Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.


Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew


Capítulo 51

I

El resto de la semana pasó rápidamente tanto en Nueva York, como en Lakewood y Paris.

Achie comenzó a llamar a Isabelle por las noches, eso los consolaba y reconfortaba.

Damien siguió su acostumbrada rutina. De su casa al trabajo en el Hogar, del Hogar al parque y a su casa de nuevo.

El viernes jugó béisbol con los niños. Esta vez Jimmy y Tom también jugaron. Jimmy en su equipo, Tom en el equipo adversario. Venció el equipo de Damien, como la mayoría de las veces.

El sábado el joven doctor la pasó en su casa acompañado sólo por waffy, su gatita.

El domingo dio su acostumbrado paseo por el centro de Lakewood y llegó al parque al atardecer. Pero esa tarde algo inesperado pasó. Encontró a Glenda sentada solitaria en una de las banquitas y decidió acompañarla.

Charlaron amistosamente. Él se mostró sencillo y espontaneo, y Glenda jugó con waffy.

Hasta que comenzó a hacer frio.

Entonces Damien la acompañó hasta dejarla en la puerta de su casa, en donde se despidió de ella, dándole de repente un beso en la mejilla.

Glenda lo vio alejándose y al entrar en su casa el corazón le latía desmesuradamente. Damien, el hombre de sus sueños la había besado en la mejilla. Eso sí que había sido inesperado.

Amable, ingenioso y encantador siempre era. Pero nunca creyó que la besaría en la mejilla.

Era la mejor sorpresa, descubrir el lado seductor de Damien… porque ese beso fue un tanto atrevido pese a haber sido superficial y sólo en la mejilla; O por lo menos así lo sintió ella que estaba tan ávida de un contacto o un gesto cariñoso que viniese de él.

Sentía que se derretía de amor por Damien y corrió a su cuarto a dibujar en su diario.

Aún lo recordaba sentado en la banquita del parque mientras hablaban. Comenzó a dibujarlo, quería ilustrar cada una de sus facciones y de sus gestos.

Mientras dibujaba, supo que en cuanto su abuelita despertara de su siesta, iría a agradecérselo. Sí, la señora Claire había sido quien la convenciera de ir al parque, a sabiendas de que Damien iba cada domingo al atardecer.

::::::: Nueva York :::::::

Christian Trust estaba sentado en una de las butacas del ahora vació teatro Liberty.

La función había terminado hacía poco más de media hora. Y vaya que fue todo un éxito.

El público que ya no estaba conformado de invitados especiales, sino de aficionados y citadinos en general, aplaudió con entusiasmo y se puso de pie al caer el telón.

Sin embargo para el joven dramaturgo eso pasaba a un segundo plano. Taciturno recordaba:

¡Menudo desastre! Candy asistió a la obra, pero lo hizo acompañada de su novio ¡Sí su novio! Nada menos que William Andrew, quien yo había creído su tutor. Pero claro que era un poco ridículo que fuera su tutor ¡Cómo no lo supe antes¡ William, a sus veinticinco años es demasiado joven para ser el tutor de nadie. Además se les nota a kilómetros que están muy enamorados. En fin… ya llegará alguien para mí, el amor es trágico y el corazón de un poeta lo sufre doblemente.

Una hora y media antes:

Durante el intermedio del monólogo "Red Carnation" Terry permanecía en su asiento, sin siquiera considerar moverse de ahí. Hasta que vio que dos jovencitas se dirigían a su lugar.

-Eres… ¡Eres Terry Grantchester! Nosotras somos tus admiradoras. ¿No saldrás a la cafetería?

-Ya que estás solo, acompáñanos durante el intermedio ¿Sí?

-Prometemos no molestarte después.

Terry controló las ganas de responderles con hostilidad. Se sacrificaría o no se las quitaría de encima. Con su mano derecha hizo a un lado el flequillo que cubría uno de sus ojos al tiempo que emitía un pesado suspiro.

-Fiuu… Está bien, las acompaño. Creo que no tengo opción.

