Reto Reyes de la Noche de 5 días, del foro ¡Siéntate!

Inuyasha es propiedad de Rumiko.


Hangover

(Día 5: Estaca)


- Bueno, eso salió mejor de lo que esperaba – le dijo Kagome a Inuyasha mientras se sentaban en la banqueta ubicada a un costado del gran árbol en su patio, relajando los hombros.

Y realmente había sido así

Fue una comida tranquila, que transcurrió alrededor de una charla – o interrogatorio de parte de la madre de la azabache al vampiro – bastante amena.

Ambos se habían excusado para evitar ingerir el contenido repleto de ajo de sus platos, ya que a pesar de no hacerles daño, el alimento no era algo que fuera precisamente agradable a sus sentidos vampíricos.

La cena se había desarrollado con normalidad, exceptuando el detalle de las miradas que su hermano de doce años, Souta, le dirigía a Inuyasha cada tanto. Alternaba la dirección de su ceño fruncido entre ella y el susodicho, como sospechando algo, pero Kagome había decidido no prestarle atención. Después de todo, no había manera de que su hermano supiera qué era lo que realmente estaba sucediendo ahí.

- Si tú lo dices – contestó Inuyasha, con su usual tono irritado.

No puedo creer que haya venido a parar aquí pensó, mientras observaba de reojo a la chica a su lado, manos apoyadas a sus costados mientras una tenue sonrisa ocupaba sus labios

- Lo que no sé – habló Kagome, su mirada tornándose en una de preocupación – es cómo voy a decirle a mi madre la verdad

Ambos escucharon el ruido que hicieron las hojas de un arbusto cerca de ellos, pero lo pasaron por alto.

Inuyasha bufó

- ¿Cuál? ¿Qué te enrollaste con un vampiro? ¿O que ahora tú eres un- trató de decir sarcástico, pero su frase fue interrumpida por un grito

- ¡Lo sabía! ¡Eres uno de ellos! ¡Aléjate de mi hermana! – Souta se aproximaba a ellos corriendo a toda la velocidad que sus cortas piernas le permitían, fulminando a Inuyasha con una mirada entre furiosa y aterrada, con un objeto en sus manos.

¿Acaso era eso una estaca?

Kagome se movió lo suficientemente rápido para interponerse entre su hermanito y el peliplateado, que miraba al niño con rostro perplejo.

Joder, creo que la cagué pensó Inuyasha en su fuero interno

- Souta, ¡Cálmate! ¿Qué demonios estás haciendo? -

Kagome se encontraba conteniendo a su hermano sosteniéndolo por los hombros, cosa que no le costó demasiado. Después de todo, ahora poseía una fuerza superior. Se enfocó en no lastimarlo por ejercer sin querer demasiada presión.

- ¡Huye, Kagome! ¡Yo me encargaré de él! – Trataba de forcejear el jóven para poder llegar hacia el recién confesado vampiro.

Inuyasha bufó mentalmente. Como si la situación no fuera de por sí bizarra, ahora tenía a un enano amenazándolo implícitamente de muerte.

- ¿De qué estás hablando? – Inquirió la azabache – y por amor de Dios ¡Quédate quieto! ¡Vas a lastimar a alguien con esta cosa! – le quitó el objeto de las manos al menor, que efectivamente era una afilada estaca de madera.

Ella esperó que el arma – que su hermano seguramente había sacado del viejo galpón donde su abuelo guardaba sus antigüedades – le quemara como lo había hecho la cruz anteriormente, o generara alguna reacción física desagradable, pero para su alivio no sintió nada.

Su hermano volvió a llamar su atención, posándose entre ella y Inuyasha y extendiendo sus brazos horizontalmente en un gesto protector.

- ¡Es un vampiro, Kagome! ¡Lo sabía! ¡Lo sospeché cuando se negó a comer las chuletas que preparó mamá, y ahora acaba de confesarlo! Trataré de detenerlo, tú corre hacia la casa y dile al abuelo que venga ¡Rápido!

Oh, mierda

¿Cómo se suponía que iba a salir de esto? Debería haberlo imaginado, que todo había salido demasiado bien.

¿Qué iba a decirle a su Souta? Su hermano podía ser menor, distraído y un poco excéntrico, pero no era tonto. Tendría que decirle la verdad.

Pero primero, como buena hermana mayor, lo reprendería

- ¿Estabas escuchando a escondidas? ¡Souta! ¿Qué te he dicho sobre hacer eso? – Kagome puso sus brazos en jarra mientras observaba cómo el menor parecía ruborizarse y su mirada aterrada se convertía en una de arrepentimiento

- Lo sé – dijo, bajando su cabeza un segundo para luego levantarla junto con un dedo acusador hacia el vampiro - ¡Pero aun así es cierto! ¿Por qué estás con él? ¡Va a comernos!

