219 a.C.

No importaba ni el lugar ni el momento, en cuanto el anillo caía en las manos de Lexa todo se volvía lujuria y yo me volvía suya.

-Bebe.-Se arrodilló en la cama desnuda y me ofreció una copa de vino.

-No es de mi agrado.-Me incorporé en busca de sus labios.

-Lo será.-Dijo deteniéndome con su dedo.

Me abrió la boca y la llevo hasta su pecho en el cual empezó a derramar el vino, que corría por su pezón hasta terminar en mis labios, en mi lengua que saboreaba su sabor afrutado.

En la actualidad.

Sentí un extraño movimiento en mi cama que rompió la profundidad de mi sueño sin llegar a despertarme. Unos suaves brazos empezaron a rodearme.

-¿Lexa estas desnuda?

Me aferré a las sabanas y rodé alejándome de aquella voz hasta caer al suelo. Asomé tímidamente la cabeza por el borde del colchón para comprobar que no era un sueño, pero no lo podía ser cuando su risa retumbaba por toda la habitación.

-¿Qué haces Octavia? ¿Pretendes que Lincoln me mate?-Pregunte asustada y roja como un tomate.

-Solo quería hablar contigo Lexa, vuelve a la cama.-Rogó dando unas palmadas a su lado.

-Estoy desnuda.-Murmuré levantándome sin atreverme a mirarla y comprobando que la sabana cubriera del todo mi cuerpo.

-Me he dado cuenta, ven.-Insistió con las palmaditas y cedí, tumbándome a su lado con el cuerpo rígido.

-¿Cómo has entrado?-Farfullé.

-Anya nos ha dejado entrar. Pero no quiero hablar de eso.-Paso uno de sus brazos por mis hombros de forma amigable.-Pensaba que sabias que Clarke tenia novio.

-No, no, yo no quiero hablar de eso O.-Tartamudeé, esta chica se tomaba demasiadas confianzas y yo no estaba acostumbrada a que una practica desconocida se metiera en mi cama cuando yo estaba desnuda.

-Clarke es maravillosa, deberías darle una oportunidad.

-¿Debería qué?-Pregunté molesta.

-A ver... Clarke es mi amiga y siempre la voy a defender aunque se equivoque pero te aseguro que merece la pena Lexa. Lleva años atrapada en esa relación y...

-No es mi problema.-La interrumpí.

-Hacia años que no la veía tan ilusionada como la he visto últimamente contigo.-Susurró en mi oído poniéndome los pelos de punta.

-¿Y qué quieres que haga?

-Solo habla con ella.-Se sentó a horcajadas sobre mí de una forma inocente pero que me dejo helada.-Hazlo por mí. ¡Venga! ¡Venga!-Empezó a dar saltitos mientras rogaba cogiéndome de las muñecas.

-O, Octavia.-Balbuceé.-Haré lo que quieras pero para de hacer eso.-Acepté exasperada.

-Vale.-Cedió bajando de la cama.-Te espero para desayunar no tardes.-Me dedicó una inocente sonrisa mientras salia.

Rodé los ojos hundiendo mi cara en la almohada, casi prefería a las novias de Lincoln que me odiaban.

-Hola.-Un tímido saludo.-Octavia me ha dicho que querías hablar conmigo.

¿Clarke? ¿Qué hacia aquí? Definitivamente tenia que echar a Anya de mi casa, seria capaz de darle vía libre a un asesino en serie.

-Pues te ha mentido.-Farfullé.-No quiero, pero sí le he dicho que lo haría.-Admití.

-Lo siento.-Se sentó en el borde de la cama sin mirarme.-Gracias por no decirle nada a Finn. Yo...

-¿Cuantas veces le has sido infiel?-La interrumpí molesta.

-Solo contigo.-Frunció el ceño.

-Entonces puedes quitarte ese peso de tu conciencia porque entre nosotras no ha pasado nada.

-No puedo evitar sentirme culpable ante lo que me haces sentir.-Dejó caer su espalda en el colchón, tumbándose a mi lado.-Es como cuando deje todo atrás y vine a vivir aquí.-Acarició mi mejilla.

-¿Y... ¿Por qué no vuelves a dejar todo atrás? Digo...-Balbuceé.-Es, es obvio que no... que tú...

-Quiero a Finn,-Me aseguró.- tanto que no seria capaz de hacerle daño. Es verdad que no estoy enamorada de él pero...-Clavo sus ojos sobre los mios.-No pretendía hacerte daño Lexa, solo me olvide de todo y me deje llevar.

-¿Y...-No podía concentrarme con ella a escasos centímetros de mí.-¿Renuncias a...

Tenia la respiración agitada y me sentía irremediablemente atraída hacia ella y sus labios, los cuales entraron en contacto con los mios, su lengua que parecía conocerme a la perfección buscaba la mía.

Gruñí mientras Clarke tiraba de mi cuerpo deshaciéndose de la sabana que lo cubría, me incorporó besando mis pechos con deseo mientras sus manos recorrían incesantemente mi espalda haciéndome sentir mil caricias en una, temblaba entre sus brazos.

-Dominum.-Murmuró excitándome.

Tome su cara entre mis manos para devorar su boca con desesperación, pronto huyo de mis labios y se ensaño en mi cuello. Cerré los ojos sintiendo como me quemaba, sin querer ser testigo de lo que estaba sucediendo.

Y en la más completa oscuridad vi a Clarke vestida de monja. Eso debía ser mi subconsciente diciéndome que esto estaba mal, bajando mi libido totalmente.

-Clarke detente.-Me deje caer a un lado cubriéndome de nuevo con la sabana.-Esto no...

