Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.


Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew


Capítulo 50

:::::::: Jueves ::::::::

Albert, Candy y George, por la mañana, tras haber desayunado; Salieron de la mansión.

Primero, Jack se detuvo frente al instituto Liberty.

Albert bajó del coche para acompañar a Candy hasta la entrada y la besó en los labios al despedirse. Regresó al coche y partió con George hacia Wall Street.

Isabelle amaneció en brazos de Archie. Al levantarse, tomaron un baño de tina juntos y desayunaron algo preparado por ellos mismos.

La nostalgia los invadía por momentos como esos. Parecían recién casados y estaban a punto de separarse. Pero al mismo tiempo, se sintieron más seguros que antes de entrar en el departamento.

El amarse frenéticamente durante toda la noche, calmó un poco sus corazones. Otorgándoles una nueva fuerza, llena de la paz de saberse plenamente correspondidos.

Comprendieron que la distancia nunca sería mayor que el amor que compartían y que los uniría siempre.

Isabelle quiso sonreír mientras preparaban el almuerzo, Archie también lo hizo. De esa manera, los dos, durante los meses que estuvieran separados, recordarían el uno la hermosa sonrisa del otro.

Cuando bajaban por la escalera del edificio, Archie le entregó a Isabelle un pequeño paquete.

-Ábrelo cuando estés en Paris.

Archie besó los nudillos de Isabelle, ella besó sus labios con dulzura y enseguida bajaron al estacionamiento.

Poco después, al llegar a la sala de espera del aeropuerto, encontraron a Jonathan con Sabine y Edward.

Edward se aproximó hasta ellos.

-¡Archie!

-Edward, perdona el retraso, yo…

-No necesito detalles, sólo espero que seas un hombre y en verdad sepas lo que has hecho. Isabelle aún tiene muchas responsabilidades en Francia. Detestaría que su futuro no fuese lo que ella anhelaba, a causa tuya.

-Edward, te aseguro que sé lo que he hecho. Y te aseguro también, que mi futuro sin ella no tendría sentido.

Edward comprendió que Archie en verdad amaba a su prima, porque su respuesta fue autentica y sincera.

-Está bien Archie, te creo.

-Edward, por qué te has puesto así. Yo decidí hacer el viaje a Hawái con Archie y más que a mi carrera lo amo a él. Si por mí fuera, continuaría con mis estudios aquí mismo. Pero sabes bien que eso no me es posible. Mis padres nunca lo permitirán.

-Tranquilízate Isa, Edward sólo lo dijo porque te aprecia y se preocupa por ti. No me ha ofendido, por el contrario me alegra saber que le importes tanto.

-Aún así Archie, Ed me conoce, debería confiar en mis elecciones.

-Cierto Isabelle, te pido que me disculpes por entrometerme así. Pero sabes que para mí eres como una hermana; No lo pude evitar.

Edward abrazó a la pelirroja con ternura. Y ella comenzó a sentirse muy triste de nuevo. Era cierto; él era lo más parecido a un hermano mayor. Y en ese momento se hizo consciente de que también lo estaba dejando a él ¿Quién sería su apoyo en Francia mientras no viera a Archie?

-Oh Ed, me harás mucha falta en Paris.

La joven mientras aún abrazaba a su primo, de nuevo sintió una fuerte punzada en el corazón, que bajó llegando hasta su abdomen. Y contra su voluntad, las lágrimas la invadieron nuevamente. Entonces mirando por encima del alto hombro de Edward, buscó refugió en la mirada de Archie.

Sin soltar a Edward se quedó viendo a Archie durante algunos segundos, hasta que él se aproximó a ellos, quedando a una prudente distancia frente a ella y detrás de Ed.

Isabelle por fin dejó de aferrar a su primo. Y Ed se alejó para dejar que, ahora ellos se despidieran.

Los pasajeros ya comenzaban a formarse para abordar el avión.

-Archie…

-No llores más por favor.

Archibald secó las mejillas de Isabelle con su pañuelo.

-Gracias Archie.

Ella tomó la mano de Archie mientras él aún secaba la barbilla de la chica.

-Llévalo contigo Isabelle.

Dijo él, entregándole el pañuelo a la pelirroja mientras apretaba su mano con fuerza. "Llevatelo así como te llevas mi corazón"

-Archie, me lo llevaré. Pero recuerda que mi corazón se queda aquí contigo.

-Adivinaste mis pensamientos. Acepto tu hermoso corazón, porque el mío ya va en tu equipaje.

Al decirlo Archie no lo pudo evitar y una lágrima se precipito por su mejilla izquierda.

En ese momento los pasajeros comenzaron a avanzar, el pasillo parecía alargarse hasta el infinito y Sabine se acercó con Jonathan.

