1939
Las piedras se clavaban en mis rodillas ensangrentadas, la soga anudada en mis muñecas me cortaba la circulación produciendo un frío y perezoso hormigueo en mis manos. Mi cuerpo temblaba de frío bajo la incesante lluvia, el llanto y los gritos de Clarke me desgarraban el alma.
Amaba a esa mujer intensamente, como si siempre hubiese sido así, como si estuviera escrito en llamas en mi corazón que fuera así aunque solo hacia escasamente un año que la conocía.
Mire a ambos lados, a mis camaradas arrodillados junto a mí esperando la condena a pagar por haber defendido la libertad, esperando que aquellos fusiles nos dispararan.
Dicen que antes de morir ves pasar toda tu vida ante tus ojos, yo vi cada una de ellas y sonreí.
Una ultima mirada llena de devoción a Clarke, mi domina, que intentaba huir desesperadamente de los brazos que la retenían.
-Nos volveremos a ver.-Pronuncie detenidamente sin voz.
-¡Fuego!
En la actualidad.
Me desperté sobresaltada y empapada en sudor. Hacia semanas que tenia sueños extraños con Clarke, como ecos de otras vidas.
Miré el reloj de mi mesita. 5:47 Me levante algo agitada todavía.
Por muchos mitos en los que creyera necesitaba buscar una explicación coherente.
Desayune investigando por el móvil los parecidos que me había comentado Clarke hacia unas horas, era cierto pero no dejaban de ser teorías de reencarnaciones o inmortalidad, necesitaba algo más científico y parecí encontrarlo.
Se supone que en el mundo hay al menos seis personas casi idénticas a nosotros y existe un 9% de posibilidad de encontrarte con una de ellas.
Con esas posibilidades no jugaría ni a la lotería, pero me había tocado, había encontrado a una persona que al parecer era idéntica a mí aunque ya no estuviera viva.
Anya llego a casa tras lo que había parecido una gran fiesta y empezó a gorronearme el desayuno.
-Estoy conociendo a una chica.-Le confesé en busca de ayuda.
-¿La rubia del museo?-Preguntó con la boca llena.
Asentí y le conté todo lo que había sucedido con Clarke.
-¿Tú te diste un golpe en la cabeza al nacer?-Rodé los ojos.-Tía te estaba pidiendo guerra ¿Y tú te vas?
-Me abrió la puerta.-Espeté.
-Me abrió la puerta.-Repitió burlándose de mí.-O piensa que eres una autentica idiota o que no te interesa. Y si se ha ido de fiesta sintiéndose rechazada olvídate de ella. Me voy a dormir no me despiertes cuando vuelvas.-Se llevó mi plato con ella.
Deje el móvil en casa, me gustaba correr sola con mis pensamientos acompañados por el sonido del mar.
Caminé hasta el final del pueblo donde empecé a correr. Apenas eran las siete cuando llegué a la playa, nada más se veían dos sombrillas en la arena.
Iba corriendo cerca de la orilla cuando una imagen llamo mi atención. Una rubia con un vestido negro, sentada en la arena mientras se comía una tarrina de helado, no pude evitar sonreír y dirigirme hacia ella.
Llevaba los labios pintados en un tono rojo muy vivo que me hubiera parecido vulgar en cualquiera, pero en ella parecía sofisticado.
-Quizás seas tú quien tenga que ponerme una orden de alejamiento.-Me recibió cuando me senté a su lado.
-¿Qué haces aquí?-Pregunté perdiendo mi mirada en el horizonte.
-Han cerrado la discoteca hace una hora.-Señalo una gran nave en el paseo.
-¿Y estas borracha?-Bromeé.
-No.-Me hizo una mueca de burla.-Soy la conductora, apenas he bebido. Bueno pues como alguien tartamudeo algo como que vendría aquí a correr he convencido a las chicas para que nos quedáramos comiendo helado.-Señalo el paseo donde Octavia y Raven se estaban haciendo fotos.-Y sigo sin tu numero. ¿Por qué tienes móvil verdad?
Sonreí y tendí la mano para que me dejara su móvil, esperé a que lo desbloqueara y toqueteo algo más antes de dármelo preparado para que introdujera mi numero.
-Ahí lo tienes.-Le devolví el teléfono.
-¿Te gustan las serpientes?-Preguntó dirigiendo su mirada hacia el tatuaje de mi pantorrilla.
-Casualidad.-Murmuré.
-¿Qué significa?-Clavo sus ojos sobre los mios.
-Es un uróboros,-Desvié mi mirada en busca de aquella serpiente de tinta que se mordía la cola.- representa el ciclo eterno de las cosas.
-¿Cómo un infinito?-Pregunto suspicaz.