Inuyasha se golpeó mentalmente. Todo este circo estaba comenzando a colmarle la paciencia

Kagome por su parte, tomó su tabique entre sus dedos índice y pulgar y contó hasta diez

Bueno, ya no puedo hacerme la tonta. Tendré que explicárselo pensó resignada. Había escapado de enfrentar a su madre, y ahora tendría que dar la cara frente a su hermano menor. Una de cal y veinte de arena.

Se agachó hasta estar a la altura de su hermano y lo miró a los ojos

- Souta, está bien – le dijo con voz suave, condescendiente – Inuyasha no es malo. No va a hacernos daño

El susodicho, detrás de ella, comenzaba a sentirse fuera de lugar y desvió la mirada, prestando especial atención a las ramas del gigantesco árbol que se alzaba sobre su cabeza

Joder, desearía que una de ellas me cayera encima para terminar con todo este ridículo rollo

Mientras tanto el menor lo observaba con desconfianza. Luego de unos segundos, se convenció de que si ese vampiro fuera a lastimarlos, ya se los habría cargado mientras estaban cenando.

Suspiró y, cuando estaba a punto de darle la razón a su hermana, las palabras quedaron atascadas en su garganta.

Los ojos de Kagome, que habían sido siempre – y hasta hace unos segundos atrás – de color marrón claro, ahora se estaban tornando del color de la sangre.

Casi mojó sus pantalones mientras se alejaba de a poco de su hermana

Kagome lo miró como si estuviera loco

Bueno, no me extrañaría que con todo esto se le terminaran de volar los patos

- Her… hermana… tus ojos – musitó el pequeño mientras la miraba con temor

A Kagome se le rompió el corazón, y quiso patearse el trasero a sí misma.

Por supuesto, los jodidos lentes de contacto habían elegido precisamente ese momento para disolverse en sus ojos, dejándola al descubierto.

- Souta – alzó su mano lentamente hacia el menor, tratando de transmitirle seguridad, buscando qué palabras decir para explicarle, pero el niño sólo se alejó más

- Eres… tú también… ¿Te ha convertido? – preguntó, su voz aguda perdiendo el volumen mientras hablaba

Los ojos rojos de Kagome se llenaron de lágrimas, mientras bajaba sus párpados y asentía, respondiendo en silencio el cuestionamiento de su hermano

A Inuyasha lo golpeó una nueva ola de culpabilidad.

Esto no estaría pasando de no ser por mi jodida falta de autocontrol se maldijo a sí mismo. Perdóname, Kagome

Los pensamientos llenos de dolor y arrepentimiento de ambos vampiros fueron interrumpidos al notar cómo el niño se abalanzaba sobre su hermana, rodeándola con sus brazos

- ¡Genial! ¡Mi hermana es un vampiro! ¡Esto es mejor que en los videojuegos! – Chilló el niño, e Inuyasha y Kagome tuvieron que esforzarse para no irse de espaldas

¿Qué demonios? Pero si a mí estuvo a punto de clavarme esa jodida cosa entre los ojos pensó el peliplateado indignado, adquiriendo un nuevo tic nervioso en el ojo

Kagome simplemente se quedó sin palabras, y correspondió el abrazo de su hermanito con fuerza medida mientras una sonrisa se formaba en sus labios, para luego alejarlo y sostenerlo de los hombros

- Pero entonces, ¿No me tienes miedo? – preguntó cautelosa

El niño sólo le sonrió, ojos brillantes mientras contestaba

- ¿Estás bromeando? ¡Esto es de película! ¡No puedo esperar a contarle a mis amigos, ellos dijeron que no existían! Voy a cerrarles la boc- su monólogo eufórico fue interrumpido por una mirada y voz desaprobadora de su hermana

- Ni se te ocurra. Souta, me alegra que te lo tomes tan bien pero, de verdad, jamás puedes decirle esto a nadie. Ni siquiera a mamá, tampoco al abuelo, y mucho menos a tus amigos. ¿Entendiste?

Kagome no sabía bien por qué la idea de revelar su secreto a alguien le ponía los pelos de punta, sencillamente su sentido común le gritaba que por nada del mundo se expusiera. Ni a ella, ni a Inuyasha.

