Reto Reyes de la Noche de 5 (extendido hasta 10 porque soy una enferma) días, del foro ¡Siéntate!

Inuyasha es propiedad de Rumiko.


Hangover

(Día 6: Halloween)


Se encontraba tamborileando sus dedos en la mesa de la cocina, observando la aguja más pequeña del reloj de la pared avanzando rápidamente hacia el dos. La hora en que su amiga había dicho que llegaría.

Su rostro lucía unas oscuras ojeras, producto de una noche sin dormir, al estar ocupando su mente en generar escenarios de lo que podría pasar en unos cuantos minutos.

No se había molestado en maquillarse o ponerse esos molestos lentes de contacto – esas cosas le irritaban los ojos a más no poder.

Y eso era, sencillamente, porque había decidido enfrentar a Sango con la verdad.

Había considerado múltiples mentiras que podría soltarle – anemia para explicar su palidez, que sus colmillos eran de cotillón, y quién sabe cuánta mierda poco creativa más.

Pero se había determinado a explicarle a su amiga las cosas como eran, y esperar el mejor – o el peor – resultado.

Conocía a Sango probablemente más que a ella misma, pero aun así no podía figurar su reacción al verla, y mucho menos al explicarle.

Bueno, en realidad sí. Probablemente se reiría primero, burlándose de sus locas historias y su exceso de imaginación. Luego, cuando se diera cuenta de que no estaba jugando, correría hasta donde sus piernas se lo permitieran y jamás la volvería a ver. Y eso la asustaba. Mucho.

El sonido insistente y repetido del timbre interrumpió sus lúgubres pensamientos, instalando una sensación de pánico en su pecho.

Le echó una mirada al reloj. Dos en punto. ¿Por qué demonios, de todos los días, Sango había elegido ese para ser tan puntual?

Se acercó con pasos lentos hacia la puerta, y tomando una profunda inspiración, la abrió.

- ¡Por fin abres, mujer! ¡No creerás lo que acaba de pasar de camino hasta aquí! A propósito, ¿No han considerado poner un ascensor en la entrada? Esas malditas escaleras me dejan las piernas como dos – Detuvo su irritada verborragia al momento en que, luego de pasar por la puerta y dejar su abrigo en el perchero, se volteó y vió a Kagome.

Y el alma de la misma se le fue a los pies

Se quedó parada frente a la castaña, esforzándose por mantener sus ojos fijos en su rostro, tratando de analizar su expresión

Primero, sus ojos habían denotado sorpresa. Luego, aunque le pareció extraño, reconocimiento, y después sencillamente temor e inquisición

No dijo una palabra. Permitió que su amiga observara sus rasgos con detenimiento, dejando que se acostumbrara a su nueva apariencia. Aunque ella misma no terminaba de hacerlo del todo.

Luego de lo que pareció una eternidad en silencio, Sango se acercó, posando una mano en la mejilla de Kagome, dejándola perpleja

- Dime que no es lo que pienso – musitó, sus ojos llenos de preocupación

Kagome no podía encontrar su voz, ni entender las palabras de la castaña. Tomó la mano de su amiga, quien la retiró inmediatamente, dando un paso hacia atrás.

- Sango, yo…-

- Kagome, explícame ahora mismo qué está pasando, y más te vale que no sea lo que creo que es

Otra vez, la sugerencia implícita que había en las palabras de su amiga la desconcertó

- ¿Qué es lo que estás pensando, exactamente? – Su voz era tan sólo un susurro

- Algo que realmente espero no sea la verdad. Dime que has vuelto con tus infantiles juegos de cosplay, y que has pasado demasiado tiempo sin tomar sol. Dime que esa apariencia no tiene nada que ver con lo que creo que es.

Ahora Kagome realmente estaba perdida. Por un segundo, consideró la idea de que Sango supiera. De la existencia de los vampiros. De cómo se veían. Pero eso era imposible

¿Verdad?

