En la actualidad.

Iba por mi tercera cerveza, estaba demasiado cómoda sentada en aquel patio debatiendo con Clarke como para marcharme, su mirada azul profunda sobré cada uno de mis movimientos volviéndolos torpes y su dulce risa embriagando mis sentidos.

-¿Y como termina una chica como tú en un lugar como este?-El alcohol me daba el valor que me faltaba cuando estaba sobria.

-Si te soy sincera no lo sé.-Se sirvió una copa más, la botella de vino estaba medio vacía o medio llena según con el optimismo que se mirara.-Tenia un plan totalmente diferente y cuando vi el nombre del pueblo me sentí irremediablemente atraída, fue como "Debo ir" Rechace el puesto que me estaba guardando mi madre, hice las maletas y cogí el primer tren.-Dio un sorbo a su copa de una manera muy sugerente sin apartar su mirada de la mía, se relamió los labios antes de continuar.-Terminé arrastrando las maletas por estas tortuosas calles hasta que vi la que ahora es mi casa con el cartel de se vende.

Sonreí, la vida no esta hecha de casualidades y obviamente todo lo que me contaba Clarke no era una sucesión de estas.

-El destino te trajo aquí Clarke.-Puede que ya fuera un poco borracha y empezara a decir tonterías.-Todo tiene su razón de ser, las Parcas no deja de hilar y ahora lo están haciendo con hilo de oro.-Le aseguré antes de darle un trago a mi cerveza.

Clarke estalló a carcajadas, tuvo hasta que secarse alguna que otra lágrima.

-Lexa no tengo ni idea de lo que estas diciendo.

En parte sonreí aliviada, las Parcas usaban el hilo de oro para los momentos dichosos y es como me sentía con Clarke en ese patio. Hacia escasas horas eramos unas simples conocidas y allí estábamos hablando como si nos conociéramos de toda la vida, como si hubiera un fuerte vinculo entre nosotras. Seguramente todo era culpa del alcohol.

-Mejor.-Murmure con la boca de la botella en mis labios.

-¿Que tienes ahí?-Pregunto con curiosidad y un brillo en los ojos mientras su cabeza me señalaba con un leve movimiento.-No puedo dejar de mirarlo.-De repente se ruborizo.

-¿Donde?-Mire tras de mí provocando nuevamente la risa de la rubia.

-Mmm...-Se mordió el labio dubitativa.-Veo asomar trazos de tinta por arriba de tu pecho.-Bebió más vino.-¿Serpientes?

-¡Oh!-Se refería a mi tatuaje.-Es la cabeza de Medusa.-Cogí el cuello de mi camiseta y lo aparte hacia el lado dejando ver la cabeza cortada de aquel monstruo mitológico que llevaba tatuada bajo de la clavícula.-Es un amuleto de protección.

Clarke asintió con los ojos muy abiertos y los labios apretados.

-¿Alguna sorpresa más señorita Woods?-Preguntó coqueteando.

-Quizás.-Bebí del botellín haciéndome la interesante.

-¿Por qué eres así?-Me preguntó en lo que parecía un reproche.

-¿Así como?-Pregunté confusa, ya estaba empezando a aturdirme.

-Con ese halo de misterio a tu alrededor.-Dijo sonriendo como si le gustara mientras hacia movimientos circulares con su mano.-Es muy intenso.-Me aseguró levantando su ceja y mordiéndose el labio a continuación.

-La fuerza es intensa en ti Clarke.-Bromeé nuevamente con Star Wars. Estallé en carcajadas pero la rubia no pareció entenderlo, bebí algo avergonzada intentando que mi comentario pasara desapercibido.-Pensaba que solo te basabas en hechos probados y no en especulaciones.-Me burle de ella y me enseño su dedo corazón dibujando una mueca en su cara.

Se levanto sin decir nada y entro en casa, volvió a salir envuelta en una enorme manta colorida y con una cuarta cerveza para mí, me lo tome como una invitación para quedarme un rato más.

