1939

Lloré hasta que no me quedaron lágrimas que derramar sobre aquella foto, no podía creer que la hubiera vuelto a perder.

Cargue un viejo revolver, era lo único que me quedaba de Lexa. Ni siquiera pude despedirme esta vez, la habían arrojado a una fosa junto al resto de sus camaradas fusilados.

Me metí el frió cañón en la boca y como en una ruleta rusa disparé esperando que nueva vida me depararía el destino.

En la actualidad.

Me alejaba de Clarke con la respiración pesada y en cuanto doble la primera esquina una lágrima rodó por mi mejilla.

No era mía, nunca lo había sido pero me había ilusionado tanto con ella que dolía, dolía demasiado y ni siquiera sabia el porqué, era ridículo sentirme así.

Vague por las calles sin rumbo fijo, solo quería perderme hasta que dejara de importarme.

Habíamos iluminado con focos todo el tramo apuntalado del túnel, tardamos media hora en recorrer lo que no llegaba a dos kilómetros y aquel camino seguía extendiéndose, adentrándose aun más en el pueblo.

Me gustaba trabajar en un lugar fresco a cubierto de aquel sol infernal, sin ojos curiosos sobre nosotros. El detector de metales solo nos había hecho encontrar un par de monedas. Los pequeños cuadrantes eran mis favoritos y cada vez que desenterrábamos uno me entusiasmaba como si se tratase de un gran tesoro.

Una sombra en el suelo llamó mi atención, enfoque con mi linterna acercándome con cautela hasta vislumbrar un bulto.

-Ten cuidado Lex.-Me aviso Lincoln mientras yo continuaba por una zona que aun no era segura.

-Dominum.-Susurró una ligera brisa atravesándome.

Me apresuré en cuanto me di cuenta de que se trataba de otro cuerpo, inerte boca abajo en el suelo como si se hubiera arrastrado hasta morir.

-¡Lincoln!

Se acerco a paso ligero, sorprendiéndose ante el nuevo hallazgo.

-Voy a llamar a.-Se detuvo, no pronunció su nombre pero hizo la llamada.-No tengo cobertura, sera mejor que salgamos.

-Ve tú, yo me quedo aquí.-Murmuré.

-Lexa no creo que sea buena idea que te quedes aquí sola.-Insistió.

-Estaré bien.-Le aseguré.

Lo menos que me apetecía era ver a Clarke, no sabia como comportarme con ella, me gustaba más de lo que podía aceptar pero no había sido sincera conmigo y era algo que detestaba en cualquier persona.

No sé cuanto tiempo estuve allí esperando, lo suficiente para hablar sola sentada en el suelo con las piernas cruzadas delante de un cadáver.

-Te he encontrado,-Una enorme tristeza me inundo.-creo que ella te estaba buscando. Por un kilometro y medio no la alcanzaste, la habían herido de muerte por eso no estuvo aquí contigo en tus ultimas horas. ¿Eras tú la propietaria del anillo? ¿Eras la domina?-No sabia que estaba haciendo era obvio que no iba a recibir ninguna respuesta.-¿Por qué lo tenia ella?

-¿Lexa?-Escuche retumbando por las paredes pero lo ignoré.

-Lo siento.-Me disculpe con un nudo en la garganta.-No sé si lo sepas pero la ciudad cayo, la ayuda de Roma llegó demasiado tarde, cuando ya no había nada ni nadie a quien salvar. Vuestra lucha nos ha inspirado a todos durante siglos, dos milenios y el valor que mostrasteis ese día no se ha perdido.

Una linterna me deslumbro y tuve que cubrir mis ojos con la mano.

-Lexa te estaba llamando.-Clarke se arrodilló a mi lado.

-¿Y Lincoln?-Carraspeé.

-Le, le he pedido que me dejara entrar sola para hablar contigo.-Su mano en mi barbilla hizo que me girara.-¿Estas llorando?

-No.-Me sequé las lágrimas que habían brotado mientras hablaba sola.-Me has cejado con la linterna y pican los ojos solamente.-Sé que no me gustaban las mentiras pero si decía la verdad parecería algo demente.-No quiero hablar contigo Clarke, solo ocúpate de tu trabajo.

-¿No huele a humo?-Preguntó asustada.

-No.-Respondí olfateando.

La doctora Griffin empezó a toser, parecía que se fuera a ahogar, rodé mis ojos y le pedí que se fuera, parecía alterada hasta que se desplomo al lado de la nueva momia.

