No tengo mucho que decirles, disfruten…

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CAPÍTULO EXTRA

ESPERANZA

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La degustación del pan que el padre de la chica les otorgó, fue un punto especial en esa salida que se había convertido en una cita. Sin palabra alguna, ahora eran una pareja de jóvenes enamorados. Un estado que ambos chicos llevaban esperando desde lo más profundo de sus corazones.

Apenas terminaron, regresaron al hogar femenino pues la temperatura estaba descendiendo junto al astro mayor en el cielo. Entraron por el negocio que para esa hora ya no resultaba concurrido, pues todo alimento ya había sido comprado. Ese lugar cálido y dulce sería el mayor espectador del inicio de una nueva etapa en la vida de todos los que rodeaban a Marinette.

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– Por hoy me retiro. – Anunció Adrien al dejar a su pareja cerca de sus padres.

– ¿Por qué tan pronto? – Preguntó ella en reproche.

– Aún es temprano, ¿no? – Intervino Sabine. – Además, no han venido aun por ti.

– Acompañanos a cenar, Adrien. – Insistió el panadero.

– Muchas gracias, pero hoy me recogerán en otro sitio. – Sacó tres sobres rojos con una cinta dorada de su gabardina negra. – Esto es para ustedes. Espero con gusto que asistan a la primera cena navideña de la familia Agreste.

– ¡Claro que asistiremos! – Aseguró entusiasmada la azabache.

– Sólo quiero pedirles un favor. ¿Podría venir antes por Marinette? Más tarde mandaré un vehículo para ustedes.

– Claro que sí. – Respondió Tom Dupain.

– Muchas gracias. – Estrechó la mano con el hombre. – Será mejor que me retiré, aún tengo muchas cosas que hacer para ese día. ¡Hasta luego!

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El chico iba saliendo del local y en ese momento se cruzó con otra cabellera rubia que entraría al lugar. Se saludaron con una simple sonrisa para luego cada uno hacer lo que debían.

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– Buenas tardes. – Era la voz de una chica la que saludaba nerviosa.

– ¿Chloé? – Preguntó la muchachita que estaba en silla de ruedas. – ¿Qué haces aquí?

– ¡Dah! Lo que cualquiera haría en una panadería. – Se dio cuenta de lo grosera que estaba siendo y cambió su tono. – Emmmm… Vengo a hacer un pedido.

– Y-ya veo.

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Ellas no habían tenido acercamiento alguno. La franco-china no sabía cómo la hija del alcalde se había sentido con respecto a la noticia de que ella era la persona que más admiraba, esa misma chica que muchas veces había menospreciado. Incluso para ella, la situación no era cómoda.

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– Aquí. – Extendió una libreta pequeña al padre de Marinette. – Todos los requerimientos están anotados aquí. Por favor, mande la cuenta a mi padre y él se encargará de cubrir todos los gastos.

– Claro que sí. Mañana tendré lista la cotización.

– Gracias, con permiso. – La joven se dispuso a salir, pero apenas abrió la puerta gritó: – ¡Marinette, gracias por cuidar París! – Enseguida salió corriendo del local.

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Fueron palabras muy cálidas para la exheroína que tanto había sacrificado por su ciudad. Si incluso su "enemiga" pensaba esas cosas de ella, ¿qué pensarían el resto de ciudadanos? Ahora entendía que ninguna persona le había agradecido por temor a herirla con el recuerdo de lo sucedido. Hasta sus padres se habían limitado en preguntar, usando como excusa que confiaban plenamente en ella y entendían porque no les podía decir las cosas.

Las palabras de la rubia abrieron una cajita de emociones que cada parisino guardaba en su corazón, todas dirigidas à sa lady.

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La víspera de la Navidad había llegado al fin. La joven aspirante a diseñadora de modas esperaba puntualmente a su novio ya arreglada. Llevaba un vestido rosa largo y ceñido al cuerpo. Su cabello lo recogió en lo alto de su cabeza, formando la forma de una cebolla. Para cubrirse del frío la cubría un sweater blanco de piel de conejo falsa y una manta del mismo estilo en las piernas. Sobre ello aun llevaba un abrigo largo de color hueso, pues sabía que el clima fuera calaba hasta los huesos.

