Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.


Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew

Capítulo 40

I

Enero terminó en un abrir y cerrar de ojos, o al menos así lo sintieron todos.

Candy pronto se acostumbró a la Fundación Liberty y asistía con entusiasmo todas las tardes, de lunes a viernes.

Entre semana Albert, Archie y George tuvieron mucho trabajo en las oficinas.

Sin embargo, Albert pasó los tres fines de semana que le restaron al mes con Candy.

Los sábados salieron al cine o de picnic, a dar paseos y a cenar después en algún restaurante que les resultara íntimo.

Los domingos se quedaban descansando en casa, conversando, leyendo y escuchando música, pero sobre todo disfrutando el uno de la cercanía del otro.

Albert siempre la sorprendía con algún detalle romántico que la dejaba soñando por días enteros, por su parte Candy lo alegraba a él con su ímpetu y él amaba el hermoso carácter de la rubia cada día más.

De igual manera los fines de semana Archie salió con Isabelle.

Los tres sábados fueron a distintos lugares. El primero, asistieron a una distinguida pasarela de moda. Isabelle quería ser diseñadora, Archie la consideraba tan hermosa que pensó que también podría ser modelo.

Ambos eran bastante hedonistas y asistieron los dos sábados restantes a elegantes clubs. Aunque también eran generosos, cuando veían en la calle a alguien en necesidad no dudaban en ayudarle.

Los tres domingos la señora Sabine Boissieu insistió en que Archie la pasara con ellos en su casa; es decir con Isabelle, con ella y con su esposo, el señor Jonathan Boissieu. Porque Edward pasó los tres domingos con Annie y con los Britter.

Archie e Isabelle Marie, en esos tres idílicos fines de semana descubrieron con alegría que tenían pasiones, ambiciones y metas demasiado similares. Eran el uno para el otro. Se ilusionaron más, y sin decirlo se imaginaron una hermosa vida en común. Pero también comenzaron a sentir profundamente el dolor y el miedo de tener que separase pronto. Ella partiría la tercera semana de Febrero, sus padres la esperaban en Francia para entonces.

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Relativamente lejos de Nueva York, en Illinois; para Damien también pasó muy rápido el mes.

Durante la semana laboral se dedicó a sus pacientes. Entre los que estaban los niños del Hogar de Pony y la señora Claire Allison; quien lo visitó dos veces en el Hogar, acompañada por su nieta, la joven Glenda.

Cada viernes, como de costumbre, jugaba béisbol o futbol con los niños del hogar.

Durante los fines de semana tampoco cambiaron las cosas demasiado para el apuesto y joven doctor. Sencillamente los pasó como le gustaba.

Durante el sábado descansaba y leía. Los domingos salía a caminar y a dar paseos por Lakewood hasta el atardecer, acompañado de su minina waffy. Disfrutando del ocaso y del dulce sonido de los ronroneos, sentado en alguna banquita de algún pequeño parque.

En ocasiones encontraba a Jimmy jugando futbol con sus compañeros del colegio en el parque principal. Entonces el quinceañero de grandes ojos azules, saludaba, charlaba y bromeaba con su amigo (y a quien al igual que Tom, comenzaba a ver como a un hermano mayor); el joven doctor, en las gradas del campo de juego.

Finalmente los domingos por la noche, Damien al regresar a su casa y llamaba sus padres o mejor dicho a su madre (Sabine lo tenía poco más de una hora atado al teléfono).

A poco más de una cuadra de ahí, Glenda pasó las semanas ayudando a su abuelita.

Aunque la señora Claire aún era bastante autosuficiente y en realidad tenía una excelente salud pese a su avanzada edad, a Glenda le gustaba ayudarla en todo lo que podía.

Al medio día la joven iba por las compras, llegando cocinaba y le agradaba mantener la humilde casa bonita y ordenada.

En las tardes, mientras la señora Claire tomaba su siesta. Glenda comenzó a pasarla en el estudio de su abuelita.

