron el elevador para subir al lujoso salón, ubicado en uno de los pisos más altos.

Annie llevaba un romántico vestido plisado color pastel, con mangas largas abombadas y puños anchos, escote cruzado en pico, fajín satinado bajo el pecho y falda larga con amplio vuelo; El cabello recogido en una trenza francesa con chongo.

Llegando, el señor Britter saludó al primero de sus socios; el señor Sanders, que se aproximó para recibirlos.

La señora Britter acompañada por Annie, se retiró a conversar con la esposa del señor Sanders y le preguntó con mucho interés por sus hijos. Para su infortunio se enteró de que dos ya estaban casados y el soltero vivía en Gales.

Annie aburrida de la conversación entre su madre y la señora Sanders, se apartó y buscó con la mirada a Archie.

Candy le había dicho que irían y aunque sabía que le dolería verlo, quería encontrarlo.

Entonces vio que un alto, delgado y muy apuesto joven de cenizo, suave y rubio cabello corto y ojos verde claro, se dirigía hacia donde ella estaba.

-Annie, cuánto tiempo sin verte, luces preciosa.

(Decía mientras besaba su mano).

Annie se sorprendió, acaso él era…

-¿Edward?

-Ja, ja, ja ¿Tanto he cambiado que lo dudas?

-Bueno… (Se sonrojó y se puso bastante nerviosa).

Iba a contestarle cuando alguien la interrumpió.

-Aquí estás Annie, querida ¡Oh Edward, es un verdadero placer verte después de tantos años! Justo ahora iba a buscar a tu madre.

La señora Britter estaba feliz, se dio cuenta de que Annie miraba un poco perpleja a Edward Boissieu.

"Nunca pensé que sería así de fácil encontrar a alguien adecuado para Annie esta noche

¡Por todos los cielos! Cómo pude olvidar a Edward; él es perfecto y no será ningún problema que ella se enamore.

Se ha puesto en verdad guapísimo.

Es unos años mayor, debe tener veinticinco…

Eso no importa. Tiene la edad de William Andrew, y yo considero a William un excelente partido, no sólo eso; es sin duda alguna el mejor. Claro que él no parece tener ojos para Annie

¡Oh! En cambió Edward será una excelente presa. Oh, sí"

Al tiempo que lo pensaba, la señora Britter sonrió para sus adentros con satisfacción.

Edward las dirigió hasta donde se encontraban sus padres, Jonathan y Sabine.

Se saludaron todos.

El señor Britter los alcanzó. La señora Sabine Boissieu también alagó a Annie comentándole lo hermosa que se veía.

-Querida; Deseábamos presentarles a Isabelle, mi sobrina. Hace un momento estaba aquí con nosotros ¡Pero en dónde se habrá metido! (dijo Sabine)

-No te preocupes, querida. A propósito ¿No viene con ustedes Damien? (contestó la señora Britter)

-Oh, por supuesto que vendrá. Me parece que se retrasó su vuelo pero en éstos momentos ya debe estar cerca de aquí.

-Comprendo querida. Ojalá llegue pronto ¿Sabes? Annie y él se han hecho grandes amigos en Lakewood. Eso nos hizo muy felices a su padre y a mí, para nosotros es como un hijo...

::::::::

Isabelle no lo soportaba más; La fiesta, los invitados, todos acompañados y felices, todos tan elegantes. Ella misma que se había esmerado en verse espectacular.

Lucía un sensual y elegante vestido de noche de satén, color escarlata y escote corazón. Que dejaba sus preciosos hombros en completa desnudez.

En lugar de guantes, en las muñecas llevaba dos preciosos y finos moños de la misma tela del vestido. Le hicieron un peinado con pequeñas pero ostentosas flores del mismo tono para adornar su anaranjado cabello recogido en una media coleta alta y voluminosa que dejaba caer libremente sus largos rizos.

Y todo eso había sido en vano.