Kagome soltó un agotado suspiro mientras se sentaba en uno de los sillones de la sala, haciéndole un gesto a su amiga para que la siguiera.

Esperó a que se sentara y, luego de unos segundos de devanarse los sesos para encontrar las palabras adecuadas, habló

- Mira… sé que esto va a sonar a una locura. Sé que probablemente no lo creas, y podría mentirte y darte la razón en todo lo que has dicho, pero he decidido no hacerlo. Ahora, lo único que te pido es que mantengas la mente abierta, y no me interrumpas hasta que termine de contarte todo. ¿Puedes hacerlo? ¿Por mí?

La castaña apretó entre sus manos la tela del almohadón debajo de ella, y con una mirada seria y solemne, asintió.

Kagome procedió a explicarle todo. Cómo luego de que ella se fuera del club, se encontró en la barra hablando con un apuesto muchacho – del cual omitió el nombre. Cómo se había despertado en su departamento, para descubrir que él, y ahora ella también, eran vampiros. Cómo eso era irreversible y cómo había evadido tener que decirle la verdad a su madre, pero su hermano menor lo descubrió de todas formas. Todo.

Cuando terminó, sentía su garganta seca y sus ojos un tanto cristalinos, reflejando su temor ante la posible reacción de Sango. Pero dentro de su pecho, también, sintió una especie de alivio por dejar salir todo lo que había pasado en los últimos dos días.

Esperó impaciente la respuesta de su amiga, retorciendo su falda entre sus dedos mientras la observaba, su corazón latiendo a una velocidad casi imposible.

Luego de unos minutos que parecieron horas en silencio, Sango soltó un resignado suspiro

- Te creo – Le dijo, acercándose a ella y abrazándola por los hombros – Desearía no hacerlo. Pero te creo – Su agarre se apretó un poco más, y Kagome no recordaba haber entendido menos de una situación en toda su vida

Le devolvió el abrazo a su amiga - ¿Lo haces? ¿De verdad?

Sango se arrodilló en frente suyo, mirándola a los ojos

- Normalmente estaría llamando a un hospital psiquiátrico, pero tuve el placer de cruzarme con uno de los tuyos la noche en que te dejé en el bar, así que no me tomó totalmente por sorpresa. No debería haberte dejado sola. Lo siento tanto, Kagome – Sus ojos se cristalizaron, llenos de arrepentimiento – Si te hubiera llevado conmigo nada de esto estaría pasando. Perdóname – sollozó, lanzándose abrazándola nuevamente mientras comenzaba a llorar

¿A uno de los míos? Pero ¿cómo es eso posible?

Kagome acarició la espalda de Sango en un instintivo gesto de consolación, mientras intentaba darle un sentido a todo ese embrollo

Bueno, la presencia de un vampiro en el club esa noche no era algo demasiado difícil de creer. Después de todo, ahí había conocido a Inuyasha.

El hecho de que Sango se encontrara con uno, y supiera cómo lucían, explicaba el porqué del destello de reconocimiento en su mirada en el momento en que la vió.

Pero aun así, había muchas cosas que no entendía. Alejó suavemente a Sango lo suficiente para mirarla a los ojos

- Creo que tú también tienes un par de cosas para contarme. Ven, te prepararé un té y quizás podremos entender qué demonios está sucediendo aquí – La ayudó a levantarse despacio, mientras le sonreía levemente, tranquilizadora, y la conducía a la cocina.

Sango ocupó una de las sillas mientras Kagome ponía a hervir el agua, todavía incrédula de cómo estaban saliendo las cosas. Había imaginado muchas maneras en las que podría resultar su confesión, pero ésta definitivamente no era una de ellas.

