Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. A
Capítulo 39.
…Mientras tanto en Nueva York:
Eran las siete de la noche, Archie hizo sonar una sola vez el timbre principal de la mansión Boissieu.
Isabelle estaba ya esperándolo un poco ansiosa en el salón. Y al escuchar el timbre olvidó la etiqueta y salió corriendo hasta la gran reja principal de la enorme residencia.
Ella aún estaba tras la reja, lo vio y ambos sonrieron.
-Olvidé las llaves.
-Podría quedarme aquí afuera horas, sólo por verte.
Isabelle se sonrojó ante la romántica declaración de Archie.
-Por suerte yo sí traigo llaves...
-Gracias, Edward (dijo Isabelle).
Ed abrió la reja y Archie entró.
-Siéntete como en tu casa Archie. Mis papás salieron, pero está de más decir que confiamos en ti. A decir verdad yo iba a quedarme pero por la mañana recibí una invitación a cenar.
Y así Archie entró con Isabelle en la mansión y Edward subió a su coche para dirigirse a la residencia de los Britter.
Isabelle guió a Archie a través del salón principal. La hermosa pelirroja abrió el enorme cancel de vidrio y salieron al gran jardín detrás de la mansión. Había muchos senderos de piedras blancas iluminados por preciosos faros de luz ambarina.
Ella llevaba el largo y rizado cabello suelto, una romántica blusa de encaje blanco y una hermosa falda larga color vino.
Mientras caminaba por uno de los senderos detrás de Isabelle, el aire jugaba con el lacio y suave cabello rubio de Archie, su hermoso cabello largo hasta los hombros lo hacía aún más atractivo y por si fuera poco su atuendo era impecable (raro sería si no) llevaba una moderna chaqueta, bajo la cual lucía un elegante chaleco a juego y una camisa blanca desabotonada, además del pantalón que completaba el conjunto y que le sentaba a la perfección.
Atravesaron un camino circundado por olmos e Isabelle se detuvo cuando llegó a un deslumbrante cenador de mármol con cúpula de cristal.
Archie quedó turbado ante la belleza del lugar, sintió que estaban en medio de un bosque en el que habían encontrado una hermosa visión o un espejismo griego.
La joven entró y se sentó en la amplia banca de mármol en forma de media luna que estaba rodeando el interior del surrealista cenador.
Archie entró también, pero se quedó de pie recargado en una de las columnas, observando a la chica. Ella no se había dado cuenta porque al sentarse dirigió la mirada hacia arriba.
-Espero que el cielo se despeje un poco más.
Archie no contestó y ella lo buscó con la mirada.
El azul de los ojos del joven se encendió al encontrar el brillo dentro de la mirada de Isabelle, los hermosos ojos de ella eran de un tono diferente al de él, un azul casi místico, ambas miradas completaban la gama de tonalidades del firmamento.
-Creo que ya está despejado porque puedo ver las primeras estrellas de la noche (dijo sin dejar de verla) ¡Mira! (Alzó la mirada señalando hacia la cúpula).
Isabelle levantó el rostro y buscó donde Archie había señalado.
-No las puedo ver.
-Tal vez no las distingues desde allí.
Isabelle se levantó y lo alcanzó.
-No. Cómo es que aun estando aquí no las veo; Estás mintiendo Archie.
Él se acercó a ella e inclinó su rostro hasta alcanzar su oído
-¿Te parece?
Isabelle volteó y quedaron de frente. Se miraban y el tiempo se detuvo. En un instante los sonidos del jardín se habían acentuado transformándose en una inusual y hermosa melodía. Archie tomó la mano de la joven y aunque quiso besarla se contuvo y la llevó hasta la banca.
Ambos se sentaron e instintivamente voltearon hacia la cúpula. A través del cristal vieron cómo la luna avanzaba. Por momentos la luna llena se asomaba temerosa pero enseguida se volvía a esconder tímidamente entre sus protectoras, las espesas nubes, que la cubrían con caricias celosas bajo su obscuro manto durante largos lapsos de tiempo y la dejaban desnuda, radiante y lasciva por otros fugaces instantes.