No lo vería. Recibiría el año sin Damien.

Sentía una terrible desolación, tenía ganas de llorar, de salir corriendo de ahí.

Lo buscó con la mirada, caminando perdida entre los invitados, tratando de disimular la desesperación que la consumía.

Cuando no pudo más; En un doloroso arranque salió del salón con total desesperanza en el corazón y con los ojos a punto de estallar en llanto.

Corrió hasta el elevador y lo vio…

Un par de minutos antes.

Albert, Candy, Archie y George subían tranquilamente por el elevador. Albert devoraba a Candy en sus pensamientos y trataba no hacerlo notorio. Ella se sentía nerviosa y ansiosa por él también. Y al igual que Albert hacía, aparentaba que todo estaba normal.

Archie pensaba que el vestido era aún más hermoso en ella y se sintió feliz pese a notar que Albert la veía embobado. Sí, él como hombre lo notaba, de nada servía que su tío tratara de fingir.

Llegaron a su piso y al salir del elevador encontraron a una sobresaltada y hermosa joven pelirroja llorando en espera del elevador contiguo.

Y Archie la reconoció, ella lo miró por un par de segundos identificándolo también y en seguida se giró porque sintió vergüenza de que la viera así de alterada. El elevador se abrió e Isabelle desapareció tras las puertas de éste.

-Adelántense por favor, yo los alcanzó en un momento.

-Muy bien (dijo Albert notando que su sobrino parecía conocerla).

Archie bajó hasta el Lobby. Por como la chica lucía de alterada, era seguro que bajaría y saldría del hotel.

La buscó y la vio dirigiéndose con rapidez a la salida, entonces se apresuró y corrió para alcanzarla.

La chica una vez fuera del hotel corrió bastantes metros y se detuvo a llorar en un rincón poco iluminado de la calle.

Poco después, temblando caminó hasta la orilla de la acera con la intención de tomar un taxi.

Una mano con sutileza la tomó por el hombro y la detuvo.

Isabelle volteó asustada, las lágrimas todavía mojaban sus mejillas.

-Discúlpame por favor. Sé que no me conoces, pero en verdad me preocupas; Dime ¿Hay algo que pueda hacer por ti?

La chica se quedó petrificada por la sorpresa. Enmudeció y al instante dejó de llorar.

Era ese chico otra vez, el apuesto joven que la había deslumbrado en el almacén de su tía.

Debido a su obsesión hacia Damien lo había olvidado.

Claro que había pensado en él, sólo que sin hacerse ninguna ilusión, porque, después de todo, únicamente se trataba de un extraño. Jamás imaginó que lo volvería a ver, no ahí. Mucho menos que él la seguiría.

El viento helado hizo que la chica sin quererlo se estremeciera y comenzara a temblar. Archie se quitó el abrigo y se lo puso.

Al hacerlo brotaron involuntariamente nuevas lágrimas de los azules ojos de la chica.

Archie se conmovió tanto que no pudo resistirlo y la abrazó.

:::::::

En ese momento Gregory abría la puerta del coche para que bajara Damien.

-Gracias Gregg (dijo amablemente mientras se ponía los guantes blancos).

-Señor (Gregg inclinó respetuosamente la cabeza)

-¡Ja, ja! Gregory, amigo. Comienza la función.

Damien Boissieu dejó de lado la sencillez en un instante y entró al hotel con altivez y gallardía. Parecía otra persona. A los ojos de cualquier dama se trataba sin duda de otro príncipe, uno de cabello castaño, seductora sonrisa y penetrante mirada ámbar.

Entró al elegante salón y buscó a sus padres.

Los vio en uno de los extremos conversando con los Britter, también los acompañaban otras personas pero estaban de espaldas y no los identificó.

Suspiró pesadamente y se dirigió hasta ellos. Edward fue el primero en verlo.

-Y bien, al fin apareció.

-¿Isabelle?

-No mamá, Damien.

