Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 49
::::::: Nueva York :::::::
Caía la tarde de ese martes en la gran ciudad. Terry estaba en su departamento preparándose para salir, buscaba su reloj de plata y en el tapete de la sala, junto a la pata de uno de los sofás, vio un prendedor azul. Lo levantó y recordó lo sucedido la noche del domingo:
Tras besar apasionadamente a Hayley, en el pasillo. Entraron al departamento y sin encender la luz Terry la llevó hasta el sofá.
Se recostó sobre ella y besó sin tregua su cuello y sus labios.
Todo iba bien hasta que sonó el teléfono. Terry lo ignoró pero debido a que no dejaba de sonar, Hayley se incorporó y le pidió que contestara, tal vez era algo importante.
Él contestó.
Se trataba de Eleonor, que lo llamaba, porque presentía que su hijo la pasaba mal al ser otro San Valentín solitario.
Aunque su madre no la mencionó, la breve llamada lo hizo evocar nuevamente a Candy. Lo que ahora, era sinónimo de saberla con Albert. En un instante, los imaginó celebrando juntos el día de los enamorados.
La idea volvió a torturarlo y cuando regreso con Hayley no le pudo ocultar su molestia. Sin embargo, a la chica pareció no importarle y lo volvió a besar. Pero él la apartó de su lado.
Hayley lo abofeteó, se levantó del sofá y sin siquiera voltear a verlo, abandonó su departamento, dando un sonoro portazo.
Él consideró que detenerla o alcanzarla sería inútil y empeoraría la situación.
Después de eso, al otro día no la llamó y no la había vuelto a ver en el teatro. Hayley faltó al ensayo del lunes por la tarde. Y ese martes, el que no tuvo llamado fue él.
Ahora estaba a punto de salir a un encuentro, que pronto cambiaría el rumbo de su vida.
Su reloj, estaba debajo de una de las almohadas del sofá. Se lo puso, ordenó algunos papeles y salió. La entrevista estaba programada a las seis y apenas eran las tres, pero no quería permanecer más tiempo en su departamento.
Condujo sin rumbo cerca de una hora, eso lo distraía y relajaba.
Aún podía cambiar de opinión. Pero no, no lo haría; la decisión ya estaba tomada.
Volvió a Manhattan y se estacionó a una cuadra del lujoso edificio Knickerbocker. Cerca de ahí estaba el bar, en el que más tarde se entrevistaría con Ralph Davies; decidió adelantarse.
Terrence se internó en el rincón más alejado y solitario del lujoso bar y pidió un whiskey doble.
Bebiendo pausadamente con la mirada perdida y la mente absorta, esperó hasta que Ralph llegó.
Después de cuarenta minutos de charla…
-Si lo desea, lea nuevamente y con calma el contrato en estos días Terrence. Nos podemos reunir antes de que la semana termine.
-No, ya leí suficiente y firmaré en este momento.
-Hace bien. En Inglaterra le espera un mejor futuro. Lo que su carrera teatral merece.
-Sí. Y cuanto antes me vaya, mejor.
-Arreglaré todo para que partamos el lunes a primera hora, como usted desea.
-Bien; hágalo. Ahora me marcho.
Ambos se levantaron, Ralph estrechó la mano de Terry. El actor sonrió sólo por cortesía, dio media vuelta y se fue.
:::::::::::: ::::::::::::
Entre tanto, también en Manhattan, en una cafetería exclusiva y glamorosa se encontraban Hayley y Christian Trust.
El joven de largo cabello negro y ojos verde esmeralda, y la actriz de, en contraste, muy corta cabellera negra y mirada de zafiro, charlaban acerca de la gira, que emprenderían con el monologo, en Abril; Al terminar sus presentaciones en el teatro del Instituto Liberty.
-En general, nuestro debut el domingo tuvo una gran acogida por parte de los invitados. No sé de qué te quejas y por qué estás tan ansioso ¿Estás celoso de que los elogios han sido para mí, de que no te hayan mencionado en el artículo que acabas de leer? Vamos Chris, no los tomes en serio. Así se comportan los medios con los novatos.
