Ya alejado de aquella situación confusa pero extrañamente dulce, quise olvidar por completo los labios y los ojos carmesís de Dave, pero me era simplemente imposible. Una descarga de sensaciones recorrió mi mente y mi cuerpo, dejándome caer como un tonto al piso, envolviendo mis brazos en mi mojado cuerpo. Él me había dejado confuso, tenía una meta importante pero... ahora... tan sólo resultaba una meta hecha por mi encaprichamiento hacia Gamzee... pero es que lo amo, lo amo aún si él no sintiera lo mismo por mí, lo amo aún si él hubiese matado a todos a mi alrededor, lo amo aún si él atenta contra mi propia vida. Lo amo como un enfermo.

Mi respiración era agitada, mis ojos volvieron a producir lágrimas rojas, y mi sollozos incrementaban cada vez más fuerte. Era un desastre.

Camine tanto como mi cuerpo pudo, camine a donde sabía que estaría. Lo conocía demasiado bien, hasta reconocía que él estaba enfermo, mucho antes de que esta mierda empezará.

La orilla del prepotente mar. Allí él estaba. Como anticipe.

-Gamzee...- Al verlo mis ojos se volvieron a convertir en ríos, yo quería salir corriendo y abrazarlo... decirle que era un idiota, pero el nudo que se encontraba en mi garganta y la parálisis de mis piernas lo evitaron.

Él estaba empapado y cubierto de sangre. Mi cabeza gritaba que saliera corriendo. Pero yo siempre le he hecho caso a mi tonto y débil corazón.

Camine lentamente hacia él, no iba a dejar que el miedo apresara mis deseos, yo quería verlo a los ojos. Abrazarlo, mimarlo, decirle que él no estaba sólo.

Ya me encontraba detrás de él, y no podía pronunciar palabra alguna.

-...- Me encontraba en silencio, mirando su larga y ancha espalda, mientras él observaba el mar.

Quería que me notará, entonces con mi pulso nervioso, toque su espalda y tan rápido como lo hice, él se dio vuelta sosteniendo con fuerza mi muñeca. Él de un segundo a otro se dio cuenta quien era, y tan rápido como agarró mi muñeca la soltó, yéndose lentamente hacia atrás.

-Karkat... ¿Qué haces aquí?- Preguntó con un tono sumamente tembloroso.

Su expresión demostraba confusión y algo de temor. Esa mirada me partía el alma.

-Gamzee... yo...- Mis palabras no salieron como lo deseaba, por ello me quedé en silencio y me abalance un poco hacia él para envolverlo en mis brazos, lo abrace haciendo que se sorprendiera.

-Karkat... ¿Esto es una broma, porque mierda estas aquí, porqué mierda me abrazas?- Me preguntó apoyando sus manos en mis costados.

-...- Respondí con mi silencio. Él lo entendió.

-Eres un idiota.- Murmuro mientras me alejaba lentamente.

-Déjame seguir abrazándote.- Masculle reteniendo mis lágrimas por su rechazo.

-No. Karkat, no quiero lastimarte, así que por favor alejarte.- No lo hice, aleje con mis manos las suyas.

-No me importa. No me iré.- Dije con firmeza.

-¡¿Por qué mierda no quieres?!- Me gritó enojado, enseñándome la mayoría de sus colmillos.

-¡Porque te amo, maldito bastardo! ¡¿Por qué no puedes entenderlo?!- Grite sin más, dejando que mis lágrimas brotaran nuevamente de mis rojizos ojos.

Gamzee se quedó observándome, sin decir nada, él estaba atónito ante mi declaración, su silencio me irritaba.

-¡Di algo!- Le exigí, frustrado conmigo y con esta situación.

-Yo... yo no sé qué decir...- Me contesto arrastrando las palabras.

Lo sabía pero eso no importaba. Ya estaba preparado para que él me rechazará.

-Lo siento Kat...- Su murmullo poseía cierto dolor pero no revelaba más que rechazó para mis oídos.

-No me importa.- Le contesté mientras lo abrazaba, acariciando su gran espalda temblorosa-. Quiero quedarme a tu lado... Quiero poder darte una segunda oportunidad Gamzee.- Quiero darte mi vida.

-Karkat...- Él me abrazó fuertemente, mientras yo sollozaba en voz baja, él empezaba a llorar con fuerza en mi hombro, descargándose en ese triste abrazo-. ¿Cómo es que no me odias?

-Nunca te odiaría, Gamz, nunca haría tal cosa.- Mis finas uñas se ajustaron a su espalda, no quería soltarlo.

-Karkat...- Él apenas se alejó y tomó mi mentón, dándome un beso suave pero necesitado.

Sentí que mis pies se despegaban del suelo; no notaba más a mí alrededor que la cálida presencia de él.

Me quedé junto a él, en esa posición durante bastante rato. No quería que ese momento se acabará, no quería irme de su lado. Sólo quería que él me sostuviera en sus brazos.

En mi interior sabía que él me estaba envenenando con su dulce existencia.