Reto Reyes de la Noche de 5 días, del foro ¡Siéntate!
Inuyasha es propiedad de Rumiko.
Hangover
(Día 4: Colmillos)
La culpabilidad volvió a atarcarlo, pero la hizo a un lado. En este momento, tenía que ayudar a Kagome.
- ¿Vas a decírselo? – Le preguntó
- ¿Qué otra opción me queda? – Le respondió – Mírame, no puedo llegar con los ojos rojos, la piel blanca y dos colmillos del tamaño de la torre Eiffel y pretender que no pasa nada
No quería tomársela contra él, pero estaba frustrada. Y asustada.
Antes de salir hacia su casa, Kagome había pasado por el baño para refrescarse el rostro, en un intento por calmarse a sí misma
Y entonces, reparó en su reflejo
No podía llegar viéndose así de la nada. Definitivamente, no era ella.
Es más, estaba segura de que su madre tardaría en reconocerla
La incertidumbre junto con la angustia llenaron su pecho de repente
¿Qué pasaría si su madre la odiaba?
¿Qué pasaría si le hacía daño? Después de todo, ella se alimentaría de sangre a partir de ahora
¿Quién podría asegurarle que, en su intento por satisfacer su sed, no terminaría matando a su madre, a su abuelo, a Souta?
La angustia de pensarlo le revolvió el estómago
- Oye – la voz de Inuyasha cortó su corriente de pensamientos catastróficos – tranquila. Todo estará bien – le dijo, tomándola de los hombros y mirándola a los ojos, una sonrisa formándose en las comisuras de su boca – además, no son tan grandes.
Kagome bufó, conteniendo una sonrisa también.
Pero sus preocupaciones no desaparecieron
- Inuyasha, ¿Qué pasa si yo… pierdo el control?
Su pregunta lo hizo entender sus cavilaciones, sus ojos conteniendo lágrimas de miedo, y él sólo se sintió peor.
Detestaba ver a las mujeres llorar, y por alguna razón, verla a ella derramar lágrimas se le hacía más desagradable aún.
Pero de nuevo, empujó sus pensamientos a un lado y se concentró en consolar a la chica
- Hey, estarás bien. Nos encargaremos de tu sed antes de ir, y te pondremos un par de lentes de contacto. Puedes maquillarte si quieres, para disimular la palidez – Increíblemente, su razonamiento sonaba bastante lógico. Se sorprendió a sí mismo ocupando el lugar de solucionador, y no provocador de problemas.
Un destello de esperanza apareció en los ojos de Kagome, pero una fracción de las palabras de Inuyasha le hizo eco en su mente
- ¿Cómo… cómo nos encargaremos de mi sed? – Dijo, y cuanto más pensaba en ello, más fuerte e insoportable se volvía el ardor desgarrador en su garganta. No lo había notado antes por toda la conmoción del asunto, pero la sentía prendida fuego.
Necesitaba sangre. Ahora.
Inuyasha notó la mirada desesperada, hambrienta de ella, y sin dudarlo corrió el cuello de su camiseta, dejando la piel de esa zona al descubierto
- Así – susurró él. No era que la idea de servir de aperitivo lo hiciera saltar de gusto, pero era lo menos que podía hacer
Kagome estuvo a punto de discutir ante la oferta, pero de pronto el sonido del pulso de Inuyasha invadió sus oídos. El olor de su sangre inundó sus fosas nasales, y antes de que pudiera pararse a pensarlo, se abalanzó sobre él.
Si hubiese sido otra la situación, Inuyasha habría hecho algún comentario sarcástico sobre cómo se le lanzó encima, pero estando como estaban, necesitaba mantenerse serio
Suprimió el gruñido de dolor que su garganta quiso emitir ante la sensación de los colmillos de Kagome rompiendo su piel, e ignoró – no sin esfuerzo- el gemido de placer que salió de los labios de ella al probar su sangre
Exquisita pensó ella, perdida en su deleite
Veinte segundos, comenzó a contar él
Cuando llegó al final de la cuenta regresiva, la alejó de su cuello
No había sido nada fácil. Kagome, al ser una recién nacida, poseía más fuerza que él, que llevaba ya 3 años siendo parte de la raza vampírica.
