Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.


Despertando a tu Encuentro

Por LisW. A

Capítulo 36.

Tras la celebración, los Britter se despidieron de los Boissieu.

Annie recibió una nota secreta de Edward cuando éste tomaba su mano para despedirse de ella.

Media hora después, Sabine y Jonathan decidieron que también era hora de marcharse.

Ambos querían llegar a casa para cerciorase de que Damien estaba bien.

Edward e Isabelle se despidieron de Archie diciéndole que podía visitarlos en la mansión Boissieu cuando él quisiera.

Archie ya le había pedido su número telefónico a Isabelle y antes de que la chica diera media vuelta para seguir a su familia, él le hizo un guiño.

George entendió que ya no tenían a qué quedarse más tiempo.

Se despidió de la dama que lo acompañó durante la velada y bajaron hasta el estacionamiento para partir hacia la residencia.

::: :::::::::::::::::::::: :::

Dos horas antes:

Albert y Candy tomaron un taxi para regresar a la residencia antes de que llegaran Archie y George.

Al entrar, él la llevó hasta la estancia. Encendió la chimenea, y le pidió que lo esperara ahí.

-No tardaré.

Le dijo al oído, inclinándose detrás del sillón en el que Candy estaba. Besó tiernamente su oreja y se marchó.

Albert colgó su abrigo en un perchero.

Entró a la cocina, encendió la calefacción. Se quitó los guantes y la bufanda. Se puso un delantal azul y revisó la alacena. Sacó algunas cosas del refrigerador para enseguida disponerse a preparar la cena.

Media hora le tomó hacerlo.

En lo que se terminaba de hornear el plato fuerte, fue hasta el comedor. Puso la vajilla, los cubiertos y eligió un par de hermosas copas de cristal cortado.

Sacó dos candelabros de plata de cinco velas y los colocó estratégicamente sobre la mesa.

Quitó el ramo de rosas fucsia del jarrón de la biblioteca y las pasó a un alargado jarrón de cristal azul que colocó en medio de la mesa.

Volvió a la cocina, sacó la pasta del horno, y la llevó hasta el comedor.

Después llevó la ensalada, el pan y por último puso en la mesa una botella de una reserva exclusiva de vino francés.

Cuando todo estuvo listo, caminó sigilosamente hasta la estancia. Candy leía frente a la chimenea y él cubrió sus ojos con ambas manos.

Ella las tocó con las suyas y comenzó a explorarlas.

-¿Quién es?

-Adivine señorita.

-Mmm… ¿El tió abuelo William?

-¡No!

-¿No?

-Mmm… ¡El espíritu de año nuevo! ¿O el del año que ya se ha ido?

-Muy mal señorita, muy mal.

Albert la soltó y ella se levantó del sofá. Él la tomó de la mano.

-Soy sólo Albert y deseo que me acompañé.

La condujo hasta el comedor y a Candy se le aceleró el corazón cuando vio la romántica cena que él le había preparado.

-Albert, es hermoso. Pero lo has hecho todo tú, te pude haber ayudado.

-No quise correr el riesgo.

-¡Albert!

-ja, ja. Es broma Candy. Ahora ven, vamos a cenar.

Después de cenar Albert brindó con ella por el año que comenzaba. Cuando se levantaron de la mesa, la llevó de la mano hasta el salón de la estancia del segundo piso.

Encendió la pequeña chimenea que ahí se encontraba y se recostaron en el amplio y mullido sofá.

Pasó media hora y Candy se durmió acurrucada sobre su pecho.

Poco después, Albert con cuidado la apartó de sí. Colocó la cabeza de Candy sobre un suave cojín y la arropó con una gruesa y suave manta.

Se levantó, fue hasta el piano y comenzó a tocar dulces sonatas. Candy lentamente despertó cuando tocaba el Claro de Luna de Debussy.

Aún acostada, lo vio en el piano. No estaba segura de sí seguía dormida o no. La hermosa visión de Albert aunada a la música, era algo tan bello que no parecía real.

