1938
Había salido de la tienda para pasear con la ayuda de las muletas que Clarke me había traído hacia un par de semanas. Era tan reconfortante sentir el aire fresco y la luz del sol sobre mi piel que le restaba importancia al dolor.
Estaba sentada sobre la hierba con mi pierna estirada y la espalda recostada sobre una piedra escuchando el discurso sobre la libertad de Kane. Era fascinante oírlo hablar sin perder el hilo, no porque hubiera memorizado el discurso sino porque sus palabras salían del corazón, de un alma que anhelaba no perder el derecho a gritar lo que sentía. Nos alentaba a continuar con la lucha.
Ya habíamos perdido la mayor parte del país, habían dividido nuestra zona de control en el mediterráneo.
-Se le da bien.-Me susurró una voz femenina reclamando mi atención.-Te veo mucho mejor.-La rubia se sentó a mi lado fingiendo escuchar a Kane.-¿Era político?-Asentí.
-Primero fue abogado, se metió en la política para ayudar en el cambio.-Sonreí con tristeza.-La primera vez que las mujeres ejercimos nuestro derecho al voto yo no pude hacerlo, tenia veintidós años en el 33, imagina la ilusión con la que lo hice en el 36.
-Yo me case ese mismo año.-Rió en un suspiro sarcástico.-Mi matrimonio duro un par de meses, tras el golpe Bellamy... ya sabes.
-Eres una mujer fuerte Clarke.-Apreté su nuca con suavidad haciéndola sonreír.
Me perdí en el azul de sus ojos sonriendo con ella, ni los aplausos hacia Kane rompieron la burbuja en la que me encontraba pero él sí lo hizo.
-Clarke habría mandado a buscarte si llego a saber que subías tan cargada.-Se agacho pasando mi brazo por encima de su hombro ayudándome para que me levantara.-Ve a que te eche un vistazo a esa herida.-Me mando.
Clarke se levanto cogiendo mis muletas y me las ofreció sonriendo, me apoye en ellas empezando a caminar por delante de la rubia hasta la tienda en silencio.
-Deja que te ayude.-Me sentó y sin más empezó a desabrochar mi pantalón.-Levanta el trasero.
Ahora que la fiebre había disminuido ella provocaba otro calor muy diferente en mi cuerpo y agitaba mi respiración. Me removí en mi sitió acatando su orden, Clarke bajó mis pantalones hasta las rodillas.
-Creo que va mejorando.-Murmuré mientras ella retiraba las vendas de mi muslo demasiado seria.-Podrías sonreír Clarke, tienes una sonrisa preciosa capaz de iluminar la noche con más intensidad que la luna llena.
-¡Zalamera!-Sonrió inevitablemente.-Tiene mucho mejor aspecto que en mis otras visitas, la inflamación ha bajado.-Empezó a curar la herida.-¿Cómo va la fiebre?-Apoyo sus labios sobre mi frente para comprobarlo.
Tenia delante de mi cara sus voluptuosos pechos, se me aceleró el corazón. Alcé la mirada hacia ella dejando un beso en su garganta y mi estomago empezó a revolotear. Ni siquiera sabia que estaba haciendo, era una necesidad que salia de lo más profundo de mi ser.
Clarke se había quedado inmóvil, sentí un beso en mi frente tan reconfortante que aproveche para dejar otro en su barbilla, la cual bajo hasta que nuestros labios se encontraron en un simple roce.
En la actualidad.
Me habían dejado algo aturullada las palabras de la tal Luna, aunque Lincoln me dijo que pasara de los delirios de esa loca no podía hacerlo.
Caminaba detrás de él por el túnel, sosteniendo un GPS y dejándome guiar sin prestar atención a lo que me decía.
Llegamos hasta el final y no me lo pude creer, conocía perfectamente el nombre de la calle bajo la que estábamos.
Empecé a deshacer el camino en busca de la salida, Lincoln me seguía dando voces.
-¿Donde vas?-Me agarró del brazo.
-A casa de Clarke.
Llevaba horas esperando sentada en la acera, comiéndome la cabeza por el cumulo de casualidades.
Dos momias con un razonable parecido a nosotras, las mujeres de la foto, que Clarke terminará en esta casa.