Ante esto, su hermano hizo un puchero que le hubiese parecido totalmente tierno de no ser por la situación en la que se encontraban

- Bien – contestó molesto el menor, desviando su ceño fruncido hacia Inuyasha primero, y luego hacia el suelo

Kagome suspiró aliviada, pero sólo por precaución insistió

- Necesito que lo prometas. Por la garrita – le dijo, alzando su dedo meñique

Su hermano la miró, primero enfurruñado y luego solemnemente, mientras alzaba el mismo dedo y lo cruzaba con el de su hermana.

Inuyasha no entendía ni mierda de todo ese ritual. ¿Es que acaso era algún código secreto entre Higurashis?

¡Keh! No importa, mientras el renacuajo cierre la boca, por mí que se la cosan

Y es que a él tampoco le había gustado nada la expectativa de que el niño saliera corriendo a gritar que conocía a dos vampiros. Principalmente, si uno de ellos era él.

No sabía mucho sobre las leyes de la sociedad vampírica – después de todo, sólo llevaba siendo uno tres años, y no es como si se hubiese unido a un foro de chupasangres o algo por el estilo - pero por lo que le había dicho el pervertido de Miroku – su auto proclamado amigo y consejero- su existencia tenía que permanecer en absoluto secreto, siempre.

Además, un recientemente aparecido instinto protector quería asegurarse de que Kagome estuviera también a salvo, y que su nueva identidad se revelara no podía ser precisamente algo bueno.

- Bien – lo sacó de sus pensamientos la voz de la azabache – ahora ve a dormir y recuerda, nada de esto a nadie ¿Si?

Souta asintió al mejor estilo soldado, mientras le devolvía la sonrisa a su hermana mayor, y le dirigía una mirada a su nuevo amigo vampiro – después de todo, si era el novio de su hermana, eso lo convertía en su cuñado.

- Disculpa por haber tratado de matarte, colmillos de perro- le dijo un tanto avergonzado mientras rascaba su nuca.

Inuyasha gruñó ante el nuevo apodo que el molesto chiquillo le había adjudicado, y a punto estaba de amenazarlo con partirle el cuello si volvía a llamarlo así, cuando la mirada de advertencia de Kagome lo limitó a cruzarse de brazos y fruncir el ceño.

Estúpida mujer con su estúpida mirada asesina.

– ¡Pero espero que seamos buenos amigos! Y cuida a mi hermana, por favor ¡Si algo le pasa, no dudaré en usar mi estaca! – Trató de sonar amenazante antes de correr hacia la casa.

Kagome negó con su cabeza mientras sonreía. Souta no tenía remedio.

- Como si pudieras hacerme un rasguño – gruñó Inuyasha fingiendo molestia, levantándose de la banca y estirando su espalda y brazos

- Discúlpalo, Inuyasha – le sonrió Kagome avergonzada – y discúlpame por haberte hecho pasar por esta situación, sé que debió ser muy incómodo

Inuyasha la miró sorprendido, un sonrojo subiendo a sus mejillas mientras desviaba la mirada bufando

- No fue nada – habló bajito, mientras comenzaba a caminar hacia la entrada del templo. Necesitaba un baño y una buena siesta.

Porque, a pesar de la creencia común, los vampiros sí dormían, e Inuyasha disfrutaba mucho – demasiado – de esa actividad.

- ¿Ya te vas? – preguntó Kagome, decepción denotada en su voz

Inuyasha la miró por sobre su hombro, curioso

- Pues claro ¿Qué esperabas? – le dijo, dándose la vuelta al ver cómo la azabache bajaba su mirada y se cruzaba de brazos

Y es que Kagome no podía evitar – sin saber bien por qué – sentir una puntada en su pecho al realizar que esa era la despedida. Después de todo ¿Qué razón, qué excusa tenía ella para seguir viendo a Inuyasha?

Pero más importante ¿Qué era lo que la hacía querer seguir viéndolo?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la realización de la prescencia de Inuyasha invadiendo su espacio personal

Sus ojos dorados expresaban irritación y preocupación en partes iguales mientras le preguntaba

- Oye ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

No era común que los vampiros experimentaran dolores, mucho menos enfermedades, pero Kagome parecía ser la excepción a todo.

La chica se limitó a forzar una sonrisa, y negó con la cabeza

- Sí, claro, no es nada – habló intentando controlar el acelerado latido de su corazón

Y ahora que lo pensaba ¿Cómo era que ese órgano seguía funcionando? ¿No se suponía que al momento de convertirte, se detenía? ¿No eran llamados los de su raza muertos en vida y otro tipo de apodos en referencia a su falta de pulso?

Y si se detenía a observar, había visto a Inuyasha ruborizarse – levemente – unas cuantas veces. De hecho, ella misma en este momento sentía la sangre agrupada en sus mejillas, producto de la cercanía del muchacho.