Llenó dos tazas y las posó en la mesa, para luego sentarse en frente de su amiga, quien tomó entre sus manos el recipiente agradeciéndole con una leve sonrisa, un poco más calmada ya

- Bien, suéltalo – Le espetó Kagome una vez que la vió tomar el primer sorbo

Sango suspiró bajando la taza

- Luego de entrar y de perder tu ebrio trasero dentro de ese club – Sango le dirigió una mirada molesta, a la que Kagome respondió con una sonrisa de avergonzada disculpa - comencé a dar vueltas tratando de encontrarte. Estaba a punto de entrar en el baño cuando un imbécil tocó mi trasero. Me di vuelta para mandarlo al diablo y darle su merecido, pero me dejó de piedra ver su apariencia – dijo frunciendo mientras recordaba los hechos

- ¿Se veía como yo? – Preguntó Kagome

- No tanto. Sus ojos no eran rojos. Eran azules. Pero era igual de pálido, y cuando me sonrió – porque sí, el imbécil además se había dado el tupé de sonreírle – vi sus colmillos, y no había tomado tanto como para comenzar a alucinarlos. Me quedé parada como una idiota, hasta que el pervertido se presentó como "Miroku, un placer conocerte, preciosa"

Kagome trató de rebuscar entre su lista de vampiros conocidos para ver si recordaba ese nombre, pero no dio resultado. Después de todo, sólo conocía a Inuyasha.

Sango prosiguió con su historia. Le explicó cómo le había respondido "El placer no es mío, imbécil" antes de abofetearlo y seguir su camino hacia el baño.

Cuando salió, se encontró con que el idiota seguía en la puerta, aparentemente esperándola con una marca roja en su mejilla que la hizo sentir orgullosa de ella misma.

Le dijo que se perdiera, pero él simplemente la ignoró, siguiéndola por todo el club con la intención de "disculparse apropiadamente por su indebido comportamiento"

Sango bufó entonces, y también al recordarlo. Conocía a los de su tipo. La jugaban de caballeros hablando con palabras rebuscadas, pero eran tan hormonales y estúpidos como el adolescente promedio.

Luego de media hora de tenerlo tras ella, le dijo sobre su hombro que se perdiera, pero él insistió en recompensarla con una cita. Otros diez minutos más de insultos por parte de ella e insistencia por parte de él, y se resignó a darle "su" número telefónico. Uno falso, por supuesto. No era como si fuera tan tonta para darle el real.

Con eso, el jóven sonrió satisfecho y se retiró con una fingida y exagerada reverencia. Ella no cabía en sí misma de la indignación.

- Jodido imbécil – susurró entre dientes – debería haberle pateado sus pequeñas pelotas por atrevido. Como sea, luego de eso te encontré y, bueno, ya sabes lo que pasó después – dijo, su mirada irritada transformándose en una arrepentida. Dirigió sus pupilas a las de la pelinegra, que la miraba desconcertada – Así que ya sabes. Si buscas a quién culpar por haber terminado convertida en un… vampiro – la palabra sonaba ridícula e irreal saliendo de sus labios – aquí me tienes. Lo siento tanto, Kagome – Sango tomó sus manos por arriba de la mesa – De verdad. Por favor, no me odies.

Kagome la miró perpleja antes de apretar las cálidas manos entre las suyas, cuidando de controlar su fuerza

- Sango, ¿pero qué estás diciendo? Nada de esto es tu culpa – la tranquilizó, con la voz más sincera que pudo – Fui yo quien se embriagó y terminó en la casa de un extraño – no pudo evitar el sonrojo que subió desde su cuello hacia sus mejillas al decirlo – y fue sencillamente mala suerte que resultara ser un vampiro y me convirtiera. Si alguien tiene la responsabilidad aquí, soy yo. Así que ni pienses en sentirte mal por esto.

Sango la miró por unos segundos antes de sonreírle, agradecida por quitar el peso de sus hombros con sus palabras

Kagome por su parte, tenía un par de preguntas más

- Pero, volviendo al tema, el hecho de que ese tal Miroku te acosara no explica cómo supiste que es… uno de los míos – dijo, sus labios haciendo una leve mueca ante la forma de referirse a ella misma y los de su especie - ¿Qué hizo ese pervertido para delatarse?

