Reto Reyes de la Noche de 5 (extendido hasta 10 porque soy una enferma) días, del foro ¡Siéntate!
Inuyasha es propiedad de Rumiko.
Hangover
(Día 8: Drácula)
- Quita tus sucias manos de ahí – gruñó Inuyasha, mirada salvaje atravesando a la chica que tenía en frente
Kagome rodó los ojos, exasperada
- No seas egoísta, hay tres más
- Exacto. Y los tres son míos – dijo, golpeando levemente los dedos de la azabache para alejarlos de sus preciados onigiri
- Hey, yo cociné esto, lo sabes ¿no? Tengo derecho a tomar tantos como quiera – En realidad, lo estaba haciendo sólo para molestarlo. Se sentía bastante halagada de que al chico le gustaran tanto como para ponerse todo gruñón de perderse sólo uno. Eso, o era sencillamente un idiota que no sabía compartir.
Como respuesta, Inuyasha refunfuñó mientras tomaba el plato con las tres piezas de arroz, y le alcanzaba uno a ella.
- Bien, pero eso es todo lo que obtendrás. El resto es mío.
Kagome rió mientras lo tomaba y mordía un trozo
- Así que, ¿qué haremos en este hermoso día de mierda? – Preguntó Inuyasha
Y lo era. El cielo afuera parecía a punto de caerse, la humedad previa a la tormenta impregnando el aire.
Kagome pareció considerar sus opciones unos segundos
- Podríamos ver una película
- Nah
- Bueno… ¿cocinar cupcakes?
- ¿Cupcakes? ¿Qué somos, niñas exploradoras?
Kagome frunció el ceño ante sus repetitivas negativas
- Bien, genio, tú dirás –
Inuyasha se quedó pensativo unos minutos, y luego suspiró
- Me arrepentiré de decir esto, pero podemos llamar a Sango y Miroku. Estoy seguro de que podemos patearles el trasero en ese juego de mesa tuyo… ¿monopolandia?
Kagome le sonrió, un poco enternecida por su incapacidad de pronunciar bien el juego, y otro por el hecho de que había tenido en cuenta a Miroku y Sango. En ese último mes que había transcurrido, Inuyasha había dejado de ser un lobo (o vampiro, valga la redundancia) solitario y gruñón, lo veía sonreír más seguido, y aunque pretendiera mantener su fachada de todo-me-da-igual, eran momentos como este en los que se le escapaba que en realidad disfrutaba de la compañía de otros.
- Monopoly. Y si, definitivamente morderán el polvo
Inuyasha le dirigió una sonrisa mientras buscaba su celular en los bolsillos de su jean, pero no lo encontró
- Hey, ¿puedes llamarme para hacer sonar mi teléfono? No lo encuentro
- Claro, ten – le dijo mientras le alcanzaba su celular y se dirigía a la cocina a lavar los platos con los restos de su almuerzo
Inuyasha comenzó a buscar en la lista de contactos su nombre, pero se detuvo al encontrar uno que le llamó bastante la atención
Frunció el ceño mientras observaba el aparato como si este hubiese ofendido a todos sus ancestros. Luego, su mirada asesina se dirigió hacia la habitación donde se encontraba la dueña del objeto.
- ¿Kagome? – Llamó tentativamente mientras se asomaba a la cocina, celular de la azabache en mano
- ¿Sí? – Contestó, ignorante del tono amenazante en la voz del peliplateado
- ¿Quieres explicarme este peculiar contacto en tu lista? ¿O debo asumir que es lo que creo y patearte el trasero?
Inuyasha casi pudo ver cómo los vellos de la nuca de ella se erizaban
- Uh. Supongo que me olvidé de cambiarlo – Habló bajito, mientras se daba la vuelta con el rostro de un niño que acaba de comerse todo el tarro de galletas antes de cenar
- Uh. Supongo que sí. ¿"Drácula"? ¿En serio? – Dijo, haciendo énfasis en sus palabras sacudiendo el teléfono en su mano
- Oh, vamos, tienes que admitir que tiene sentido. Es sólo un chiste interno
Y es que, en realidad, a ella le había parecido bastante cómico agendar a Inuyasha de esa forma en su lista de contactos cuando éste le pasó su celular. Lo que no esperaba, era que él se enterara de lo mismo
- Hasta donde yo sé, los chistes internos son entre dos personas. Y yo no me estoy riendo – Se acercó a ella con una ceja alzada, la escena similar a un depredador acechando a su presa, quien retrocedió hasta quedar acorralada en una esquina de la habitación – Tampoco tú, por lo que veo – levantó su mentón con su mano derecha, mientras acercaba la izquierda a su cintura
Bajó de a poco, sus nudillos acariciando su cintura baja provocándole un sonrojo intenso, sus latidos a mil por hora
Estaba a punto de preguntarle a dónde diablos pensaba llevar su mano cuando sintió cómo depositaba el celular en el bolsillo trasero de su pantalón con sonrisa socarrona en su rostro, colmillos asomándose levemente entre sus labios.