Ella se removió en sus brazos, su rostro desfigurado por la desesperación de encontrarse separada de su alimento
- Kagome, basta – gruñó él, mirándola a los ojos
La presión en sus hombros y la mirada de Inuyasha la hicieron entrar en razón
Dios mío ¿Qué acabo de hacer?
- Inu… yasha yo… ¡lo siento tanto! – sollozó, cubriéndose el rostro con sus manos
Se sentía tan asqueada de sí misma.
El ojidorado, inexperto en la materia de consolar personas, se limitó a atraerla hacia sí, y acariciarla en círculos en la espalda
Sabía lo que sentía en ese momento.
La angustia, la disconformidad consigo misma. La impotencia de haber perdido el control.
Pero ella tuvo suerte. Su primera vez no acabó con la vida de nadie.
Con un suspiro, la alejó suavemente, y limpiando sus lágrimas con la yema de su pulgar, susurró:
- Está bien. No llores. Es normal.
¿Normal? ¡Era una abominación!
- ¡No lo es, Inuyasha! – gritó ella alejándose y señalándose a sí misma - ¡Mírame! ¡Apuesto a que mi rostro está bañado en sangre, soy un monstruo!
Se abrazó a sí misma mientras se sentaba en la punta de la cama, llorando desconsolada.
Definitivamente, no podía acercarse a su familia. No podía arriesgarse a someterlos a lo que acababa de hacerle a Inuyasha. Preferiría morir antes que hacerles daño.
Sintió un peso a su lado en el colchón, y levantó sus ojos cristalinos hacia el peli plateado, que se había sentado junto a ella, observando fijamente la pared
Él guardó silencio unos momentos, antes de comenzar a hablar
- Kagome, deberías creerme cuando te digo que no fue tan grave –
La seriedad en su tono de voz la hizo estremecerse
- Inuyasha… - musitó, sin saber bien qué decir. El ojidorado parecía sumido en algún pensamiento, nada agradable a juzgar por su expresión
- La primera vez que… me alimenté – siguió hablando el muchacho – no había nadie ahí para contenerme. Me desperté sólo en un basurero, sin entender ni mierda de nada. Sentí que tenía una jodida hoguera en la garganta.
Kagome lo escuchó en silencio, después de todo, le estaba contando su historia, y por la forma en que hablaba, pareciera que llevara siglos tratando de sacársela de encima
- No entendía de qué se trataba – continuó – hasta que en un callejón, sentí el olor de la sangre de un tipo, y de una niña – hizo una pausa, sus puños apretándose – el infeliz parecía querer abusar de ella, y aprovechando que estaba muriendo de sed, maté dos pájaros de un tiro – dijo él con una sonrisa triste, sarcástica – literalmente. Me abalancé sobre él, y… bueno, ya te imaginarás cómo terminó.
Ambos guardaron silencio
Inuyasha, esperando que Kagome corriera horrorizada.
Kagome, tratando de contener sus lágrimas, de nuevo.
Debiste estar tan asustado. Debiste odiarte tanto
Entendió a dónde quería llegar Inuyasha con todo eso, y sintió un conjunto de emociones burbujeando en su pecho
Compasión, porque de sólo imaginarlo enfrentando la situación sin nadie a su lado, se le partía el corazón.
Complicidad, porque sin conocerla en absoluto, se había abierto con ella, y le había confiado una historia que, creía ella, no habían escuchado muchos. Después de todo, Inuyasha no parecía precisamente una persona abierta.
Y por último, tranquilidad y gratitud. Se sentía completamente agradecida de que Inuyasha hubiese estado ahí cuando ella despertó.