Me desperté cegada por el sol, la cabeza me seguía dando vueltas mientras reconocía el lugar, la espalda me crujió al intentar incorporarme pero no podía hacerlo, Clarke estaba hecha un ovillo contra mi cuerpo, las dos enrolladas en la manta sobre el suelo del patio y su aliento chocando contra mi pecho.

La contemple mientras dormía, sus finos y blanquecinos rasgos, sus labios rosados con ese peculiar lunar sobre ellos y el calor de su cuerpo, sentí hormigas en el estomago, un centenar de ellas recorriéndolo sin rumbo fijo.

Clarke había insistido en ver las estrellas tumbadas en el suelo, pero con la contaminación lumínica apenas disfrutamos de un cielo negro azabache, que a su manera también era hermoso. No recuerdo que Clarke se durmiera así que seguramente fui yo la primera en hacerlo.

Mi mano se debatía en si retirarle el pelo de la cara o no, alzada a centímetros de ella con un ligero temblor se decidió y lo retiró, provocando que Clarke se removiera abrazándose a mí, paralizándome. Mi corazón se contraía y expandía con fuerza, tenia unas ganas enormes de besarla.

Solo me atreví a rodearla con mis brazos completamente acojonada, inhalando el olor de su cabello inundandome de calor.

-Me haces cosquillas Lexa.-El pulgar con el que instintivamente acariciaba el brazo de la rubia se detuvo provocando una pequeña carcajada en ella.-Buenos días.-Me miro sonriente y demasiado despierta.

-¿Cuanto tiempo llevas despiertas?-Pregunte con desconfianza y miedo.

-Desde antes que tú lo hicieras.-Me guiño un ojo.

Se había dado cuenta de mi torpe y patético comportamiento, seguro.

No abandonaba el calor de mi cuerpo, prestaba toda su atención a mis labios. Clarke era una mujer segura y decidida y me estaba poniendo nerviosa con esa mirada tan intensa que me impulsaba a besarla.

-¿Anoche dije demasiadas tonterías?-Intente disipar aquella tensión.

-No.-Murmuró a escasos centímetros de mis labios sin dejar de mirarlos.

-¿No?-Susurré algo excitada por su cercanía.

Negó con la cabeza acortando la distancia y rozándome con sus labios de una forma que me quemo viva. Acaricie su cintura notando como se le erizaba la piel bajo mi mano, estaba abriendo la boca para devolverle el beso pero se alejo presionando su frente contra la mía, una sonrisa nerviosa adornaba su cara.

Clarke permanecía con los ojos cerrados, mordiéndose el labio y negando contra mi cabeza. Acaricio mi cuello con su cálida mano, trague saliva pero ella solo deposito un tierno beso en mi frente.

Seguro que había metido la pata, mejor dicho las dos patas. No se me daba bien relacionarme con la gente, seguramente habría mal interpretado las señales de Clarke, quizás yo hubiera acortado la distancia entre nuestros labios dado el deseo que sentía.

Lincoln y yo continuamos con el trabajo de apuntalar el techo del túnel, se estaba volviendo un avance lento y pesado.

El lunes en cuanto tuve un momento me acerque al trabajo de Clarke para ver de nuevo a mi misteriosa mujer del túnel y para que negarlo también quería ver a la doctora Griffin y disculparme con ella por si la había incomodado de algún modo el sábado por la mañana.

Tras un saludo cordial y distante me dispuse a echarle un vistazo a ese tatuaje del que me había hablado.

Estaba concentrada frente a la mujer del túnel, garabateando en mi libreta los mismos trazos de tinta que podía observar en su brazo.

Las gafas se me deslizaban por la nariz y con un toque de mi dedo las coloque nuevamente bien.

-Oye podría asegurar que se parece a ti.-Me dijo Clarke paseando su mirada entre nosotras.

-Gracias.-Respondí con ironía.-No sé como tomarme eso. ¿A caso te parezco una momia?-Me hice la ofendida.

-No, no, para nada...-Respondió divertida rodeándome cariñosamente entre sus brazos para que no me enfadara y haciéndome sentir de nuevo ese hormigueo en mi estomago.-Me refería a sus rasgos faciales.

