1807

Clarke estaba jugando de nuevo a las señoritas, me desesperaba no verla, no saber si estaba bien aunque ella sabia cuidarse perfectamente.

Bajé a la villa, gracias a Murphy sabia el lugar y la habitación donde se hospedaba. Trepé por la parte trasera y me colé dentro por una ventana entreabierta.

Me recosté en la cama a esperarla, era tan reconfortante no estar sobre una manta en el suelo para variar que me adormile un poco.

Unos pasos acompañados por voces me despertaron. Mi sueño hacia años que había dejado de ser profundo, siempre estaba en un estado de en alerta.

Rodé sobre mi misma hasta caer al suelo, refugiándome bajo la cama donde saque mi arma, bese el cañón encomendándome a su protección.

La puerta se abrió para cerrarse al instante lentamente haciendo chirriar las bisagras, vi unos bonitos zapatos dando una vuelta alrededor de la cama.

-¡Sal o disparo!-Advirtió con fiereza haciéndome reír.

-Me partirías el corazón Clarke.-Rodé por el suelo hasta salir de mi escondite y la vi con su pequeña pistola de palma apuntándome.

-¿Qué demonios haces aquí?-Dejo el arma en el tocador y me ayudo a levantarme mientras yo enfundaba la mía.-Es peligroso.

-Solo quería robarte un beso.-La bese ganándome un empujón.

-Te podría costar la vida ese beso.-Me recriminó en un susurro.

-Entonces moriría feliz.-La abrace tumbándola en la cama.

-No bromees con eso Lexa.-Cubrió mi rostro de pequeños y lentos besos.-Tienes que irte esto esta lleno de soldados franceses.-Había metido sus manos bajo mi camisa acariciando mi espalda ligeramente con las yemas de sus dedos.-En cuanto pueda iré a verte pero ahora no puedo levantar sospechas.

-Te quiero.-Pronuncie sobre sus labios.

-Y yo mi amor.-Me beso con fuerza, apretando mi espalda.-Vamos vete.-Me instó y sonreí.

-Volveremos a vernos.-Me despedí saliendo por la ventana.

Descendí aferrándome a cualquier sobresaliente de la fachada, salté cuando estaba a poca distancia del suelo. Al aterrizar escuche a las tropas acercándose y entre por la primera puerta que vi cubriendo mi rostro con el pañuelo y sacando mi pistola.

-¡La taberna esta cerrada!-Espetó una chica morena que barría de espaldas a mí.

Le cubrí la boca antes que se pudiera girar, con mi pistola pegada a su cara la cual miro de reojo antes de que me la llevara a un rincón en el que escondernos. La miré intensamente intimidándola para que no abriera la boca, ni hiciera ningún movimiento.

Coloqué el cañón del arma sobre el pañuelo mandándole silencio mientras los soldados se alejaban, la joven asintió y le destapé la boca.

-Tienes unos preciosos ojos aceituna para ser un bandido.-Tiró de mi pañuelo descubriéndome la cara.-O bandida. Raven.-Me tendió la mano como una señorita.

-Bandida esta bien.-Tome su mano dejándole un beso en ella a modo de saludo.

-¿Necesitas salir de aquí?-Asentí a su pregunta.-¡Sígueme!-Empezó a caminar y la seguí.

-¿Por qué me ayudas?-Pregunté con desconfianza.

-Todos estamos hartos de las exigencias de los soldados,-Me miró deteniéndose.-estoy segura que pronto estallará una guerra.-Abrió un arcón y rebusco entre la ropa que había allí dentro.-Ponte esto, puedes salir por la puerta de detrás.

-Gracias.-Me puse aquella ropa que me había dado sobre la mía.

-Gracias a ti.-Dejo un beso en mis labios que me pilló por sorpresa.-Cuando el pueblo se levante en armas será interesante contar contigo y tus hombres.

Sonreí antes de salir por la puerta trasera.

En la actualidad.

Abrí los ojos, me había vuelto a dormir.

Clarke recorría con las yemas de sus dedos mi cuerpo desnudo, mi estomago se contrajo a su paso. Un cosquilleo se instalo en todo mi cuerpo sin intención de abandonarme, mi respiración se agitaba y solo quería que no se detuviera.

Me giré encontrándome y perdiéndome en sus ojos durante minutos, podía verme a través de ellos.