Albert volteó a verla y sus ojos se encontraron. Él le sonrió. Y ella despacio se levantó del sofá para acercarse a él.

Se quedó de pie frente al piano. Albert siguió tocando.

-Te veías tan hermosa, que quisiera tocar diariamente para ti, para cuidar así de tus sueños y sentir que puedo ahuyentar cualqier pesadilla mientras lo hago.

Dejó de tocar antes de que la rubia pudiera contestarle y se paró frente a ella.

-Candy, casi olvidaba algo muy importante.

Se arrodilló ante ella y mirándola a los ojos tomó su mano.

-¿Quieres ser mi novia?

Candy sintió que flotaba en los más angelicales aires y se perdió en el cielo azul de los ojos que la observaban llenos de amor, suplicantes y expectantes.

-Albert, yo… sí.

Albert se levantó y la besó en los labios con infinita dulzura, casi con devoción.

-Candy, te amo.

La tomó de la mano y se sentaron abrazados frente al sofá, bajo la gruesa y afelpada manta.

-Pequeña, ahora que somos novios siento que mi vida acaba de comenzar. Quiero hacerte muy feliz, ese es mi principal propósito.

Dijo él lentamente, con la voz suave y llena de sentimiento.

-Albert, yo ya soy feliz. Eres lo que más amo. No necesitarás hacer nada más para cumplir tu propósito, sólo seguir existiendo.

-Te equivocas pequeña, hay mucho que quiero darte aún.

Pasaron veinte minutos en silencio, en éxtasis, disfrutando de la cercanía del otro y de la calidez de la chimenea.

Candy comenzó a quedarse dormida de nuevo y Albert la llevó en brazos hasta su habitación.

Candy despertó cuando él la depositó en su cama. Y ella le agradeció con la voz un poco adormilada.

Lo besó en los labios, le dijo que ella se pondría su pijama. Y que él descansara también. Ya eran cerca de las tres de la madrugada.

-Dulces sueños, hermosa.

-No sé si sean tan dulces como estar a tu lado, pero lo intentaré.

Albert se sentó a un lado de la cama. Delineó la pecosa nariz de la rubia y acarició su rostro. Candy se incorporó sin levantarse de la cama, él la abrazó con ternura. Besó la frente y la mejilla izquierda de la pecosa y salió de la recámara. Dejando a Candy perdida en el séptimo cielo y suspirando por él, tras cerrar la puerta por la que en la penumbra Albert había desaparecido.

:::::::::: :::::::::: ::::::::::

Hayley y Terry seguían conversando. Finalmente Terry se había desahogado y entre algunas copas, le había confesado a la chica que se sentía miserable sin Candy.

Sí; le habló de Candy: De su triste historia, de lo mucho que la había amado y hasta de Susana, de cómo terminó todo entre ellos también.

Hayley lo escuchó conmovida y comenzó a sentir algo extraño. Mientras él hablaba de lo mucho que había amado a su exnovia Candy, ella sintió ¿Celos?

Pasó media hora más y Terry comenzó dar muestras de sueño.

-Hayley, es hora de que me vaya.

-Terry, casi son las cuatro y te ves muy cansado. Aquí hay dos habitaciones de visitas. Puedes quedarte.

-Mmm, está bien. Gracias, en otras circunstancias tal vez no lo aceptaría pero en verdad siento que me estoy quedando dormido, ya no podría manejar.

-Es que hablaste tanto que tú mismo te adormeciste, Terrence.

-Disculpa, detesto haberlo hecho.

-Era broma, vamos. Sígueme.

Hayley lo codujo por un amplio pasillo. Y se pararon ante la puerta de la habitación.

-Que descanses Grantchester.

-Tú también Douglas.

: :::::::::::::::::::::::::::: :

Viernes 1ro de Enero de 1971

Amaneció en la mansión Boissieu.

