En la actualidad.
Convencí a Lincoln para que me dejara a mí entregar el anillo al museo, aprovecharía la visita para saludar a Titus el director, con el que tenia una buena relación prácticamente porque pasaba demasiado tiempo allí.
Aparque mi moto en la misma entrada, me colgué el casco en el brazo y entre en busca de Anya, era la guardia de seguridad además de mi compañera de piso.
Entablamos una buena amistad al conocernos y eso era raro en mí. Le ofrecí una habitación mientras ella encontraba un piso, pero una vez acomodada en el mio me fue imposible echarla.
-¿Qué tal el día?-Pregunté ya como rutina.
-Me duelen los pies y eres la segunda visita del día, así que puedes imaginar lo aburrida que estoy.-Refunfuñó.
-¿Titus?
-Ha salido a comer eres libre de corretear y tocar todo.-Me alentó Anya.
Le dedique una sonrisa y subí a la planta de arriba como una niña ilusionada, encontrándome con una cabellera dorada delante de la vitrina donde estaba nuestra momia.
-Parece que no soy la única enamorada de esa mujer.
Clarke se giró sorprendida por mi voz.
-¡Hey!-Sonrió tímidamente.-¿Qué haces aquí?
-Trabajo.-Le enseñe la bolsa con el anillo.
-¿Es el suyo? ¿Puedo verlo?
-Claro.-Tartamudeé.
Me sorprendió lo emocionada que parecía así que se lo deje. Sin sacarlo de la bolsa empezó a curiosearlo detenidamente, adorándolo.
-¿Qué pone en la inscripción?-Levanto su mirada curiosa hacia mí.
Fruncí el ceño acercándome para comprobar a qué se refería. El lapislázuli me tenia tan absorbida que no me había dado cuenta que en la parte interna del anillo había algo escrito.
Me puse mis gafas y saque el anillo de la bolsa, estaba muy desgastada la inscripción y apenas era legible.
Le di el anillo a Clarke mientras yo rompía un trozo de papel de la libreta que llevaba en mi mochila para calcar aquellas letras, pase el lápiz con cuidado viendo como aparecían formando una palabra que se asemejaba a "Dominus"
-Esto tiene que ser un chiste.-Murmuré frotándome la frente.
-¿Qué pone?-Inquirió.
-Propietario.-Ahogue una carcajada.-Quizás se refiera a la señora.
-¿Te imaginas que nuestra chica estuviera liada con su ama?-Clarke formulo aquella pregunta con tal entusiasmo que me hizo sonreír pues no era tan descabellado.
-Sabes que el lapislázuli resaltaría el color de tus ojos.-Dije sonrojándola mientras le colocaba el anillo en el dedo anular.-Y encima esta hecho a tu medida.
-¿Tú crees?-Levantó la mano mostrando el anillo ante su cara sonriente.-¿Harás lo que yo quiera esclava?-Bromeó.
Realmente resaltaba el azul de sus ojos invitándote a perderte en ellos durante horas. Fueron apenas segundos, todo cobró un color anaranjado y Clarke estaba desnuda con el anillo, su cuerpo era precioso, podía sentir como clamaba ser acariciado y yo deseaba hacerlo desesperadamente.
Parpadeé con fuerza volviendo a la realidad.
-¿Estas bien?-Asentí confusa a su pregunta.
Se quedo conmigo hasta que Titus coloco el anillo en una vitrina junto al resto de joyas.
-¿Y tu moto?-Me preguntó la rubia al salir del museo.
-Es esta.-Le indique provocando su risa.-¿Qué?-Pregunte molesta.
-Cuando te he visto con el casco pensaba que tenias una moto más... ¿Guay?
-Mi Montesa Impala mola mucho.-Respondí subiéndome a la moto y colocándome el casco.
-Pareces Han Solo pilotando ese montón de chatarra.-Estalló en una preciosa carcajada.
Se estaba riendo de mí y de mi moto pero su comentario le quitaba importancia a ese hecho.
-¿Hablas del Halcón Milenario?-Asintió divertida.-Pensaba que no habías visto las películas.-Comente estupefacta.
-Y no lo había hecho hasta esta semana. He estado viendo una cada noche mientras cenaba.-Sonreía orgullosa.