Hayley, con desprecio, apartó el periódico de la mesa.
-No es eso. Lo que pasa es que asistieron únicamente invitados especiales. Socios del conglomerado y de la fundación. Aún no nos enfrentamos al verdadero público, a la gente que asistirá de manera gratuita a partir de éste domingo. Espero que en verdad les guste. En base a eso se decidirá si nuestros patrocinadores apoyarán la gira.
-Les gustará Christian. Ahora cambiemos de tema, te lo suplico. La tarde es fría, y puedo ver que este tema te está afectando ¿O hay algo más que te entristece? Dijo mientras encendía un cigarrillo.
-Por favor Hayley, no fumes. Deja tu pose de diva moderna.
-Diablos Christian ¡Con qué derecho me pides que no fume! ¿A caso te preocupas por mí?
-Sí, me preocupo. Pero no como tú piensas.
-¿Ya superaste lo que te inspiraba? Aún tengo los hermosos poemas que me escribías… No me digas, ¿Al fin has puesto tu idealista y soñador corazón en alguien más?
-No molestes Hayl…
-Cómo sea, no me digas. Sólo espero que esta vez sea en alguien que pueda corresponderte…
-Descuida, no es tan inalcanzable como una ególatra actriz. Aunque no es nada fácil de cualquier manera…
-¡Que cara! Pasaré de largo tu velado insulto, sólo porque es obvio que, sea quien sea, cupido te está haciendo sufrir…
-Hablando de actores con el ego por los cielos ¿Qué tal la pasaste con Terry tras la función? Yo hice mi parte y desaparecí.
-¡Yo en ningún momento te pedí que me dejarás sola con Terrence!
-¿Ya no es Terry? Vaya, vaya. Te fue mal. Y tú diciendo que cupido era cruel, sólo conmigo.
-¡Y qué tiene que ver cupido con esto!
-Terry y tú son tan parecidos; pensé que algo tenía que hacer cupido al respecto. Después de todo fue noche de San Valentín…
-Vaya Christian, me sorprendes. Cuando te conocí eras un tímido y romántico cachorrito. No te conocía ese lado mordaz.
-Perdóname Hayley, perdóname por favor ¿Cómo hemos llegado a esto? Tengo que admitir que gracias a tu carácter directo y rebelde; contigo pierdo la timidez e inseguridad, que incluso ante los medios, no he podido dominar. Perdóname, lo que pasa es que soy yo el que la paso mal el día de San Valentín ¿Sabes?
-Si no lo dices, no me doy cuenta.
-No seas tan irónica.
-Lo siento. Yo tampoco la pasé muy bien tras la función, lo confieso…
Tras una hora de charla, los dos jóvenes se desahogaron hablando de las decepciones que enfrentaron ese San Valentín.
Y así fue como Hayley Douglas se enteró de que Candy ¡Sí Candy, la rubia por la que Terry aún sufría y por la que seguramente la había rechazado, trabajaba en el Instituto!
Chris le dijo, que había dejado en la enfermería invitaciones para que asistiera a la obra. Pero que la hermosa enfermera, no había asistido.
-Christian ¿Por qué no la invitas de nuevo? Está vez hazlo en persona. No hagas una tragedia de esto, vaya que los poetas son dramáticos. Tal vez simplemente no vio las invitaciones y…
-Candy no ha ido a Liberty.
-¿Ha dejado de ser voluntaria?
-No. Pregunté al director y me dijo que estará ausente un par de días más.
-Bueno, eso quiere decir que el jueves o el viernes regresará. ¿Cuál es el problema?
-Tienes razón, la invitaré.
-¿Por cierto, no es ella un poco mayor que tú?
-¿Por qué lo dices, la conoces?