Junto con estos cuestionamientos, otro montón de preguntas asaltaron su mente, y entre ellas la principal era ¿Cómo iba a encontrar las respuestas? Dudaba que Inuyasha quisiera permanecer a su lado impartiéndole clases de construcción ciudadana vampírica, explicándole cuestiones de su anatomía y su comportamiento como sanguijuela recién iniciada

Mientras tanto, el peliplateado estaba comenzando a frustrarse por la expresión concentrada, preocupada y - ¿era eso tristeza? – en el rostro de la chica

Necesitaba irse a su departamento pero, de alguna forma, no se sentía bien abandonándola sabiendo que algo la estaba molestando

Joder, pasar tiempo con el bastardo sentimental de Miroku lo estaba comenzando a afectar

Con un bufido, tomó el mentón de Kagome en sus manos y lo obligó a mirarlo

- Ya, dime. ¿Qué es? – exigió con tono autoritario, notando cómo las mejillas de la joven se tornaban aún más rojas, lo que resaltaba el color de sus irises

No parecía posible pero, a cada momento, la encontraba más atractiva

El suspiro, seguido de la respuesta que esperaba de parte de Kagome lo sacó de sus molestos pensamientos

- Es sólo que – dijo, apartando la mirada. Por alguna razón, la chica parecía no poder sostenérsela más de unos dos segundos, y eso estaba comenzando a irritarlo – tengo muchas dudas, y hay tantas cosas que no entiendo, y realmente no sé cómo manejarme en medio de todo esto ¿Qué pasa si cometo algún error? ¿Y si mato a alguien? Ya no estarás aquí para controlarme y no tengo idea de a quién acudiré a partir de ahora ¿Existe algún tipo de policía vampirezca? ¿Tienes el número de algún psicólogo vampiro? Porque realmente podría usarlo – su verborragia fue interrumpida por los labios de Inuyasha, así como también los latidos de su corazón.

La estaba besando. Jesús, la estaba besando, y no se sentía para nada mal.

La sorpresa hizo que su respuesta fuera tardía, pero luego de unos dos segundos le correspondió, cerrando sus ojos y llevando sus manos a la camiseta de él

Bien, dos pájaros de un tiro pensó el peliplateado te callas y puedo hacer lo que vengo esperando desde que te despertaste hoy

Y es que realmente, aún en medio de toda esa bizarra situación, se encontraba – más seguido de lo que le gustaba – queriendo besar a la azabache desde que había abierto los ojos esa mañana.

No sabía exactamente qué tenía esa mujer, pero lo que sí sabía es que lo estaba volviendo loco de a poco, y no estaba seguro de cómo detener todas esas sensaciones.

Se separó de ella para mirarla a los ojos y acariciar su mejilla con el pulgar

- ¿Quién demonios dijo que dejaría de estar aquí? – Preguntó molesto, mientras trataba de no reírse ante la expresión de sorpresa de la azabache

Porque no, no había pasado por alto ese punto en medio de la catarata de palabras que había soltado la chica segundos atrás

– Por supuesto que no voy a dejarte sola ¿Quién va a evitar que vayas por ahí rompiendo todas las normas que hay, sino? No eres precisamente cautelosa, y si cometes alguna estupidez, vendrán a buscar mi trasero. Olvídalo. Vas a aguantarme quieras o no, al menos hasta que aprendas cómo ser un vampiro común y corriente.

Aunque ni él mismo estaba demasiado seguro de cómo ser uno. Después de todo, no era como si su raza fuera precisamente normal.

Su monólogo desencadenó en Kagome un agradable cosquilleo que le recorrió de pies a cabeza, y no pudo pensarlo dos veces antes de rodear su cuello con sus brazos y apoyar la cabeza en su pecho

- Inuyasha ¡Gracias! Eres el mejor – le dijo, su voz ahogada por la tela de la camiseta de él, quien no tardó ni dos segundos en ruborizarse y corresponder levemente el abrazo de la conmocionada chica

Jodidas mujeres vampiro con sus jodidos arrebatos emocionales

- ¡Keh! No es para que te emociones. Sólo no quiero hacerme responsable ni sentirme culpable si algo te pasa – trató de justificarse, pero sabía en el fondo que en realidad se trataba de una parte de él que no quería alejarse de la chica. No todavía.

Kagome se alejó lo suficiente para mirarlo divertida, y posar un suave beso en su mejilla que lo mandó al diablo.