Clarke se acerco besándome en una suave caricia a la que respondí mientras el tiempo se detenía con el roce de nuestros labios. Me abrí paso en su boca y su lengua vino a mi encuentro entre suspiros.

Tomo el control colocándose sobre mí, besándome pausadamente como si tuviéramos todo el tiempo del mundo para nosotras.

Se incorporó desnudándose para mí a la vez que yo desabrochaba sus pantalones con calma, no pude resistirme y atrape sus pechos en mis manos llevándome uno de ellos hasta la boca mientras le daba la vuelta tumbándola en la cama. Chupé su pezón despidiéndome para quitarle los pantalones, arrastrándolos para finalmente deshacerme de ellos.

Acaricie sus piernas llegando hasta el elástico del tanga, deje un beso en la tela sintiendo en mis labios la humedad que la traspasaba y una pequeña contracción en su sexo. Lo deslicé hacia abajo, cuando lo saqué por sus pies apoye mis labios en su tobillo empezando a recorrer su pierna.

-Con lo tímida que pareces y ya ibas directa al pan.-Murmuró tirando de mí hacia ella.-Déjame disfrutar un poquito de ti.-Atrapo mis labios de nuevo con los suyos recogiendo mi pelo entre sus manos y dejé caer mi peso sobre su cuerpo.

Temblé ante el contacto de su cálido cuerpo bajo el mio.

Lamió mis labios y sonrió provocándome antes de proceder a devorar mis labios, a tirar de ellos. Rodó conmigo entre sus brazos atrapándome entre ella y el colchón, moviéndose sobre mí mientras me besaba.

Tenia la sensación de estar con diferentes mujeres, todas tan distintas y con el mismo rostro. Apreté a Clarke más contra mi cuerpo.

-Ya veo porque te querías deshacer de mí.-La voz rota de Finn nos asusto.

-¡Joder!-Gritó Clarke tapándonos.-¿Qué haces aquí?

-Quería hablar contigo antes de devolverte las llaves.-A pesar de hablar con Clarke el chico me miraba a mí con odio.

-Espérame fuera, ahora salgo.-Ordenó molesta.

Finn asintió con el ceño fruncido saliendo de la habitación. Clarke apoyo su frente sobre la mía con los ojos cerrados y dejó escapar un fuerte suspiro de frustración.

-Sera mejor que me vaya Clarke.-Murmuré.

-No.-Acompañó la palabra con su cabeza.-Lo siento.-Presionó aun más su frente contra la mía y abrió los ojos dejándome ver tristeza en ellos.-No quiero que te vayas.-Acarició mi mejilla.-Quédate por favor.-Me rogó y asentí.

Se vistió sin quitarme los ojos de encima y salió dedicándome media sonrisa triste.

Me vestí de inmediato cuando me quede sola, podía escuchar sus voces solapándose sin entender nada de lo que decían.

Estaba temblando, esta vez presa de todas la emociones, me senté en la cama y enterré mi cara en las manos intentando relajarme.

¿Quien me manda a meterme es estos fregados?

Escuché un portazo, ya no se oían voces así que supuse que era el momento de salir. Al hacerlo me encontré con Clarke de frente.

-Me voy Clarke.-Farfullé.

-Te va a denunciar.-Volvió al salón.

-¿Qué?-Pregunté sorprendida siguiéndola.

-Por la agresión del bar.-Se apoyo en la mesa.-Lo había convencido para que no lo hiciera porque erais mis amigos pero después de...

-Genial.-Dije con ironía.

-El marido de mi madre es un abogado estupendo seguro que...

-Clarke todo han sido problemas desde que te conozco.-La interrumpí.

-Fuiste tú quien le dio un puñetazo.-Dijo exasperada.-¿Qué tengo que ver yo en eso? Estoy tratando de ayudarte Lexa.

-Eres tú el problema,-Espeté.-me conviertes en una extraña. Yo, yo nunca he sido así Clarke.

-¡Vete!-Me ordenó mirando al suelo con la voz rota.

-¿Clarke?-Tome su barbilla obligándola a que me mirara con sus ojos azules inundados.-Yo...-Mascullé.

-Esta bien.-Se alejó de mí dándome la espalda.-Es cierto, solo he traído caos a tu vida.

-Aceptaré tu oferta.

-No tienes porque hacerlo.-Espetó.

