Reto Reyes de la Noche de 5 días, del foro ¡Siéntate!

Inuyasha es propiedad de Rumiko.


Hangover

(Día 7: Murciélago)


Inuyasha suspiró fuertemente, tratando de mantener la calma mientras presionaba su tabique entre sus dedos índice y pulgar

En ese momento, podría estar haciendo millones de cosas

Durmiendo. Mirando tv. Degustando un delicioso plato de rámen.

Pero no. En lugar de eso, se encontraba – bajo su propia responsabilidad, oh qué idiota de su parte – sentado en la sala de estar de su dolor de trasero personal, con ella y su hiperactiva y trastornada mejor amiga, y el idiota pervertido de su amigo, jugando al "yo nunca"

La iniciativa había salido, obviamente, de los labios de Kagome, siendo secundada por su amiga, y también por Miroku (quien automáticamente le adjudicó connotaciones sexuales al juego, recibiendo un cachetazo por parte de Sango)

Él había caído en la volteada, y se arrepentía en ese momento de no haberse largado en cuanto le explicaron de qué iba toda esa basura de entretenimiento.

"Souta y el abuelo se fueron a acampar, y mi madre a visitar a una amiga en Kyoto" había dicho Kagome, para asegurarles que no corrían peligro de ser atrapados en medio de una conducta no-apta bajo los ojos de los mayores y el menor

Cuando se dio cuenta de su error, ya era tarde. En menos de un minuto se habían reunido alrededor de la pequeña mesa de té, chupitos de vodka sobre la superficie en lugar de tazas.

- Yo nunca – dijo Miroku, sus ojos levemente vidriosos por el efecto de los cuatro tragos de vodka que había ingerido a lo largo de la partida se dirigieron levemente desde Kagome hacia Inuyasha, una sonrisa que al peliplateado no le gustó nada bailando en sus labios – lo hice con un extraño – y tomó nuevamente

Inuyasha gruñó antes de alzar su vaso y vaciarlo de un solo trago – Púdrete, Miroku.

Kagome por su parte tomó el contenido tímidamente, el rubor inundando sus mejillas fuertemente mientras le lanzaba una mirada asesina al pelinegro.

Sango los miró con ojos entreabiertos

- ¿Es que soy la única decente en esta habitación? Todos ustedes me dan vergüenza

Kagome bufó

- ¿Ah, si? Bien, entonces: yo nunca me he ligado con un profesor – dijo penetrando con su mirada a su mejor amiga, cuyo rostro se tornó rojo al instante mientras la miraba traicionada y avergonzada

- ¡No es justo! ¡Sólo fue una vez!

- ¿Y? Lo mío también.

- Seh, y qué bién terminó todo – siseó Inuyasha

- Sango, no te conocía esas mañas. Si estás interesada, doy clases particulares de historia. Ya tienes mi número – Miroku le guiñó un ojo burlón

- Oh, cállate – le espetó la castaña antes de vaciar el pequeño recipiente

Kagome dejó salir una risita tonta de sus labios, e Inuyasha no pudo evitar pensar lo linda que se veía, toda sonrojada y sonriente, con sus ojos brillosos y su cabello levemente despeinado por las sacudidas que habían estado provocando sus carcajadas a lo largo de la noche

Qué demonios se reprendió a sí mismo al encontrarse teniendo semejantes pensamientos cursis

Debía de ser el alcohol

- Inuyasha – La voz de la pelinegra lo trajo de vuelta a la realidad – Es tu turno

- ¿Eh? Ah, si…- se enfocó en pensar alguna declaración válida – posiblemente una que dejara mal parado al idiota de su amigo, pero eso era difícil. Después de todo ¿Qué burrada no había hecho ya Miroku?

Luego sonrió perversamente

- Yo nunca – dijo. Oh, esto iba a ser bueno – Estuve comprometido.

Bang. Toma esa, imbécil.

Automáticamente, Miroku se ahogó con su propia saliva, fulminándolo con la mirada antes de tomar nuevamente

Las caras de las chicas eran un poema

- ¿Qué dem- tienes que estar jodiéndome – dijo Sango, observando al pelinegro con sorpresa y ¿era eso irritación? en sus ojos

- Créeme, desearía que así fuera – siseó Miroku para luego suspirar – Fue un malentendido hace mucho tiempo atrás. Ya casi lo había olvidado, así que gracias por sacar los trapos viejos al sol, Inuyasha.

- Cuando quieras, amigo – le sonrió con autosuficiencia. Eso le enseñaría a no meterse con él.

Kagome y Sango compartieron una mirada, y se encogieron de hombros.