-¡Gracias! Dijeron las chicas al unísono, sintiéndose las más afortunadas del mundo.

Los tres salieron del teatro y al llegar a la cafetería se sentaron en una de las mesitas. Un mesero se aproximó y Terry ordenó un café expreso para él y dos capuchinos para sus acompañantes.

Las chicas hablaban pero él no prestaba atención a lo que decían.

Su mirada comenzó a entretenerse contemplado el jardín que se escondía en las lejanías, tras el patio que dividía el Instituto Liberty. Y de pronto cruzando el patio los vio.

Eran Albert y Candy. La rubia en ese momento espontáneamente volteó y lo vio también.

Sus miradas se congelaron durante algunos segundos Candy creyó leer algo doloroso dentro de sus ojos y Terry sintió un frío vuelco en el corazón, de nuevo.

Albert que sujetaba a Candy de la mano mientras caminaban, notó una súbitamente tensión en ella y volteó hacia donde su novia dirigía la mirada.

Por un instante al reconocer a Terry, sintió temor de que Candy aún lo quisiera. Pero el fugaz pensamiento se desvaneció enseguida. Después de todo lo que ya habían vivido juntos ahora como novios, era absurdo que estuviese celoso del actor. Además Terrence había sido su amigo también.

Terry sin pensarlo como autómata se levantó.

Las chicas al comprender que eran conocidos del actor decidieron no entrometerse y abandonaron la mesa.

Albert se aproximó y Candy lo siguió.

-¡Albert, Candy! Me alegra encontrarlos aquí en Nueva York, y me alegra más verlos juntos. Hacen una gran pareja-.

Terrence sonrió actuando excelentemente, en verdad parecía un auténtico saludo amistoso, en verdad parecía feliz por la pareja de rubios; Eso alegró a Candy. Sin embargo Albert notó enseguida la farsa. Además al rubio le pareció una extraña coincidencia que se encontraran con él.

-Gracias Terry, olvidaba lo perspicaz que eres.

-Vamos, Albert, no es perspicacia amigo. Se nota enseguida que están enamorados ¿Me acompañan?

-Claro.

Albert y Candy se sentaron, el mesero enseguida llegó. Candy pidió un café americano, Albert también.

-Parece que ahuyentamos a tus amigas.

-Y se los agradezco Albert. Son un par de admiradoras de las que creí no poder escapar.

-Y no parecen ser las únicas-. Dijo Candy al notar que muchas jóvenes murmuraban y hablaban de él, visiblemente emocionadas.

-Vaya, espero que no los moleste, afortunadamente la prensa no ha sido invitada y prohíben las cámaras en los teatros. Normalmente no me expongo de ésta manera ¿Saben?

-Debe gustarte mucho el monólogo como para que lo hayas hecho.

-No es eso Albert. Hayley Douglas es amiga mía y he vendido por ella. A propósito, a ustedes qué los trajo por aquí ¿No me digan que también la conocen?

-No Terry, me invitó Christian, es quien escribió el monólogo. Aunque supongo que debes conocerlo al ser amigo de la protagonista-.

Respondió inocentemente Candy sin darse cuenta de lo que pasaba. Terry y Albert ya habían sacado, cada uno, sus propias conclusiones. El ambiente se tensó pero afortunadamente en ese momento el intermedio terminó y la gente comenzó a entrar de nueva cuenta al teatro.

Al levantarse, Terry estrechó la mano de Albert.

-Ahora me despido Albert, disfruten el final de la obra.

También estrechó la mano de Candy, dándole al mismo tiempo un beso en la mejilla derecha.

-Hasta siempre Candy.

Albert no se molestó por el beso que el inglés le dio a Candy, porque notó que esa no era una despedida momentánea.

Candy también se percató. Sin embargo no se sintió triste, era mejor así. Ella ahora estaba plenamente enamorada de Albert. Terry el joven que en el pasado amó, tenía que enfrentar sus sentimientos de una vez por todas y superarlo. En silencio le deseo que fuera feliz lo volviera a ver o no.