-Empeóralo más Clarke.-Reí yo también algo nerviosa.

-Eres preciosa solo quiero decir que...-Se ruborizo y no pudo continuar.

-¿Qué?-La inste a seguir buscando su mirada.

Me soltó nerviosa y se coloco al otro lado de la mesa donde se encontraba la mujer del túnel.

-Nada,-Tartamudeo.- solo que podría asegurar que cuando estaba viva se debería parecer a ti.

Apoye mis codos en la mesa estudiando a Clarke mientras trabajaba, me confundía su actitud conmigo.

-Lexa...-Otro susurro.

La doctora Griffin no había abierto la boca, me gire hacia aquel rostro doloroso sin vida que había a escasos centímetros de mí, como hechizada empecé acercarme con el ceño fruncido a su cara.

-¿Decías algo?-Me pregunto confusa Clarke.

El viernes en mi despacho estaba sentada en el escritorio, mirando aquel anillo en su bolsa de plástico, etiquetada.

Esa piedra ejercía un fuerte poder sobre mí, en cierto modo también me recordaba al color de la mirada de Clarke.

-¡Lexa! Lexa te estoy hablando. ¡Lexa!

-¡Eh! Eso es mio.-Respondí molesta viendo a Lincoln cogiendo el anillo.

-¿Perdona?-Pregunto sorprendido.-¿Por qué aun no esta esto expuesto en el museo?-Agito la bolsa ante mis ojos.

-Yo... no lo sé.-Hundí mi cabeza entre las manos, no entendía mi comportamiento de los últimos días.

-Entonces me lo llevo.-Me dijo con seriedad.

-¿Lo pondrán junto a ella?-Pregunte con tristeza levantando la mirada.

-No era de su propiedad, era una esclava Lexa. Seguramente lo robaría aprovechando el caos de la batalla y huiría. Lo expondrán con el resto de joyas.

-Si robas algo te lo escondes no te lo cuelgas al cuello.-Dije molesta como si me hubiera agraviado.-¿Quien tiene tiempo durante una masacre para hacerse un colgante con un anillo?

Lincoln me miraba perplejo, suspiré entristecida y escondí mi cara entre los brazos sobre la mesa, necesitaba despejarme. Me estaba involucrando demasiado.

219 a. C.

Sabia que Pike era un hombre resentido y que no dejaría pasar por alto la ofensa recibida, pero bajo mi protección Lexa estaba segura.

Había ordenado ropa para ella, salio de la tina de cara a mí mostrándome sus encantos y me perdí en ellos.

-¿La señora no esta casada?-Pregunto de forma lasciva al darse cuenta de mi mirada.

-No.-Acompañe la respuesta agitando la cabeza.-Iba a servir a la diosa Diana hasta que mi padre enviudo y me quede a cargo de la domus.-Busque el ungüento y empecé a aplicarlo sobre sus heridas con suaves caricias, temblaba de alivio bajo mis manos.

-¿La diosa casta de la caza, de la luna y protectora de la naturaleza?-Me enrojeció la bellaquería en la que hablo de la castidad.

-Sí, en la ciudad hay un templo dedicado a ella.-Respondí con severidad.

-¿Entonces mi domina es virgen?-Preguntó con sorna.

-Casi te prefería cuando no hablabas tanto esclava.-Apreté unas gasas al rededor de su cuerpo con intención de provocarle dolor, pero más allá me miro complacida y sonriendo.-Ahora vístete Lexa.-Ordené molesta.

-Como mi domina ordene.-Había cierto tono burlón cada vez que se refería a mí que me gustaba. Empezó a cubrirse.-¿Y no honrarais al dios Baco de la vendimia? Según he oído mi señor se dedica a la venta de vino. ¿Nuca mi domina a terminado extasiada con la musica producida por unos largos dedos acariciando un arpa, mientras saboreaba el vino en sus labios y su lengua antes que este termine descendiendo por su garganta?

