Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 48
…-Gracias a ti. Mi abuelita se alegrará mucho al saber que le envías estás flores.
-Y éstas son para ti; Adiós.
Damien le entregó el ramo de tulipanes rojos y rosas blancas. Al hacerlo le sonrió un poco coqueto, un poco tímido y se fue, dejando a Glenda perpleja…
Quince minutos después, Damien llegó a su casa. Sus padres estaban terminando de desayunar.
-Damien, llegas a tiempo. Te serviré el desayuno. Tu padre ha hecho jugo de naranja y café. Yo preparé ensalada de fruta, pan cakes, tocino y huevos; después de todo estamos en América.
-Gracias.
Damien fue hasta donde se encontraba Sabine y le entregó el ramo de rosas con crisantemos a la vez que le daba un tierno beso en la mejilla.
-Pero antes me ducharé. No tardo.
Cuando Damien ya estaba en su habitación, Sabine se levantó de la mesa para poner las rosas en un jarrón de cristal. Jonathan llevó el florero hasta la mesita de la sala, a la que ambos se dirigieron para tomar el café frente a la pequeña chimenea.
-Tenemos un hijo muy detallista Jonathan, recordó lo mucho que me gustan los crisantemos y las rosas. Me siento orgullosa de él. Siempre lamentaré lo dura que fui cuando decidiste adoptarlo.
-Vamos, Sabine. Eso ha quedado en el pasado. Damien pronto se ganó tu corazón y nunca lo hiciste sufrir. Lo hemos educado bien, está convirtiéndose en un gran hombre.
-Apenas tiene veinte tres años Nathan. No puedo verlo como un hombre, es demasiado joven. Muchas veces me parece un chiquillo aún. Lo mismo me pasa con Edward. A propósito de Ed, espero que a nuestra llegada nos dé una grata noticia.
-Sí, seguro logrará firmar el contrato con Mc Millan.
-Jonathan, no me refiero a eso.
-Ya veo, entonces te refieres a la señorita Britter.
-Desde luego, Jonathan. Han salido en muchas ocasiones. Estoy segura de que Annie le interesa en serio, porque Edward no suele salir más de un par de veces con la misma chica. Espero que cuando regresemos ya sean novios.
Sabine y Jonathan siguieron charlando y pasados veinte minutos, Damien los alcanzó en la sala.
-Llevaré los regalos al coche.
-No Damien, primero desayuna por favor.
-Sí hijo, tu madre y yo llevaremos los regalos.
-No tengo mucho apetito. Pero está bien, lo haré sólo porque ustedes lo han preparado.
Damien se sirvió jugo y un poco de fruta. Entre tanto, sus padres llevaban al automóvil los regalos que, el día anterior, Sabine había dejado listos. Ella había pasado la tarde entretenida decorando las múltiples cajas con coloridos papeles brillantes y grandes moños.
Cuando Damien terminó de desayunar Jonathan y Sabine ya estaban esperándolo en su coche. El joven doctor subió enseguida a su automóvil y lo siguieron.
Llegando al Hogar de Pony, los niños que aún no estaban en edad de estudiar en el pueblo, se encontraban en una de las aulas del Hogar. Se intrigaron al escuchar dos coches en vez de uno. Reconocían el sonido del automóvil de Damien, pero corrieron a asomarse a la ventana para averiguar con quién llegaba el doctor.
Lo vieron bajar de su coche para dirigirse a abrir la puerta del otro automóvil (mucho más lujoso que el de Damien). Un hombre maduro y elegante bajo de ese auto. Del otro lado, una sofisticada y hermosa mujer tomó la mano de Damien para bajar, y los tres se dirigieron a la entrada del Hogar.
La Señorita Pony los recibió y llevó a los padres de Damien hasta la sala principal. El doctor los presentó y charlaron durante algunos minutos.
-Señorita Pony, discúlpeme. Me temo que la dejaré con mis papás. Mis pacientes me esperan.
-Descuida Damien, llevaré a tus papás a conocer el hogar y después les ofreceré té en el jardín. Ha salido el sol por fin y es un día hermoso. Recuerda que en dos horas anunciaré un receso para que puedan dar los obsequios que trajeron a los niños.