Abría la cortina y dibujaba en su libreta sentada frente a una pequeña mesita.

O cuando decidía pintar lo hacía parada ante un pequeño caballete.

Aunque lo que más disfrutaba y aceleraba su corazón era, no tanto ya su pasión por el dibujo y la pintura. Oh, no; eso pasó pronto a segundo término. Llo que ella más esperaba escondida tras la ventana no era la inspiración, sino presenciar algo que sucedía por lo regular cada lunes, martes, jueves y domingo:

Un alto y gallardo joven cruzaba el parque de la esquina de la calle en la que se situaba la ahora casa de Glenda, para caminar tranquilo a lo largo de la acera de enfrente.

A Damien siempre se le veía pasar con la mente en las nubes y los ojos atentos hacia el frente, sumidos en el horizonte, sin saber ni sospechar que oculta detrás de la cortina de gasa de una de las antiguas ventanas de la casa de la señora Claire, lo observaba la bella y soñadora jovencita.

* "Encontraré un lugar en la esquina

Voy a gastar el resto de mis días

Mirando pacientemente a través de la ventana

Viendo las estaciones cambiar

Algún día

Oh, mis sueños te empujarán a través del portal del jardín

Quiero ser el marinero errante

Somos siluetas a la luz de la luna

Me siento jugando al solitario al lado de la ventana

Sólo esperando a que las estaciones cambien

Ya verás

Un día estos sueños te empujarán a través de mi puerta

Y yo iré corriendo a atar tu zapato" *

II

Terry Grantchester comenzó el mes de Febrero con la agenda bastante ocupada y con una propuesta que le quitaba el sueño.

El director de una nueva compañía independiente en Inglaterra lo había llamado para invitarlo a que se integrara a esta, no sólo como parte del elenco y en el papel estelar de Macbeth, sino también como socio.

Con eso en mente, la semana avanzó para él. Era jueves por la tarde en Brodway y Terrence iba manejando en dirección al teatro St. James. Estaba esperando a que el semáforo le diera el paso cuando vio a Hayley llegar a la esquina. Ella estaba a punto de cruzar la avenida y él presionó con fuerza la bocina del automóvil.

La joven actriz volteó y lo vio, Terry hizo un ademán indicándole que la llevaría, entonces ella lo alcanzó y subió al asiento de enfrente.

-Creí que últimamente salías sólo en tu coche Hayley.

-Sí, pero anoche se averió. En la mañana vinieron por él.

-¿Se averió, cómo? Acabas de cambiarlo.

-Lo sé… Terry no estoy de humor ¡Cielos! No me cuestiones.

-Tranquila Hayl, vaya. No me tienes que dar detalles, sólo me pareció extraño.

-¡Diablos Terry, odio tus ironías!

Hayley estaba nerviosa, evidentemente algo le había sucedido, algo que quería esconder. De pronto sus ojos se humedecieron. Terry se dio cuenta pero no dijo nada para no incomodarla más.

Cuando llegaron al estacionamiento del teatro. Terry volteó a verla y notó que una lágrima bajaba por su mejilla. Sacó un pañuelo y se lo dio.

-No lo necesito, gracias. Estoy bien…

Pero en ese momento más lagrimas se precipitaron, sin poder evitarlo comenzó a llorar aunque contenidamente.

-¡Ahora sí me dirás lo que te sucede, somos o no amigos Hayley! No me gusta verte así… Y tengo la impresión de que tiene que ver con el mequetrefe de Carl ¡Demonios Hayley, te advertí…

-Sí… sí. Lo sé… me lo advertiste y… yo no tomé… en cuenta lo que decías… Pero… ¡tú tampoco me haces caso nunca cuando te aconsejo algo! (Sollozaba y al final fingió enojo)

Aún estaban dentro del coche, Hayley se debatía tratando de detener sus lágrimas y Terry se sintió conmovido. Sin pensarlo la abrazó. La joven al sentir su abrazo, dejó de llorar. Cuando ella se tranquilizó por completo, se separaron. Entonces Hayley lo miró y le sonrió un poco avergonzada.