Cuarenta minutos más tarde, al terminar la obra. Christian no se atrevió a despedirse de Candy.

Cuando la vio llegar acompañada de William iba a saludarla, pensando que entre ellos existía únicamente una relación fraterna. Pero al ver que él le daba un beso en los labios descubrió que eran novios.

Durante la obra se ocultó de ella tras bambalinas.

Pensaba tomar valor e ir a agradecerle su asistencia pese a todo, pero temió nuevamente hacer el ridículo frente a ella y frente a William Andrew* y se abstuvo lamentando su cobardía e ineptitud.

El joven poeta era duro juzgándose a sí mismo. Esa dureza perfeccionista con la que había sido educado, era la causa de su timidez. Pero él no se daba cuenta aún.

*Christian sabía quién era William, porque su abuelo a menudo lo mencionaba ya que su familia compartía negocios con los Andrew. Además de que había leído acerca de su nombramiento como líder de las empresas y había visto sus fotografías en las revistas de sociales*.

-¿Christian? ¡Pero qué rayos haces aquí! ¿Todo el tiempo estuviste aquí? Creí que tenías una invitada especial.

-Hayley, Candy vino, pero ella no venía sola. Es decir ya ama a alguien más. Ahora búrlate de mí, de mi mala suerte. De que nunca pongo el corazón en alguien que pueda corresponder mis pasiones.

-Vamos, no es para tanto. Ni siquiera la conocías en realidad.

-Te equivocas, la conocí lo suficiente como para darme cuenta de que es excepcional.

-Con mayor razón. Ha sido lo mejor, supiste que no podía corresponderte, antes de que te ilusionaras más. No te sientas mal y quita esos ojos de cachorrito perdido. Había muchas chicas lindas a las que pudiste haberte acercado, presumiendo que eras tú quien escribió el monologo. Además sabes que eres apuesto, un poco excéntrico al vestir, pero apuesto al fin y al cabo.

-Gracias Hayley, pero tus halagos no me consuelan ahora.

-Vamos, vamos. Ya pasará… Pero dime Chris ¿Acaso has visto a Terry?

-Se te volvió a perder ¿Eh? Lo vez, creo que trabajar conmigo, te trae mala suerte en el amor también.

-No digas tonterías.

-Aunque perdido no es la expresión... Mejor dicho se te ha escabullido, por que antes de que Candy llegara, sí lo vi y me saludó. Tu Terry llego temprano, supongo que se quedó al primer acto ¡Ja, ja! Eso sí es cómico; El domingo pasado sólo vio completo el segundo acto; Supongo que al ver hoy el primero decidió que ya había visto la obra completa y se marchó. Sí que es un caso perdido el inglés.

-No lo creo. Por muy patán que creas que Terry es, el no haría algo así a propósito. Debió pasar algo… Ahora discúlpame Christian, tengo que irme.

-Claro ve a buscarlo Hayley, pero que conste que te lo advertí. Espero no estés de pésimo humor el lunes.

Hayley se apresuró a las afueras del teatro. Pero fue inútil, no lo encontró.

Como Christian había dicho, al parecer se había marchado durante el intermedio.

La actriz entonces caminó hacia su camerino para cambiarse.

Al entrar vio un clavel rojo en su tocador. Debajo del clavel había una carta y tuvo un muy mal presentimiento, una punzada fría llegó hasta su abdomen.

Sí, ella planeó que viera a Candy con su novio, el apuesto rubio. Pero lo hizo para que Terry constatara que la rubia pecosa ya no era para él.

Pensó que era la única manera de ayudarlo a superar su pasado, y liberarse al fin de todo aquello (porque Hayley ignoraba que Terry ya los había visto antes. Pese a que él le había confesado su pasado con Candy, Terrence nunca le dijo que la había visto de nuevo en Nueva York) ¿Se habría equivocado acaso? ¿Terry se habría dado cuenta de que fue ella quien propicio el desafortunado encuentro?