-Yo, no. Sí la conociera no te lo preguntaría. Es que dijiste que es enfermera. Tú ejerces una carrera prematuramente, gracias a que tu abuelo tiene influencias. Pero en Liberty normalmente laboran enfermeras con mucha experiencia.
-Ella es voluntaria. Tiene diecinueve años; sólo es un año mayor que yo.
-Tan tímido no eres si ya se lo habías preguntado.
-No es eso, la extrañaba y vi sus credenciales.
-Claro, el poeta quería ver su fotografía, porque no podía contemplar su rostro. Eso lo leí en un poema que me habías escrito a mí.
-Sí. Aunque aún eres mi musa; Los alocados poemas que te escribí fueron antes de conocerte. Admito que te admiro mucho aún, pero tú sabes que no congeniamos en ese sentido... ¡En cambio Grantchester es perfecto para ti! Perdóname Hayl; ahora hablo en serio, no es por molestarte Sinceramente creo que ambos serían muy felices juntos.
Estuvieron en el café una hora más. Ya había anochecido cuando salieron.
El chofer de Christian ya los esperaba a la entrada del café. Primero fue a dejar a la actriz hasta la entrada de su edificio. Y después Christian pidió al chofer que se marchará sin él. El joven aún quería dar un solitario paseo por la ciudad.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Paralelamente dos parejas, cada una en distintos lugares, con diferentes usos horarios. Cada una en medio de su propio paraíso, pasaron un martes inolvidable.
Albert y Candy dejaron las rosáceas arenas de la Isla Harbour, para regresar a las Bahamas. En Nassau, la capital, se registraron en un sencillo pero bonito hotel y Se dedicaron a turistear.
Pasearon en tranvías y autobuses, visitaron templos y plazas. Compraron bocadillos exóticos, escucharon a los músicos de la calle. Y divirtiéndose en grande, hasta quedar felizmente exhaustos; regresaron al nuevo hotel. En el que muy a pesar de lo que Candy hubiera querido, también tenían suites separadas.
Por su cuenta; Archie e Isabelle, el martes lo pasaron a solas en la Isla Maui. En una cabaña turística privada a orillas del mar.
Dieron románticos paseos a lo largo de la hermosa playa. Al atardecer nadaron, en la también privada piscina de la amplia y lujosa cabaña. Disfrutando del cálido clima y de refrescantes cocteles, hasta que anocheció. Entonces volvieron a la cabaña, se ducharon y cenaron.
Para finalizar su día volvieron a la playa y se recostaron sobre la arena bajo las estrellas que centelleaban espléndidamente. Ahí se besaron durante horas.
::::::: Miércoles 17 de Febrero de 1971 :::::::
Debido a que el vuelo de regreso a Nueva York sería largo (diez horas y media). Archie e Isabelle dejaron Maui al medio día, para viajar en yate hasta el aeropuerto en Honolulu.
Ahí, ya los esperaba el lujoso avión privado de la familia Andrew.
Durante el vuelo disfrutaron al máximo de sus últimas horas juntos.
El avión contaba con una sala de juegos y lujosos, mullidos y amplios asientos. Además de una alcoba privada.
Llegaron a Nueva York a media noche.
Isabelle se sintió desconsolada apenas descendió y aterrizó el avión.
Las lágrimas inundaron sus ojos silenciosamente y descendieron como violentos ríos empapando sus mejillas. Apenas bajaron del avión, el helado viento golpeó sus rostros.
Archie en plena pista la abrazó con fuerza y también tuvo ganas de llorar, pero se contuvo lo más que pudo, tratando de infundirle a Isabelle, la fuerza que ella necesitaba.
La pelirroja, mientras seguían abrazados le dijo entre sollozos:
-Archie, seguro mis tíos han venido por mí ¿No podríamos escaparnos, sólo una noche más? Llévame contigo una noche más. Mañana estaré aquí de nuevo y partiré... Archie no quiero perderte.