-Se podría decir.
-¿Quieres helado?
No me dio tiempo a responder su pregunta, cuando me di cuenta ya tenia la cucharilla de plástico dentro de la boca.
-Tienes un poco...-Dijo mientras dejaba la tarrina en la arena, se acerco sujetando mi rostro y lamió mi labio, el cual relamí tras el paso de su lengua.
Sonrió antes de besarme, abalanzándose sobre mí y tumbándome en la arena. Gruñí al sentir su cuerpo sobre el mio restregandose mientras devoraba mi boca con desesperación, lo rodeé apretándola más contra mí.
El hormiguero que había en mi estomago acababa de explotar dejando suelta aquella marabunta que me recorría.
El móvil de Clarke sonó, se sentó a horcajadas sobré mí para contestar y pude ver como el vestido se remangaba sobre sus muslos dejando ver su ropa interior, suspiré contempandola.
-¿Qué quieres Reyes?-Respondió poniendo sus ojos en blanco.-Que te jodan.-Levantó el brazo mostrando su dedo corazón.
Cubrí mi cara con las manos muerta de vergüenza al descubrir que nos estaban viendo, la rubia cogió una de mis manos entrelazando sus dedos con los mios y dedicándome una sonrisa.
-Sí pesada ahora os llevo a casa.-Colgó y volvió a besarme.-¿Te vienes a dormir conmigo?-Murmuro rozando mis labios.
-Tengo una visita guiada.-Respondí.-Pero me, me gustaría dormir contigo algún día.-Farfullé.
Me llevaron en el coche hasta el pueblo, Octavia y Raven no paraban de cuchichear y reír en el asiento de detrás.
Otra llamada, esta vez un tal Finn. Clarke le paso el teléfono a Raven algo molesta.
-¿Si?-Respondió.-Clarke esta conduciendo. ¿Qué si puede recogerte en el aeropuerto?
-Estoy cansada que llame un taxi.-Espetó la rubia.
-¿Lo has oído? Vale yo se lo digo, chao.
Clarke dejo a sus amigas en sus respectivas casas antes de llevarme a la mía. Detuvo el coche delante de la puerta y se giró hacia mí.
Bésala.
-¿Qué tienes que me atrae tanto Lexa?-Formulo la pregunta sonriendo.
Bésala.
Acarició mis labios con su pulgar conduciendo mi boca a la suya nuevamente.
-Ahora bájate antes de que no te deje salir.-Murmuró.-Te llamaré.
Tras una ducha algo larga me dirigí a la puerta del ayuntamiento donde me esperaba el grupo de turistas a los que tenia que guiar.
Normalmente disfrutaba hablando de historia, las palabras salían solas, en ocasiones me explayaba demasiado en alguna explicación. Me tenían que sacar las palabras a cuentagotas, no podía pensar más allá de los labios de Clarke besándome y de su impetuosa lengua acariciando la mía.
Por la noche aun no había recibido la llamada que me había prometido, no dejaba de mirar la pantalla de mi móvil expectante, mientras Lincoln y Anya hablaban bebiendo cerveza, se supone que yo era parte de la conversación pero toda mi atención estaba centrada en el teléfono.
-Le has caído bien a Octavia.-Me dijo Lincoln.
-Como a las anteriores antes de que se preguntaran que hacia su novio un sábado por la noche en el piso de su compañera de trabajo.-Anya haciendo uso de su mala leche.
-Somos colegas.-Espeté.
-Lexa cariño las mujeres no te ven como la colega de su novio, te ven como una rival.-Me rebatió Anya.
-O es distinta.-Aseguro Lincoln.
Clarke sí que era distinta a todas las mujeres que conocía y tenia que demostrarle que quería algo con ella. Salí de mi casa, no tenia el numero de la doctora y lo único que podía hacer era ir a su casa, eso parecía un buen plan si no me paralizaba ante ella.
Caminé nerviosa por la callé, incluso daba algún que otro pequeño salto para relajarme. Suspiré tomando fuerza cuando me detuve ante su puerta, sacudí mi cuerpo como un perro mojado y di tres sonoros golpes con mi puño.
-Hola.-Me abrió la puerta un chico con una ligera barba y melena.-¿Buscas a Clarke?-Asentí.-Cariño te buscan.-Grito abandonando la puerta y dejándola abierta.
¿Cariño?
Pude ver como la rubia esquivaba un beso y dejaba uno en la mejilla del chico.
-¿Lexa?-Salió y cerró la puerta.-No te esperaba.-Balbuceó.
-Me he dado cuenta.-Comente seria.
-Lexa.-Tomo mis manos entre las suyas.-No es lo que piensas.
-¿Es tu novio?-Inquirí.