-Tengo muy mala suerte Terry, me fijo en quien no debería.

-Mentira, que yo recuerde lo detestabas. Fue el estúpido de Carl quien te asedió hasta que aceptaste salir con él.

-Cierto, pero el punto es que acepté porque creí que comenzaba a agradarme y resultó ser un soez. Ayer fuimos a un club, se quejó de que yo era fría con él y comenzó a beber. Saliendo, insistió en conducir y el muy idiota chocó contra un poste dentro del estacionamiento del club. Por suerte yo no me subí al auto.

-¿En serio? Vaya imbécil, ja, ja, ja.

-¡No es gracioso Terrence!

-¿No?

-¡No!

-Está bien Hayl, como tú digas, ja, ja… Perdón, no puedo evitar imaginar lo absurdo de la escena. Sólo saliste con él porque el tipo era un obsesionado y el muy bastardo se atrevió a quejarse de que no lo quieres, ja, ja. Dime ¿Vendrá hoy al ensayo o resultó mal herido?

-Está ileso, sólo arruinó mi coche. Pero no sé si venga a ensayar. Después de que se estampó, bajó del auto y yo le dije que no quería salir nunca más con él.

En ese momento vieron a un asistente del director del teatro, buscando entre los coches.

-Ahí está Mathew, debe estar buscándonos. Bajemos ya Terry.

-Diablos, son las cinco cuarenta y dos. Nos hemos retrasado. Sí, vamos.

Carl Thompson, era un actor novato de veintidós años que había entrado a la compañía tres semanas atrás. Había admirado a Hayley desde hacía siete años, cuando la entonces adolescente actriz, actuaba en el papel de Dorothy en una adaptación dramática y experimental del Mago de Oz. Razón por la que Carl se empeñó en estudiar teatro y entrar a St. James

Terry y Hayley ensayaron sin contratiempos, el director no notó la ausencia de Carl, ya que sólo era un suplente.

Grantchester se dirigía a su camerino cuando notó que alguien se escondía tras el umbral del pasillo. Rápidamente atrapó a Carl.

-¡Qué diablos haces aquí!

-No creas que me escondo Terrence. Únicamente estoy esperando a Hayley.

-Parece que no sabes darte por vencido ¿cierto? Bien, te enseñaré…

Terry le dio un puñetazo tan fuerte que cayó al suelo.

En ese momento Hayley llegó hasta donde ellos estaban. Carl se levantó con la boca ensangrentada y Terry sujetó con ambas manos el cuello de la camisa del novato y lo levantó.

-¿Desistirás ahora?

-Sí, sí, suéltame ya. Ya no insistiré, lo prometo ¡Lo prometo!

Terry lo soltó y tomó a Hayley de la mano para llevársela a su camerino.

Una vez dentro, Terry fue hasta el vestidor y comenzó a cambiarse. Entre tanto Hayley se sentó frente al espejo con la intención de quitarse la peluca y el exceso de maquillaje.

-Ya no tienes loción Terry, iré a mi camerino y regreso.

-Ni lo pienses, yo te acompañaré. El idiota de Carl podría estar aun merodeando. Hay una loción nueva en el cajón.

Hayley abrió el cajón y entonces lo que menos le importó fue buscar la loción, porque la vio: Encontró la fotografía de Candy. En ese momento recordó que la había visto en la fundación. Sí, era la misma, ella era la hermosa joven que acompañaba al deslumbrante rubio que la había flechado y cuya cara no podía olvidar. Ahí, en ese cajón es donde ella había visto antes ese pecoso rostro, ella era la joven por la que Terry aún sufría ¡Ella!

-Hayley… ¿Qué sucede?

La joven saltó en el asiento.

-¡Terrence! ¡Me asustaste!

