1938
Me estaba dando un baño en río. Frotaba la pastilla de jabón por todo mi cuerpo, desde el disparo no había podido hacerlo y sinceramente me hacia falta sentirme limpia.
Unas ramas crujiendo llamaron mi atención. Me acerque a la orilla agazapada y cogí mi revolver a la espera, recorriendo el bosque con la mirada.
-¿Clarke?-Salí del agua cojeando un poco, el primer impuso de la rubia fue ir a mi encuentro para ayudarme pero al verme desnuda se freno.-¿Qué haces tan alejada del camino?
-Creo que me están siguiendo y me he desviado.-Murmuro sin atreverse a mirarme.
Escuche otro ruido y me la lleve tras un árbol. Le cubrí la boca con la mano libre y asome ligeramente mi cabeza.
Estaba tan pegada a Clarke que sentía su respiración agitada, su pecho se hinchaba profundamente contra el mio. La miré de reojo cuando sentí un beso en la palma de la mano la cual retiré poco a poco y acaricie sus labios con mi pulgar, ella permanecía con los ojos cerrados.
Llevaba semanas queriendo besarla y tal vez no era el mejor momento pero me sentía irremediablemente atraída. Aunque la ultima vez que lo intenté solo conseguí que se alejara nerviosa y torpe.
Abrí ligeramente su boca, la punta de su lengua toco la yema de mi dedo.
-¡Alto ahí!-Apunté mi arma hacia un hombre que iba cargado con una bolsa y una gran caja.-¿Quien eres?-Salí de mi escondite.
Maldita pierna.
-Señorita.-Balbuceo.-¡Cúbrase por favor!-Pidió avergonzado.
Miré a Clarke que parecía haberse fundido con el tronco de aquel árbol.
-¿Qué quien eres y qué haces aquí?-Exigí saber.
-Soy periodista, solo estoy documentando la guerra.-Alzó la caja lentamente.-Hago fotografías.
-¿Rubia puedes avisar?
Clarke asintió con firmeza emprendiendo el camino al campamento. Me quede desnuda apuntándole con mi revolver.
-Me llamo Sinclair.
Lo estuve interrogando hasta que Kane llegó con un par de hombres más guiados por Clarke. Kane me sustituyo formulando de manera más amistosa las preguntas.
-Deja que te ayude.-Murmuró Clarke alejándose conmigo.
Recogió mi ropa de la orilla del río, sacudiéndola para quitar las hojas que habían caído sobre ella, también recogió mis muletas para luego dejarlas apoyadas en un árbol cercano.
Me dio las prendas superiores para que me las pusiera. Tras ponerme la camiseta vi a Clarke de cuclillas ante mí esperando para que pasara mis piernas por las perneras de los calzones.
Teníamos que apañarnos con con prendas viejas llenas de remiendos.
-No estoy invalida Clarke.-Refunfuñe poniéndome la camisa sin llegar a abrocharla.
-¡Venga! No tengo todo el día.-Me animo.
Suspiré y metí primero la pierna herida, al dejar todo el peso sobre ella cuando levante la sana y para no perder el equilibrio tuve que apoyarme con las manos en los hombros de la rubia, quien ya los estaba subiendo. Cuando iba sobre las rodillas cogí sus manos en una suave caricia para detenerla y continuar yo.
Clarke ya estaba preparada con los pantalones para repetir el proceso. Me ponía nerviosa tenerla en esa posición.
Kane invitó al tal Sinclair al campamento, ellos iban por delante y Clarke caminaba a mi lado pues las muletas retrasaban mi marcha.
El periodista nos organizó a todos para posar ante la cámara, Kane prefirió no salir y permaneció al lado de la cámara observándonos orgulloso y triste con los brazos cruzados.
-No os mováis.-Ordeno Sinclair.
Aprovechó para hacer más fotos a los compañeros, en los nidos de ametralladoras, sobre el cañón antiaéreo, en las trincheras y en nuestro día a día.