-Creo que debemos volver a la mansión, no hay lámparas aquí. Éste cenador fue diseñado por mi tío Jonathan y se rehusó a que instalaran iluminación en los alrededores.
-Creo que entiendo por qué.
-Es un poco excéntrico.
-Franceses, después de todo.
Isabelle volteó molesta
-¿Tienes algo en contra de nuestra nacionalidad?
-¿Parezco tenerlo? (Dijo en tono seductor tomando entre sus dedos uno de los rizos de la joven)
-No contestes con otra pregunta...
-Está bien, sólo diré que estoy enamorándome de una joven que vino desde allá ¿No te parece suficiente razón como para aborrecerlos? Después de todo soy muy joven como para que alguien me robe el corazón.
Isabelle contuvo una carcajada.
-¿Te parece gracioso?
-No es eso, es que…
-¿Qué pasa?
-¿Si te lo digo, no te enojarás?
-Vaya cara de angustia ¿por qué habría de molestarme? Vamos, dime lo que pensaste.
-Es que hablaste como mi primo hubiera hecho en una situación semejante. Creo que has pasado mucho tiempo con él.
-¿Te refieres a Damien?
-Claro, a quien más.
-Ya veo.
Un extraño silencio se hizo en el entorno tras esas palabras.
-Disculpa Archie, no mal interpretes lo que he dicho…
-No tienes nada de qué disculparte Isabelle, creo que comprendo.
-No, no me comprendes. No los estoy comparando, simplemente fue gracioso escucharte decir eso.
Damien siempre usa esa clase de expresiones para justificar el hecho de que se rehúsa a salir con alguien... Casi me sé todas las frases que ingenia para rechazar a cualquier chica que lo merodea.
Archie se quedó pensando en silencio:
"Cómo es que todavía parece afectarte tanto todo lo relacionado con su primo. Cuando la conocí imaginé que sufría por el amor de un hombre y más tarde esa misma noche me di cuenta de que era por Damien… ¿Aún lo querrá? ¿Ella sabe que él es adoptado o sufría por creer tener parentesco con él? "
-Archie ¿pasa algo? ¿Quieres volver a la mansión?
-No Isabelle. Perdón, sólo pensaba.
Archie no se atrevía a preguntarle.
-Es acerca de lo que dije verdad… ¿Archie recuerdas que lloraba cuando me conociste?
-Sí, recuerdo que llorabas… Pero te equivocas, no fue así que nos conocimos-
-Cierto, nos conocimos antes. Pensé que tú no lo recordabas, que no sabías que se trataba de mí.
-Ahora sabes que no es así... (La miró fijamente) Pero ibas a decir algo acerca de la noche de año nuevo…
-Sí, yo lloraba y recordarlo ahora me da un poco de vergüenza, sabes.
-No tienes nada de qué avergonzarte, para mí fue una noche inolvidable. Aunque confieso que me partió el corazón verte así. Isabelle, parece que quieres decirme algo más. Si es así puedes confiar en mí, pero no me tienes que decir nada si no lo deseas.
-Es que... Creo que esa noche te diste cuenta de que lloraba por Damien.
-Sí, me di cuenta.
-No es lo que crees.
-¿Sabes lo que creo?
-No pero, es de suponerse... Debiste pensar que estaba enamorada de mi propio primo. Y que puedas creer eso me tiene un poco incómoda desde entonces.
-Isabelle, si así fuera no tengo por qué juzgarte. Sé que a veces en los sentimientos no se puede gobernar. No tienes nada de qué avergonzarte.
-Archie, confío en ti y me gustaría decirte algo.
-Gracias, me puedes decir lo que quieras.
-Yo sí estaba enamorada de Damien, pero él no es mi primo.