¿Había visto las siete películas de la saga por una simple referencia que yo había hecho? Sonreí como una tonta, quería a esa mujer en mi vida.
La doctora me invito a que me pasara por su casa después de cenar. Y allí estaba llamando a la puerta con un pack de cervezas y un buen vino de la tierra.
Al cabo de un largo minuto cuando estaba apunto de irme la puerta se abrió con aquellos ojos brillantes mirándome.
-¡Pasa! Tengo visita.-Dijo nada más verme.-Me he dado cuenta de que no tengo tu numero de teléfono, así que no he podido avisarte.
-Si molesto...
-Entra.-Me interrumpió tirando de mi mano hacia dentro, hacia el patio.-Chicas esta es Lexa Woods, Lexa ellas son Octavia y Raven.
-Por fin te conozco.-Octavia me sorprendió con un abrazo.-Ahora ya no tendrás escusa cuando te invitemos a cenar.-Aparto un asiento a su lado para mí.-Lexa trabaja con Lincoln.-Le informo a su amiga Raven.
Conocía a Octavia por las fotos que Lincoln me enseñaba de ellos, hacia un año que era la novia de mi compañero, él siempre intentaba presentármela pero yo esquivaba las invitaciones.
-¿Entonces eres arqueóloga? ¿A lo Lara Croft?-Pregunto entusiasmada Raven a lo que sus amigas rieron.-A mi sinceramente me preocuparía que mi novio correteara por ahí viviendo aventuras con una Angelina Jolie como ella. Sin ofender Lexa.
Negué con la cabeza restándole importancia a su comentario y bebí de la cerveza que me había sacado Clarke. Por esto no me gustaba conocer gente nueva, era incomodo y yo nunca sabia de que hablar o que contestar.
-No me preocupa para nada.-Respondió divertida Octavia.-A Lexa le van más las momias que las personas.-Añadió haciendo reír a Clarke.
Lincoln era un autentico bocazas, agache la cabeza algo avergonzada. La rubia apretó mi nuca cariñosamente con su mano durante un breve instante dedicándome una sonrisa, supongo que en un intento de relajarme aunque consiguió el efecto inverso. La electricidad recorría toda mi columna vertebral.
-¿Y Finn cuando viene?-Pregunto Raven que no había entendido la broma.
Clarke se encogió de hombros despreocupada y bebió de su copa de vino.
Hablaban de temas triviales, de vez en cuando me preguntaban en un esfuerzo para que me uniera a la conversación. Solo podía esperar las incesantes miradas de Clarke para devolvérselas.
-Nos vamos de fiesta. ¿Te vienes Lexa?-Me pregunto Octavia.
-No, no, yo tengo que hacer cosas mañana temprano.-Balbuceé.
-¿Ni un par de horas?-Me rogó Clarke.
Cuando las chicas se levantaron para irse las imité, pero las manos de Clarke sobre mis hombros me sentaron de nuevo en la silla.
-Tú te quedas, tengo algo para ti.-Me susurró.
-¿No te vas?-Pregunté confusa.
-Aun tengo que cambiarme.-Dijo guiñándome un ojo antes de irse a acompañar a sus amigas a la puerta.
Tras unos minutos volvió con unos folios y se sentó en una de mis piernas, paralizándome haciendo aparecer aquel hormigueo en mi estomago.
-¿Recuerdas que la otra noche te dije que solía dibujar?-Mi cara debió ser un poema al no recordar aquello.-No importa.-Rodeo mi cuello con uno de sus brazos.
Yo ya no podía escuchar nada más que el sonido de mi corazón desbocado, sentir el roce de la piel de su brazo en mi nuca y ver más que el movimiento de sus labios mientras hablaba. Mi tímida y temblorosa mano se deslizo al rededor de su espalda hasta llegar a su cintura, rodeándola sin que ella se inmutara por mi acción.
-¿Qué te parece?-Me mostró aquel papel.
-¿Me has dibujado?-Pregunte confusa cogiendo los folios.
-Deberías prestar atención cuando te hablo.-Abandono mi regazo cambiándolo por la silla de mi lado, dejando un enorme vacío en mí donde antes estaba su peso.-Decidí hacer una reconstrucción facial de tu misteriosa mujer y ese es el resultado.