¿Y por qué cojones me llama cartaginesa esa mujer tan rara?
Nada tenia ni la más mínima lógica.
-¿Hola?
-¿Donde estabas?-Le pregunté seria levantándome y recogiendo mi mochila.
-Hola cariño. ¿Cómo te ha ido el día?-Empezó a hablar con una estridente voz. Cogió mi barbilla y me dio un pico.- Estaba trabajando, la gente se muere todos los días Lexa.-Abrió la puerta.
-No me hables de muerte.-Murmuré entrando tras ella.
Aproveche que Clarke entró en la habitación para cambiarse de ropa y saque el GPS que me llevo delante de la chimenea de piedra. Me arrodille en el suelo y busque en mi mochila el martillo y el cincel, el ultimo lo apoye sobre el suelo y cuando levante mi brazo buscando impulso para golpear Clarke me arrebato al vuelo el martillo.
-¿Se puede saber que haces?-Preguntó molesta.
-El túnel, tengo, tengo que abrirlo.-Farfullé.-Necesito hacerlo.
Clarke suspiró y se sentó dentro de la chimenea delante de mí, dejando el martillo a su lado, alejado de mi alcance.
-¡Habla!
-El túnel termina aquí, bajo este suelo esta la entrada.
-¿Pretendes abrir un agujero en mi casa que comunica con el exterior?-Negó firmemente.-No Lexa, no hay nada más ahí abajo no entiendo ese empeño.
Suspiré yo también y me senté a su lado mirando las musarañas. Arrastre mi mochila hasta nuestros pies sacando el boceto de Lincoln y la foto del 39.
-Es una reconstrucción que ha hecho Lincoln de la segunda momia.-Le entregué el folio.
-Ya lo sabia.-Murmuró.-Me tomé la molestia de hacer una yo misma.-Me devolvió el folio.
-¿Y...-Me había quedado perpleja ante aquella información. Suspiré y le di la foto.-¿Y de esto que me dices?
Observo la foto con el ceño fruncido, lanzándome rápidas miradas de incredulidad.
-He soñado con nosotras, con ellas.-Se corrigió confusa.-Antes incluso de ver esta foto, te, la fusilaban ante mis ojos.-Su voz se volvió ronca.
Entonces recordé el rostro de Kane empapado, arrodillado a mi lado en aquella pesadilla. Le quite de las manos la foto y eche un vistazo en busca de ese hombre pero no lo halle.
Incliné mi cabeza hacia atrás apoyándola en las piedras.
-Nunca se ha usado esta chimenea.-Comenté intentando encontrar en mi mente la manera de decirle que yo también había soñado lo mismo sin parecer una loca.
-Me da miedo el fuego ya lo sabes.
-Mira hacia arriba.-Saqué la linterna para iluminar.-No hay hollín. Antes las cosas tenían una utilidad no eran una simple decoración.-Giré mi cabeza encontrándome con el azul de sus ojos sobre el verde de los mios.-Yo no solo he soñado con ellas.-Murmuré.
-Sí había montado antes contigo pero a caballo no en moto.-Sonrió nerviosa.
Cogí mi bolígrafo y empecé a escribir por la parte de detrás del dibujo cada uno de los sueños que recordaba haciéndolos coincidir con los suyos.
Pronto pasamos a la mesa. Me frote los ojos bajo las gafas y sentí la mano de Clarke apretando mi nuca mientras me ofrecía un café.
-¿Has soñado alguna vez con la selva?
-Sí.-Rió.-Era monja.-Hizo una mueca.-Es tarde, deberías descansar no sé donde quieres llegar con todo esto.
Me encogí de hombros sorbiendo el café.
-No lo sé ni yo.-Susurré.
Sus brazos me rodearon y beso mi mejilla.
-Quédate a dormir.-Me rogó y no me pude negar.
Tenia una lista bastante amplia que había continuado por mi cuenta durante la semana, pero mi investigación se detenía por el cumpleaños de Lincoln.
Correteé en boxers por mi piso, había perdido la noción del tiempo y Clarke me estaba esperando.
-¿Por aquí también va desnuda?-Escuche que le preguntaba a mi compañera de piso.
-Me temo que sí.-Rió Anya.-¿Como vas Lex?-Gritó.