Sango soltó otro suspiro irritado mientras hacía su taza ya vacía a un lado

- El idiota era más persistente de lo que pensaba. Creí haberle pasado un número random, pero de alguna manera consiguió el mío, y al otro día me llamó – dijo con molestia, apoyando su mentón en la palma de su mano – Me pidió que nos encontráramos en el parque que está a dos cuadras de casa, y terminé yendo sólo para que dejara de joderme.

Aunque, muy en el fondo – y jamás lo admitiría – también asistió porque muy a su pesar, el chico le generaba cierta curiosidad y – ya que estábamos perdiendo la dignidad – atracción.

Kagome escuchaba atentamente a su amiga, observando sus gestos irritados.

- Estuvimos charlando durante la tarde. Fue… agradable, creo – dijo renuente. Luego de un buen rato, no pude aguantar mi curiosidad y le pregunté sobre su apariencia. Y ahí me confesó lo que era, como si nada

Aún no podía creer la facilidad con la que Miroku le había contado algo de tal magnitud con semejante simpleza

El chico sencillamente se había encogido de hombros, y le había dicho: No me creerás si te lo explico

Ella insistió, prometiendo ser una chica de mente abierta, a lo que el cedió finalmente y, acercándose – invadiendo su espacio personal – le susurró con una traviesa sonrisa – Soy un vampiro

Obviamente, Sango lo mandó al diablo por burlarse de ella, y se levantó para alejarse, pero él la detuvo tomándola de la mano

- Por supuesto que no es mi intención burlarme de ti – le dijo – Es tu decisión creerme o no. Yo sólo respondí tu pregunta. Pero mal que te pese, y aunque te cueste asumirlo, no vives en el mundo que crees, querida Sango. Existimos, y somos tan increíblemente reales como tu belleza – y con esto, besó el dorso de su mano y desapareció.

Literalmente. El jodido chico simplemente se había desvanecido en el aire.

Permaneció parada en medio del parque, mirando ausente y atónita hacia el espacio donde anteriormente había estado el muchacho, mejillas sonrosadas por el rastro de calor que sus labios habían dejado en su muñeca.

- Y eso fue todo – Sango terminó su anécdota, apoyándose en el respaldo de la silla con el ceño fruncido.

Kagome no cabía en sí misma de la sorpresa

- Bueno, creo que eso explica un par de cosas – musitó. Estaba shockeada, y es que, ¿cómo era que ambas habían ido a parar al encuentro con dos vampiros?

El mundo era realmente un lugar muy pequeño

- Y que lo digas – susurró irritada Sango, perdida en sus pensamientos mientras observaba a su amiga.

En menos de dos días, se había cruzado con un jodido chupasangre, y su mejor amiga se había convertido en uno, también.

No estaba segura de creérselo todavía

- Aun así – Kagome llamó nuevamente su atención – Miroku, siendo un pervertido y todo, suena bastante encantador – dijo con una sonrisa y mirada que a Sango no le estaban gustando

- ¿Qué insinúas? – espetó, levantando una ceja

- Oh, vamos – Kagome giró sus ojos – No puedes decirme que no te gusta. Se te nota en la cara.

Sango se maldijo a sí misma por no poder contener el sonrojo que ocupó sus mejillas

- ¿Qué tonterías dices? ¡Jamás podría ponerle el ojo encima a un idiota como él! – se cruzó de brazos desviando la mirada, tratando de ignorar la molesta voz que repetía en su cabeza que eso no era del todo verdad

- Sí, claro – Bufó Kagome – te conozco mejor que eso ¿Sabes?

- Oh, cállate.