Sabine estiró el cuello y pudo verlo, ahogó un grito de emoción y se le iluminó el rostro.

-¡Jonathan, nuestro hijo llegó!

Candy, Albert y hasta George supieron bien a quién se referían.

Annie sonrió discreta y maliciosamente. Pensó que sería incómodo para Damien ver a Candy tan hermosa y al lado de un también guapísimo a rabiar, Albert.

Después reflexionó que más embarazoso sería que Damien descubriera que estaba nerviosa porque se sentía irremediablemente atraída por Edward, su hermano; entonces se le borró la sonrisa del rostro.

Sabine se adelantó elegantemente y lo alcanzó. Damien la abrazó y después con total gallardía besó su mano como todo un caballero ¡Como si no se tratara de su propia madre! En sociedad Damien se preocupaba sobremanera por las apariencias pese a saberlas vanas y se transformaba casi automáticamente en todo un seductor, no podía evitarlo. Se lucía de tal modo que más de una jovencita en ese preciso momento ya suspiraba por él.

Cuando llegaron Sabine y Damien el pequeño círculo se abrió.

En ese momento Damien por unos segundos en lugar de saludar a su padre se quedó congelado por dentro y por fuera mientras sentía como daba un vuelco su corazón.

Sí, era Candy y se veía deslumbrantemente hermosa. La belleza de un ángel quedaría opacada al lado de ella.

Por un momento olvidó su típico papel de joven hombre de sociedad y se sintió desarmado.

Supo que para ella sólo era él, Damien: El doctor Damien. Se sintió pequeño y tuvo miedo.

Vio también a Albert y nuevamente lo consumieron los celos de un modo terrible.

No lo pudo evitar. Aunque no pensaba hacer nada, sabía que ella no le pertenecía y que William la amaba.

No obstante esas emociones lo embargaron agobiándolo de repente, otra vez. Todo en una fracción de segundos.

Hábilmente reaccionó antes de que los demás lo notaran y entonces tras abrazar a su padre y a su hermano; Los saludó con toda la naturalidad que le fue posible, aunque claro sin dejar de lado el melódico toque de arrogancia con el que ornamentaba su voz en tales eventos.

Cuando besó la mano de Candy la miró de un modo tan exquisito y seductor que ella se turbó un poco. Después de todo Damien era muy atractivo.

Albert notó que Candy se sonrojaba y un torbellino de celos atravesó sus entrañas.

-Candy, ahora que ha llegado mi hijo quiero decirte que estoy muy feliz de que trabajara contigo durante todos estos meses.

Albert no soportó el tono astuto con el que la señora Boissieu pronunció aquella frase. Supo que con tal afirmación estaba aprobando un posible romance entre ella y su hijo.

El padre de Damien notó un poco incómodo a Albert y enseguida para cambiar de tema la interrumpió:

-Por supuesto que es un honor para nuestra familia que hayan trabajado juntos. Discúlpame ahora el que no dé seguimiento inmediato a la conversación, Candice; Pero hijo, necesito preguntarte ¿De casualidad al llegar viste a Isabelle? Edward ya ha interrogado al encargado del guardarropa, su abrigo sigue ahí. Pero ha desparecido del salón.

-¿Isabelle desapareció?

Primero Damien sonrió maliciosamente, inmediatamente después reaccionó y se preocupó.

-Damien, vaya que tienes suerte ¿No? Pero no te alegres tanto. Yo supuse que estaba buscándote, pero ya ha pasado mucho tiempo y temo que algo malo le haya sucedido (dijo Edward).

-Yo lo lamento mucho, en verdad. Ahora si nos disculpan creo que lo más sensato será que Ed y yo vayamos a buscarla.

-Claro, vayan ya (aprobó el señor Boissieu).

Sabine se había alarmado y se sintió mal.