Menos mal que no fuimos las ultimas en llegar al restaurante, Raven ocupo ese lugar ya que se había entretenido con unos conocidos en un bar.
-Mis chicas favoritas.-Nos rodeo con sus brazos apretujándonos antes de dirigirse a la única silla libre.
-¿Vino?-Me ofreció Clarke.
-No es que me guste demasiado.-Arrugué la cara para que no me sirviera.
La cena fue como la seda el problema llegó luego cuando todos quisieron ir de fiesta idea que no me entusiasmaba demasiado, pero Clarke logró convencerme.
El bullicio, la musica tan alta, las luces parpadeantes y toda aquella gente agolpada invadiendo mi espacio me agobiaba.
Mi novia intentaba relajarme bailando para mí, Raven y Octavia se unieron intentando que me moviera causando la risa de Lincoln quien sabia bien que yo no bailaba.
Poco a poco deje de prestar atención a toda la gente centrándome solamente en esa preciosa rubia que se restregaba contra mi cuerpo, acariciándome y robándome besos, consiguiendo que acompañará sus movimientos.
Había una sonrisa permanente en mi cara, no podía sentir más admiración por ella. Eclipsaba todo con su sonrisa, nublaba mi razón y me encantaba.
-Te quiero.-Susurré sobre su oreja.
Tiró de mi mano sacándome de allí y metiéndome en el primer taxi que vimos libre.
Clarke se tumbo en el asiento de detrás apoyando su cabeza sobre mis piernas, el taxista nos miraba por el retrovisor algo molesto.
-¿Qué?-Pregunté nerviosa ante la mirada de mi novia.
Estiró de mi camisa acercándome a ella.
-Te quiero caza tesoros.
El taxi no podía entras por las callejuelas del casco antiguo así que nos paro lo más cerca que pudo.
Llegamos a su casa demasiado contentas, salí de inmediato al patio a despejarme un poco, los oídos me zumbaban, podía escuchar todavía la musica.
-¿Te lo has pasado bien?-Asentí mientras Clarke dejaba una copa de vino en la mesa. Se remango el vestido y se sentó a horcajadas sobre mí.-Bien.-Susurró acariciando mis hombros y atrapando mis labios en los suyos.-¿Puedes ayudarme con la cremallera?-Se recogió el pelo con las manos.
Rodeé su cuerpo alcanzando la cremallera de la espalda de su vestido, la desabroche besando su cuello delicadamente. Sonrió sacando los brazos y bajándolo hasta su cintura, sonreí y la bese quitándole el sujetador negro de encaje, dejando al descubierto sus magníficos pechos que no dude en acariciarlos y llevármelos a la boca.
Sentía verdadera devoción por ellos, Clarke se movió y de repente empecé a saborear el vino que estaba derramando sobre uno de sus pechos, me afane a recoger cada gota burdeos en mi boca. Recorriendo con la lengua la linea rojiza sobre el pecho hasta alcanzar sus labios. Todo sabia excesivamente bien sobre su piel.
Acariciaba y apretaba sus muslos abriéndome paso bajo la ropa interior. Estaba tan mojada, acaricié cada pliegue y me mordí el labio.
Me dominaba por completo, me desesperaba la necesidad que sentía por ella.
Jugué con el elástico del tanga enredándolo entre mis manos y estiré rompiéndolo, quería acceso directo a ella.
Gruñí de excitación mientras hundía lentamente mis dedos en ella, tan caliente, húmeda y dilatada.
-Quiero vivir para siempre dentro de ti.-Murmuré.
Devoró mi boca y empezó a mover sus caderas volviéndome loca mientras yo la embestía cada vez con más fuerza y mi pulgar torturaba su clitoris.
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ahhh!-No dejaba de gemir aferrada con fuerza a mi cuello.-¡Mírame!-Ordenó entre jadeos.
Sus ojos más negros que azules brillaban, moviéndose incesantemente sobre los mios, como si me interrogara y esperase una respuesta por mi parte.
Sus manos tiraron de mi pelo en la dirección contraria en la que inclinaba su cuerpo y estalló entre espasmos en un apoteósico orgasmo.
218 a.C. [Lexa]
Todo estaba en las más completa oscuridad, la llama del candil que me había dado Clarke escasamente iluminaba dos palmos por delante de mí.