Sus tranquilas risas inundaron la cocina, el ambiente claramente estaba libre de tensión

- ¿Y qué me dices tú, eh? Inuyasha – Enfatizó el nombre de forma burlona

A Kagome se le fue el alma a los pies

- ¿Cómo…- en su desconcierto, no pudo ni terminar la pregunta

Afortunadamente, Sango la respondió por ella

- Oh, sí, otro detalle – pareció recordar ella – Cuando me fui del parque y llegué a mi casa, recibí un mensaje del idiota de Miroku – dijo mientras tomaba su celular y abría la casilla de mensajes, seleccionando el mencionado y pasándole el aparato a Kagome, que observó la pantalla curiosa

- Si fuera tú llamaría a tu amiga. Inuyasha es inofensivo, pero puede ser un idiota a veces.

-M

- Lo llamé luego de leerlo para pedirle explicaciones, y me contó que un amiguito suyo se había ido contigo. Te llamé después de eso, y bueno… aquí estamos – Se encogió de hombros mientras volvía a guardar el celular en el bolsillo de su cartera – Así que, suéltalo. ¿Qué tan grande es el imbécil al que voy a patearle el trasero por convertirte?

Kagome estuvo a punto de reprenderla y explicarle que no era culpa del ojidorado, pero una profunda voz la interrumpió

- Bueno, gírate y velo por tú misma – gruñó Inuyasha, sus brazos cruzados mientras mantenía su peso sobre el marco de la puerta, ceño fruncido dirigido hacia su amiga

Kagome maldijo en su fuero interno.

Tenía que aparecer justo en ese momento.

¿Y cómo demonios había entrado a su casa, de todas formas?

- Así que tú eres el bastardo que transformó a mi amiga – Siseó Sango mientras se levantaba, su cuerpo tensado como el de un gato.

Jesús, tenía que parar todo esto antes de que terminara mal

- ¿Y qué con eso? – Contestó Inuyasha, parándose sobre sus dos pies y levantando el mentón, desafiante

Sango lo miró entre incrédula y furiosa

- ¿Qué con- pero qué demonios tienes en la cabeza? ¿Acaso le preguntaste siquiera si era lo que ella quería? ¡Eres tan imbécil como tu amigo Miroku! – El tono de su voz se elevó mientras se acercaba peligrosamente al peliplateado

La mirada de Inuyasha se dirigió, dolida, hacia Kagome ante la segunda pregunta de la castaña, y luego incrédula hacia Sango ante su última exclamación

- Yo no tengo por qué rendirte cuentas a ti, perra. ¿Y cómo conoces a Miroku?

- ¡¿A quién llamas perra, sanguijuela infradotada?!

- ¡¿Ves alguna otra por aquí?!

- ¡Ustedes dos, ya cálmense!- Kagome se entrometió entre los dos, extendiendo sus brazos hacia cada uno para alejarlos. Si no intervenía, terminarían a las patadas. Y eso definitivamente no saldría bien para Inuyasha.

Sí. Para Inuyasha. No por nada Sango llevaba diez años practicando kick boxing. Podía ser todo lo vampiro súper fuerte que quisiera, pero su amiga tenía las de ganar tanto o más que él. Y no iba a permitirlo.

- Hazte a un lado, Kagome ¡Voy a darle a este imbécil lo que se merece!

- ¡Já! ¡Quiero verte intentarlo, bruja! –

- ¡Ya basta! – Volvió a empujar, y el volumen de su voz, más que la fuerza en sus brazos, los hizo retroceder - ¡Dejen de comportarse como idiotas! ¡Se sientan, los dos! – gritó señalando hacia las sillas.

Inuyasha y Sango se miraron mutuamente, más asustados por Kagome que furiosos con el otro, antes de obedecer la orden. Porque claramente, no había sido una sugerencia.

Kagome suspiró exasperada antes de sentarse en la cabecera de la mesa

- Inuyasha, no permitiré que le hables así a Sango – dijo ante la mirada incrédula del vampiro, para luego dirigirse a su amiga, que observaba al peliplateado con una sonrisa soberbia – Y Sango, no permitiré que hagas sentir mal a Inuyasha. Ya se disculpó, ya lo perdoné, y no hay nada qué hacer al respecto. Así que se calman. Los dos.