-No, tú me asustaste a mí. Quedaste tan absorta o mejor dicho embobada viendo dentro del cajón que no te percataste de que estaba detrás de ti.

-Lo siento.

-Ya la habías visto antes ¿Cierto?

-¿Cómo?

-La fotografía, la fotografía que estabas viendo, la fotografía de Candy.

-Ah… sí, sí. No es eso… es que…

-¡Qué sucede!

-Nada. Terry, sólo que creo haberla visto aquí en Nueva York ¿Sabes? A ella, la chica de la fotografía… Candy.

-Mmm, puede ser. Como sea no me lo digas ¿quieres? No necesito saberlo ¡No deseo hablar ya de ella!

Terry se acercó al cajón, sacó la botellita de loción y lo cerró de golpe.

-Ten, usa la cantidad que quieras.

Hayley se desmaquilló y Terry la acompaño hasta su camerino para que ella entrara a cambiarse a su vestidor. Juntos salieron del teatro y la llevó hasta su edificio para dejarla después ante la puerta de su departamento.

-Mañana pasaré por ti para ir al ensayo. También hablaré con David para que despida a Carl, ha demostrado que su único objetivo al entrar a la compañía era llegar a ti. Y sería conveniente que levantes una denuncia para que el tipo no se te acerque nunca más. Después del ensayo te llevaré a la estación si decides hacerlo, y atestiguaré en su contra.

-Gracias Terry. Sí, lo haré. Hasta mañana.

-Hasta mañana.

Terry bajó por las escaleras tenso. Estaba enfadado "el imbécil de Carl, todo era culpa del imbécil de Carl… o tal vez estaba celoso, nuevamente celoso… De qué, de quién. De Albert. Sí, estaba furioso porque de nuevo alguien le recordaba que ella estaba en Nueva york, con él. Al lado de él: De Albert"

No obstante aquél día, la semana terminó tranquila en el teatro St. James. Tras la denuncia, Carl se fue del teatro, dejó de buscar a Hayley y pronto todo volvió a la normalidad.

Al siguiente lunes por la mañana, Hayley se levantó temprano. Lo detestaba, le gustaba levantarse tarde los lunes. De mal humor se duchó, desayunó algo ligero y salió en su ya restaurado automóvil. Esa semana, comenzaban los nuevos ensayos en el teatro de la fundación Liberty; en donde de modo gratuito presentaría un monólogo para una causa benéfica al finalizar Marzo. Y no es que la joven actriz fuera tan altruista. Era su manager, la señora Perkins, quien la había hecho participe porque le servía para promover su carrera ante los medios.

III

Candy pasó una semana llena de ocupaciones pero se sentía bastante feliz.

Las tareas como enfermera voluntaria dentro de la fundación eran cada vez más.

Debido al carácter alegre, noble y humanitario de la pecosa, todos los que la conocían querían estar cerca de ella. A veces, la involucraban en algo aun cuando estuviese fuera de su área. Como solía pasarle, sin ella proponérselo, se había hecho popular en muy poco tiempo.

Incluso ya tenía un admirador secreto. Christian; un joven poeta (de apenas 18 años) que aspiraba a dramaturgo y que laboraba en el área de talleres artísticos.

A media semana había ido a la enfermería en busca de algún analgésico porque sufría una jaqueca; Nunca imaginó lo que le esperaba, o mejor dicho, quién le esperaba al cruzar la puerta: Una hermosa rubia de cabello rizado y grandes ojos verdes, que llevaba puesta la bata de voluntaria y un bonito pantalón acampanado de mezclilla bordada, pudo leer en su gafete su nombre: Candice W. Andrew.

La enfermería estaba sola, Candy acomodaba algunos estantes y él se acercó buscando el frasco de los analgésicos (aunque casi se le quitó el dolor de cabeza con sólo verla).

-Hola, buen día ¿Le puedo ayudar en algo?

La hermosa y fresca sonrisa de Candy lo deslumbró. "Ya me has ayudado" Pensó.