Mi cuerpo tembló ante la forma en que pronunciaba cada una de esas palabras tan provocadoras.

-Quizás no es tan mala idea venderte. Eres peor que Medusa, habría que cortarte la cabeza a ti también.-Bromeé, aunque la mirada de Lexa no te convertía en piedra como la de Medusa, más bien sus salvajes ojos verdes me convertían en roca fundida, en ardiente lava volcánica apunto de erupcionar.

-Como deseéis.-Respondió complaciéndome.

En esos momentos entro mi padre sin previo aviso, Lexa se mostró sumisa para su sorpresa.

-Clarke hija mía.-Tomo mis manos con preocupación sin apartar la vista de Lexa.-¿Has visto lo que le ha hecho a Pike? ¡Maldita sea le ha arrancado un trozo de carne de un mordico! ¿No seria mejor que te buscara otra esclava menos salvaje?

Observe a Lexa, nada de irreverencia había en ella, todo era sumisión, un burdo engaño para que mi padre terminara consintiéndome que me quedara con ella.

-Los métodos y tratos de Pike pueden llegar a ser abusivos y despertar el lado más oscuro de las personas padre.-Justifique a Lexa.-Te aseguró que no dará ningún problema más, si no, seré yo misma quien se encargué de castigarla.

-Gracias mi domina.-Murmuró Lexa una vez mi padre abandono la estancia.

-¿No he de preocuparme por ti verdad?

-No Clarke.-Su voz volvía a ser desafiante hasta el punto que me infundía temor.-Se que soy una esclava pero no soy tonta.-Se acerco hasta acorralarme.-Prefiero servirte a ti virgen de Diana que a cualquiera que termine violandome una vez tras otra y otra.-Su voz se había teñido de odio nuevamente.-Así que no debería preocuparse por despertar con un cuchillo en el cuello mi domina.-Dijo acariciándomelo con su dedo índice de derecha a izquierda simulando un corte, trague saliva asustada.

Con el trascurso de las semanas Lexa pareció adaptarse, contenía sus respuestas, desviaba sus malas miradas... No sé que tan crueles habían sido sus antiguos amos con ella pero se esforzaba por quedarse aquí, por volverme loca a cada instante con sus insinuaciones.

El orfebre vino a casa para mostrarme sus nuevas joyas, sostuve un anillo de oro con un hermoso rubí engarzado.

-El lapislázuli resaltaría más el color de sus ojos mi domina.-Me susurró en el oído Lexa con la voz ronca.

-¿Tú crees?-Pregunté sin poder evitar que escapará una sonrisa de mi boca.

-Y si no llevara más prenda que ese anillo su belleza aumentaría.-Añadió haciéndome enrojecer, ya había perdido la cuenta de las veces que lo hacia durante un solo dia.

-¡Clarke!-Me saludo Octavia con su tan colorido atuendo.

Octavia era buena amiga de la familia además de la esposa del magistrado de la ciudad, Lincoln. Habíamos crecido juntas, prácticamente como hermanas.

-Bendito los ojos que te ven Octavia.-Ambas nos saludamos en un abrazo.

-¿Y ella?-Pregunto con curiosidad recorriendo el cuerpo de Lexa con la mirada.

-Una esclava que compro mi padre en su viaje.-Respondí cortante.

-Es muy atractiva...

-Y salvaje.-Me apresuré a interrumpirla anticipándome a sus intenciones.-Arrancó un trozo de carne del brazo de Pike de un solo mordisco.-Le susurre a modo de advertencia.

-Estoy segura que seria muy dócil en las manos de mi esposo.

Utilice todos los medios posibles para que Octavia desistiera en su incesante intento por que le prestara a mi esclava para sus entretenimientos carnales. Parecía haber surgido efecto, pero conocía demasiado bien a la mujer del magistrado como para saber que no se detendría ahí, toda la ciudad sucumbía a sus caprichos.

Me había encariñado en cierta forma con Lexa y no iba a ofrecer su cuerpo como un presente de gratitud hacia el magistrado, como una moneda de pago.