La señora Britter y Annie la llevaron a tomar asiento en una de las hermosas y ostentosas mesas que tenían a su disposición. Candy las acompañó porque pensó que se sentiría incómoda entre el señor Britter, el señor Bouissieu y Albert. Seguro ellos hablarían de negocios entre tanto.

Una vez en la mesa Candy se atrevió a decir:

-No debe preocuparse señora, seguramente su sobrina se encuentra bien… Disculpe que le pregunte ¿Isabelle es pelirroja y lleva un vestido escarlata?

-Oh, sí. Esa es ella (y volteó a buscarla creyendo que Candy lo decía porque ya la había visto).

-¿Pero dónde está? Yo no la veo ¡Oh mi querida sobrina!

Candy le iba a responder y se quedó callada porque se dio cuenta; Cómo iba a decirle frente a Annie que Archie había salido tras ella en cuanto la vio.

Menudo dilema en el que estaba metida, pensó. Sin embargo al verla tan pálida y evidentemente mortificada por la situación, le explicó tratando de que Annie no la escuchara.

-Oh, verá. Íbamos llegando al hotel y la vimos en el Lobby. Al parecer mi primo Archie la conoce y la saludó. Yo creo que deben estar por subir.

Candy mintió para que Sabine no se alarmara más, aunque sólo mentía en parte.

Porque creyó que era más que probable que Archie sí estuviera con ella.

Candy recordó el modo en el que Archie miró a la joven cuando salieron de elevador y si él no la conocía eso sin duda había sido amor a primera vista.

::::::::

Damien y Edward buscaron en el bar del hotel, en el restaurante y en el lobby.

Preguntaron en la recepción y finalmente a uno de los porteros. Entonces él les dijo que sí había visto a una señorita con esa descripción salir corriendo bastante alterada del hotel y que probablemente había tomado un taxi porque no regresó.

Edward y Damien volvieron a la recepción y pidieron que se les facilitara hacer una llamada para hablar a la mansión; Nadie contestó.

El personal doméstico ya estaba de vacaciones y los de seguridad se encontraban afuera en sus respectivos puestos.

-Esto se debe a mi retraso, yo iré a buscarla. Sé que está ahí, sólo no ha querido contestar. En verdad no creo que esté en otro lado, la conozco. Tú vuelve Edward. No se lo digas aún a nuestros padres o mamá se alterará. Aunque ella seguro querrá saber… No sé; dile que sí nos contestó y que he ido por ella.

-Está bien Damien. Cuando llegues a casa por favor llama y déjame un mensaje aquí en la recepción. Bajaré en media hora a preguntar.

-Bien.

Veinte minutos antes…

Archie abrazó a Isabelle, sin embargo se trató de un abrazo muy breve porque notó que ella permanecía tensa y con los brazos pegados a los costados.

A ella le gustaba mucho el joven desconocido y disfrutó del contacto pero fue incapaz de reaccionar ante el amable gesto y permaneció inmóvil.

Archie se separó de ella.

-¿Tú ibas a la fiesta? (Preguntó Isabelle)

-Sí. Y tú huyes de ella ¿Cierto?

Ella asintió avergonzada.

-Comprendo. Mira, es peligroso que una chica como tú tome sola un taxi a ésta hora y en estas condiciones. Si quieres huimos de la fiesta juntos ¿O acaso alguien te espera allá arriba?

Cuando Archie hizo la pregunta ella reaccionó.

-Vine con mi familia ¡Oh, mis tíos deben estar preocupados!

-¿Volverás entonces?

Ella reflejaba en su precioso rostro las pocas ganas que tenía de volver a la fiesta y sin darse cuenta frunció el ceño. A Archie le pareció un gesto gracioso. Por lo visto la jovencita estaba encaprichada.

-No sé. En realidad no quiero volver.

-Qué deseas que haga. Te dejo aquí sola para que decidas qué hacer. O aceptarías que te invite a tomar un café mientras lo meditas (dijo Archie dirigiendo la mirada hasta la ostentosa cafetería que estaba frente a ellos, cruzando la avenida).

