219 a.C.
No salí de la cama afligida por un dolor en mi pecho, me ahogaba y solo quería llorar. Hacia casi un día desde la partida de Lexa. La casa de Lincoln y Octavia estaba a menos de veinte minutos caminando, así que asumí que había huido.
No la podía culpar por recuperar la libertad que un día le fue arrebatada.
Una esclava me anunció la llegada del magistrado, me levante inmediato para recibirlo, más bien para comprobar si Lexa venia con él.
Ambos entraron en mi habitación, Lincoln parecía serio, tuve que mantener la compostura pero me era imposible dejar de mirar a Lexa con los ojos llenos de ilusión porque había vuelto a mí.
Tenia la posibilidad de huir y eligió quedarse conmigo, no cabía más emoción en mi pecho que se había recompuesto.
-¿Donde esta Jason?-Preguntó con serenidad. Abrí el arca, él se acerco para echar un vistazo, desenvolvió un poco las telas para asegurarse que era mi esposo.-¡Cierra!-Se alejo con cara de desagrado y alzando su mano en busca de una pausa.-¿Quien fue?-Inquirió observándonos a las dos.
-Fui yo señor.-Se precipitó Lexa sorprendiéndome antes que yo pudiera abrir la boca.
Mi garganta se anudo.
-Deberías pagar con tu muerte esclava pero seria un desperdició.-Lincoln me miró.-Te ofrezco protección Clarke, a ti y a tu esclava.
-¿Qué querrías a cambio?-Pregunté con temor.
-Todos podemos salir ganando de esta muerte.-Echo un vistazo a Lexa y sonrió.-Vosotras podréis continuar vuestro idilio, yo solo quiero poder. Tengo control político en la ciudad, al menos por este año, si además pudiera controlar la mayor parte del capital junto a mi influencia no habría quien me hiciera frente y eso os beneficiaria.
Lexa me miraba satisfecha, seguía siendo una mercenaria que sabia vender sus servicios muy bien, sabia que ofrecer a cambio de su propio provecho.
-¿Y el cuerpo de Jason? Harán preguntas si desaparece.
-Esta noche unos soldados vendrán a llevárselo, lo arrojaremos cerca de algún camino parecerá un vulgar asalto.
Acepté el trato que había conseguido Lexa.
Lincoln marchó a ultimar detalles.
Lexa se acerco a mí, quitándose el colgante y entregándome el anillo.
-No sabría como pagarte todo lo has hecho por mí.-Retuve unas lágrimas de felicidad.
-No necesito pago mi domina.-Me abrazo.-No necesito nada más que lo que ya poseo.-Susurró en mi oído haciéndome temblar.
Unos soldados de confianza del magistrado y bien pagados, vinieron en la más oscura noche en busca del cadáver de Jason. No hice preguntas, me importaba poco su suerte, solo necesitaba saber que nosotras estaríamos a salvo.
Toda la ciudad cayo en el engaño, murmuraban que un deudor había terminado con la vida de mi esposo, rumor que la propia Octavia se encargo de difundir. Le hice entrega de toda la fortuna a Lincoln y volví a casa de mi padre como una apenada viuda junto a mi esclava de confianza.
La vida de mi padre se consumía poco a poco, yo gobernaba la casa y le di poderes a Lexa por encima de todos los esclavos, por encima de Pike, quien fue entregado al magistrado poco después a modo de agradecimiento y para deshacerme de él.
Yo era la señora y ella mi todo. Me poseía por completo y cada noche se convertía en mi dominus aunque el resto de la casa sabia que no solo lo era por las noches, pues Lexa susurraba en mi oído guiando cada toma de decisión que yo hacia.
Había pasado un año, mi padre ya estaba en los Campos Elíseos.
Lexa seguía siendo mi esclava y yo la suya.
Se arrastró por encima de mi cuerpo dejando un primer mordisco en mi glúteo y un reguero de ellos por toda mi espalda hasta mi hombro.
-Mi señora.-Nos interrumpió Luna quien había tomado un papel muy influyente en la vida de Lexa.-¿Puedo?-Pregunto cabizbaja obviamente pidiendo la atención de mi amante.
Lexa se cubrió y se acerco a ella, murmuraban en un idioma que yo no entendía pero por sus caras juraría que se trataba de algo realmente preocupante. La egipcia salió disparada, Lexa miraba el suelo antes de mirarme con su ceño fruncido.
-¿Qué sucede?-Indagué.
-El ejercito cartaginés se esta acercando, tenemos que irnos.-Pareció ordenar.-Ya le he dicho a Luna que huya.