Apenas llegó, se retiraron. Sus padres aun debían hacer unas cosas en el local, por lo que acordaron la hora ideal para que el novio de su hija mandara un vehículo para la pareja madura, una que les permitiera terminar el trabajo y arreglarse para la ocasión. Mientras hacían eso, la muchacha era ayudada por el guardaespaldas gorilón para ir subiendo a la limusina que manejaba.

Esperó a su compañero que tardaba. Se asomó por la ventana y notó que su padre lo abrazaba con demasiada fuerza como si lo buscara amenazar, aunque sea un poco. Ella rio para sí misma al ver que eso había perturbado al rubio, quien entró tambaleándose un poco al automóvil.

A pesar de ello, ya dentro, la saludo apropiadamente: sujetó sus manos para besar sus nudillos, después le besó ambas mejillas y por último coronó el momento con un pequeño beso en sus labios durazno que eran su adicción desde el primer día que los probó. La abrazó y sólo sonriendo fueron llevados a la mansión Agreste.

Bajaron con cuidado. La azabache buscaba pasar sola a la silla de ruedas, pero él la cargó como la princesa que merecía ser y sin decirle nada la llevó hasta su habitación seguido del guardaespaldas, que estaba algo asustado por la seguridad de ambos chicos, llevando a cuestas el aparato metálico rosa con una enorme M en la parte trasera.

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– ¡Listo! – Gritó el dueño del miraculous gatuno al soltarla en su blanda cama. – ¿Qué te parecen estos músculos, princesa? Fueron hechos para cargarte.

– ¡T-torpe, Adrien! – Gruñía ella con pucheros.

– Buenas tardes. – Se escuchó una voz masculina en la puerta de la enorme habitación.

– ¡Papá!

– ¡Se-señor Agreste!

– Es un placer que esta noche contemos con su presencia. – Habló Gabriel encarando a la pareja que estaba sentada en la cama. – Espero que mi hijo no sea una molestia. – Trató de bajar el nerviosismo a la chica con una broma.

– ¡Yo no soy una molestia!

– No tiene que preocuparse. – Sonrió la joven. – Muchas gracias a usted por la invitación.

– Eso es lo de menos. – Afirmó el hombre maduro. – Veo que trae un vestido de noche bastante sencillo y formal.

– ¡Oh, sí! – Ella volvió a apenarse. – Hubiera querido diseñar uno yo misma para esta ocasión, pero por los cambios que se han hecho a la casa y el poco tiempo que tengo con mi rehabilitación, me fue imposible hacerlo.

– ¿Entonces porque no usa algo de mí próxima colección?

– ¿Y-yo?

– Anda, Marinette. – La animó su pareja. – Apuesto que se te verá espectacular.

– Pe-pero…

– Tómelo como un regalo de Navidad.

– E-está bien.

– ¡Sí! – Celebraron padre e hijo que ya tenían a Nathalie esperando con la ropa en la entrada.

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Ellos salieron del lugar y ambas féminas se quedaron dentro para el gran cambio de la estudiante. No fue mucho lo que tardaron, ya que la joven ya se había acostumbrado a cambiarse de ropa con su condición actual. Abrieron la puerta y la vieron ya sentada en su silla de ruedas. El cabello se lo habían soltado, quedando un precioso ondulado en sus puntas.

El vestido era rojo, con puntos negros; claramente buscaba simular el patrón del traje de Ladybug. La parte de arriba poseía un escote corazón, con un corset no muy ajustado y sin tirantes. Posteriormente esta pieza desembocaba en una mini falda ceñida al cuerpo, que a su vez era cubierta por una media falda de tela semitransparente con patrón invertido (fondo negro y puntos rojos), esta caía a los lados de donde estaba sentada y le servían para cubrir sus piernas si sentía frío, las cuales ahora portaban unas medias negras. Finalmente, unos zapatos rojos con correas y moños negros daban el toque final al precioso vestuario.