Ambos la observaron traicionados. Un silencio tenso se mantuvo por unos segundos.

- ¡Tienes que estar bromeando! – Gritaron los dos al mismo tiempo. A Kagome ya le estaba empezando a doler la cabeza.

- No. No lo estoy – Cortó las nuevas quejas Kagome, con voz autoritaria - Ella es mi amiga, y no le faltarás el respeto. Y yo soy como él ahora, así que cualquier término despectivo que utilices con él, será para mí también. Ambos son parte de mi vida ahora, así que se llevan bien y se aguantan ¿Entendido?

Los dos se quedaron sin palabras.

Sango por caer en el hecho de que Kagome tenía razón. Le gustara o no, era un vampiro ahora. Y no iba a insultarla por eso – ni siquiera como efecto colateral por decirle sus verdades al idiota de Inuyasha

Inuyasha por la última declaración de Kagome. "Ambos son parte de mi vida ahora"

¿Lo decía en serio, o sencillamente se le había escapado?

Un leve sonrojo se extendió por sus mejillas mientras desviaba su mirada hacia un lado, molesto.

- ¡Keh! Como sea. De todas formas no iba a seguir desperdiciando saliva en ella.

Tanto Kagome como Sango rodaron los ojos.

Inuyasha a veces era tan infantil.

El resto de la tarde transcurrió con tranquilidad. Kagome le contó a Inuyasha cómo Sango había conocido a Miroku, y él explicó cómo se había convertido en su "amigo"

Se había plantado frente a él una noche en un callejón, mientras él se… alimentaba de un asesino que había estado jodiéndole la vida a la gente de esa zona por semanas.

Inuyasha lo había observado con irritación, mientras limpiaba los rastros de sangre de las comisuras de sus labios con su manga. No se molestó en disimular. Reconoció a Miroku como uno de los suyos en ese instante por su esencia.

- Deberías tener más cuidado ¿Sabes? No oscureció del todo, y si te ven, estaremos en problemas

Inuyasha lo observó, escéptico. ¿Quién era ese idiota para venir a decirle cómo manejarse, con su elegante porte y su cabello estúpidamente bien peinado?

- Piérdete – Le gruñó, mientras tomaba el cuerpo sin vida del asesino y lo tiraba en el conteiner de basura del callejón

De todas formas, ahí pertenece pensó oscuramente, luego de cerrar la tapa y encaminarse hacia la salida, pero Miroku se plantó frente a él, impidiéndolo

- Creo que no me estás entendiendo – le dijo, su voz con un leve tono de advertencia – Si vas por ahí regando cadáveres y haciendo las cosas de una forma tan despreocupada, pueden descubrirte. Si eso pasa y se dan cuenta de lo que eres, nos estarás delatando a todos. Y poniéndonos en peligro. Y no puedo permitir eso – Sus pupilas lo atravesaron, solemnes y serias.

A Inuyasha no le gustó esa mirada. Además de que tampoco le gustaba que le dijeran qué hacer.

No, ese tipo no le agradaba, para nada.

- ¿Y qué vas a hacer al respecto, huh? – Inquirió, sus músculos tensándose en anticipación. Si ese imbécil quería pelea, la tendría.

El jóven delante suyo – que por alguna razón, no lo parecía tanto – lo miró por unos segundos antes de suspirar

- Te enseñaré – le dijo, como si eso significara ponerse una mochila llena de ladrillos al hombro

Inuyasha lo miró sin entender

- ¿Enseñarme qué? – Bajó la guardia por unos segundos

- A alimentarte sin causar problemas. Además de otras reglas de las cuales no pareces estar al tanto – Lo miró de arriba abajo antes de volver sus ojos a su rostro y sonreír, disipando de repente todo el ambiente turbio que se había instalado entre ellos – Soy Miroku, un placer conocerte – le extendió la mano

Inuyasha lo miró como si le hubiesen crecido dos cabezas de repente.