-No me pienso ir a ningún lado y menos por las visiones de esa hechicera.-Me molestó que se creyera dueña y señora de la casa.-Ya puedes ir tras ella, no voy a dejar escapar a ninguna de mis propiedades.
-Yo he luchado con ellos Clarke, sé de lo que son capaces.-Se arrodillo en la cama.-Vámonos.-Rogó.
-Si así es y el ejercito de Cartago acecha sobre esta ciudad Roma mandara ayuda.
En la actualidad.
Oculté la foto a Clarke antes de que se pudiera reconocer en el rostro de aquella civil.
Todo era tan extraño primero una momia idéntica a mí, ahora una miliciana... entonces las recordé, había soñado con ellas. Aun tenia grabado en mi mente el llanto desgarrador de ¿Clarke? Cuando estaban apunto de fusilarme.
Empecé a agobiarme a tener calor, quería deshacerme de la ropa como cada noche, sentía cada prenda como una cadena, hiperventilaba.
-¿Estas bien?-Clarke coloco sus manos en mis mejillas con cara de preocupación.-Estas pálida Lexa.
-Sí, algo aturdida. Será mejor que me vaya a casa.-Farfullé.
-¿Y Anya?
-Tiene turno de noche.
-No voy a dejarte sola. ¡Ven!-Tiró de mi mano haciendo que la siguiera a la habitación.-Túmbate un rato,-Me sentó en la cama.-hoy yo cuido de ti.-Recogió mi pelo tras mis orejas.-Deberías ir al médico esos mareos me preocupan.
-Estoy bien de verdad, habrá sido un bajón de tensión.-Sonreí nerviosa.
-Si necesitas algo dímelo.-Acarició mi hombro.
-Te quiero.-Dije sin pensar dándome cuenta de mis palabras una vez pronunciadas.
-¿Qué?-Me miró asombrada.-Lexa...
-No sé porque he dicho eso.-La interrumpí nerviosa.-Joder yo... no, eh... ha sido algo, no sé...
Seguí tartamudeando cosas sin sentido hasta que sus labios cerraron los mios, haciéndome callar con su lengua.
-Esta bien no pasa nada.-Acarició mi mejilla con la mano y mi nariz con la suya sonriendo con dulzura.
Se tumbo a mi lado protegiéndome con su abrazo. Yo estaba cayendo en los brazos de Morfeo cuando me pareció escuchar un susurró por parte de Clarke diciendo "Te quiero" pero a estas alturas no sabia si era cierto o producto de mi imaginación.
Me desperté sola, Clarke entró sonriente envuelta en una toalla y con el pelo mojado.
No podía dejar de mirar sus preciosas piernas aun con pequeñas gotas recorriéndolas.
-Es cierto que te desnudas dormida, no has parado de moverte en toda la noche.-Se sentó en el borde de la cama.-¿Estas mejor?
Asentí mientras mi mano se iba a su muslo desnudo, acariciándolo con temor. Clarke me miró sonriente mordiéndose el labio, separando sus piernas dándome paso.
Mi corazón se desbocó pero intente controlar mis impulsos perdiéndome en sus ojos en busca de aprobación. Arrastré mis dedos hasta topar con aquella zona tan caliente y húmeda, llenándola de caricias, Clarke cerró los ojos gozando de mi contacto.
Me incorporé para besarla tomando su cuello en mi otra mano. Mis dedos se colaron lentamente en ella quien se deshizo de la toalla y se montó sobre mí.
Movía su cuerpo sobre mis dedos lentamente gimiendo e intercalando besos apasionados con besos tiernos, aferrándose a mi cuello con sus manos. Parecía una diosa, realmente lo era y había inundado de mi cuerpo de éxtasis, me sentía fuera de mí disfrutando de su placer. Deleitándome con cada sonido que salia de su garganta, con el ruido tan excitante de mis dedos entrando y saliendo de esa zona tan lubricada, como chapoteando en ella.
Abrí la boca para morder su barbilla mientras ella llegaba al orgasmo, aprisionando mis dedos en su interior y todo mi ser con ellos.
Clarke permanecía con los ojos cerrados y la boca ligeramente abierta jadeando sin dejar de sonreír mientras temblaba entre mis brazos descontroladamente, cosa que la hizo reír por lo bajo.
-Ha sido... ¡Wow!-Murmuró sobre mis labios y los beso.