Negué con la cabeza suspirando, aun no me iba a librar de las bromas por haberme desmallado al lado de la primera.

-Clarke vamos ya no tiene gracia.-Comenté.-¿Clarke?-Me acerqué dándole golpecitos en la mejilla pensando que estaba fingiendo para burlarse de mí.-¿Clarke?-Me preocupé.¡Hey!

Primeros auxilios.

Le tomé el pulso con mis dedos en su cuello, notando los ligeros latidos pero no estaba respirando. Tome una bocanada de aire y la insufle en su boca, esperando una respuesta, volví a repetir el proceso un par de veces hasta que su boca se abrió en busca de oxigeno a la vez que yo me apartaba para darle espació.

-Has vuelto.-Murmuró mirándome con adoración.

-¿Qué? Clarke no me he ido a ningún lado.

-¿Qué?-Preguntó frunciendo el ceño.

-Vamos fuera. ¿Puedes levantarte?-La sostuve de los brazos mientras se ponía en pie algo aturdida.

Esa misma noche camine sin rumbo llegando a la puerta de la casa de Clarke, deteniéndome ante ella para luego darme la vuelta e irme a mi casa donde no podía dejar de soñar con ella.

La noche siguiente... De todos los lugares donde podían llevarme aquellas calles volví a terminar delante de su casa.

Estaba preocupada por ella y seguía sin tener su numero de teléfono, pero no es que quisiera hablar con ella, o tal vez sí, no estaba segura y me volvia loca.

La tercera noche mis pasos me volvieron a llevar hasta allí, era ridículo, sacudí mi cabeza y llamé. Quizás comprobando que estuviera bien se terminarían los paseos nocturnos sin sentido.

-¿Lexa?-Me abrió paso de inmediato.

-¿Esta tú...

-No, no esta.-Me corto.- Lexa yo...

-No quiero hablar de eso,-Negué mirando al suelo, no tenia fuerzas para soportar aquellos ojos azules mirándome.-solo estaba preocupada y quería saber como estas.

-Bien creo que bien.-Saco una cerveza y el vino invitándome al patio.- Me asuste al oler a humo, tengo miedo al fuego-Dijo avergonzada.-por eso nunca enciendo la chimenea.-Se sirvió una copa.- Y digamos que estar en un túnel practicamete encerrada no ayudo demasiado.

-Clarke no olía a humo.-Fruncí el ceño.

-¿Y el incendió?-Preguntó a la defensiva.

-Clarke el único incendió que hubo fue en el 218 a.C. no...-Entrecerré los ojos. ¿Habría alucinado igual que yo?

-¿Qué paso?-Preguntó con curiosidad.

Le di un trago a la cerveza despejando mis pensamientos y lubricando mi boca para empezar la narración, esa historia era mi preferida.

-Roma y Cartago habían firmado un tratado tras la primera guerra púnica. El río Ebro se establecía como frontera para las conquistas de ambos. Pero-Levante mi índice para luego señalar el suelo.- esta ciudad quedaba en el territorio de Cartago y aprovecharon que eramos aliados de Roma para provocarlos, para enviarles un mensaje de que ellos serian los siguientes.-Di un trago a mi cerveza, no sabia si era buena idea estar con ella, pero Clarke había acertado con el tema de conversación.- Sitiaron la ciudad durante ocho meses, las murallas eran impenetrables y resistimos ataque tras ataque.-Me miraba maravillada haciéndome sonreír.-Las ciudades de alrededor se negaron a intervenir la ayuda de Roma llego demasiado tarde.

-¿Y el incendio?-Inquirió.

-Esto es más bien una leyenda pero todos creemos romanticamente en ella.-Le dedique una sonrisa más antes de continuar.-La ciudad cayo, pero antes de hacerlo mis antepasados reacios a rendirse hicieron unas grandes hogueras con el fin de que los cartagineses no obtuvieran botín alguno. Lanzaron a las llamas todos los tesoros de la ciudad junto a otros metales sin valor alguno, los hombres lucharon hasta perder su ultimo aliento, las mujeres...-Aclaré mi garganta con otro trago de cerveza.-Las mujeres degollaron a sus hijos para que no se convirtieran en esclavos, luego ellas se quitaron la vida bien con los mismos puñales, lanzándose a las llamas o desde lo alto de las murallas. Los ancianos esperaron tranquilamente en sus casas la llegada del humo y del fuego que se había extendido por la ciudad. Cuando los cartagineses entraron no tenían tesoros con los que ser recompensados, no habían vidas para que les sirvieran.