-¿No eres su prima en realidad? (Archie fingió confusión)
-No, es decir de Damien no. Sólo soy prima consanguínea de Edward.
-Entiendo Isabelle, tanto te incomodaba que me diera cuenta de que estás enamorada de tu primo y me lo confiesas. Pero no tenías que hacerlo, yo no te juzgo por eso, ya te lo dije.
-Aun así me siento mejor ahora que te lo digo... Aunque ésta vez tú te equivocas. Yo ya no me siento así respecto a él. Estaba enamorada, quizás hasta encaprichada con él. Pero ya no sé, estoy confundida porque de pronto lo he dejado ir. Creo que al fin comprendí que él nunca me verá como algo más. Siempre me ha tratado y ahora estoy segura de que siempre me tratará sólo como a su querida prima y lo he aceptado al fin.
-¿Lo aceptaste así de repente?
-Sí, no sé… Tal vez venir a Nueva York me hizo crecer.
-¿No será que aquí has conocido a alguien más?
Isabelle se ruborizó y Archie acercó su rostro al de ella.
-Porque yo sí conocí a una hermosa joven aquí en esta ciudad y simplemente desde que la vi por primera vez, tras los anaqueles de ropa de un almacén francés, no he podido dejar de pensar en ella.
Se quedaron en silencio mirándose intensamente. La magia de la noche comenzó a rodearlos. La luna al fin se había librado del velo grisáceo de nubes que absorbía su resplandor y con su blanca faz de luz filtrándose a través del cristal, los envolvió haciendo que sus rostros se iluminaran.
Archie acercó su perfecto rostro aún más y sintió la suave respiración de la joven cerca de su boca. Apartó los rizos rojizos que caían sobre una de sus mejillas y mientras lo hacía acarició su pómulo al tiempo que acercaba sus labios a los de ella. La besó suavemente, Isabelle no abrió los labios pero le correspondió con dulzura dejando que él besara su labio superior y disfrutara del contacto.
Entonces Archie acarició la barbilla de la joven y ella instintivamente siguiendo el movimiento descendente de los dedos de Archie, abrió la boca sin darse cuenta y él la besó despacio tratando de que ella cediera aún más. En ese momento Isabelle se dejó llevar y tomó la iniciativa, besándolo como en su país natal los enamorados hacían, mientras enredaba sus delicados dedos en la rubia cabellera de él.
Archie sintió que por primera vez besaba a alguien con el alma y el corazón, ella creía que todo era un sueño y lo besó de nuevo para constatar que era real.
Cuando se separaron, Archie la tomó de la mano para que ella pudiera levantarse y la abrazó. Después la miró a los ojos.
-Isabelle desde que te vi estoy enamorado de ti. Sé que parece muy pronto pero me conozco muy bien y estoy seguro de lo que siento. Dime ¿Quieres ser mi novia?
Perdóname por decírtelo hoy, por no esperar más. Pero a partir del día que te conocí, cada minuto sin ti, para mí ha sido una tortura.
-Archie, me gustas demasiado. Pero ahora tengo miedo. Necesito decirte que volveré a Francia, en realidad no pensaba quedarme mucho tiempo aquí porque tengo que regresar a la escuela. ¿Aceptarías a una novia que te deje de ver mientras acaba su carrera? Temo perderte en cuanto parta.
-¿Eso es un sí?
-Respóndeme tú primero.
-Yo pregunté antes.
-Sí, acepto.
-Ahora yo te respondo; Sí, Isabelle. No importa que tengas que irte, lo acepto y te esperaré. Y cuando tenga vacaciones o días libres iré hasta Francia sólo para estar contigo.
-¿Lo harías?
-Lo haré.
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Así acabó el primer domingo de 1971.
El lunes, Albert reanudó su trabajo en las oficinas con Archie y George. Los tres pasaron el día entero, entre papeleo, socios y juntas.
Candy recibió cartas de Patty y la llamó por teléfono.