- Bien, mi turno – dijo la pelinegra, sus cejas frunciéndose en un gesto de concentración, y luego en uno suspicaz mientras miraba a Inuyasha

Oh, mierda. ¿Ahora con qué iba a salir esta mujer?

- Yo nunca – dijo, interrogándolo con sus ojos, una sonrisa abriéndose paso en sus labios – me he transformado en murciélago

Inuyasha la miró como si estuviera loca por unos segundos, antes de comprender a qué se refería y girar sus ojos en un gesto de fastidio.

Miroku bufó.

- Me ofende que estés tan arraigada al estereotipo del vampiro como para asociarnos con esas criaturas, Kagome. Mal que te pese, no. No hacemos eso.

Kagome lució bastante decepcionada ante esta declaración, pero luego frunció el gesto.

- Bueno, supongo que eso está bien. Después de todo, le tengo fobia a los murciélagos– dijo, a lo que todos en la habitación rodaron los ojos

Después de unos minutos de seguir jugando, y varios golpes de parte de Sango hacia Miroku por insistir con sus insinuaciones inapropiadas, Kagome retomó su ping-pong de preguntas, no habiendo satisfecho su curiosidad del todo

- Entonces, ¿nada de volar?

- No.

- ¿Nada de dormir cabeza abajo?

- Nop.

- ¿Y el sol?

- Uh... bueno, es algo así como... complicado. Nosotros tenemos una vista más delicada y potente que los humanos, por lo que la luz del sol nos afecta más. Nos enceguece, por así decirlo. Vendríamos a ser lo que se llama fotofóbicos, pero no es mortal ni nada por el estilo.

- ¡Genial! ¡No me perderé el verano encerrada con el aire acondicionado! ¿Y tampoco-

- Kagome! – interrumpió sus preguntas Inuyasha, considerablemente irritado. Con ella, con su amigo, y con toda la ridícula situación en sí – Esto no es una jodida entrevista con un vampiro. No hacemos esa mierda. Y no, tampoco dormimos en ataúdes ni brillamos al sol. Corta el rollo, no seas estúpida.

Kagome lo miró sorprendida ante su extensa declaración, y luego irritada

- ¿A quién llamas estúpida? ¡No es mi culpa tener curiosidad por nuestra especie! ¡Estoy en todo mi derecho de hacer conjeturas ridículas basadas en películas aún más ridículas!

- Claro, ¡sólo no me las preguntes a mí!

- ¿Y a quién quieres que le pregunte? ¿A Van Helsing? ¡Tú me metiste en esto, ahora te aguantas!

El peso de sus palabras la golpeó repentinamente al ver cómo la mirada de Inuyasha se tornaba de irritada a culpable, y luego helada

Un silencio asfixiante inundó la habitación, el ambiente tornándose repentinamente tan pesado como el plomo.

Inuyasha se levantó lentamente, cuidando no caerse – después de todo, se habían bajado prácticamente la mitad de la maldita botella de vodka – y se giró hacia la salida

- Nos vemos luego – siseó, antes de abandonar la casa con un portazo.

Kagome se disculpó rápidamente con Sango y Miroku antes de salir tras él

- ¡Espera! – le gritó, haciendo un esfuerzo por alcanzarlo a la mitad del patio, tomándolo de la manga cuando lo consiguió

Inuyasha soltó su agarre bruscamente, dándose la vuelta para mirarla, y sus ojos dolidos mandaron su estómago al suelo

- ¿Qué? – Espetó rudo cruzándose de brazos

Kagome frunció ante su gesto, pero luego bajó su mirada, abrazándose a sí misma

- Yo…- comenzó a disculparse, no muy segura de qué decir. Se había comportado como una idiota – Lo siento. No fue mi intención decir eso. Sabes que no era a lo que me refería

Inuyasha bufó

- No, claro que no, en realidad estabas hablando del clima de Chicago

Kagome suspiró, frustrada. En lo referente a perdonar ofensas, Inuyasha no parecía exactamente indulgente, pero se lo debía de todos modos

- ¡No me tomes el pelo! Es sólo que me cuesta adaptarme a esto. No te estoy culpando, pero realmente me gustaría que me contaras más cosas. Es decir, ya pasó un mes y mis ojos siguen rojos aun cuando dijiste que luego volverían a la normalidad en cuestión de semanas, ya no puedo seguir excusándome con los lentes frente a mi madre ¡El otro día mi abuelo me bañó en agua bendita, alegando que necesitaba exorcizarme y que estaba poseída!