A punto estaba de despedirse y decirle que se verían mañana, cuando el celular de ella lo interrumpió

La cara de Kagome perdió todo el color

- Es mi amiga Sango – musitó, mientras se mordía el labio y atendía, sabiendo lo que le esperaba

Y no se equivocaba

- ¡Kagome Higurashi! ¿Se puede saber dónde demonios estás? ¿Tienes idea de lo preocupada que me tenías? No supe de ti hasta que llamé recién a tu casa y me atendió tu madre, diciendo que habías llegado a la hora de la cena de nó se dónde, con no sé qué chico ¿Qué carajos está sucediendo? Y espero una explicación válida o iré ya mismo hasta el templo para patear tu desconsiderado trasero

Como ya sabía la que se le venía, Kagome dejó despotricar a su amiga, para aprovechar el momento en que la misma tuvo que frenar su monólogo de puteadas para tomar aire e interrumpirla.

- Sango, ya cálmate. Estoy bien. Estoy en casa. El "chico" es Inuyasha, él es… - se cortó, no sabía muy bien cómo categorizarlo. No era precisamente su amigo, pero tampoco… agh, liarte con un vampiro traía más complicaciones de lo que pensaba, y no la ayudaba el hecho de que el peliplateado estuviera escuchando toda la conversación, con una sonrisa soberbia y ojos divertidos – un amigo que me dejó dormir en su departamento porque alguien decidió dejarme a pata en el bar la otra noche –

A Kagome le pareció notar que Inuyasha fruncía por un segundo el ceño ante el sonido de la palabra "amigo", pero no le prestó atención.

Del otro lado, Sango guardó silencio unos segundos y le pareció escuchar cómo susurraba algo parecido a "Jodida Yura, tú puedes ir despidiéndote de tu estúpido cabello"

N- o te dejé sola ¿Cómo puedes pensar eso de mí? – Su amiga sonaba indignada ante tal acusación- le encargué a Yura que te cuidara, pero la idiota no me hizo caso – volvió a interrumpir sus palabras para susurrar más maldiciones hacia la susodicha – en fin, lo importante es que estás bien. Iré mañana en la tarde a tu casa para que me cuentes todo. Luego hablamos. Te adoro y por favor trata de no embriagarte y meter tu trasero en problemas hasta que llegue ¿Si? Adiós – Y con eso, la llamada se cortó

Kagome se quedó observando el aparato en sus manos como si estuviese poseído por algún espíritu, hasta que notó que la presencia de Inuyasha había desaparecido. Ahora, el peliplateado se encontraba caminando hacia las puertas del templo.

¿Era su impresión o estaba enojado?

- ¡Inuyasha, espera! ¿A dónde vas? – le gritó, mientras se debatía si correr detrás de él o no

- A mi casa. Volveré mañana cuando tu amiga termine de regañar tu ebrio trasero – dijo él sobre su hombro a un volumen normal, y a ella le sorprendió haberlo escuchado con claridad

Las ventajas de tener oídos de vampiro, supuso

No pudo evitar que una sonrisa boba se formara en su rostro ante la expectativa de verlo al otro día. Inuyasha no iba a desaparecer.

Sólo tenía que tranquilizar a Sango para luego…

Entonces, una realización le cayó encima cual balde de agua helada

Sango. ¿Cómo demonios se suponía que iba a explicarle su nuevo aspecto?

A ella no podría engañarla con un par de lentes y evitando mostrar sus colmillos. La chica tenía unos ojos de halcón, y más en lo que se refería a ella. Por alguna razón, jamás podía ocultarle nada. Quizás se debía a que la conocía – se atrevía a decir – más que ella misma, y estaba segura de que se daría cuenta de que algo estaba pasando, y no dejaría de perseguir su trasero hasta que le dijera la verdad

Malditas amigas extremadamente observadoras

Definitivamente, estaba jodida.


Sí, sí, hace un capítulo estaba presumiendo sobre mi responsabilidad a la hora de publicar los capítulos en el momento que correspondía, y ahora caigo con esto uno – o dos? Ya ni sé – días tarde. Perdoooooon!

Si sirve como excusa, estuve con un par de quilombitos personales, pero ya se resolvieron

Creo que leí por ahí en los reviews una observación sobre vampiros que se sonrojan and shit, y si, la verdad es que no me salieron precisamente tradicionales, al estilo piedras vivientes, pero quería que en cierta forma conservaran su humanidad también en ese tipo de aspectos – algo que explicaré en los próximos capítulos –

Así que, seh, ahí está el quinto

Pienso extenderlo hasta los diez días, 1000dis, van a tener que aguantar esto cinco capítulos más

¡Espero que les haya gustado!

Nos vemos mañana, saludos!

K-trasca