¿Qué demonios le pasa a este tipo?

Miró dubitativo hacia la mano del pelinegro, considerando su oferta en silencio

Él no era precisamente de los que gustaban de recibir ayuda de los demás – no la necesitaba, de todas formas - pero la realidad era que no le vendría nada mal averiguar un poco sobre su nueva especie, y el chico parado frente de él parecía saber todo lo que él necesitaba.

Con un gruñido, tomó la mano y la sacudió levemente

- Inuyasha. Ahora vámonos de aquí, apesta a basura – dijo mientras salía del callejón, seguido por Miroku, quien sonreía en silencio detrás de él

Puede que éste sea el comienzo de una bella amistad

- Y así conocí a ese pervertido – dijo Inuyasha, mientras le daba una mordida al sándwich que Kagome le había preparado luego de que se lo pidiera – o exigiera.

Sango bufó inconscientemente de acuerdo con el apodo adjudicado al pelinegro, pero su mirada se tornó curiosa mientras observaba a Inuyasha masticar su comida

Él no pasó su inquisición por alto, y le frunció

- ¿Qué me ves? Hazte el tuyo si quieres – gruñó, alejando levemente su aperitivo de la vista de la castaña, como si esta fuera a robárselo

Sango rodó los ojos

- No quiero tu sándwich, idiota. Sólo me preguntaba cómo es que, siendo un vampiro, estás alimentándote de comida humana

Kagome pareció notar exactamente en ese momento el punto de su amiga, y casi salta en su silla por la revelación

¡Cierto! Pero ¿cómo puedo ser tan distraída?

- ¡Eso, eso! – Habló con voz fuerte Kagome señalándolo, generando que Inuyasha y Sango dirigieran consternadas miradas hacia ella

- ¿Y a ti qué te pasa? – Preguntó Inuyasha, cuestionándose en silencio si la chica finalmente lo había perdido

Ella no le prestó atención a su tono malhumorado. Después de todo, tenía cosas más importantes que atender

- Inuyasha, ¿Por qué comemos comida humana también? ¿Por qué nuestro corazón late? ¿Por qué dormimos? ¿Y respiramos? Y-

- Ya, ya, ya lo capto – la cortó Inuyasha levantando su mano para hacerla callar

Jesús, qué molesta puede ser

Suspiró

- Supongo que debería haberte explicado esto antes. Bien, esta es la cuestión – Comenzó a decir acomodándose en su silla, mientras Sango y Kagome lo miraban expectantes – No somos completamente vampiros.

Las dos muchachas lo observaron como si estuviese hablando en un idioma desconocido

- ¿Cómo es eso? – Preguntó Kagome

- Lo que escuchas. Conservamos una parte humana en nosotros. Podemos dejar de comer comida humana. Sí. Podemos dejar de respirar durante más tiempo, tener más fuerza, más rapidez e inclusive, a veces, poderes específicos. Pero nuestros corazones siguen latiendo y la sangre sigue fluyendo en nuestros cuerpos porque somos…- frunció levemente tratando de recordar la palabra que Miroku había dicho cuando le había explicado todo esto a él, un año atrás – híbridos.

Kagome y Sango guardaron silencio, ambas desconcertadas ante el término que el vampiro – o no tanto? – había aplicado hacia su especie

- ¿Híbridos? – Habló Sango, ya que Kagome se encontraba todavía perdida en sus pensamientos

Inuyasha asintió

- Sí. Bueno, al menos nosotros. Existen vampiros - los más viejos, creo - que no conservan estas cualidades humanas. Les gusta llamarse "puros" o algún tipo de mierda exclusiva, ni idea. El punto es que nosotros no somos completamente vampiros – terminó de explicar, no muy seguro de haberlo hecho de la mejor forma, pero sus divagaciones se interrumpieron cuando las manos de Kagome golpearon fuertemente la mesa mientras se impulsaba para levantarse