Inuyasha soltó una risa ante el recuerdo de la situación, y Kagome lo golpeó en el brazo

- ¡No es gracioso! – Pero contradiciéndose, no pudo evitar que sus comisuras se elevaran también, al ver como el mal humor del vampiro disminuía levemente. Luego, su rostro se tornó serio de nuevo – Me cuesta hacerme la idea de que esto no es pasajero, o una broma o algo así. Eso es todo. Pero no te culpo, lo sabes – dicho esto, le dirigió una mirada solemne, para tratar de transmitirle la veracidad de sus palabras

Inuyasha desvió su mirada, irritado. Luego, se quedó pensativo

Es verdad. Había pasado un mes desde… aquella noche.

La mayoría del tiempo lo había pasado en compañía de Kagome, explicándole cosas, contándole anécdotas que la hacían reír, discutiendo o, sencillamente, pasando el rato.

Y aunque generalmente la chica lo irritaba hasta la médula, tenía que admitir que le gustaba estar acompañado de ella.

Le gustaba ella

La repentina revelación lo dejó helado por un momento, y un remolino de emociones se formó en su estómago

Irritación consigo mismo, sorpresa por descubrir que su corazón no era un jodido témpano de hielo después de todo, y un extraño calor también.

Porque si algo le generaba Kagome, era calidez.

Empujó sus pensamientos hacia un lado, golpeándose mentalmente por dejarla esperando una respuesta

Suspiró

- Vamos adentro. Hace frío – dijo, mientras comenzaba a caminar hacia la casa de nuevo

Kagome le sonrió ampliamente, antes de alcanzarlo y tomar su mano, como si fuera el gesto más cotidiano de su rutina

Un agradable cosquilleo recorrió los dedos de Inuyasha, que se apretaron en torno a los de la pelinegra

Cuando llegaron a la puerta, les llamó la atención encontrar la casa extrañamente silenciosa. ¿Miroku y Sango se habían ido en su ausencia sin que se dieran cuenta?

Kagome esperaba no haberlos incomodado al punto de que sintieran la necesidad de marcharse

Pero sus preocupaciones se tornaron en sorpresa al descubrir, al asomarse por el marco de la puerta de la sala de estar, que los dos estaban demasiado entretenidos como para notar su regreso

Inuyasha y Kagome se miraron impactados

- Esto… eh… ¿Quieres ir a dar un paseo? – ofreció él, tratando de zafar de la bochornosa situación

- Claro – respondió ella, totalmente de acuerdo con cualquier excusa que implicara retirarse de la habitación

Y ambos se dirigieron hacia afuera.

Al salir, notaron que sus manos aún seguían entrelazadas

Kagome desvió la mirada

- Em.. ¿Te molesta? – preguntó, esperando – sin saber por qué – que la respuesta fuera negativa

Inuyasha miró sus manos juntas, luego el rostro de la chica, y sonrió levemente

- Nah. Vamos, conozco un sitio 24hs donde sirven un rámen genial

Kagome rodó los ojos ante la evidente adicción del muchacho, y luego de compartir una sonrisa cómplice, se internaron en la noche.


¡Hola! Nop. No estoy muerta, sólo en modo automático porque definitivamente mi cerebro colapsó.

Si, si, si, soy una escritora irresponsable, publico un capítulo cada muerte de obispo, merezco ser exiliada, blah blah blah.

El punto es que, sin exagerar, estuve llena (y cuando digo llena es al borde de un ataque de ansiedad) de trabajos prácticos, y realmente no tuve ni cinco minutos para sentarme a escribir. Y aunque así fuera, me niego a subir cosas con las que no me sienta medianamente satisfecha sólo por cumplir

Además de todas formas ya perdí así que al carajo.

Vaaamos con las explicaciones, espero no perderme nada.

Para las que no lo conocen, "Yo nunca" es un juego - de borrachos, en general - en el que todos los integrantes tienen un turno para decir "yo nunca bla bla bla" y quien lo haya hecho, debe tomar un trago - o cual sea la prenda. No se los recomiendo. Gracias a eso he tenido que sacar a relucir mis aficciones o secretos más oscuros (buá, ni que fuera tan interesante)

Vi que también una de ustedes, bellas dementes, había preguntado por qué Kagome era la única con ojos rojos, y eso es porque al ser recién nacidos, por así decirlo, los ojos de los vampiros son rojo sangre, pero al pasar el tiempo vuelven al color original (los de Miroku eran azules cuando era humano, los de Inuyasha dorados, y los de Kagome volverían a ser color chocolate) Pero bueno, básicamente por eso, Miroku e Inuyasha ya tienen su tiempo siendo vampiros, por lo que sus ojos no son más rojos.

Creo que eso fue todo

Nos estamos leyendo, juro que voy a tratar de subir el próximo lo más rápido que pueda

Saludos, K-trasca.