-¡El café está bien! (dijo decidida, olvidándose de la tristeza que la embargaba minutos atrás)

-Ja, ja. Perfecto, vamos.

Entraron al café y eligieron una mesa apartada en un rincón solitario. El lugar tenía románticas velas decorativas sobre las mesas y series navideñas de luz blanca ornamentaban las ventanas.

Pidieron ambos un café espresso y se miraron en silencio, sintiéndose bastante atraídos el uno hacia el otro.

No hacían falta palabras, era como si se conocieran ya.

Cuando les llevaron el café lo bebieron sonriendo y en silencio. Al terminarlo:

-¿Quieres otro café o algo más?

-No, gracias. Creo que ya decidí qué hacer.

-¿En serio? (coqueteó Archie)

-Sí, en serio. Deberíamos volver.

-¿No la estás pasando bien conmigo?

La chica se sonrojó bastante, aunque no era tan tímida y enseguida contestó con seguridad.

-Oh, no es eso. Sólo que tú también ibas acompañado. Quizás te buscan y por otro lado mi familia debe estar preocupada.

-Muy bien, entonces vamos

Archie llamó al camarero para pedir la cuenta y les sirvieron dos rebanadas de apetitoso pastel acompañado de una copa de vino para cada quien, por cortesía de fin de año.

Así que se quedaron a disfrutar de las atenciones del lugar unos minutos más.

::::::::::

Damien fue hasta el estacionamiento para salir en el auto de sus padres.

Llegó a la mansión y no encontró a Isabelle.

Se preocupó bastante. Llamó al hotel para dejarle el mensaje a Edward.

De ser necesario la buscaría hasta los confines de New York… Y entre tanto comenzaría por buscarla en los alrededores del hotel.

Salió de la mansión y partió en su coche velozmente.

Edward aún no bajaba a preguntar.

Explicó a sus padres que Damien ya estaba con Isabelle como habían acordado y se tranquilizaron. Él mismo creyó que era muy probable que sí la hubiese encontrado, así que lo tomó con calma.

Y mientras, decidió rescatar a Annie de la aburrida conversación entre sus respectivas madres y la llevó a una mesa cercana a los grandes ventanales del salón.

La vista desde ahí era espectacular.

-¿Dónde está Candy?

-Oh, no lo sé.

-Increíble, primero mi prima y ahora ella.

-Creo que se aburría. Mamá no me permitió dejar la mesa hasta ahora que tú se lo pediste.

Annie se sonrojó y se puso nerviosa porque Edward la veía a los ojos. En verdad sus ojos verdes eran fascinantes.

Él pensaba lo mismo de los ojos de Annie, ese par de zafiros azul obscuro lo cautivaban.

::::::: ::::::: ::: ::::::: :::::::

Albert conversaba por compromiso con el señor Britter y con Jonathan Boissieu. George se encontraba con ellos también.

Cuando el rubio vio que Edward y Annie se sentaron aparte, dirigió la mirada a la mesa en la que estaban la señora Britter y Sabine Boissieu. Creyó que Candy estaba con ellas y no la vio.

Notó que Damien tampoco estaba por ningún lado. Se excusó con los caballeros y abandonó la conversación.

Aproximadamente diez minutos antes:

Candy se disculpó con las señoras y con Annie y se levantó de la mesa.

Caminó curioseando a lo largo del elegante salón. Muchos hombres la observaron de un modo indiscreto. Se sintió avergonzada, incómoda y nerviosa.

Antes de que cualquiera de ellos la abordara pensó en acercarse a Albert pero vio que seguía ocupado con los señores Britter y Boissieu.

Entonces llegó hasta el extremo más alejado del salón y siguió un estrecho pasillo en el cual encontró una puerta que conducía a una de las terrazas.