Durante la cena, Albert le dijo a su ahora novia que si quería invitar a su amiga se sintiera libre de hacerlo, así no estaría sola en la casa cuando él no estuviera.
-Ésta es también tu casa Candy, puedes invitar a tus amigos, recuerda que no tienes que preguntarme antes. Quiero compartir todo lo que tengo contigo, después de todo sigues siendo una Andrew… Y aun cuando arregle tus papeles y deje de ser tu tutor, hay una posibilidad de que lo sigas siendo (dijo Albert guiñando un ojo).
Al otro día Candy habló nuevamente con su amiga y la invitó a pasar una temporada con ella en Nueva York. Patty sintió muchas ganas de verla de nuevo, pero le dijo que no podía dejar sola a su abuelita. Candy le contestó que podía llevarla, pero Patty le comentó que el clima en Nueva York no era bueno para Martha.
Esa noche, cuando Albert regresó de las oficinas le preguntó a Candy si Patty había aceptado su invitación, ella un poco triste le dijo acerca de Martha.
-Candy, creo que estoy siendo egoísta al retenerte aquí conmigo. Estaré muy ocupado hasta que se firmen todos los contratos que nos trajeron a esta ciudad. Creo que mereces unas largas vacaciones y por eso quise que vinieras, pero no es justo que la pases sola la mayor parte del día.
Yo quiero dedicarte todo mi tiempo libre y consentirte como a una princesa. Por eso ayer traté de acelerar el trabajo en las oficinas, sin embargo las juntas se prolongaron y surgieron nuevos asuntos que resolver-
-Yo la paso bien Albert. Además vale la pena estar aquí, no importa si es poco tiempo, me gusta verte a diario.
-A mí me encanta verte todos los días y saber que estás aquí me hace más feliz de lo que te puedes imaginar, pequeña.
-Quería ver a Patty Albert, pero si eso implica sepárame de ti creo que no lo haré.
-Candy, cuando nos vayamos de Nueva York podemos ir a Florida ¿Qué te parece?
-Excelente Albert, eso me encantaría.
-Aun así, me gustaría que encontraras alguna actividad de tu interés. Sabes, hoy tuve una reunión con los miembros del conglomerado Mathews Liberty. Uno de los principales accionistas tiene una gran institución que promueve actividades culturales, recreativas y altruistas. Sé dónde se ubica ¿Te gustaría conocerlo?
-Sí, me gustaría ir (contestó Candy con una espontánea y encantadora sonrisa).
-Entonces iremos mañana. Al medio día dejaré encargado a George y pasaré por ti.
Albert besó la mejilla de Candy y subió a ducharse para bajar a cenar con ella, Archie y George.
Tras la cena Albert la llevó a su guarida secreta. Encendió la calefacción y se acomodaron en la mullida colchoneta sobre la duela.
-Candy ¿Te gustaría que por las noches leyéramos juntos?
-Albert, sí me gustaría mucho. Pero sólo cuando no hayas tenido trabajo pesado.
He observado que a veces terminas agotado después de tanto papeleo y reuniones durante el día.
-Eso tiene solución, cuando tenga días difíciles tú leerás para mí en voz alta.
-¿Quieres que comience hoy?
-No pequeña. Ésta vez quiero ser yo quien lo haga; Sólo por complacerte. Ahora elige uno de los libros del estante que está en tercer el armario.
Candy se levantó y llegó hasta el armario. Abrió las puertas y se sorprendió. Encontró un hermoso librero secreto.
Tardó un poco en revisar la colección. Se sintió muy feliz, todos los libros llamaban su atención sólo de saber que pertenecían a Albert y le emocionaba mucho saber que escucharía el contenido de cualquiera de ellos en la voz de su amado; Así que eligió al azar.
Al volver a la colchoneta Candy se sentó entre las piernas de Albert, quedando su espalda cómodamente recargada contra el pecho de él.