Los chicos habían cazado un jabalí y el periodista fue invitado a cenar con nosotros, aunque la mejor compañía fue la de Clarke, quien devoraba la carne como si no hubiera comido nunca. Seguramente hacia meses que no comía bien, nosotros tampoco lo hacíamos a no ser que cazáramos algún animal grande. La guerra nos estaba matando de todas las formas posibles.
A pesar de ello sonreía viendo disfrutar así a Clarke, me resultaba hasta divertido que la rubia gruñera con cada bocado que daba.
-Este jabalí me sabe a gloria.-Comentó con la boca llena haciendo que me resultara complicado entenderla.-Mmm.-Dio otro bocado poniendo los ojos en blanco.
-Ya es tarde.-Informó Kane.-Jasper y Monty relevar a los que están haciendo guardia para que vengan a cenar.-Suspiró.-Nuestros invitados se tendrán que quedar a dormir no quiero correr risgos.
A la rubia empezaron a lloverle proposiciones de toda clase, se me tensó la mandíbula al escucharlas y mis ojos se incendiaron al reflejarse en ellos las llamas de la hoguera que calentaba el jabalí.
-Gracias chicos pero creo que con Lexa estaré más cómoda. ¿Si no te importa?-Me clavo la mirada.
-No, claro que no.-Balbuceé ante la sorpresa ganando de sus labios una tímida sonrisa.
Una vez en mi tienda me tumbe en una esquina dándole espacio a Clarke, no me quite la ropa, nunca sabíamos cuando podíamos sufrir un ataque y debía estar preparada en todo momento. Ella se tumbo en el otro extremo y nos tapamos con la única manta que había. Permanecíamos quietas mirando a la nada, ambas estábamos algo nerviosas y nos habíamos quedado sin palabras.
-No pensaba que hubiera un lugar más frío que mi casa.-Murmuró.
-¿Tienes frío?-Tendí mi brazo para recibirla.-Ven.-La abrace cuando vino en busca del calor de mi cuerpo y hundió su cara en mi cuello.-Puedo pedir que te bajen leña a tu casa para que la caldees.
-No.-Sentí como movía la cabeza ligeramente.
-¿Vives sola?-Empecé a dibujar formas sobre la piel de su cintura, encendiendo mis dedos como una mecha rápida que iba quemando todo mi cuerpo.
-Sí.-Había metido su mano bajo mi camisa y se dedicaba a trazar ligeras lineas sobre mi vientre erizando la piel a su paso.-Siempre me he sentido muy sola en ella y estos últimos años se ha vuelto abrumarte.-Buscó mi mirada y dejó un beso en mis labios que me hizo sentir un hormigueo en el estomago.
Sus labios se separaban lentamente de los mios, los cuales temblaban mientras volvían a atrapar los suyos colocándome encima de ella. Mi lengua se abrió paso para alcanzar la suya, me estremecí cuando ambas se encontraron.
Sus temblorosas manos intentaban desabrochar mi camisa, las acompañe detenidamente con las mías hasta que no quedo ni un solo botón pasado. La ayude a desnudarme de cintura para arriba, ella no dejaba de tiritar.
-¿Clarke estas bien?-Le susurré acariciando su cabello con ternura.
-Jamás he hecho esto con una mujer.-Intentó ocultar su rostro pero se lo impedí.-Con nadie que no haya sido mi esposo en realidad.-Tartamudeó sin mirarme.
-No tienes que hacer nada Clarke.-Sonreí para tranquilizarla.-Podemos solo dormir. No he debido...
Acarició mi cuerpo y me estremecí.
-Es la primera vez que me siento segura en mucho tiempo.-Susurró arrastrando las manos por mi espalda, entrando bajo el pantalón y apretando mi trasero.
Me perdí en su mirada. El mundo se desmoronaba pero había dejado de importarme, no podía sentirme más feliz. Sonreí dirigiéndome a su dulce cuello.