-Mi cielo, tienes que ser fuerte, es momento de que abordes-. Dijo Sabine conmovida ante la escena.

-Oh tía, lo sé.

-Vamos querida.

Sabine tomó por el codo a Isabelle, sabiendo que si no lo hacía perdería el vuelo.

Mientras avanzaban por el pasillo, ella volteó empapada en lágrimas a ver a Archie. Habían prometido despedirse sin llanto, pero ninguno de los dos pudo evitarlo.

El gran sentimiento de pérdida los embargó, dominándolos. Archie parado permaneció estático pese a querer seguirla y guardo la compostura. Sin embargo sus desobedientes lágrimas lo delataban. En un instante la joven desapareció tras la puerta de abordaje.

Archie camino en silencio y un poco turbado hasta el gran cancel de vidrio y vio el avión despegando. Entonces dio media vuelta y secó sus ojos.

No quería permanecer más tiempo ahí. Se despidió de Edward y de sus padres y se marchó.

Albert le había dicho que se tomara el día libre. Pero decidió ir a trabajar aunque se sentía devastado, o precisamente por eso, quiso perderse entre el papeleo y las juntas. Todo lo demás incrementaría su dolor.

"Isabelle, la próxima vez que te vea no dejaré que te vayas de mi lado nunca más"

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Eran las dos de la tarde. Candy estaba en la enfermería limpiando los estantes y etiquetando algunos fármacos, cuando llamaron a la puerta.

-Pase.

-Hola, dis-disculpa. Estás ocupada. Perdón.

Christian estaba visiblemente nervioso, tartamudeaba y las manos le temblaban sin poder hacer nada al respecto. Aun así tuvo valor y la miró. Los dos tenían el mismo color de ojos, sus miradas eran casi un reflejo.

-No te preocupes, no estoy ocupada en realidad ¿Te sientes bien?

Christian petrificado ante la mirada de la rubia, palideció un poco y tomó aire, además de valor para proseguir.

-Sí, sí. No, no te preocupes. Yo es estoy bien. Sólo vine a presentarme. No, no es que me sienta mal-. Dijo completamente sonrojado.

El joven que llevaba una larga y aterciopelada gabardina de estilo barroco, además del largo cabello negro amarrado tras la nuca, con un listón azul marino; Parecía un caballero sacado de una novela romántica de época. Claro, sólo le faltaba el gallardo porte, por completo arruinado, gracias a su timidez.

Sus pasos fueron lentos y un poco temblorosos. Candy se intrigó, aunque también se sentía alagada y enternecida de suponer (habiendo descartado que estuviese enfermo) que ella era la causa de su extraña conducta.

Cuando al fin estuvo casi frente a ella se el joven se detuvo.

-Soy Chris-Christian. Profesor de literatura y talleres, del-del área artística ¡Ah! Perdóname. No sé por qué tar-tartamudeo. En realidad sí me si-ento un poco mal. Esto no es no-normal en mí.

-No te preocupes sé quién eres Christian. Ya nos conocíamos, yo te recuerdo. Incluso viniste por unos analgésicos la semana pasada.

-Sí, sí. Lo sé. Pero no me había presentado for-formalmente. Y quería entregarte e-esto. Por favor, en verdad espero que puedas ve venir el domingo. Ahora Candy, me tengo que ir. Es un gusto en-en verdad.

El joven temblando y como pudo, estrechó la mano de Candy sacudiéndola ligera y rápidamente. Después dio media vuelta y salió de la enfermería tan rápido como le fue posible.

De regreso en su aula.

-¿Y bien?

-Lo hice, la invité. Pero eso fue todo. He hecho el ridículo, he sido un idiota. Estaba… ¡Estaba tartamudeando, por todos los cielos!

-Vamos, vamos. Dices que ella es una chica tan dulce como su nombre. No creo que piense eso de ti. Con suerte hasta le ha perecido algo encantador. A mí me lo parecería. Muchos de mis fans tienen esa clase de reacciones al conocerme, y me gusta tanto…

-Señoras y señores nuevamente el gran ego de Hayley Douglas aparece en escena ¡Luces por favor! Sólo en eso piensas cuando yo me siento sumamente ridículo. Ahora nunca podré aspirar a que ella se fije en mí. No quería que me viera de este modo.

-¿De qué modo hablas? Ah, de tu modo de ser dirás. Acéptalo es parte de tu personalidad. Pero no seas tan duro contigo mismo, créeme, es parte de tu encanto. Ya no hay muchos apuestos jóvenes que sean tímidos en estos días.

-Entonces explícame, si te parece tan genial que sea un torpe tímido ¿por qué te fijaste en alguien que es completamente opuesto a mí?

-De qué hablas Christian, este asunto de Candy en verdad te está afectando. Menos mal que has dado el primer paso ya.