Idiota presumido comenzó a maldecirlo en su fuero interno, pero el beso que depositó en su mejilla detuvo toda corriente de pensamiento
- Te creía un poco más original, de todas formas
Y todos los insultos que estaban a punto de salir de la boca de Kagome fueron interrumpidos por el insistente sonido del timbre, disolviendo la tensión que se había generado en el ambiente
Inuyasha rió bajito mientras se dirigía a la puerta para atender, como si estuviese en su propia casa
- Hasta que abrieron – entró Miroku seguido de Sango - ¿Qué los tenía tan entretenidos a ustedes dos como para tardar tanto?
La insinuación escondida en sus palabras recibió como respuesta un golpe en su nuca de parte de Sango, y otro de Inuyasha
- ¡Estábamos a punto de llamarlos! – Se asomó Kagome desde la cocina, habiéndose recompuesto vagamente de la situación en la que se encontraba segundos atrás
- Telepatía vampírica, deberá ser – bromeó Sango mientras se acercaba a saludarla
Kagome rió
- Sabes que, mal que me pese, no poseo ese poder
- Llegará con el tiempo. Si te hace sentir mejor, Inuyasha tampoco ha dominado del todo las capacidades de nuestra especie – se burló de su amigo mientras rodeaba sus hombros con un brazo, e Inuyasha se lo quitó de encima a los pocos segundos
- Cállate, pervertido
Comenzaron una discusión, a lo que Kagome rodó los ojos mientras se dirigía a su habitación para buscar el juego del que habían estado hablando con Inuyasha antes de que él empezara a comportarse como idiota. Se sonrojó levemente al recordar la sensación de sus labios en su mejilla, y se obligó a sí misma a despejar esos pensamientos sacudiendo su cabeza
- Se callan los dos. Es hora de jugar – Silenció los insultos de Inuyasha, y le dirigió una mirada a Miroku para que dejara de provocarlo para su propio entretenimiento
- ¿Monopoly? – Cuestionó Sango mientras se sentaba al lado de su amiga alrededor de la mesita de té, donde Kagome estaba comenzando a acomodar el tablero y las tarjetas
Kagome asintió – Monopoly. Prepárense para perder – y dicho esto, le dirigió una mirada cómplice a Inuyasha, que se encontraba sentado frente a ella. Él le respondió con esa sonrisa, y su mente se quedó en blanco por unos segundos
Agh, corta el rollo bobo se regañó mentalmente es hora de jugar.
- Tienes que estar bromeando – gruñó Inuyasha mientras depositaba el último billete que le quedaba en las manos de Miroku, que había adoptado el rol de banquero en la partida
- Querido amigo, no tengo tantos años por nada. Conozco este juego como si yo mismo lo hubiese inventado
- Púdrete – respondió entre dientes el indignado peliplateado - ¡Y tú! – Señaló a Kagome, que había quedado fuera del juego unos minutos atrás - ¡Prometiste que íbamos a patearles el trasero!
- ¡No es mi culpa! – contestó indignada por la acusación, y por la situación en sí. Después de todo, tenía una faceta competitiva bastante fuerte - ¿Cómo se supone que sepa que Miroku juega condenadamente bien?
- Ya dejen de lloriquear y díganme qué demonios tengo que hacer ahora – interrumpió su discusión Sango, deseando que la estúpida partida de ese estúpido juego que no entendía terminara para poder dejar de escucharlos quejarse
Kagome analizó el tablero para guiar a su amiga, y lo que encontró la dejó boquiabierta
- Bueno, nada – le dijo a su amiga
- ¿Cómo que nada? – Sango frunció el ceño, confundida
- Acabas de ganar
- ¡¿Qué?! – inquirieron las voces de la castaña y de Inuyasha al mismo tiempo, ambos incrédulos, la segunda voz con un tono irritado, también
- Lo que escucharon. Sango ganó – Kagome parecía no terminar de creerse su afirmación, pero así era. Sango, la jugadora que menos idea tenía del juego, los había vencido a todos
- ¡Felicidades, hermosa joven! Como premio por su victoria, recibirá un beso del jugador más sexy presente – Exclamó sarcástico Miroku, mientras acercaba su rostro al de la castaña
- Bien, tráeme un espejo para besarlo, entonces – alejó bruscamente la cara del pelinegro con su mano
- Oh, vamos Sango
- Ni en tus sueños, pervertido
- Créeme, en mis sueños siempre – respondió guiñando un ojo juguetón, por lo que se ganó un coscorrón particularmente fuerte de parte de la castaña.
Inuyasha y Kagome suspiraron, frustrados. Esos dos no tenían remedio.
Nop. No estoy muerta - creo.
Ésta es la parte en la que me disculpo por tardar quichisientos siglos en actualizar, explicando que en la facultad me están cagando a latigazos - bueno, en realidad a trabajos prácticos, pero me dejan la espalda igualmente adolorida - y blah blah blah
De todas formas, nos acercamos al final, así que seh, si iban a cagarme a piñas por colgar ya es tarde. Lo hubiesen pensado antes, mildis
Ahora, a lo importante: ¿Qué les pareció?
Sé que no estoy usando los conceptos pautados tan literalmente, pero bueno, es la forma en la que me sale incorporarlos cuando me llega la idea del capítulo
Nada, ya saben ¡Nos vemos en el próximo!
Saludos, K-trasca