En la actualidad.
Estaba en la cama de Clarke temblando, a mi novia se le había ocurrido una peculiar forma de despertarme y estaba tratando de recuperar el aliento. Abrí un ojo, ella seguía entre mis piernas con una gran sonrisa de satisfacción.
-Buenos días preciosa.-Susurró.
Empezó a arrastrase sobre mí pero se detuvo para frotar su pezón contra mi sexo empapado, haciéndome gruñir y provocando un nuevo espasmo.
-Me vas a matar Clarke.-Me incorporé deteniéndola y me saboreé en aquel montículo rosado.-Me lías,-Murmuré sobre su pecho.-me habías prometido que vendrías a correr conmigo si salia de fiesta contigo.
-Bueno ya lo has hecho.-Se mordió el labio.
Suspiré y me dejé caer de nuevo sobre el colchón, Clarke se tumbo a mi lado dibujando cosas sobre mi vientre.
-Deberíamos hablar Clarke.
-¿Sobre qué?-Hundió la cara en mi cuello y su aliento me produjo cosquillas.
-¿No te parece extraño que soñemos lo mismo?
-No.-Se encogió de hombros despreocupada.
-¿Y las momias y las mujeres de las fotos?
-¿Coincidencia?-Se levantó recorriendo la habitación y abriendo todos los cajones.-Es una una foto antigua, están lejos del objetivo de la cámara, quizás solamente se parezcan ligeramente a nosotras y lo de las momias del túnel, bueno es una interpretación. No tengo ropa de deporte.-Se llevo las manos a la cintura.
-Clarke hemos soñado con ellas y si...-Fruncí mi ceño.-¿Crees en la reencarnación?-Pregunté con miedo pero no contestó, siguió revolviendo todo.-¿Me dejas tu cargador?-Se me había apagado el móvil y quería investigar un poco sobre esa creencia.
-En el primer cajón.-Señaló la mesita que había a mi izquierda.
Me incline para abrirlo sin levantarme de la cama, cuando cogí el cargador vi una tarjeta que me resultaba conocida. Era la de la mujer tan rara de la tienda de amuletos, Luna la egipcia.
-¿Esto es mio?-Pregunté mostrándosela.
-Se te debió caer.-Se sentó sobre mí quitándome la tarjeta de la mano y dejándola en la mesita nuevamente.-¿Y si pasamos de ir a correr?-Susurró contra mi cuello.
-Clarke...-Me mordió.-Si no quieres no vengas pero no me entretengas.
-Te lo prometí-Frotó mis hombros.-así que iré.-Examinó mi mirada.
Hacia días que Clarke hacia eso, mirarme esperando algo de mí y la verdad que me ponía algo nerviosa.
-¿Qué?
-Podrías venir a vivir conmigo, me siento muy sola cuando te vas a tu piso.-Ronroneó.
-¿No crees que vamos muy rápido?-Acaricié su espalda.
-Solo quiero aprovechar todo el tiempo que me sea posible a tu lado.-Apretó mi nuca con algo de tristeza.
Cada vez que intentaba sacar el tema me hacia desistir, cambiaba de tema y conseguía distraerme.
Empecé a pagar mi sentencia de servicios comunitarios, debíamos limpiar el cauce del río, que al estar seco debido a la presa era utilizado como aparcamiento por los vecinos y vertedero en las zonas más apartadas.
El grupo de trabajo era un desastre, se veía a la legua que la mayoría tenían problemas con las drogas, reconocía perfectamente las características de un adicto. El monitor tampoco tenia muy buen aspecto llevaba un peinado samurái y la cara llena de cicatrices.
-¡Cuatro ojos! ¿Tú por qué estas aquí?-Me increpó un chico.
-Por partirle la nariz a un capullo.-Lo miré desafiante, no quería ningún trato con ellos.
No estábamos organizados y cada uno agrupaba la basura que recogía en un lugar diferente, me irritaba.