Los varones aplaudieron la belleza de la chica que fácilmente les capturo por su sencillez y dulzura natural. Gabriel le susurró algo al oído al menor, este asintió y entró de nuevo a su recinto cerrando la puerta.

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– Te vez preciosa. – Dijo él sentándose en la parte de su cama más próxima a ella. – Te va de maravilla.

– Gra-gracias.

– Deberías modelarlo en la próxima presentación de mi padre.

– N-no digas tonterías. – Ella bajó la cabeza. – N-no podría… Mucho menos en esta condición.

– La que no debería decir tontería eres tú. Si se te ve bien, lúcelo.

– ¡E-está bien!

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La plática continuo amena, entre risas y besos robados. Entre preguntas y juegos absurdos. Entre recuerdos y ojos cristalinos.

Aunque apenas llevaban una semana de novios, parecía como si estuviera juntos desde siempre. Existía una confianza nata y un respeto sinigual. Se escuchaban y se comprendían perfectamente, hasta el grado de muchas veces no necesitar palabras, solo suaves gestos que ambos sospechaban de donde provenían. Bueno, Adrien si sabía de dónde venían.

Él le explicó que no faltaba mucho para que los invitados llegaran, así que seguro pronto empezaría a escuchar el barullo que se formaba cuando muchas personas se reunían en un solo lugar. Y tenía razón, no tardaron en escucharse risas, saludos y distintas conversaciones que costaba trabajo diferenciar unas de otras.

Al poco rato la puerta de la habitación del chico sonó y movió a Marinette a la entrada, pues indicaba que ya era la hora para salir. Abrió la puerta para que ambos observaran a los padres de la ojiazul que ya estaban vestidos para la ocasión, ellos al ver el cambio de vestuario de su hija, la abrazaron juntos con fuerza, recalcando lo hermosa que se veía en esa noche. Le entregaron una caja rectangular que le recordaba mucho a aquella en la que el maestro Fu le entregó su miraculous. Ellos se fueron, no sin antes pedirle que usara lo que había dentro.

Sacó el contenido de la misma y entre sus manos estaba un antifaz idéntico al mágico que usaba cuando se transformaba en Ladybug. Sus ojos se nublaron un poco por las lágrimas, pero se lo puso enseguida. Al instante fue llevada al looby de la casa, donde el ruido cesó para darle la bienvenida la heroína de país. Después los aplausos invadieron el hogar Agreste; cientos de aplausos de agradecimiento por todo lo que había hecho hasta ahora.

Ya no pudo contener las lágrimas. Estaba en el centro de todo, llorando de felicidad por ese gesto tan hermoso. Podía ver a sus profesores, el alcalde, los policías, sus compañeros de clase, los padres de sus amigos, su familia, algunas personas famosas que conocía, todos y cada una de esas personas que salvó en algún momento. Pero entre todos ellos destacó un gato negro.

Mientras los aplausos se apagaban, él se acercaba para tomarla de la mano. Se arrodilló junto a ella y le besó los nudillos. Un escalofrío recorrió la espalda de la muchacha, para observar esos ojos verdes cual profundas esmeraldas.

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– Adr…

– Ahora lo sabes, princesa. – Dijo él levantándose y entregándolo una cajita que sacaba de entre su pecho. – Una última oportunidad.

– ¡Sí! – Ella no tuvo necesidad de verla, entendía lo que era. La guardo en un compartimiento que añadió a la silla de ruedas para guardar cosas, luego abrazó la mano de Chat Noir. – Te amo.

– Y yo a ti, my lady. – Le besó la frente y volvió a ver a los presentes. – ¡Otro fuerte aplauso para la dama de Paris!