Con una mano sostenía aquella lamparilla de aceite, la otra la movía en busca de algún obstáculo, mis pies también tanteaban el terreno.
Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrando a las tinieblas del subsuelo sin llegar a distinguir más que sombras. En ciertos tramos el suelo estaba fangoso, seguramente algunos alcantarillados tenían salida en el túnel.
Camine sin rumbo, mi corazón quería volver, ella era mi destino Luna me lo había dicho.
Estar sola con mis pensamientos en aquel oscuro silencio era una tortura. Mis demonios atacaban sin piedad, cada vida que había arrebatado, cada amo, cada humillación... Siempre había sido una esclava, primero del dinero por el que vendía mis servicios como mercenaria, luego de personas y que en las manos de mi ultima ama hubiera saboreado la más bella libertad era un capricho de los dioses.
Clarke era la luz que siempre le había faltado a mi vida y no podía permitir que se extinguiera como la llama parpadeante del candil que se estaba quedado sin aceite.
Topé con una pared, había sido un trayecto eterno pero mi mano ya se aferraba a la estructura de unas escaleras. Subí y empujé sobre mi cabeza, empujé con todas mis fuerzas, unos gruñidos escaparon de mi garganta consiguiendo que la losa apenas se moviera.
Golpeé con frustración maldiciendo, cunado mis nudillos sangraron me detuve e intente de nuevo moverla, solo necesitaba un pequeño espacio por el que colar mis manos y arrastrar la piedra.
Cuando por fin logre salir cerré de nuevo la entrada del túnel y coloque unos arbustos sobre ella para ocultarla.
Podía ver el campamento cartaginés y emprendí mis pasos hacia allí. Unos soldados me apresaron cuando estaba a escasos metros.
-¡Quiero ver al general o a Roan!-Exigí mientras me arrastraban.
-¡Cállate puta romana!
-¿Te han follado bien? Ahora lo haremos nosotros.-Carcajeó uno de ellos.
Reí irónicamente negando con la cabeza.
Era insoportable el bullicio de las voces de tantos hombres, bestias, el sonido del metal golpeando... Mi vieja vida me desagradaba, todo era gris y ruidoso comparado con la tranquilidad de mi ultimo año en esa ciudad.
Recordé como los rayos del sol entraban al patio interior cayendo sobre el dorado pelo de Clarke, iluminando sus ojos celestes y su sonrisa que brillaba con luz propia.
-¡Alto! Soltar a esa prisionera.-Gritó una voz a mi espalda.
Los soldados obedecieron y soltaron mis brazos inmediatamente cuando yo ya trataba de zafarme de ellos. Al darme la vuelta ahí estaba Roan, con su pelo largo y la cara con más cicatrices de las que recordaba.
-Me alegra verte.-Lo abrace.-Estas aun más feo que la ultima vez que te vi.-Golpeé su hombro con afecto.
-Supe que te habían vendido como esclava en Roma, jamás imagine encontrarte aquí sin duda es un regalo de los dioses contemplarte de nuevo.
¿Sabia lo ocurrido y no había intentado ayudarme?
Me deshice del abrazo y le di un puñetazo, su nariz crujió y empezó a sangrar.
-Necesito tu ayuda Roan.-Se puso a reír.
-Creo que nos podemos ayudar mutuamente.-Me tendió la mano.
Me invitó a su tienda donde pude cambiarme de ropa, bese el anillo de Clarke antes de ocultarlo bajo las telas.
-¿Qué hacéis aquí?-Me senté picoteando algo de fruta.
-Preparar una guerra.-Murmuró clavando su puñal en la pieza que yo estaba apunto de coger.
-¿Contra estos comerciantes?-Negó sonriendo.-No os importa nada esta ciudad. ¿Verdad?
-El general quiere su venganza, esto solo es una provocación para que Roma rompa el tratado. Todo esta preparado, tenemos el mayor ejercito al que jamás se hayan enfrentado.
-¿Y en que puedo ayudar yo?-Indagué liberando la fruta de su hoja.
-Has estado dentro. ¿Te parece poco?-Comentó entre risas.
-Quiero algo a cambio.-Espeté.
-Lo que quieras Lexa.-Me concedió.
Solo quería una sola cosa, a mi dominum.
