Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 37.
Candy despertó con una sonrisa dibujada en su hermoso rostro, sonrisa que mantendría durante todo el día.
Antes de que bajaran a desayunar Albert entró a hurtadillas en su habitación cuando ella aún dormía y le dejó una rosa fucsia en el buró, junto con una nota.
Iba a salir de la habitación sin despertarla, pero se veía tan hermosa que no se pudo resistir.
Se acercó silencioso y dulce, se sentó en la cama y la besó casi sin presionar sus labios. Pero ella abrió los ojos.
Se miraron y Albert la besó nuevamente, ella rodeó el cuello del rubio y éste la abrazó mientras seguían besándose.
Al separase ambos suspiraron.
-¿Así despertaré de ahora en adelante?
-Me encantaría.
-¿Es un trato Albert?
-Sí, Candy, es un trato.
Sonrieron.
-Candy, me gustaría que George y Archie sepan de nuestro noviazgo, sólo si tú también quieres ¿Qué dices?
-Sí, Albert. A mí también me gustaría.
-Le diremos a los demás hasta que regresemos a Chicago. Allá ofreceré una cena en tu honor.
-¿Cuánto más estaremos en Nueva York?
-Se han abierto nuevos negocios y sociedades, me temo que estaremos aquí tres meses más. Candy, sé que no querías dejar el hogar tanto tiempo. Comprenderé si quieres ir a Lakewood antes. Aunque me encantaría que te quedaras conmigo.
-Mmm, no sé… (Dijo fingiendo duda)
Albert se acercó a su rostro, muy cerca, con voz seductora y mirándola a los ojos le dijo:
-¿Habrá algo que pueda hacer para que no me abandone mí novia?
Candy se sonrojó y se puso nerviosa.
-Déjame pensar…
-¿Servirá esto?
Albert besó el cuello, el mentón y la barbilla de Candy y se levantó.
-Espero que te gusten mis atenciones y quieras quedarte conmigo. Ahora dormilona, ya es momento de que te levantes. Te esperaremos para desayunar.
Albert salió de la habitación.
Candy se levantó al instante. Se ducho y se puso un bonito vestido rosa y un suéter color pastel. Se maquilló con los mismos tonos del suéter sobre sus parpados y pintó su boca con un labial rosa. Eligió un dulce perfume y dejó su cabello suelto.
Puso la rosa en el jarrón de cristal de su tocador y leyó la nota.
"Te amo Candy"
Ella suspiró y agradeció a Dios por Albert. Lo amaba con todas sus fuerzas y se sentía más que dichosa.
Bajó a desayunar. Ya todos estaban esperándola.
En la mesa había vino, copas y un hermoso pastel.
-George, Archie. Antes de desayunar quiero decirles que ayer le pedí a Candy que fuera mi novia.
-¡Felicidades tío, Candy! Merecen ser muy felices.
-Felicidades William, señorita Candice.
-Aún no les he dicho si ella aceptó…
-Cierto ¿No aceptaste Candy?
-Archie; yo acepté.
-Ja, ja. Por supuesto, lo sabía. Te ves aún más radiante, es por eso ¡Que seas muy feliz, gatita hermosa! (Archie mientras lo decía abrazó a Candy).
George brindo por la felicidad de los rubios.
Albert sirvió el desayuno. Al final sirvió café y comieron del delicioso pastel adornado con frutos rojos que habían llevado de la más fina pastelería en Nueva York.
A Candy le gustó tanto que comió dos rebanadas.
Archie tras el desayuno subió a su habitación, dijo que tenía que hacer una llamada.
George anunció que saldría.
Albert se acercó a Candy y le dijo que la invitaba a su guarida.
Subieron hasta el cuarto secreto de Albert y acomodaron el sofá-cama para ver una película.
Por la tarde noche los rubios salieron a cenar a un hermoso y romántico club.
Aún no cenaban, bebían un poco de vino y comenzó a tocar un grupo en vivo.
Albert llevó a Candy de la mano hasta la pista, otras jóvenes parejas los imitaron.
Los rubios bailaron juntos, elegantes baladas y piezas lentas.
De regreso en la mansión, Albert dejó a Candy en la puerta de su habitación y le dio las buenas noches con un apasionado beso.
Ella entró flotando a su habitación y toda esa noche, felices soñaron el uno con el otro.
Archie por su parte después del desayuno y al entrar en su habitación había llamado por teléfono a Isabelle. Él tenía planeado invitarla a salir o en su defecto conversar con ella durante horas, pero la joven le dijo que saldría con su familia. Sin embargo le pidió que la llamara en la noche.
Y así lo hizo. Cuando los rubios volvieron a casa, él ya llevaba una hora conversando con la hermosa pelirroja.
Mientras coqueteaban sutilmente tras la línea telefónica, hablaron de su día, de lo que les gustaba y del tiempo que les quedaba en Nueva York.
Isabelle entre otras cosas le dijo a Archie que durante el paseo su tía le había dicho que Damien volvería a Illinois a la mañana siguiente.
-Si quieres para que no estés triste por su partida te visitaré (coqueteó Archie)
-¿Lo harías?
-Sí
-Mmm… Está bien, aceptó tu visita. Mañana nos despediremos de mi primo.
-¿Podría visitarte pasado mañana, es decir el domingo? Aunque quisiera entre semana no podré, estaré ocupado con mi tío en las oficinas Andrew.
-Sí. El domingo en la tarde te espero.
-Gracias, ahí estaré Isabelle. Ahora te dejo descansar porque ya casi es la una de la madrugada. Discúlpame por favor, no me había dado cuenta.