La abrió y notó que no había nadie, estaba a obscuras; en realidad esa terraza se encontraba en desuso aunque no tenía prohibido el acceso.

Los enormes ventanales que rodeaban el salón ofrecían el espectáculo visual ya que contaban con la mejor vista de la ciudad.

En cambio, esa terraza daba a la parte trasera del hotel. Únicamente era un lugar para esconderse o quizás para refugiarse.

Para ella fue un alivio encontrar un sitio en el que podía estar a solas por un momento y quiso permanecer algunos minutos ahí para relajarse.

Seguro que al regresar al salón, por fin encontraría a Albert desocupado.

Caminó en línea recta hasta apoyarse en la gruesa barandilla de piedra que rodeaba el lugar, respiró hondo y dejó que su mirada se perdiera en la obscuridad del vacío que tenía de frente.

Pasaron un par de minutos y tuvo una extraña sensación, creyó sentir que alguien se acercaba y volteó. En ese momento la puerta se abrió.

Era Albert. Al encontrarse sus miradas, permanecieron algunos segundos estáticos observándose.

Albert se sentía hipnotizado e indefenso ante la resplandeciente belleza de Candy. Encontrarla ahí sola hizo que su corazón comenzara a latir vehementemente y la pasión comenzó a arder dentro de sus venas.

Viéndola a los ojos en todo momento, con pasos firmes y deliciosamente lentos comenzó a avanzar hacia ella.

Cuando estuvo cerca la tomó despacio por la cintura con su brazo izquierdo y la atrajo hacia él con un solo movimiento.

Candy posó tímidamente sus manos sobre el pecho de Albert y el acarició el rostro de Candy con el dorso de su mano derecha.

Ella embrujada, se perdió dentro de los fascinantes ojos de Albert, que así, en la obscuridad, la sedujeron con un ímpetu indómito.

Su corazón gritaba en cada latido que lo deseaba.

Albert sintió que lo quemaba el poder y la fuerza del momento y se dejó llevar.

Se apoderó de él una enajenación tal que el entorno desapareció, ya ni siquiera escuchaba el ruido de las calles adyacentes.

Acercó su mejilla a la de Candy acariciando con el perfil de su rostro la piel de ella hasta que encontró sus labios; entonces, sin separase, lentamente sus bocas se encontraron.

Un suave y sublime roce entre sus labios aún cerrados, los electrizó. Él entreabrió su boca para probar la de Candy, ella cedió totalmente a los labios de Albert.

No pensaba en absoluto, sólo sentía un profundo éxtasis y respondía con naturalidad, como si hubiera nacido únicamente para vivir ese momento y para besarlo.

Candy se sorprendió, porque actuaba como una experta cuando no lo era.

El tiempo se ralentizó. Como en cámara lenta los labios de ambos se iban abriendo cual fervorosos capullos hasta que sintieron el deleite de la entrega total de un beso apasionado.

La boca de Albert era el edén. La descarga eléctrica que los asaltó durante el beso los dejó completamente pasmados.

Albert supo que sólo ahora que la besaba, al fin su espíritu estaba completo y pleno.

Probó la verdadera libertad, la que le regalaba su único amor. Sabía tan dulce y apasionada, era Candy.

Él ya le pertenecía a ella y podía sentir como Candy tocaba su alma.

Después del embriagador e idílico beso, separó ligeramente su rostro del de ella para mirarla. Sus pechos seguían juntos.

-Te amo.

-Yo también te amo (respondió Candy)

Al fondo de la terraza sentado en una frágil silla junto a la barandilla opuesta, oculto dentro de las espesas sombras de la obscuridad, alguien lo había observado todo y de los hermosos zafiros que llevaba por ojos, brotaron un par de solitarias lágrimas, que así en completa desolación murieron al perderse en la penumbra.

Continuará.


Las quiero.

Pronto más.

hikarulantisforlove

Luz

Josie

Glenda

CandiceAndley

Jahzeel

sami

monica