Albert tomó el libro, acarició el cuello de su novia y comenzó a leerle en voz alta una de sus novelas favoritas: Noches Blancas de Dostoyevski.
Candy emprendió la marcha hacia un nuevo paraíso. Conforme avanzó la lectura cerró los ojos para adentrarse del todo y perderse entre los parajes del relato, deliciosamente sumergida dentro de la exquisita voz de Albert.
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Al otro día, como habían acordado, Albert pasó por Candy a la mansión. No llevó chofer, él mismo condujo y la acompañó al Instituto Liberty.
El edificio era lujoso por fuera y hermoso por dentro; Decorado con grandes cuadros de pinturas, retratos y paisajes de distintos artistas y fotógrafos. También había esculturas y grandes ventanales por los que se podía ver el inmenso y verde jardín repleto de altos árboles, senderos, fuentes y banquitas de piedra.
Caminaron hasta llegar al área de recepción, ahí les dieron diversos folletos y los enviaron a la oficina de informes e inscripciones; Una vez ahí, esperaron en un bello sofá a que los atendieran. Candy y Albert comenzaron a leer los folletos y a comentar acerca de las actividades que en ellos se describían.
Dentro del área artística había cursos y talleres de teatro, dibujo, pintura, danza, escultura y música. Talleres y clubs literarios, de fotografía y cine. Toda esa área ubicada en el primer edificio; en el que se encontraban.
Había otro gran edificio cruzando el jardín, el destinado al área de sociedad y comunidad; En la que se buscaban voluntarios. En dicho lugar se impartían clases gratuitas de manualidades, costura y cocina, así como talleres de primeros auxilios. Se daban también consultas gratuitas para los niños y las personas de la tercera edad y se contaba con grupos de apoyo.
Además durante todo el año se realizaban interesantes conferencias abiertas al público. Aparte de que el área cultural y artística ofrecía exposiciones, conciertos y obras teatrales de manera gratuita una vez al mes en el lujoso auditorio del instituto.
Candy estaba sorprendida. Conforme leía sintió ganas de participar como voluntaria en el área social y sin querer recordó a Damien. Sí, pensó en él; seguramente el joven doctor trabajaba en lugares como esos en Francia, entonces sin proponérselo una imagen le vino a la mente y lo visualizó en el Hogar de Pony… "Qué estará haciendo ahora"…
-Albert, me gustaría entrar como voluntaria en el área de ayuda social. Aquí dice que capacitan y aceptan a personas que quieran ayudar y como soy enfermera creo que puedo ser útil.
-No hables así, tú eres útil siempre; Dime ¿No sabías que una sonrisa tuya tiene el poder de alegrar la vida de cualquier persona Candy? Seas o no enfermera.
-Gracias Albert, saber qué piensas eso me alegra a mí.
-¿Entonces entrarás como voluntaria?
-Sí, aquí dice además que puedo elegir mi horario.
-Muy bien Candy, si quieres puedo contratar un chofer sólo para ti, o enseñarte a conducir.
-También podría viajar en transporte público Albert, me gusta ser independiente.
-Como tú quieras pequeña, aun así me gustaría que aprendas a conducir y cuando quieras te pueden traer en uno de nuestros automóviles. Además si estás de acuerdo, cuando yo pueda te traeré y vendré por ti.
-Sí, me gustaría mucho que vinieras por mí cuando puedas Albert. Pero en lo que aprendo a conducir quiero viajar en transporte como una persona común.
-Muy bien, así se hará Candy.
Albert besó los labios de Candy. Sintió que lo consumía una desenfrenada pasión por ella. La admiraba y amaba su manera de ser.
Mientras los rubios discretamente se besaban, una joven de corto cabello obscuro y grandes ojos azules llegó a la sala de espera y se sentó en un sofá ubicado frente a ellos. Cruzó las piernas enfundadas en altas botas de agujetas y buscó dentro de los bolsillos de su chaqueta de piel, un encendedor de plata.