Damien despertó temprano. La noche anterior había llegado antes de las doce y por primera vez en su vida había tomado píldoras para dormir.

Simplemente no estaba de ánimo, no quería escuchar ni ser consciente de cómo en los alrededores, festejaban la llegada de un nuevo año.

Se sintió profundamente sólo, como en muchos años no se había sentido.

En un instante volvió a ser el niño huérfano, estaba experimentando el mismo vacío dentro de su alma y corazón. No lo pudo soportar.

Con una lagrima precipitándose por su mejilla de porcelana, tomó dos píldoras.

Encendió la calefacción.

Se quitó la ropa, y se lavó la cara. Enseguida se puso un delgado y cómodo pantalón de seda para dormir y se metió a la cama.

Después de quince minutos hicieron efecto las pastillas. Y se quedó profundamente dormido.

Lo despertaron los primeros rayos del frío sol, y se levantó a las siete y media de la mañana. Se duchó y bajó a preparase un café.

Se llevó el café a la biblioteca y se puso a leer en uno de los sofás frente a la chimenea.

A las nueve, oyó que su madre bajaba (reconocía el sonido de sus característicos pasos) y la alcanzó en la escalera.

-¡Oh, Damien!

-Buen día, mamá.

El joven doctor la abrazo con ternura y ella adivinó que el joven sentía la necesidad de saberse protegido. Sabine recordó que no la abrazaba así desde que era un niño. Y conmovida evocó la primera vez que Damien lo había hecho: A los ocho años de edad, después de dos años de haberlo adoptado; Cuando él por fin se sintió parte de la familia y su noble corazón los aceptó como padres.

Sabine y Jonathan desde los primeros meses lo amaron, olvidando para siempre que él no era su verdadero hijo.

Felices lo veían jugar con Edward y si bien la señora Boissieu lo rechazo al principio, muy pronto se ganó su corazón, pese a ella querer ocultarlo.

La hacía dichosa ver tan feliz a Edward con su nuevo hermanito y le encantaba el carácter y el carisma del pequeño de cabello obscuro y preciosos ojos ámbar.

Todo eso recordó mientras Damien la abrazaba al pie de la escalera.

-¿Vas a preparar el desayuno?

-Sí, hijo. Bien sabes que es el único día del año en el que lo hago.

-Ja, ja. Y te queda delicioso pese a que no practicas mucho. Quiero ayudarte ¿Me lo permites?

-¡Damien, tú no sabes cocinar!

-Claro que sé y te lo demostraré.

Damien y su madre prepararon un delicioso desayuno.

A las diez bajaron el señor Boissieu, Edward e Isabelle. Y desayunaron alegremente.

Cuando terminaron, Isabelle, Edward y Damien levantaron la mesa y lavaron los platos.

Era una familia adinerada pero esa era su costumbre los primeros días del año.

Daban vacaciones al personal entero y disfrutaban de una singularmente sencilla vida familiar antes de volver a sus actividades normales.

Cuando los tres jóvenes acabaron de sus tareas en la cocina, Damien se acercó a Isabelle y le dijo que la llevaría de paseo como le había prometido, pero que también irían sus padres. Isabelle hizo una mueca de desaprobación. Sin embargo Damien no pensó que fuera oportuno decirle que partiría a la mañana siguiente y que por eso saldrían con ellos.

La chica subió a preparase para salir. Edward quiso quedarse a "descansar".

Continuará.


Queridas lectoras, les envío todo mi cariño y les agradezco que me sigan leyendo.

Tuve una semana llena de actividades en casa y en el trabajo. Es un capítulo muy breve. Hay tanta historia aún, y no me ha dado tiempo de llegar a más, porque me ha vencido el cansancio por hoy. Actualizaré a principios de semana, probablemente el martes. No sé a qué hora. El miércoles será más seguro que encuentren el 37.

Gracias, las quiero y me encantan sus reviews.

Glenda

Luz

hikarulantisforlove

nelly

JENNY

Isa

Jahzeel