Me empujó tumbándome, beso mis pechos detenidamente pero con ansiedad, descendió por mi vientre provocando que este se contrajera. Sus manos acariciaban mis caderas y sus besos se acercaban a mi sexo el cual beso, lamió y mordió antes de que su lengua se decidiera a jugar conmigo.
Era como si conociera cada punto exacto que tenia que estimular, cerré los ojos con fuerza y me aferre a la almohada. Me hacia sentir tan intensamente que jamas había pensado poder llegar a tal grado de placer. Mi cuerpo temblaba por la tensión que se acumulaba en cada milímetro de mí, mis caderas se movían contra su lengua reclamándole más hasta que perdí totalmente el control y apreté mis muslos contra su cara sin dejar que escapara.
-¡Joder Clarke!-Grité tras correrme.-¡Para! ¡Hey!-Jadeé tirando de ella para que me diera un descanso.
-¿Te ha gustado?-Preguntó relamiéndose.
-Impresionante.-Murmuré casi deletreando la palabra.
Teníamos tanta necesidad la una de la otra que apenas nos dábamos tregua en nuestros asaltos, los cuales eran descontrolados y luego tiernos, sin saber como comportarnos.
Mordí una de las nalgas de Clarke arrastrándome sobre ella y dejando un reguero de besos en su espalda hasta llegar a su hombro. Se dio la vuelta sonriente y me beso.
-No me sacio de ti.-Susurró acariciando mi rostro.
-Eres una droga Clarke.-La bese.
-Tengo tanta hambre que me comería un jabalí.-Dijo entre risas.
Sonreí, llevábamos horas entregándonos y reclamándonos en esa cama, para mí no había más mundo que aquel pero mis tripas rugían también exigiendo combustible que quemar.
-Te invito a comer.-Me incorporé invitándola a levantarse.
-Creo que me estoy enamorando de ti.
Caí nuevamente rendida a su cuerpo, a sus besos, a sus caricias enloqueciéndome.
Habían montado un mercado medieval en el casco antiguo del pueblo, Clarke quería ir, a mí no me gustaban las aglomeraciones de personas pero acepté por ella.
Era insufrible la lentitud con la que caminaba la gente, parándose en cada tienda, empujando para pasar, Clarke tiraba de mi mano para no perderme. Todo acompañado por el olor intenso a inciensos, quesos curados y mantequilla fundiéndose en las planchas junto un murmulló multitudinario que podía ser ensordecedor.
-¡Lexa!-Una mujer joven de piel canela y el pelo color azabache rizado, me llamaba desde su tienda.-Te veo perdida.-Clarke miraba unas pulseras en la tienda de enfrente, la deje y me acerque a esa mujer que parecía conocerme. Tras ella había una tela negra con una luna llena anaranjada, la cual me quede mirando con cierta curiosidad.-Una luna de sangre, como yo.-Me miró con expectación poniéndome nerviosa.-¿Qué hiciste cartaginesa?-Susurró más para ella que para mí.
-Mala idea hablar de cartagineses cuando destruyeron esta ciudad hace más de dos mil años.-No sé porqué rió ante mi comentario. Recorrí la parada con la mirada algo confusa, estaba llena de piedras y amuletos.-¿Tienes lapislázuli?-Murmuré con miedo, esa mujer me intimidaba, sus ojos lo hacían.
-Supongo que no es para ti.-Señalo con la cabeza hacia la tienda de enfrente donde estaba Clarke y asentí.-Entonces que sea un colgante para que combine con sus ojos ¿Verdad?.-Sonreí tensamente, ella cogió una de las piedras y la echo en un bol metálico.-Estaré hasta el domingo. Coge una de mis tarjetas por si necesitas cualquier tipo de ayuda.-Dudé y se dio cuenta.-Por lo visto te hará falta.-Me aseguró.
Por cortesía cogí una tarjeta de las que habían sobre la mesa, "Luna la egipcia" la guarde en el bolsillo trasero de mi pantalón.
-¿Eres egipcia?-Tenia curiosidad.
-¿Y tú de este pueblo?-Inquirió penetrándome con su mirada.
Luna me tendió el bol, pero lo apartó cuando mi mano se acercaba.
-Solo lo puede tocar ella.-Me aviso sonriendole a Clarke que estaba detrás de mí.
-¡Oh! Gracias.-Sonrió la rubia y acerco su mano al bol.-¡Ah!-Retiró la mano de inmediato.-Me ha dado corriente.-Rió nerviosa.
-Lo he limpiado especialmente para ti Clarke, nadie más lo puede tocar.
Clarke me miró confusa, yo también lo estaba no recordaba haberle dicho su nombre, ni siquiera sabia como conocía el mio. Clarke sonrió con temor y volvió a meter la mano sacando su colgante de lapislázuli.