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Y así el gato le confió su mayor secreto. En la víspera de Navidad, buscando que aquel le trajera esperanza en el futuro próximo a pesar de esas tristezas que habían llegado a su vida con anterioridad.

La velada fue maravillosa. Sus padres cocinaron algunos bocadillos y el pastel que degustarían después. Todo Paris la llenó de abrazos y besos en agradecimiento por todo, con bendiciones porque su vida esté llena de buena suerte. Una suerte que nunca la abandonó aunque así lo pareciera.

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La noche fue larga. Ella y su familia regresaron prácticamente al amanecer. Aunque estaba cansada, no pudo aguantar más y abrió aquel estuche caoba para saludar a aquel mágico ser que la cuido desde el primer día que la conoció.

Aun no lo abria en su totalidad y Tikki ya saltaba a abrazar su mejilla. Llorando por volver a verla, por saber que estaba bien y por confirmar que Chat Noir había cumplido al pie de la letra lo que le pidió. La tristeza y la felicidad estaban mezcladas en ellas en parte iguales.

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– Tikki, muchas gracias. – Le acarició la cabeza a la pequeña. – Sin ti, yo nunca hubiera crecido tan rápido.

– No me agradezcas Marinette. Tú ya eras una excelente persona, yo solo pulí detalles.

– No importa, ¡gracias!

– Lamento que hayas pasado por todo esto.

– No tienes que lamentarte. – La separó de su rostro y la vio directo a sus enormes ojos. – Aun hay un futuro brillante para ambas.

– ¡Claro!

– Prometeme que nunca me vas a olvidar.

– Nunca lo haré Marinette, nunca. – Un brillo rosa cubría a la kwami. – Tu eres mi Ladybug más especial.

– Gracias Tikki. Cuidate.

– Hasta pronto, Marinette.

– Hasta pronto.

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Aquel ser mágico de color rojo volvió a los aretes de mariquita para que luego la caja de madera fuera cerrada con fuerza. Los orbes cielos de la jovencita estaban llenos de felicidad aunque las lágrimas de tristeza los inundaran.

Aunque había sido por poco tiempo, ella había aprendido a muchas cosas al ser la portadora del miraculous de la buena suerte. Creció como personas y conoció a mucha gente. Cuidó y protegió a sus seres queridos, y a todas las personas de Paris como la chica de buen corazón que era. Encontró un excelente compañero que la quiere tal cual es.

Todo eso y más lo iría guardando en su corazón. Experiencias y vivencias que la hicieron ser quien era hasta el día de hoy.

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– De verdad no entiendo cómo hacías esto tan fácil. – Refunfuñaba una chica de cabello rubio y traje de Ladybug. – ¡Es difícil usar la bug vision!

– Te irás acostumbrando. – Le respondió Chat Noir. – Marinette tampoco era tan buena al principio.

– En eso tiene razón Chat. – Habló la mencionada que estaba de pie gracias a sus muletas junto al maestro Fu.

– Nada es deprisa, Ladybug. – Intervino el anciano. – Sólo mira a Volpina, aún tiene problemas para usar sus ilusiones adecuadamente.

– ¡Cla-claro que si se usarlas! – Gritó otra chica de traje naranja, cabello castaño y piel canela. – Es sólo que se esfuman muy rápido.

– Calma, es cuestión de entrenar… – A su vez la calmada un moreno de traje verde y beige, con una especie de caparazón en la espalda.

– ¡Ja! Yo aquí soy el más experimentado. – Dijo triunfante el gato.

– Y al que siempre le pasa de todo. – Comentó entre dientes la azabache, causando una risa colectiva.

– ¡Marineeeette!

– Lo siento, eso te pasa por ser el de la mala suerte.

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Oficialmente este fanfic ahora si ha llegado a su fin. Muchas gracias a todos por leerlo y tomarse el tiempo de comentarlo. Originalmente este no sería el final del fic, iba a ser diferente pero como no me pareció el mejor lo modifiqué a este. Si le gusta, compártanlo para que otros lo lean. ¡Muchas gracias! Saludos :D