-Sí, busco los analgésicos, me duele un poco la cabeza.

-Mmm… veamos… Creo que los moví a la vitrina, espera… Sí, aquí están.

Candy tomó el frasco, llenó un vaso de agua purificada y le dio dos tabletas al joven.

-Gracias.

Christian Trust, el nieto de uno de los principales accionistas de la fundación, era bastante tímido e introvertido, aunque de noble corazón. Quería decir más, preguntarle su nombre, presentarse tal vez, pero sólo pudo decir "gracias" se sonrojó, las manos le comenzaron a sudar frío y salió de la enfermería. Recorrió los pasillos maldiciendo entre dientes su timidez o su cobardía, como el la llamaba.

Cuando llegó a su aula cerró la persiana y se sentó en su escritorio. Cerró los ojos para visualizar nuevamente la sonrisa que acababa de impactarlo. Tomó su libreta y comenzó a escribir. Estaba pleno de inspiración; sin duda había encontrado a una nueva musa… A parte claro, estaba la rebelde y bella actriz Hayley Douglas, con quien trabajaba ya en los ensayos del monólogo que él mismo había escrito exclusivamente para que ella lo representara.

Pero más allá de la gente que cada día conocía y de sus labores en la fundación, Candy era en extremo feliz porque su noviazgo con Albert cada vez era más hermoso, romántico e incluso comenzaba a tornarse muy apasionado aunque sólo fueran besos y pese a ser muy poco el tiempo que pasaban juntos entre semana.

IV

La tercera semana de Febrero, la de San Valentín, llegó. Pero para Archie no era precisamente algo digno de celebrarse; no cuando esa semana pensaba arrebatarle a Isabelle llevándola de nuevo a Francia.

Continuará.


* Letra de la canción de Brian Eno "I'll come running" traducida por mí.

Perdónenme queridas lectoras. Las aprecio y valoro mucho a todas. Pese a eso tuve semanas más que ocupadas. Entre el trabajo y dos proyectos musicales para los que viajo a mucha distancia tres veces por semana, más las tareas cotidianas de casa: Acabé agotada.

Cuando comencé el fic sólo trabajaba en un lugar y menos horas que en la actualidad.

No son excusas, sólo que eso pasó.

Sin embargo el fic seguirá, he pensado ponerle fin por respeto a ustedes, pero cuando encuentro tiempo para escribir, los personajes me piden más; por así decir.

Y surgen nuevas situaciones. Ya sé hacia dónde voy; eso desde el primer capítulo. Pero en serio que entre más pienso en ponerle final suceden mejores cosas.

Así que no, no terminará en uno o dos capítulos más. Sólo les pido paciencia. Haré todo lo posible por terminar el fic en dos meses máximo, no más. Y de actualizar ya en adelante cada semana aunque sean capítulos breves.


Glenda: También te extrañe, gracias por estar al pendiente.

tutypineaple: Gracias por darte una vueltecita, querida tuty ¡Tú sí que escribes! Admiro que tienes ya muchas historias, yo estoy en la segunda tuya y aún no la termino de leer. Sólo acabé Diseñada Para Mí.

hikarulantisforlove: me gusta tu nickname (siempre lo pienso y no te lo escribo) y de tus reviews gracias mil, qué bien que te gusten las historias que se desarrollan paralelamente a Albert y Candy.

Luz: Extraño el foro, tengo pendiente el final de tu Archie Fic uqe iba genial. Gracias por tus reviews y por seguir Despertando a Tu Encuentro. Sí, puedes considerar que éste Archie es sólo para ti.

paulayjoaqui: gracias por seguir la historia, por la paciencia y por tu review. Tranquila no es que se compliquen gravemente.

JENNY: Mil disculpas por la demora y gracias por seguir leyendo.

Josie: Como de costumbre tus reviews simpáticos me alegran, la viejita celestina, ja, ja, sí la

abuelita estaba haciéndola de cupido pero ya vez que se calmó. Gracias por seguir comentando.