-Gracias señorita Pony, nos vemos en dos horas.
Damien primero fue al área sur de la pequeña clínica a visitar a Richard y después comenzó sus consultas matutinas.
Entre tanto…
-Las flores que nos ha regalado el doctor Damien son un gesto tan amable, eso se lo tengo que agradecer en persona. Es un buen día para un malestar inexplicable. Y después de todo, me sentará de maravilla un paseo en el campo, hoy no hace frío.
-¡Abuelita, cuál malestar inexplicable! Nadie te creerá, si te ves bastante bien ¡Está muy mal que finjas enfermarte!
-¡Quiero visitar al doctor! Digamos que, adelantaré la cita que le había hecho esta semana. Iré hoy, en vez del viernes. Mejor dicho, iremos hoy… Y tal vez también el viernes.
-¡Es un médico, no un pasa tiempo!
-Pero mis pequeñas visitas han resultado. Mira que hoy te acompaño de compras, quién lo diría. Es un avance ¿Y dices que conociste a su madre?
-Sí, al principio me sentí insegura, pero después me pareció simpática. Es muy hermosa y elegante. El doctor debió heredarlo de ella.
-¿Lo hermoso?
-Oh, no abuelita… yo no quise decir eso… me refier…
-¡Decidido, iremos hoy! Sé que te agrada acompañarme, aunque me lo quieras ocultar. Qué te parece si mejor vas a ponerte algo lindo y nos vamos ya.
-Pero me pone nerviosa ir ¡Que pensará el doctor!
-No me desobedezcas. Ve, y repito, usa algo lindo.
-¿Algo lindo?
-Sí, cámbiate ese vestido. Ponte mejor una de tus faldas plisadas y un suéter bonito. Después ve a mi recamara y busca en mi tocador algunos broches para el cabello, usa los que te gusten. Yo no los he usado desde hace muchos años y se te verán bien, creo que aún no pasan de moda.
-Está bien abuelita, sólo porque tú me lo ordenas.
Glenda fingió que lo hacía por obligación, pero aunque nerviosa, estaba feliz de "obedecer" a la señora Allison.
"Mi pequeña nieta, a mí no me engañas, te gusta el joven doctor y me encantaría que él te correspondiera. Sólo te ayudaré a dar los primeros pasos, sé que lo conquistarás"
La señora Claire y Glenda llegaron al Hogar y se dirigieron a la sala de espera del consultorio de Damien.
En uno de los pasillos se encontraron, ni más ni menos que a la señora Boissieu.
Glenda se puso nerviosa y quiso ocultarse ¡Qué pensaría la madre de Damien al verla otra vez y ahí! Pero no tuvo ni dónde esconderse, ni tiempo de hacerlo.
-Oh, señorita Kent, es la segunda vez que nos encontramos hoy.
-Sí, Señora Boissieu (dijo nerviosa) He venido con mi abuelita a consulta.
-Oh es un gusto conocerla señora…
-Claire Allison: El gusto es mío Señora Boissieu, su hijo es un médico muy bueno y muy noble.
-Gracias. Y me alegra ver que ya está bien, yo creí que estaba en su casa recuperándose.
-Oh, no. Me siento mejor ahora. No soporto estar mucho tiempo en cama. Después de las atenciones que el doctor Boissieu me brindó anoche, me recuperé casi en totalidad. Pero, verá; mi nieta se asustó cuando le comenté que la jaqueca volvió a aparecer y le pedí que me trajera. Más vale una revisión en este momento y no volver a llamar al doctor durante la noche
(Por fortuna Glenda le había comentado lo que Damien había dicho a su madre).
-En eso estoy de acuerdo, y espero que todo esté bien señora.
Sabine intuyó que la señora Allison estaba encubriendo a Damien. Seguro no había pasado la noche cuidándola. Pero en vez de molestarse le pareció cómico. Así que la señora lo solapaba... Además, la señora Claire no sabía actuar, ya que no parecía tener dolor de cabeza alguno.
En ese momento salió del consultorio el último paciente del turno matutino.