-Vamos hermosa, no me perderás nunca. Así tuvieras que irte a China, yo seguiré siendo tuyo ¿Ya olvidaste que no sólo eres mi novia, sino que ahora eres mi prometida? Aunque no hay un compromiso público, sabes que te he pedido que te cases conmigo, porque en verdad es lo que deseo. Te amo más que a todo. No llores más. Si me pides que escapemos, no sólo esta noche, sino por el resto de nuestras vidas. Lo haré, y viviré feliz huyendo contigo.
-Archie, perdóname. No quiero que cometas imprudencias.
-Hablaré con tus tíos y si ellos están de acuerdo, te llevaré a casa conmigo y mañana yo te traeré.
En el aeropuerto, Archie habló con el señor Jonathan Boissieu, mientras Sabine trataba de consolar a su sobrina.
Jonathan y Sabine, se sintieron profundamente conmovidos al ver a Isabelle tan triste y dejaron que se fuera con Archie.
-Odio las despedidas Jonathan. Nosotros apenas hoy por la mañana, tuvimos que dejar de nuevo a nuestro Damien en Illinois y este par de enamorados, tendrá que separarse mañana.
Al salir del aeropuerto los tíos de Isabelle partieron en su limosina. Ellos subieron al lujoso coche que los aguardaba ya.
Archie abrazó a Isabelle dentro del coche. Ella aún lloraba en silencio, tratando inútilmente de no hacerlo más.
El coche avanzó a la avenida principal.
Hacía mucho frío, ambos llevaban gruesos y afelpados abrigos.
Isabelle abrió el abrigo de Archie para acurrucarse dentro del mismo, sobre su pecho.
Entonces, para su sorpresa, oyó cómo Archie le pidió a Jack, que no los llevara a la residencia Andrew.
-Jack, llévanos hasta mi departamento por favor. Ahí llamaré a Albert ¿Por cierto mi tío y Candy han llegado bien?
-Sí joven Archie, el señor William y la señorita Candice llegaron puntualmente por la tarde; casi al anochecer. El vuelo no tuvo ningún contratiempo.
-Me alegro por ellos Jack.
El resto del trayecto fue silencioso. Archie guardó la compostura e Isabelle aparentaba haberse tranquilizado. Por dentro ambos sentían un profundo dolor.
En su departamento lo primero que hizo Archie, aún antes de encender la luz, fue besar a Isabelle. Lo que pasó a continuación no es apto para menores.
Ellos no pudieron evitarlo, colmados de amor y de dolor al mismo tiempo, pensando en que a la mañana siguiente ella partiría. Se amaron toda la noche tratando de apaciguar sus almas, que anhelaban permanecer unidas.
Albert tras recibir la llamada de Archie, supo exactamente lo que le estaba pasando a su sobrino. Que más que su sobrino, era ahora como su hermano.
Agradeció que a él, ya nada lo separaría de Candy; Pero se afligió al pensar que eso no era del todo cierto. No faltaban en su agenda los viajes de negocios. Y no estaba seguro de si Candy, querría acompañarlo en todos; Él no quería que la rubia se sacrificase por él y dejara sus actividades cada que él tuviese que irse.
Pero la aflicción de ese pensamiento duró muy poco.
Colgó el auricular del teléfono y sentándose frente al escritorio, dirigió su azul mirada hasta donde estaba Candy.
La rubia dormía en el amplio sofá del despacho, frente a la chimenea.
Albert tenía el corazón rebosante de felicidad. Ellos apenas regresaban del paraíso. Se sentían plenos y más enamorados que antes. Sí, aún más enamorados.
Era sorprendente cómo su amor crecía sin conocer límites. Pese a que ellos aún no compartían, ni exploraban la intimidad de sus cuerpos, sus almas ya eran una sola.
Lo demás podía esperar al momento ideal. A cuando Candy estuviera lista, pensó Albert. Porque él, en todos los sentidos la anhelaba, pero sabiendo y sintiendo que su amor iba aún más allá de eso, esperaría por ella.