-Cielos ¿Tan tarde es? Yo tampoco me di cuenta.
-Se va muy rápido el tiempo cuando hablo contigo. Descansa Isabelle.
-Gracias Archie, tú también.
Media hora antes de que Isabelle colgara el teléfono…
Un alto y delgado rubio de cabello corto, pasó caminando frente a la puerta de su pelirroja prima. Edward con una amplia sonrisa se dirigía a su habitación.
La nota que le había dado a Annie al despedirse de ella la noche anterior decía:
"Querida Annie, no sabes lo mucho que me alegró volver a verte ¿Aceptarías salir conmigo mañana? A las siete habrá una excelente obra de teatro a la que me honraría que me acompañaras.
Estaré todo el día en casa esperando que me llames para saber tu respuesta"
Annie alrededor de las tres de la tarde por fin había llamado a Ed para decirle que aceptaba la invitación.
Pasaron una noche mágica. El teatro, un paseo por románticas calles y una cena en un lujoso pero pequeño restaurante francés.
A las doce de la noche Edward llevó a Annie a la puerta de la mansión Britter.
Se miraron en silencio durante algunos segundos y Ed tierna y tímidamente besó la mejilla derecha de la joven.
-Gracias por salir conmigo Annie, la he pasado muy bien.
-Yo también.
Contestó Annie con voz tímida y con las mejillas ruborizadas.
Edward la miró a los ojos con un brillo inesperado y tentador, Annie no resistió la hermosa mirada del joven de ojos verdes y bajó ligeramente la cabeza.
-Me gustaría volver a verte Annie. Entre tanto ¿Podría hablarte por teléfono de vez en cuando?
-Sí, Edward.
Él, sonriendo estrechó dulcemente la mano de Annie en señal de despedida y después dio media vuelta para marcharse.
Annie lo contempló hasta que él subió a su coche y ambos agitaron el brazo derecho diciéndose así en silencio "hasta luego" con el alegre ademan.
Era la una de la madrugada y ella acostada en su cama seguía pensando en Edward, al igual que él seguía soñando despierto con Annie.
Sin duda, cupido iniciaba el año trabajando a la perfección.
Casi...
El sábado los Boissieu se despidieron emotivamente de Damien en el aeropuerto. Sabine había llorado bastante pese a que en verdad intentó no hacerlo. Él trató de consolarla diciéndole que la llamaría a diario.
El joven doctor llegó al anochecer a su casa en el pueblo de Lakewood.
Estaba agotado, más anímica que físicamente.
Llamó a su madre para hacerle saber que había llegado sano y a salvo y para darle las buenas noches.
No quiso comer nada, sólo se preparó una pequeña taza de té, lo bebió y enseguida se metió a la cama. Casi al instante se quedó dormido.
A la mañana siguiente tras ducharse recordó que tenía que ir por alguien.
Caminó una cuadra por la hermosa calle empedrada hasta llegar a la casa de la señora Claire Allison y tocó la campanita que tenía en el pequeño y modesto portal de la entrada.
Él se sorprendió al ver a una joven sencilla pero muy hermosa, en lugar de a la dulce viejecita.
-¿Sí?
Preguntó la joven aún sin levantar el rostro.
-Disculpa ¿Se encuentra la señora Allison?
-¿Para qué la quiere ver?
Cuando acabó de decirlo la joven levantó la mirada y lo vio, en ese momento se sonrojó y le dio un vuelco el joven corazón.
-Mi abuelita está dormida aún, pero si quiere…
-No, no… No la despiertes por favor. Sólo he venido por mi gatita ¿Me la podrías dar tú?
-¿Usted es el doctor Damien?
Dijo sorprendida.
-Sí
-Vaya, pensé que el doctor era un señor. Es decir, alguien mucho más grande.
Dijo la jovencita en un impulso y pensando en voz alta. Al darse cuenta de lo que había dicho, se sonrojó y se puso nerviosa.
-Bueno, tampoco soy tan joven…
En ese momento lo interrumpió un fuerte maullido.
La joven no pudo evitar reír alegremente.
-Parece que Waffy ya lo escuchó, pase por favor doctor.
Ella lo llevó hasta la pequeña estancia en donde la gatita lo esperaba impaciente, sobre una mullida almohada, dentro de su transportadora.
Damien abrió la transportadora y tomó a Waffy en sus brazos, la abrazó y acaricio con infinito cariño.
-Mi hermosa Waffy, no sabes cuánto te extrañé.
La chica discretamente observaba cada gesto del doctor sin perder ningún detalle.
Estaba conmovida por la escena y fascinada ante el porte y la gallardía del atractivo doctor.
Él la volteó a ver.
-Muchas gracias por cuidar a Waffy.
Soy Damien Boissieu. (Dijo mientras estrechaba la mano de la joven) Me alegra saber que la señora Claire ya no está sola.
-Yo soy Glenda Kent, viviré un tiempo aquí con mi abuelita.
Continuará.
Queridas lectoras el próximo capítulo será bastante extenso, pero no sé cuándo lo publique Eso sí; no pasa de dos semanas.
He estado muy atareada, no había tenido un solo espacio libre para escribir.
Pero sepan que actualizaré en cuanto esté listo el capítulo 38.
Éste ha sido sólo un breve adelanto porque había prometido publicar en éstos días.
Las quiero y me alegran muchos sus reviews.
¡Gracias!
Luz
glenda
Josie
Isa
JENNY
ikarulantisforlove
Jahzeel
Candice Andley
nelly
Carito Andrew