-Lo siento.-Se acurruco a mi lado.-No tengo fuerzas para alejarme de ti.-Susurró en mi oído inundandome de calor nuevamente.

Centré la atención en el mural inacabado del fondo de mi habitación, aquellos trazos de de Estrella de la Muerte sobre la pared, tan poderosa y vulnerable.

-Yo ya he pasado por esto Clarke.-Me miró confusa.-Mi ex,-Señale la pared con un movimiento de cabeza.-empezó a pintarlo como un regalo de cumpleaños para mí.

-¿Y qué paso?-Inquirió.

-Qué estaba casada.-Clave mis ojos sobre ella.-Y no, yo no lo sabia hasta que su mujer se presentó aquí.-Levantó una ceja alentándome a continuar.-Seguí un par de meses más con ella con la esperanza que la dejara, de que cumpliera todo lo que me prometía... pero no lo hizo.-Aclaré mi garganta.-Clarke no quiero tropezar con la misma piedra porque sé como terminará esto.

-Lo siento.-Su mirada se había llenado de tristeza.-Lexa eres una persona especial que me gustaría conservar en mi vida de la forma que sea, aunque deba resistir contra esta necesidad que tengo de ti.

-¿Y si yo no tengo fuerzas para permanecer a tu lado?

Bajé al horno para comprar algo que ofrecerles ya que prácticamente no teníamos nada en casa aparte de café, refrescos y pizzas congeladas.

Al salir cargada con todos los pasteles me tropecé con Finn, cruzamos un saludo y unas pocas palabras más de cortesía antes de seguir con nuestros respectivos caminos. No le dije que Clarke estaba en mi casa con Octavia, en ese momento me di cuenta que lo odiaba, envidiaba que poseyera lo que yo quería.

Como decía el maestro Yoda "El miedo es el camino hacia el lado oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento" Y yo tenia mucho miedo de lo que me hacia sentir Clarke porque estaba segura que iba a terminar sufriendo.

1552 Cartagena de Indias

Había estado meses en un navío hasta llegar a puerto, a una preciosa bahía.

-¿Hermana Griffin?-Un sacerdote se acerco a recibirme.-Soy el padre Titus, bienvenida al nuevo mundo.-Pese a su ceño fruncido parecía un saludo amable.

A nuestra llegada a la plaza que había frente a la iglesia me quede perpleja, una muchacha con la falda anudada por encima de sus rodillas dejando al descubierto sus pantorrillas. Y por si aquello parecía poco estaba arremangada ayudando a unos hombres a construir la estructura para el pozo.

El padre Titus se santiguó ante tal imagen y yo lo imité.

-¡Hermana Woods!-La llamó en un grito de regaño.

-Padre Titus.-Respondió despreocupada viniendo a nuestro encuentro.

-Le presento a la Hermana Griffin, y por el amor de dios-Se volvió a santiguar provocando una ligera sonrisa en la joven que me contagió.-vista los hábitos con dignidad.

Me perdí en sus frondosos ojos verdes cuando estos se posaron en los mios, más espesos que la vasta selva que nos rodeaba.

-Bienvenida a Cartagena hermana.-Me dedico una sonrisa radiante como el mismo sol que no se ponía en el imperio.

-Lexa sabes que te tengo apreció pero ¿qué haces mostrando tus vergüenzas en lugar de estar rezando con las demás?-Le recrimino el padre.

-Rezando no voy a ayudar a esta gente mientras expoliamos sus riqueza, sus vidas, sus tradiciones, la libertad...

-No quiero volver a escuchar semejantes insinuaciones.-La interrumpió en tono áspero.- Confió en que le enseñe la celda a la hermana Griffin y pido al cielo que se le contagie algo de modales de ella.-Refunfuño el padre antes de marcharse.

-¿Qué le ha traído a estas tierras hermana?-Me preguntó desatando el nudo de su falda.

-El llamado de dios. ¿Qué más?-Pregunté confusa haciéndola reír.

-Aquí no habita nadie llamado así.

Con el transcurso del tiempo fui yo quien fue influenciada por la manera revolucionaria de pensar de la hermana Woods y su forma de interpretar las escrituras a su antojo. Se había convertido en mi mejor amiga, mi confidente, mi compañera de travesuras, mi todo, quien le daba sentido a mi estancia en aquel lugar.

Fui afligida por unas altas fiebres, mi cuerpo tiritaba y la hermana Woods no cesaba en sus cuidados hacia mí.

Empezaron las visiones de un anillo dorado y una hermosa piedra azul, vivía a lo largo del tiempo y siempre me encontraba con ella.

Soñé con el fuego, huía desesperada, sentí que el humo me ahogaba y tan solo anhelaba volver con ella. Su cuerpo desnudo una y otra vez entre mis brazos, amándonos como si no hubiera mañana.

-Lexa.-Murmuré en su búsqueda.

-Estoy aquí.-Cambió el paño de mi frente y se acurruco en el catre conmigo.-Te vas a poner bien.-Me aseguró con lágrimas presas en sus ojos.

-Has vuelto.-Sonreí.-Siempre lo haces. ¿Fue Luna la egipcia?

-Estas desvariado Clarke.-Acaricio mi rostro con ternura.

-Te amo.-Rocé mis labios con suyos los cuales presionaron fuertemente los mios de vuelta.-Volveremos a vernos dominum.-Le devolví la caricia.

-No, no, no voy a dejar que te pase nada.-Rompió a llorar.-Te necesito, te amo.-Beso mi frente.

-¿Qué clase de magia uso la egipcia que estoy condenada a perderte siempre?-Mi voz se lleno de amargura.

Todo se apago quedando en la más vacía oscuridad.