-¿Señorita Douglas?
Se asomó de una de las tres oficinas un secretario.
-Sí, me espera el director.
-En un momento la anuncio, espere por favor.
-Claro.
Hayley arqueo las elegantes cejas, encendió un cigarrillo de modo voluptuoso para que destacaran sus labios carmesí y mientras lo hacía clavó su mirada en Albert. Él se dio cuenta de que lo veía fijamente y la evadió para voltear hacia Candy. Entonces Hayley siguiéndolo con la mirada, encontró el rostro de la pecosa "En dónde la he visto antes" pensó.
En ese momento una señora salió de otra oficina y se dirigió hacia la pareja de rubios.
-Buenas tardes ¿Vienen a pedir informes?
-Buenas tardes. Sí (respondió Candy).
-Síganme por favor.
Hayley suspiró, ese rubio sí que era atractivo y vaya que ella conocía hombres guapos, como Terry por ejemplo. Pero el hermoso rubio que acababa de ver tenía un porte único "Tengo que averiguar quién es… aunque normalmente me va mal cuando me enamoro a primera vista… ¡No importa! Averiguaré. Además la joven que lo acompaña... siento que la he visto ya, pero dónde ¡Dónde!"
Mientras tanto en Lakewood.
Damien entraba en su consultorio para atender su teléfono.
-¿Hola?
-Hola doctor. Habla la señora Claire Allison.
-Hola señora Allison, dígame por favor cómo está y en qué puedo ayudarla.
-Oh doctor, me he sentido un poco adolorida ¿Creé que pueda adelantar mi visita un par de días?
-Veamos… tenía cita el viernes ¿Un par de días dice? Eso significa que desea venir hoy, cierto.
-Bueno sólo si usted puede doctor.
-Claro que puedo. O también podría visitarla…
-No, no. Quedamos en que yo iría porque me vendría bien un poco de aire fresco ahora que mi nieta me puede acompañar.
-Pero señora Claire, si se ha sentido mal no sé si sea buena idea que camine tanto, el autobús la deja un poco lejos del hogar. Qué le parece si mejor ordeno un taxi para que vaya por usted y su nieta y las llevo de regreso, de todos modos vivimos en la misma calle.
-Doctor le agradezco mucho, eso sería maravilloso.
-Muy bien, entonces espere el taxi a las cinco treinta. Y a las seis la atenderé.
-Sí doctor, gracias.
-No agradezca señora Allison y mientras tanto descanse por favor.
-Así lo hare, hasta la tarde.
-Hasta la tarde.
La señora Claire colgó con una sonrisa pícara dibujada en el bello y tierno septuagenario rostro.
-Abuelita ¡Por qué lo hiciste!
Preguntó Glenda simulando enfado haciendo un puchero.
-Vamos, vamos. Una mentira blanca no es ningún pecado.
-Pero el doctor puede tener a verdaderos pacientes que va a dejar de atender por ti.
-Te equivocas, me atenderá a las seis y normalmente a esa hora ya terminó sus consultas en el hogar.
-¿Cómo es que lo afirmas?
-Porque he visto que pasa por la esquina de la dulcería siempre a la misma hora, a las ocho en punto.
-Eso no puede ser, él llega en su coche ¿No?
-Sí, pero lo estaciona y supongo que entra a su casa para después salir a dar la vuelta. Porque es muy predecible en sus paseos ¿Sabes? A las ocho pasa por la esquina a veces con su gatita en brazos y cuando no trabaja en el hogar pasa por esa misma esquina a las cinco de la tarde.
-¡Abuelita, eso está mal! Mentirle primero y ahora ¿Acaso haces de Sherlock Holmes?