Bajo el clavel y sobre la carta había además una nota.

"Sé que planeaste mi reencuentro con Candy y te lo agradezco Hayley; de otro modo no habría podido despedirme de ella. Leé mi carta por favor"

Supo que la nota estaba ahí porque obviamente la carta ya la tenía escrita desde antes. Intrigada abrió el sobre.

Querida Hayley:

He aceptado una propuesta de trabajo en Londres y esta noche parto. Cumplí con asistir a tu función y quiero recordarte así, plena sobre el escenario. No quiero que mi último recuerdo de América, sea tu hermoso rostro triste mientras te despides de mí. Porque vamos, no niegues que entristecerías al verme partir. Y aunque no lo sitieras, tú sabes que detesto las despedidas.

Necesito que sepas lo agradecido que me siento por haberte conocido, has sabido ser una gran amiga. Sólo por ti y por lo paciente que fuiste conmigo, sobreviví Nueva York a fin de año y créeme, nunca te olvidaré.

Terrence Grantchester.

Hayley tan pronto como acabó de leer y aún sin quitarse el ajustado vestido rojo con el que había actuado. Salió a prisa del camerino.

No había llevado su automóvil, corrió a la salida de la parte trasera del teatro, que era la más cercana y desesperada tomó un taxi a Manhattan.

El taxi la dejó frente al edificio de Terry. Subió los pocos escalones de la entrada y cuando iba a entrar al elevador el encargado de la recepción, la reconoció y la llamó.

-¡Señorita Douglas, espere por favor!

Pero Hayley no hizo caso. Subió hasta llegar al piso en el que se encontraba el departamento de Terry. Llamó varias veces a la puerta pero nadie abrió y el lugar estaba en absoluto silencio.

Bajó y fue a la recepción.

-¿Ha visto a Terrence?

-Lo siento mucho señorita Douglas, el señor Grantchester dejó el apartamento hace más de media hora. Llevaba su equipaje en mano y tomó un taxi. Nos dejó dicho que estará un largo periodo en el extranjero. Por eso mismo la llamé antes de que subiera.

-Comprendo. Discúlpeme por favor. Pero ¿no sabe algo más? ¿Dijo a qué hora partiría su vuelo?

Lo siento mucho señorita Douglas, desearía poder ayudarla, pero no lo sabemos. El señor no ha dejado más detalles de su partida.

-¿Me podría permitir su teléfono? Necesito hacer una llamada.

-Por supuesto.

Hayley llamó a Eleonor y le contestó el ama de llaves, quien le informó que la señora McQueen (apellido de su nuevo esposo) estaba de viaje desde hacía dos semanas.

Al colgar el auricular, Hayley comenzó a llorar y salió del edificio.

Terry estaba siendo muy injusto al no despedirse de ella en persona.

Entonces supo cuánto ya lo amaba y se sintió morir.

Ya no tuvo fuerza para ir al aeropuerto, a buscarlo o a detenerlo. Tal vez ya no lo encontraría y de cualquier modo aunque así lo hiciera, era obvio que él no la amaba y no había nada más que ella pudiera hacer.

Hayley tomó un taxi y llegando a su departamento encendió la calefacción, se cambió de ropa y fumó cigarrillos mientras veía (sin ver) la televisión. Estuvo así durante una hora. Después fue a su habitación para llorar tendida sobre su cama, hasta que el sueño la venció.

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No muy lejos de ahí, en Sutton Place:

Albert y Candy a esa hora estaban abrazados sobre un amplio sillón frente a la chimenea.

Archie hablaba por teléfono con Isabelle, la pelirroja contenta le dijo que podría visitarla dentro de un mes y medio. Archie pensó seriamente en mudarse a Paris una temporada pero no se lo dijo. Tenía que saber antes si eso le sería posible en realidad, porque él era ahora indispensable para Albert y para George.

Desde ese domingo pasarían dos meses y medio.


Continúa en capítulo 52.