-No te hagas la desentendida. Terry es un actor que ama ser el protagónico. Yo sólo soy un dramaturgo y un poeta que no necesita subirse a un escenario a que le aplaudan. Él es un atrevido con las mujeres. No me lo imagino tartamudeando ante ninguna. Y eso es lo que en verdad te gusta de él ¿No? Cómo va a fijarse en mí Candy, sólo he hecho un gran papel hoy.

-Pero querías que asistiera a la función ¿cierto? Eso de dejarle la invitación sin entregársela tú mismo, no era de caballeros tampoco.

-Lo sé, pero sabía también que me pondría nervioso. En fin olvídalo. Estoy siendo doblemente patético ahora que me quejo de mi torpeza. De cierto modo me has ayudado, te lo agradezco.

-Bien Chris, no me agradezcas. Me alegro por ti, ahora te dejo.

-¡Así que sólo por eso viniste! Vaya, me haces pensar que tienes otro interés en que Candy asista el domingo.

-Tal vez lo tenga mi querido Christian, tal vez no. Pero ya habrá otra ocasión para discutirlo. Ciao, ciao.

Hayley besó la mejilla del joven y salió del aula.

Esa misma tarde, la actriz fue al teatro St. James. Sin embargo llegó a propósito a las seis cuarenta y cinco, cuando el ensayo ya había terminado.

Toc, toc, toc.

Terry abrió la puerta de su camerino.

-Hola, Terry.

-¡Hayley!

-Me alegra sorprenderte ¿Puedo pasar?

Terry se apartó de la puerta y ella entró al camerino para sentarse sobre uno de los tocadores, cruzar las largas piernas enfundadas en acampanados pantalones de mezclilla y botas de alto tacón, y encender un cigarrillo.

El espejo en el que se reflejaba su espalda, cubierta por una chaqueta de piel, tenía las luces encendidas.

-Vaya Douglas, a qué debo el honor de tu visita. Tienes al elenco hecho un verdadero lío, te llamé hoy creyendo que estabas enferma.

-El elenco se las ha arreglado sin mí. No creas que he faltado por tu causa, estuve bastante ocupada atendiendo algunos asuntos con mi representante.

-Claro.

-¡Es verdad Terrence! Además Dayana debe estar divirtiéndose mucho.

-Por supuesto. Cómo no me di cuenta antes, tan benevolente eres, que has faltado para que la suplente se entretenga en grande.

-Y vaya que en grande, ella moría por practicar las escenas contigo ¿Dime, lo hace bien?

-Dejemos ese tema a un lado quieres. Hayley admito que el domingo…

-Y tú deja ese tema por favor Grantchester. Simplemente olvidémoslo.

-No puedo sin antes pedirte una disculpa Hayley, por nuestra amistad y porque te aprecio.

-Claro, por nuestra amistad te lo digo, no me pidas disculpas. Créeme, ya lo he olvidado cariño. No te creas tan importante. Esa noche yo me dejé llevar. Besas muy bien, no lo niego. Pero me alegro de que nada más haya sucedido, yo no buscaba nada serio contigo ¿Sabes? Sé que me enfadé, pero siempre que algún capricho pasajero se me va de las manos me enfado.

La frialdad con la que Hayley se había expresado al decirlo, dejó perplejo a Terry.

-Bien. Con más razón yo no debí dejar que llegáramos a eso. Pero me alegra que para ti no haya sido nada importante.

-Terry lo que sí me importa, es que sigamos siendo amigos. Y por supuesto aunque no me haya afectado me debes una y en pago espero que este domingo si llegues puntual al teatro Liberty.

-Hayley, qué te traes entre manos. Algo no está bien.

-Vaya, no me insultes Grantchester. Si no quieres ir no lo hagas ¡Cielos, ya tuve suficiente de ti, me voy!

Terry la detuvo sujetándola por el codo, antes de que ella abriera la puerta.

-Hayley, no he dicho que no iré. Aunque no hubieras venido pensaba hacerlo. El domingo pasado te di mi palabra ¿Recuerdas?

"Aun así es bastante extraño que hayas venido sólo a recordármelo" Pensó el actor Inglés mientras la veía fijamente a los ojos.

Hayley sintió un exquisito escalofrío y alas de mariposas revoloteando en su abdomen mientras Terry la miraba y sólo unos centímetros los separaban. Sin embargo él no lo notó, la soltó y se alejó de ella.

-Bien, me alegra entonces que de cualquier modo pensaras ir. Yo en realidad vine a ver a David* Sólo aproveché y pasé a verte para que aclaráramos los malos entendidos. Ciao cariño.

La actriz salió del camerino dando un ligero y melódico portazo al cerrar la puerta tras de sí.


*David Perkins, el director del teatro St. James*