-Ja, ja, ja. Nada de eso, verás él es muy listo. Creo que me conoce, sabe que soy una viejecita mañosa y me atrevería a asegurar que me sigue el juego. Por otro lado no soy ninguna detective, más bien soy una espía. Como sabes ya, descanso todas las tardes en el estudio; Ahí me siento en la mecedora a escuchar la radio y mirar hacia la calle por la ventana. Es mi pasatiempo más placentero, a esas horas observar y a veces hasta predecir el ir y venir de la gente y los vecinos, las charlas, los encuentros, los desencuentros… Hay tanto que ver y disfrutar aun cuando sólo se observa.
-Vaya creo que te pareces a waffy, ya ves que ella siempre estaba en las ventanas muy atenta al exterior.
-Pequeña insolente, no me compares con un gato.
-Perdón abuelita, no fue mi intención. Lo digo porque me encariñé con la gatita y la recordé.
-Lo sé, además yo diría que te encariñaste también con el dueño de la gatita.
-Abuelita pero qué dices, si sólo lo he visto una vez... y fue apenas el domingo. Cómo voy a encariñarme.
-Tienes razón, no puede ser cariño; debió ser un flechazo entonces, porque no creas que no me doy cuenta de la carita que pones cuando lo menciono.
-Qué carita.
-La que estás poniendo justo en este momento, ja, ja. Pero no te culpo, si yo tuviera cincuenta años menos…
-¡Abuelita!
-Nada de abuelita. Glenda, sólo deseo ayudarte.
-¿Adelantaste tu consulta con el doctor sólo por eso, por eso que imaginas que yo siento por él?
-Eso ya dijimos que es un flechazo, pero uno bueno, uno bueno. Prefiero ser tu cómplice ahora que cupido encontró un joven tan agradable y noble como el doctor y no lamentar que llegue después cualquier otro bribón a robar tu corazón.
Glenda se enterneció porque supo que lo decía por su mamá a quien cupido se llevara de su lado hacía poco más de veinte años. Entonces se acercó a la viejecita y la abrazó.
-No tienes que preocuparte por mí, yo no me dejaré nunca engañar por un hombre de mal corazón. Prometo que además estaré siempre a tu lado.
-Mejor prométeme que vas a ser feliz mi pequeña.
-Sí abuelita, lo seré; pero además te cuidaré también. Ahora vamos a tu habitación para que tomes tu siesta.
Glenda acompañó a la señora Claire a su habitación, la arropó y cuando la viejecita se durmió salió de la recámara.
Tenía que preparar una sopa de vegetales. Pero antes decidió entrar al estudio. A esa hora la pequeña habitación siempre tenía las cortinas cerradas, Glenda las abrió y la luz del sol iluminó su joven rostro. Entonces se sentó en la mecedora de su abuelita y comenzó a observar atentamente con la intención de encontrar algo de lo que su abuelita le había hablado. Primero ubicó la antigua dulcería, vio salir de ahí alegres niños portando toda suerte de golosinas en pequeñas bolsitas de celofán. Sonrió y se sintió inspirada y muy feliz ante las bellas escenas. Corrió a su habitación, abrió el cajón de su mesita de noche y lo revolvió hasta encontrar una pequeña libretita y un viejo lápiz. Volvió hasta el modesto estudio y comenzó dibujar. Hacía mucho que había dejado de hacerlo, pero sin duda aún tenía el talento. Dibujo con natural maestría los rostros de los niños y la fachada de las casas.
Después vio pasar a una señora con las compras y recordó que tenía trabajo pendiente en la cocina.
Continuará…
Espero que lean el capítulo, les pido disculpas nuevamente. Actualizaré con mayor frecuencia en adelante. Aún faltan tantos acontecimientos. Trataré de publicar capítulos más extensos también.
Perdón por la ausencia, aseguro que terminaré el fic.
Gracias por todo, recuerden que las aprecio y me encanta saber qué opinan en sus reviews.
Extraño el foro y el candymundo, les envío mil bendiciones. Volveré.
Luz
Fran
Glenda
Jahzeel
JENNY
Josie
Candice Andley
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Atte:
LisW. Andrew