El ruido de la silla arrastrándose en el suelo pareció cortar el aire en la habitación

- ¿Quieres decir – habló, su voz envenenada por lo que parecía enojo y algo más – que todo este tiempo podría haberme alimentado de comida humana, sin tener que probar la sangre? ¡¿Cómo es que no me lo dijiste?! – inquirió furibunda hacia Inuyasha, perforándolo con sus pupilas

Oh, ahora entiendo por qué se puso como loca

Soltó un suspiro exasperado mientras tomaba el puente de su nariz entre sus dedos índice y pulgar

- No, Kagome – dijo cansado. Toda esta cosa de explicar y responder preguntas definitivamente no era lo suyo. No tenía la paciencia suficiente.

El enojo en los ojos de Kagome se transformó levemente en confusión, antes de tornarse en determinación exigente – Explícate – le dijo entre dientes mientras volvía a sentarse

- Puedes alimentarte de comida humana, sí. Pero la necesidad de sangre es algo inevitable. Llegará a ti por más que lo ignores. No tan consecutivamente como siendo un vampiro puro, pero está ahí – Eso era lo mejor que podía darle. Toda esta situación estaba comenzando a darle dolor de cabeza.

Kagome pareció aliviada y decepcionada en partes iguales, pero luego su mirada se iluminó

- ¡Entonces significa que no andaré por ahí matando gente sin control! ¡Sólo necesitaré un poco cada tanto! Eso es genial ¡¿Cómo no me lo dijiste antes?! – Dijo a voz de grito, extasiada, tomando las manos del vampiro entre las suyas

- ¡Porque no tuve tiempo, tonta! A eso venía para acá hoy, pero esta… amiga tuya tenía otros planes para pasar la tarde – dijo frunciendo su mirada y dirigiéndola hacia Sango, que simplemente le levantó el dedo medio

- Bueno, eso es un punto a favor tuyo, sanguij… eh… Inuyasha – siseó su nombre como si le pesara en la lengua, para luego dirigir su mirada hacia Kagome – Y hay otra cosa

Kagome miró a su amiga preguntándole con su mirada a qué se refería

- Ustedes dos, sí que tienen buenos disfraces para Halloween – dijo como si fuera la observación más relevante que hubiese hecho jamás

Inuyasha y Kagome casi se caen de sus sillas.


Asadksjfnejkf hola?

Estoy segura de que para este punto ya perdí el reto pero fuck it, voy a terminarlo de todas formas

Así que sí, acá está el sexto. Estuve siendo bombardeada constantemente con entregas de la facultad, y no tuve ni tiempo de sentarme a escribir - ni dormir, si vamos a aclarar los tantos. Estos hijos de puta no me dan un respiro.

Leí por ahí en los reviews - que tan amablemente dejaron y los cuales les agradezco 3 - Que era un poco raro esto de que los vampiros se sonrojaran - bueno, si Meyer puede hacerlos brillar, yo los hago sonrojarse, cuál hay? - durmieran and shit. Ahí estaría la explicación. Vendrían a ser una especie de miti-miti de humanos con vampiros (ni idea de si eso se podía en el reto, creo que sí, pero bueno). Qué se yo, me salieron así, defectuosos (? Más que nada porque quería conservar ciertos aspectos de los caracteres de los personajes (cómo le gusta a Inuyasha comer ramen, a Kagome dormir, y cómo se sonrojan cada vez que hacen alguna estupidez tierna)

Ya estoy escribiendo el séptimo. No me odien por colgar!

A todo esto, como soy una jodida suicida y pienso quedarme pelada del estrés también tengo en marcha otro fic respondiendo a Retos a Pedido del foro Siéntate!

("De abuelos entrometidos y manuales mentirosos") Con el que pienso seguir una vez que termine con este - Nop, no pienso abandonar nada hasta que no me agarre un colapso nervioso.

Bueno, con eso me despido

¡Nos leemos en el próximo!

Saludos, K-trasca