-A ver tú.-Señalé al azar.-Coge una carretilla para toda la basura que están apilando por tu izquierda.-Señale los montículos.-Yo recogeré los de la derecha y lo volcamos todo allí al lado del camino para cuando venga el camión le sea más fácil llevárselo.
-Sí mi comandante.-Me hizo un saludo militar y fue a por la carretilla.-Como manda la cuatro ojos.-Le dijo al monitor quien me miró y ojeó la carpeta que llevaba, pasando las hojas y volvió a mirarme asintiendo.
-¿Lexa?-Se acercó a mi durante el almuerzo.-Soy Roan.-Me tendió la mano, yo no podía dejar de mirar sus cicatrices y se dio cuenta.-Un accidente cuando era joven.-Señalo su rostro.-Robe un coche con mis amigos, íbamos borrachos y sin cinturón, atravesé la luna delantera. Casi no lo cuento, fue entonces cuando decidí estudiar servicios sociales y ayudar a chicos con problemas.
-Buena suerte con ello.-Espeté.-Es una perdida de tiempo ayudar a quien no quiere ayuda.
-Te veo incomoda aquí. Podría asignarte otro servicio.
Incomoda era poco cuando todos esos chicos me recordaban a mi madre.
-¿Cómo cual?
-Me encargo de un grupo de desintoxicación, seria genial sacarlos de excursión, que aprendieran la historia de este lugar y tal vez ellos te hagan ver las cosas de otra forma. Todos podemos ayudarnos mutuamente.
218 a.C.
Me había encontrado con mis viejos hombres comandados por Roan quien no estaba dispuesto a cederme el mando pues muchos habían perdido el respeto hacia mí.
Acompañé a mi comandante a una reunión con todos los mandos, mis conocimientos de la ciudad serian de gran ayuda.
-Hemos cortado su suministro de agua general.-Comentó un soldado.
-¡Deberíamos atacar ya!
-Recordar que nuestro objetivo es Roma, debemos llamar a sus puertas con el menor numero de bajas. Lo mejor será que esperaremos un par de meses a que rindan la ciudad general.
-¿Y darle más tiempo a Roma para que se prepare?
Me estaba divirtiendo escuchando a todos esos hombres discutiendo, dando su opinión sin tener la más mínima idea, el general observaba en silencio a cada uno.
-Esas murallas son impenetrables.-Les informe ganando la atención del general.-Hay varias cisternas repartidas por toda la ciudad,-Coloqué unas piedras sobre el plano.-los pozos-repartí unas cuantas más.-y sin contar con los impluviums de cada domus. No serán solo un par de meses, tienen reservas de agua suficientes para una larga temporada.
-¿Quien te ha dado voz para estar aquí Lexa? Todos sabemos que has sido una puta de los romanos.-Empezó a reír aquel hombre propagando la burla.
Cogí la primera daga que vi y apreté la hoja en su cuello.
-¡Alto!-Ordenó el general.-Quiero escucharte Lexa, mi padre te respetaba y pese a tu desdicha de estos años yo también lo haré.
-Debemos desgastarlos.-Devolví la daga a su propietario.-Atacar una y otra vez debilitando sus defensas, agotándolos hasta que se rindan.-Tras un largo silencio el general asintió a mis palabras.
-Deberías comandar a tus hombres en el ataque. ¡Prepararos todos!
Tras la orden Roan salió de la tienda lleno de ira, dirigiéndose con rapidez hacia el grupo de mercenarios que comandaba.
-Solo hay una forma de solucionar esto.-Se deshizo de sus armas.-Un uno contra uno Lexa.
Sonreí, estaba claro que Roan era más fuerte que yo pero me sobraba agilidad y tantos años como esclava me habían servido para aprender técnicas nuevas observando la lucha grecorromana.
A mí la actitud de Clarke me huele raro ¿No?
Twitter: saritasegval