-Es una historia muy triste Lexa.-Comentó con el ceño fruncido.

-Yo me siento orgullosa.-Levante mi ceja como muestra.

-¿De que se lanzaran a los brazos de la muerte?-Pregunto incrédula.

-¿Hubiera sido mejor rendirse para terminar siendo esclavos?-Rebatí.

-Al menos hubieran vivido.-Murmuró finalizando con la disputa.

Negué terminando mi cerveza a la vez que se escuchaba la puerta principal.

-Se me ha hecho tarde,-Farfullé.- me alegro que estés bien Clarke.-Dije levantándome.

-¿Cariño?-Finn salió al patio.-A ti te conozco.-Dijo señalándome.-Finn.-Me tendió la mano.-Clarke es muy maleducada por no presentarnos.

Clarke es una pequeña mentirosa.

Miré a la susodicha, estaba tensa, podía ver miedo en sus ojos, nunca la había visto así y me gustaba. Me regodearía en esa sensación de poder sobre ella.

-Lexa.-Le estreche la mano a su novio con media sonrisa.

219 a.C.

Lexa permanecía con su cabeza apoyada en mi vientre, apaciguándose y dándome tiempo para que yo sosegara mi cuerpo exhausto, mientras mis manos seguían enterradas en aquella cabellera castaña. Se arrastró como una serpiente sobre mi cuerpo hasta que su frente presiono la mía con los ojos cerrados fuertemente.

-Lo siento mi domina.-Murmuró.-Aceptaré el castigo que me imponga.

-¿Por qué habría de hacerlo? Yo te lo pedí.

-Porque sois la única que me ha tratado bien y yo solo la he lastimado presa del odio que siento por mi misma.

-Lexa.-Tomé su rostro entre mis manos.-No hay castigo.-Me atreví a besarla notando como una tímida lágrima se estrellaba en mi mejilla.-¿Si tanto odias tu vida por qué nunca le has dado fin?

-¿Como una vulgar cobarde?-Rió a medias incorporándose.-Prefiero seguir viviendo un día más desafiando el designio de los dioses, un día más en busca de mi libertad. Jamás elegiría terminar con mi vida arrebatándome cualquier posibilidad de sentirme libre de nuevo.

-Tal vez yo pueda acercarte a ella.-Ronroneé incorporándome en busca de sus labios, saboreándome en ellos, acariciando su lengua con la mía.-Déjame tocarte como nunca antes lo han hecho.-Acaricié sus pechos por encima de la tela mordiéndome el labio.

Deseaba intensamente hacerlo con su permiso, seria amable y generosa con su cuerpo, ofreciéndole todo lo que quisiera.

-¿Con estas temblorosas e inexpertas manos Clarke?-Preguntó jocosa deteniéndolas.

-Dime como he de hacerlo mi domina.-Susurré en su oído mientras me quitaba el anillo.-Haré todo lo que me ordene.-Lamí el lóbulo de su oreja.

Mi cuerpo tenia dueña y era Lexa, lo había invadido con ira y lo había conquistado con dulzura. Traté de ponerle mi anillo, ella sonreía divertida al ver como el anillo se escurría de cada uno de sus lagos y finos dedos hasta que por fin quedo sujeto en el pulgar.

-¿Qué pretendes?-Sus ojos brillaban como esmeraldas.

-Jugar.-Respondí desnudándola lentamente.

-¿Conmigo?-Preguntó con lascivia levantando su ceja.

-Junto a ti.

-¿Y de que trata el juego?-Murmuró mordiendo mi cuello haciéndome gruñir.

Tuve que detenerla para poderme explicar con claridad.

-Quien tenga el anillo sera la dominum de la otra.-Mordí su labio.-Seras libre de hacer lo que desees conmigo.

-Podría robar el anillo y escapar.-Bromeó.

-Sé que no lo harás.-Rodeé su cuello con mis manos.- Y si lo hicieras-Mis pulgares presionaron en su garganta.- yo misma atravesaría tu pecho con una daga envenenada para que murieras lentamente y agonizando.

Lexa sonrió con suficiencia antes de que su lengua entrará en mi boca con desesperación y deseo, apretándome a su cuerpo en un intento de fundirnos en uno solo.