Trague saliva profundamente, ya no sabia que había visto en aquel túnel. ¿Podía ser posible que...? Sacudí la cabeza mientras me recorría un escalofrío, no quería ni pensarlo
-Uno este peinado no es de la época y dos te has visto influenciada.
-Eso pensé, así que hice una segunda reconstrucción facial, esta vez digital y si pasas la hoja...-Esperó a que lo hiciera.-Vuelves a ser tú, bueno se parece más bien al retrato robot de una peligrosa delincuente.-Bromeo.
-¿Y?-Pregunté frunciendo el ceño.-¿Crees que soy inmortal o algo así?-Rió a carcajadas.
-Si fueras inmortal no habría visto fotos tuyas de pequeña con Lincoln. Es algo normal, como las fotos antiguas, pinturas o grabados que hay en internet de gente de otras épocas que se parece a famosos, de Keanu Reeves hay muchas. Es normal pero no deja de ser alucinante.-Dijo emocionada.
-¿Cuando has visto fotos mías?-Sí, en ese momento era lo único que me interesaba saber.
-A diferencia de ti, yo sí acepto las invitaciones de Octavia y Lincoln.-Dio un sorbo a su copa.
-Ya has visto lo mal que se me da relacionarme con la gente que no esta muerta.-La hice reír.
-Pues conmigo lo haces muy bien.-Coqueteo.
Perdí mi mirada nerviosa en aquel dibujo, me había ruborizado y no quería que se diera cuenta.
-Dibujas muy bien.-Murmuré alzando la vista.
Sonrío agradecida y entro en casa, dándome un respiro, cerré los ojos tratando de tranquilizarme cuando salio con dos vestidos.
-Necesito ayuda.-Movió las dos perchas ante ella, sobreponiendo los vestidos.
Estaría preciosa con cualquiera de los dos, señale el negro con gran escote, no sé porque, ya le había dicho que no iría con ellas.
Clarke volvió a entrar, decidí que ya era momento de irme, ella se iba a cambiar y yo parecía una visita a la que no puedes echar.
-Clarke me voy.-Informe desde el salón caminando directa a la puerta.-Ya nos veremos, supongo.-Farfulle.
-¿No hay forma para convencerte de que vengas con nosotras?-Salió para despedirse.
Bragas. Iba en bragas y camiseta, no podía evitar que mis ojos recorrieran sus piernas, acalorando mi cuerpo profundizando mi respiración.
-No, no, no me gustan las multitudes y menos apretadas en un sitio oscuro con la musica tan alta.-Balbuceé-No...-Me estaba muriendo de nervios ante su imagen divertida.-Por la mañana a las siete voy a correr por la playa.
-Esta bien.-Coloco sus manos en mi cuello y sus labios sobre los mios, entre los mios. Su lengua recorría mi boca como si la conociera al milímetro, profundizando. Tiró de mi labio inferior antes de separarse.-Mmm...-Se mordió el labio.-Llevo queriendo hacer eso desde la primera vez que te vi cepillando piedras.
Yo me había quedado pasmada con la boca ligeramente abierta, apunto de un infarto. Sentía que el corazón iba atravesarme el pecho en cualquier momento.
-Espero volver a verte.-Abrió la puerta.
219 a. C.
Le ordené que me preparara un baño, las llamas de los candiles iluminaban la habitación. Lexa había terminado de llenar la tina cuando se iba a retirar.
-Lexa espera.-Deje caer mi bata, quedando solo vestida con el anillo de lapislázuli que ella había elegido para mí y con mi pelo recogido.-¡Báñame!-Le pedí entrando al agua.
Tomo la esponja y la hundió en el agua acariciando mis piernas con una sonrisa de suficiencia, la saco y mojo mi nuca con ella.
-Gracias.-Murmuro.
-¿Por qué?
-Sabes a que me refiero.
-Eres de mi propiedad, yo decido a quien complaces Lexa.
-Dime Clarke...-Susurró en mi oído empujando un calor por todo mi cuerpo mientras pasaba la esponja por mis pechos.
-Háblame con respeto.-Le interrumpí.
-Podría hacer que me pidieras que te lo faltara por completo.-Gruño.