-Sí pero...
-Entonces sí es lo que pienso.-La interrumpí soltando mis manos.-No te preocupes.-Sonreí a medias antes de emprender mi camino.
-¡Lexa espera!-Me alcanzo cortándome el paso y me detuvo frenándome con su mano contra mi pecho.-Es complicado...
-Podías haber sido sincera.-Volví a interrumpirla.
-¿Me dejas explicártelo?-Tomo mi cara entre sus manos.
-No, no me toques. ¿Vale?-Me zafé de sus manos y me fui.
219 a.C.
Había encontrado una estancia protegida por dos guardias, lo que ellos desconocían es que había una segunda entrada desde la cual espié lo que estaba sucediendo sin atreverme a interrumpir.
Estaban los tres completamente desnudos, el magistrado tumbando en la cama sodomizando a su esposa, Lexa de pie ante ellos tragando de un solo golpe el vino de una copa.
Se arrodillo en la cama y derramó un ultimo trago en la boca jadeante de Octavia antes de arrojar la copa al suelo y empezar a cubrirle el cuerpo de suaves mordiscos, lamiendo los pequeños pechos que se movían de arriba abajo.
Lleve mis manos a los mios imaginando lo que la mujer del magistrado estaría sintiendo en esos momentos.
Lexa lamió el vientre de Octavia mientras le separaba los muslos, colocándolos tras las rodillas flexionadas de su esposo.
El calor inundaba mi sexo palpitante, lleve una mano hasta él, presionándolo en un absurdo intento de que se detuviera.
Octavia gimió al sentir la lengua de Lexa en su entrepierna, lamiendo con furia mientras la penetraba con sus dedos, embistiéndola violentamente.
Abandoné aquel rincón oscuro corroída por el deseo y la envidia.
Lexa era mía, debería ser yo quien disfrutará del placer que podía brindar.
Encargué a las esclavas que en cuanto la vieran la mandaran a mi habitación.
-¿Me ha hecho llamar mi domina?-Preguntó Lexa entrando en mi habitación horas después cuando el festejo había concluido.
-¿Te lo has pasado bien?-Pregunté irritada.
-Hago lo que debo hacer para sobrevivir.
-¿Ganándote el favor de amigos influyentes en busca de tu libertad?-Le reproche.-¿Te han tocado?-La miré con ira.
-No, mi trabajo era complacer a la señora Octavia.-Permanecía con una expresión estoica.
-Hazlo conmigo.-Ordené dejando caer la bata que cubría mi desnudez.
-No.-Respondió fríamente dirigiéndose a la salida.
-¿Como osas darme la espalda cuando te hablo?-Pregunté molesta.-¡Compláceme esclava!
Lexa se dio la vuelta ferozmente, caminando con firmeza hacia mí hasta que me aprisiono contra la pared, me estrecho a su cuerpo y sin previo aviso sus dedos me penetraron.
-¡Ah!-Grite con sorpresa y dolor mirándola asustada.
Me envestía con una furia controlada, golpeando fuerte pero con un movimiento lento haciéndome jadear.
Me aferré su cuello con fuerza, me estaba haciendo daño a propósito pero no podía separarme de ella, me gustaba sentirla dentro de mí.
Gemí, no podía parar de hacerlo sobre su cuello mientras mi cuerpo temblaba, tiró de mi pelo para mirarme a los ojos, sus ojos verdes parecían arder de ira.
Una extraña sensación en mi vientre me inundó, expandiéndose por cada centímetro de mí, cerré los ojos hasta explotar bajo su atenta mirada.
Me quedé paralizada, aun sujeta a ella sin entender lo que había pasado con una lágrima apunto de desbordarse.
Sus labios besaron los mios.
-¿Qué...-Empecé a preguntar asustada, Lexa siseo cerrándome la boca con la suya.
-Lo siento.-Murmuró sobre mis labios.
Me llevo a la cama y beso todo mi cuerpo con delicadeza mientras lo acariciaba inundándolo de calor.
Su lengua calmo el escozor de mi sexo, moviéndola en círculos dentro de mí, aliviándome, haciéndame gemir de nuevo de una manera muy diferente, sus manos acariciaban mi vientre causando un cosquilleó en su interior.
Flexione mis rodillas e impulsándome con los pies levante mi cadera deseosa de sentir más lo que me estaba ofreciendo a la vez que mis manos se aferraban a su pelo presionándola más contra mí sexo.
Mi cuerpo empezó a sacudirse violentamente por oleadas de un placer que jamás habría imaginado sentir. Me tensé capturando a Lexa entre mis muslos sin que se detuviera, convulsionandome hasta dejar escapar un gran gritó de éxtasis.