-Señora, mi hijo ya está libre. Pase usted a verlo y mientras tanto permita que su nieta me acompañe; si no es mucho el atrevimiento.
-Oh, no diga eso. No es ningún atrevimiento. Glenda, hija, acompaña a la señora Boissieu.
Sabine se sentó en uno de los sofás de la sala de espera y después Glenda hizo lo mismo.
-Glenda ¿Tienen algo importante que atender saliendo de consulta?
-Oh, no señora Boissieu, creo que no. Sólo regresaremos a casa.
-Te lo pregunto porque me gustaría pedirles que nos acompañen a entregar regalos a los niños. Son bastantes. ¿Quieres ayudarnos? El receso está a punto de comenzar.
-Sí señora Boissieu, me gustará mucho ayudarles.
Entre tanto en el consultorio…
-Qué raro ¿Está seguro de que todo está bien doctor?
-Seguro. Usted se encuentra bien; Pero señora Allison recuerde que no necesita de pretextos. Si le gusta venir al Hogar y visitarme, puede hacerlo. Incluso siempre será bienvenida en mi casa.
-Gracias doctor, lo admito; Quería salir a dar un paseo y me gusta visitarle aquí. El Hogar cada día está más bonito y es agradable ver a los niños. Pero por favor, no se lo diga a mi nieta. Ella sospechaba de mí y le desagrada que mienta.
-Descuide, ya no serán necesarias más mentiras. Ahora la invito a acompañarnos a mí y a mis padres. Daremos regalos a los niños ¿Viene?
-Por supuesto, son como mis nietos. Me hará muy feliz participar.
Damien sonrió enternecido y salieron del consultorio. Ciertamente la señora Allison representaba para los niños y para él mismo a la abuelita que les faltó y que le habría gustado tener: De apariencia tierna, carácter cálido, entusiasta y dulce. Aunque no podía asegurar que a su nieta, él la viese con mirada fraterna.
Saliendo del consultorio, al ver a Glenda le sonrió. Sabine se levantó.
-Damien, señora Allison ¿Nos acompañarían a la estancia principal con los niños, no sé si ya esté en condiciones, puede Damien?
-Sí puede, de hecho la he invitado también. Vamos.
Los cuatro fueron a la sala principal. Damien encontró a su padre acomodando las bolsas con los regalos. La Hermana María y la señorita Pony llegaban con los niños.
-Damien y Glenda, por favor ustedes repartan los regalos aquí frente a la chimenea. Jonathan, deja ahí las bolsas y acompáñame; ellos se encargarán.
Los padres de Damien se sentaron en uno de los sofás, en el otro estaban La Hermana María y la señorita Pony. La señora Claire Allison se sentó el sofá individual.
Los niños rápido rodearon a Damien y a Glenda e hicieron que se sentaran uno frente al otro, sobre el amplio tapete. Así comenzaron a recibir y abrir sus regalos en torno a ellos.
-Richard me alegra que te sientas mejor, éste es para ti.
-¡Gracias doctor!
-Pequeña Marianne, éste para ti…
...Así paso media hora.
-Qué te parece Glenda, ¿o debería decir señorita Claus? Cualquiera diría que de nuevo es veinticinco de diciembre. Incluso hoy están recibiendo más regalos.
-Sí, Santa, son muchos juguetes. Terminaremos dándoles dos a cada uno.
-Creo que mi madre no me perdonó el pasar aquí la navidad y quiso cobrármela. Pero admito que es agradable volver a vivirlo.
-Sí lo es y los niños te quieren mucho, creo que con o sin regalos, son felices siempre que pasas tiempo con ellos.
Al escuchar eso, Damien sin proponérselo recordó a otra persona que también hacía muy felices a los pequeños, pero al mismo tiempo descubría el involuntario poder seductor de la mirada de Glenda. Sus ojos también eran verdes, aunque de un tono olivo. Muy distintos al verde esmerada de Candy, pero igualmente bellos.
El receso se extendió una hora más. Entonces Sabine y Jonathan se despidieron y se ofrecieron para llevar a la señora Claire y a Glenda de regreso al pueblo. A Damien ya lo esperaban sus pacientes vespertinos.