-Y yo podría mandar azotarte.-Le amenace divertida.
-Correría el riesgo.-Sentí sus dientes en mi cuello apretando suavemente haciéndome temblar.-¿Te he asustado?-Rió complacida.
No me había asustado, me había excitado, mi sexo palpitaba.
-Háblame de ti.-Le pedí en un intento por apartar el deseo que me estaba asaltando.
-Mi madre era griega, mi padre un guerrero cartaginés del cual se enamoró locamente hasta el punto de fugarse con él.-Me gustaba el tono de su voz, sonaba feliz al rememorar aquella historia de amor prohibido.
Lexa había nacido en Cartago, al norte de África, de donde era su padre. Su madre murió cuando ella era joven pero le había enseñado idiomas. De su padre aprendió a luchar convirtiéndose en una mercenaria.
Hacia unos años atrás durante una misión por el Mare Nostrum asaltaron el barco en el que viajaba y la hicieron prisionera. Cuando llegaron al primer puerto fue vendida como esclava.
Su primer amo la estaba violando cuando ella le arranco la oreja de un mordisco. Fue golpeada, azotada y una vez recuperada para no perder la inversión este la revendió.
Al segundo le dio un cabezazo rompiéndole la nariz, más castigos para terminar finalmente de nuevo en el mercado.
Así por una sucesión de manos y mil intentos fracasados de fuga.
-Y llegaste a mí.-Detuve la historia, era demasiado dolorosa.
-He aprendido que para conseguir mi libertad debo conseguir el favor de mi dominus.-Bajo la esponja por mi vientre hasta mi entrepierna y la detuve.
-¿A eso es a lo que juegas conmigo?-Apreté su mano ira.-¿Pretendes seducirme para que te libere?-Inquirí levantándome, mientras el agua corría por mi cuerpo.
-Sobrevivo.-Murmuró cabizbaja.
-¡Vete!-Espete.-Ve con el resto de esclavos y ayúdalos con los quehaceres, no quiero verte merodear por aquí esclava.
Me había dejado embaucar por una esclava, por una mercenaria sin moral que siempre se vendía al mejor postor, me daba asco, estaba furiosa, más conmigo que con ella.
Durante toda la semana Lexa se mantuvo lejos de mí, junto al resto de esclavos, mentiría si dijera que no echaba de menos su adulaciones.
Mi padre estaba preparando una fiesta a la cual estaban invitados todos los cargos importantes de la ciudad junto a sus familias.
Toda la casa estaba adornada, antorchas y candiles la iluminaban por completo. Me puse mis mejores ropas y joyas para recibir a los invitados.
-Magistrado.-Salude agachando la cabeza al esposo de mi amiga.
-Déjate de formalidades por esta noche Clarke.-Me saludo divertido.-He oído que tenéis una nueva esclava, estoy deseoso por conocerla, mi esposa dice que eclipsa a la propia Venus.
Sonreí nerviosamente, al momento apareció Octavia estrechándome entre sus brazos.
-Estas divina Clarke.-Me cogió de las manos poniendo distancia para observarme.-Hubiera sido un desperdicio haber terminado sirviendo a Diana.
Poco a poco la casa se lleno de gente, de voces y carcajadas mientras disfrutaban del vino de la nueva cosecha y de unas jóvenes danzando con mascaras.
Saludaba a todos con cordialidad mientras paseaba en la sala, nunca me habían gustado los festejos, estaba presente solo por compromiso.
Hacia un rato que había visto a mi padre hablar animado con el magistrado, pero este ultimo ahora había desaparecido junto a su esposa. No encontraba a Lexa por ninguna parte, eche una ojeada rápida hasta encontrar a mi padre.
-¿Padre habéis visto a mi esclava?-Pregunté con preocupación.
-Sí.-Respondió fríamente volviendo a su conversación sobre cuadrigas con otro hombre.
-¿Y donde esta?-Inquirí causándole molestia.
Me agarró del brazo y me alejo de la gente.
-Nos esta sirviendo Clarke, la joven esposa del magistrado deseaba disfrutar de ella, así que le cedí el gusto de hacerlo.
Estoy doblando turno en el trabajo así que disculpas si es algo flojo.
Twitter: saritasegval