Quise gritar de desesperación en ese momento.

219 a.C.

Pude observar en el mercado que Lexa intercambiaba algo con Luna, volvieron mis temores.

Hacia semanas que Lexa estaba cambiada, la veía triste, sumisa, tratándome con respeto y distancia. Incluso cuando yacíamos juntas no se alejaban sus penas, se entregaba con intensidad pero ninguna sonrisa adornaba su cara, no a no ser que estuviera cargada de tristeza.

Yo quería ser feliz, la tenia a ella y Jason ya se había cansado de mi cuerpo pero no podía disfrutar cuando Lexa parecía sufrir una condena estando a mi lado.

Me dolía verla así pero más me dolería no volver a verla.

-¿Qué te ha dado Luna?-Pregunté una vez en casa intentando abrir su puño el cual apretaba con fuerza.-O me lo muestras o hago que te lo arranquen de la mano.-Grite con frustración.

-No es nada especial.-Me mostró un pequeño frasco.-Ahora si mi domina me permite retirarme.

-¿Eso es veneno?-Se me descompuso el rostro, el cuerpo, el alma. Quería llorar.-¡Dámelo!-Ordene.

-No.-Respondió desafiante volviéndolo a ocultar en su puño.

-¿Para que lo quieres?-Se me rompió la voz.-¿Quieres que te liberé? Lo haré. Solo tienes que darme eso.-Tendí mi temblorosa mano esperando recibir el frasco.

Hizo una pequeña reverencia y se marcho, dejándome sola, me escocia la garganta, deje escapar un grito ahogado mientras mis lágrimas se precipitaban.

Lexa esquivo mi presencia y mi compañía todo lo que pudo, no quise forzarla a que estuviera conmigo si no lo deseaba, si nunca lo había hecho, si era yo quien le causaba tal agonía.

No podía dormir, era de madrugada al menos Jason no estaba a mi lado eso era un gran alivio.

Camine sin rumbo por la casa y escuche unos jadeos, reconocí esos asquerosos sonidos porque hasta hace unas semanas los tenia sobre mi cara. Un repulsivo escalofrío me recorrió.

Me asomé discretamente y comprendí todo el dolor de Lexa, estaba sufriendo como lo había hecho yo. Su cara de asco recibiendo embestidas me desgarró el corazón.

Busqué una daga apresuradamente y en silencio por cada rincón hasta hallar una.

Volví apretando la empuñadura con odio y firmeza situándome a la espalda de mi esposo, cada sonido que salia de su garganta me hacia desear cortársela. Estaba tan extasiado que no se dio cuenta de mi presencia.

Sin mediar palabra puse el frío metal alrededor de su cuello y lo arrastre haciendo presión. Un cerdo se merecía morir como tal. Escuche un gorgoteo, la sangre regó la espalda de Lexa provocando que se girara y empujara a Jason apartándolo lejos de ella.

Deje caer la daga de mi mano, cayo al mismo tiempo en que mi esposo se desplomo muerto. Estaba horrorizada y me caí de culo, balanceándome hacia delante y hacia atrás.

-Clarke.-Lexa se arrodilló frente a mí tomando mi cara en sus manos.-Iba hacerlo yo.-Me abrazó.-Necesito ayuda para deshacerme de él, el veneno hubiera pasado desapercibido seguramente pero si lo encuentran degollado.-Negó con la cabeza.

-¿Por qué no me lo habías dicho?-Murmuré.-Pensé que...-Empecé a llorar.

-Ssshhh.-Siseó contra mi oído.-Si no lo sabias no podrían acusarte de nada.

-¿Desde cuando?-Apenas me quedaba voz.

-No podía verte sufrir mi dominum.-Beso mi cabeza con ternura.-Tuve que seducirlo, hacer que cayera en mi tela de araña, sabia que una vez lo hiciera podría pedirle lo que fuera a cambio de lo que deseaba.-Tomo espacio sin soltarme para mirarme a los ojos.- No podía soportar que te tocara que te hiciera daño.-Hizo una mueca de desagrado.-Y yo no puedo sufrir más de lo que ya lo he hecho. Soy una persona fuerte Clarke.

La bese aferrándome a su cuello donde hundí mi cara poco después. Había padecido en silencio aquella tortura por mí cerré mis ojos con fuerza deseando un mundo en el que pudiera vivir con ella.