-Gracias.-Dejo un pico en mis labios.-Habrá que buscarle una cadena.
1807
Raven estaba enloquecida por que consiguiera una piedra de esas tan extrañas que me había descrito, tanto que subía a revisar las joyas que robábamos por si había una entre ellas.
Me había contado que yo no era de esta época y debía recordarlo, aunque ella no entendía la magia que me había hechizado pues solo podía ver y percibir cosas, también leía las lineas de las manos ya que su abuela la enseño de pequeña. Pero la magia le daba miedo y aun más cuando desconocía su procedencia.
Le seguí la corriente porque necesitaba su ayuda. Además se había ofrecido a llevarle mis mensajes a Clarke y yo solo era una enamorada que haría lo que fuera preciso para no cortar esa linea de comunicación, tal como fingir que creía aquella fantasía.
Una ultima carta explicándole mis planes a Clarke, dándole indicaciones de lo que ella debía hacer, declarándole mi amor como siempre, era una necesidad hacerlo.
Ya no podía ni quería separarme de ella, liberando al pueblo expiaría todos nuestros delitos. Por una vez lucharía por algo más que no fuera mi beneficio propio, aparentemente, porque era lo único que buscaba.
Llegué con mis hombres a la taberna, Raven nos había escondido en la carreta donde llevaba las provisiones para esa noche en la que despedíamos el año. Nos repartimos por el edificio, a la espera de que todos los soldados estuvieran lo suficientemente borrachos para terminar con sus exigencias y sus vidas aunque eso conllevara una guerra. Tan apenas eramos cinco contra todos ellos, debíamos contar con el factor sorpresa y aprovechar su embriaguez.
Una vez iniciáramos el plan el pueblo se uniría, después nos desharíamos de los cuerpos como si el ejercito se hubiera evaporado.
Bebían animados por el espectáculo, Raven bailaba y cantaba para ellos teniendo que soportar algún manoseo indebido.
Clarke debía traer al capitán Cage, a quien había estado camelando en los últimos días. Pero aun no habían aparecido y me estaba temiendo lo peor, tenia un mal presagio. Negué disipando aquellos pensamientos, seguramente Raven me había contagiado sus delirios.
Un grito en la calle me confirmo todo el malestar que sentía, era Clarke gritando de dolor. No me lo pensé dos veces y salí por la puerta trasera, efectivamente Clarke estaba allí, en el suelo a los pies de Cage quien le dio una patada en la cara.
Saque una de mis pistolas apuntando al capitán, a la mierda todo, nadie podía hacerle daño a la mujer a la que amaba.
-¡Lexa es una trampa!-Clarke se levanto corriendo hacia mí.
Se escuchó un disparo, Cage ni siquiera había desenfundado su arma.
Clarke cayó en mis brazos, era tan doloroso que los segundos se me hacían eternos. La sostuve con lágrimas recorriendo mis mejillas mientras disparaba hacia el capitán, deje caer la pistola y desenfunde la otra ya que no le había dado.
Escuche otra detonación y sentí un quemazón en mi cuerpo acompañando el impacto.
Disparé mi arma a la nada y el retroceso me hizo caer de espaldas con Clarke entre mis brazos.
-Mi amor.-Murmuró.-Nos encontramos una vez más.
-Dominus.-Reí y empecé a toser sangre.-Fui yo Clarke, no fue Luna. Volví, volví a por ti, toda la ciudad estaba en llamas, solo quería volverte a ver y decirte lo que nunca te había dicho, decirte lo tanto que te amaba.-Sentí sus dedos acariciando mis labios antes de que su mano se desplomara. Yo tenia los ojos tan inundados que apenas podía ver con claridad.-¿Clarke?-Ya no notaba su pecho hinchándose contra el mio.- ¿Clarke?-Agite su cuerpo sin obtener respuesta, la abracé fuerte.-Volveremos a vernos mi amor.-Besé su cabeza.
Todo permanecía en un silencio sepulcral, solo las campanas de la iglesia se atrevieron a romperlo marcando las doce, cubriendo los pasos de Cage que estaba ante mí.
-Nadie te recordara.-Me apunto con su arma.-Tu amor ha sido tu debilidad.-Rió irónico.-Una bandida con delirios de heroína que termina siendo nada.
-¡Feliz 1808!-Escupí la sangre de mi boca sobre sus botas.-Una vidente me aseguró que habría una guerra, espero que seas el primero en morir.
Bang