Podría haberse marchado, dejarla tirada por ahí, o inclusive matarla.
Pero no lo hizo. Esperó a que se despertara, y tomó la responsabilidad de sus actos.
Antes de poder detenerse, lo abrazó.
- Gracias, Inuyasha – susurró en su oído, para darle luego un pequeño beso en la mejilla.
El ojidorado no entendía nada.
Le había confesado un asesinato, sin mencionar que la había convertido en una criatura de la noche, y ella ¿Le agradecía?
Definitivamente, está chiflada
Ella soltó una risita ante la mirada perpleja del peli plateado, para luego pararse y, tomándolo de la mano, arrastrarlo fuera de la habitación
- ¿A dónde me llevas, mujer? – preguntó, sintiendo un cosquilleo en su muñeca generado por el tacto de la azabache
- A casa – respondió sin más Kagome, dirigiéndose hacia las escaleras – La cena debe estar lista y a mi madre no le gusta nada esperar.
¿Qué demonios? Pensó Inuyasha
¿Estaba llevando a cenar a su casa a un chico vampiro que escasamente conocía, y que la había transformado a ella misma en uno?
Sí.
Al diablo resolvió ella. De todas formas, necesitaré supervisión.
En efecto, su madre estaba sirviendo la cena.
Cena que terminó en el suelo cuando ella apareció por la puerta de la cocina, con su piel tan blanca como la nieve, sus ojos tan rojos como la sangre, y, lo que más llamó su atención: unos colmillos bastante difíciles de ignorar
- ¿Qué diabl- ¿Kagome? – preguntó su madre, y si hubiese sido otra la situación, hubiese soltado una exclamación por escuchar a su madre maldecir
Pero estando donde estaban, era lo menos que podía esperar
- Mamá, yo… - trató de explicar, pero las palabras simplemente no salían
- Jovencita, explícate ahora. Creí que ya habías terminado con tus jueguitos de cosplay, y luego de un día entero fuera de tu casa ¿Llegas con esas pintas? – la regañó señalándola con su dedo índice, ceño fruncido mientras la observaba con desaprobación cariñosa.
Definitivamente, esto no es lo que esperaba pensó Kagome
Bueno, ahora que veo de qué palo salió la astilla, todo tiene más sentido pensó Inuyasha
- No, mamá, no entiendes…- se frenó
Cállate ¡Idiota! Síguele el juego, ya podrás explicarlo más adelante
- Te vas a cambiarte ahora mismo. Sin excusas. Y tú – dijo, refiriéndose a Inuyasha
Al ojidorado se le erizaron los bellos de la nuca
- ¿Si, señora? – Preguntó, sin querer admitir realmente que temía por si integridad física
- Toma asiento, por favor – le contestó Sonomi con una sonrisa, mientras volvía a revolver lo que sea que hubiera en esa olla.
Inuyasha miró a Kagome, sus ojos preguntando ¿Qué demonios se supone que haga?
Ella se encogió de hombros, y antes de dirigirse a su habitación para maquillarse y ponerse un par de lentillas marrones que tenía guardadas por ahí, le susurró lo suficientemente bajito como para que sólo el con sus desarrollados oídos la escuchara
- Sólo síguele la corriente y por nada en el mundo critiques su comida –
Y con eso, se retiró por las escaleras
No hay forma de que esto termine bien pensó Inuyasha mientras se sentaba, los ojos de la madre de Kagome observándolo con curiosidad y amabilidad mientras le sacaba tema de conversación
Y no se equivocaba.
¡Ya casi llegamos al final!
O eso creo. En realidad, me da la sensación de que con cinco capítulos no voy a llegar a abarcar la historia sin que quede inconclusa o atropellada, así que estaba pensando en extenderme hacia los diez días. ¿Ustedes qué dicen?
Con eso me despido, ¡Espero que les haya gustado!
Nos estamos leyendo *le habla a una planta rodadora que pasa por la pantalla*
Saludos, K-trasca
