1938
Me desperté entre los brazos de Lexa, los cuales acaricié embriagándome con el aroma de su cuello.
Sonreía y yo con ella, entrelazamos nuestros dedos observándonos con felicidad hasta que una sirena rompió nuestra burbuja.
-Se acercan aviones.-Dijo pasando sobre mí y empezando a vestirse.-Debes irte de aquí y llegar al refugio del pueblo lo antes posible.-Asentí nerviosa vistiéndome también.-¡Toma!-Puso su revolver en mi mano y me enseño como usar el arma.-Para que te sea más fácil disparar echas hacia atrás el martillo y el gatillo va más suave. Cuidado con el retroceso.
-Volveré lo antes posible.-Le prometí.
Se escucho una detonación lejana.
-Los antiaéreos de la playa.-Cogió sus muletas y presiono su frente contra la mía.-Volveremos a vernos Clarke.-Dejó un beso en mis labios y una fugaz caricia en mi mejilla antes de salir de la tienda.
En la actualidad.
Abrí la puerta de mi casa rápidamente recibiendo a Lexa con un beso algo desesperado. Apreté mi frente contra la suya tratando de calmarme antes de dejarla entrar.
-¿Qué tal tu primer día sirviendo a la comunidad?-Masajeé sus hombros guiándola hacia el sofá.
-Extraño. Me sentía incomoda porque la mayoría me recordaban a mi madre y luego de repente he empezado a dar ordenes.-Frunció el ceño como si le pareciera descabellado.
Sonreí, a Lexa siempre se le había dado bien mandar. Me senté sobre ella y seguí acariciando sus hombros.
-Te he reservado una cita con un médico que es amigo mio para que te haga unas pruebas.-Apreté su nuca.-Me preocupan tus mareos Lex.
-Clarke estoy bien.-Cogió mis manos.-No es necesario.-Le quitó importancia.
-No era una propuesta.-Levanté sus gafas colocándoselas sobre la cabeza.-Lo harás, por mí.-Miré intensamente sus ojos verdes.
Asintió con ese brillo de inconformidad con el que siempre lo hacia tiempo atrás.
-Me pones nerviosa cuando me miras así Clarke.-Murmuró apartando la vista.-¿Qué sucede?
-Qué te quiero.-Tomé su rostro entre mis manos para que me mirara nuevamente.-Te he echado mucho de menos.-Volví a presionar mi frente contra la suya.
-Solo han sido unas horas.-Comentó divertida.
-A mí me ha parecido una eternidad.-Sonreí antes de besarla.
Desde que perdí el conocimiento en el túnel empecé a tener sueños sobre nosotras a lo largo de la historia. Se fueron incrementando desde que me colgué aquella pequeña y preciosa piedra azul que me regalo Lexa. Eran tan reales que me asustaban, podía sentirlos como si fueran reales.
La pasada noche extasiadas por el alcohol cuando Lexa empezó a sorber el vino que derramé por mi pecho lo recordé todo, la recordé a ella obligándome a beber del suyo. Bendito Baco por transmitir conocimientos a partir de la experiencia y no por la razón o la palabra.
Era ella, sus besos, mordí sus labios que conservaban el mismo sabor, sus caricias, la violencia contenida en la que me poseía. Me dejé llevar, la obligué a mirarme y sus ojos me decían que estaba ahí dentro.
La amaba, amaba cada una de las mujeres tan distintas y parecidas que había sido. Solo quería estar con ella, me daba igual quien era ahora porque estaba segura que seguía siendo la mujer de quien me enamoré.
Por primera vez era consciente de mi identidad y me daba miedo, pues siempre que habíamos conseguido recordar nuestra vida la tragedia caía sobre nosotras.
Lexa se había despertado esa mañana con gran curiosidad. No sabia que hacer, ya no eran unas simples coincidencias y ella no iba desencaminada en sus teorías.
La persuadí, yo tenia el control, debía averiguar todo que había sucedido y como solucionarlo. Temía perderla si conseguía recordar quien era y no podía permitírmelo de nuevo.
Y entonces me enseño la tarjeta de Luna. ¿Será la misma Luna que me sirvió un día? Le arrebaté la tarjeta de las manos, tal vez ella podría ayudarme.
Los días siguientes fueron una tortura, sufría cada vez que Lexa salia de mi casa, temía que cada vez que lo hacia fuera la ultima vez que la viera.
Me hice todo tipo de pruebas médicas, yo estaba perfectamente así que mis peores pensamientos cayeron sobre mi novia y sus mareos. Por eso le había reservado una cita con el doctor Wells, tenia que asegurarme que estuviera bien y de no ser así intervenir inmediatamente.
Finalmente conseguí contactar con Luna.
La estaba esperando en el museo, frente a la vitrina en la que se exponía el cuerpo de Lexa, cerca del mio.
Ella había venido en mi busca, apreté mis labios y mis ojos reteniendo una lágrima. Tras ocho meses de incesantes batallas yo había intentado huir, la ciudad estaba siendo devorada por las llamas y solo deseaba sobrevivir para poder encontrarla. Un escaso kilometro nos impendió reencontrarnos y seguramente nos condeno a buscarnos vida tras vida.
-Nunca le dije que la amaba.-Murmuré al sentir la presencia de la egipcia detrás de mí. Más de dos mil años y seguía provocándome escalofríos.-Al menos no en esa vida.
-Mi señora.-Se situó a mi lado con la cabeza gacha, sin duda era ella.
-¿Quien va a ser esta vez?-La miré de reojo.
Luna colocó la mano sobre el cristal y se encogió de hombros.
-Solo veo muerte tras muerte, no podría asegurarlo con certeza.-Arrastró la mano por la vitrina hasta separarla.
-¿Por qué soy consciente de todo? Nunca lo había sido, no hasta que la muerte me acariciaba con su manto.
-Es una de las cualidades del lapislázuli.-Le dedicó una mirada a mi colgante.-Estimula la espiritualidad de quien lo posee, sus emociones animando a afrontar la verdad.
-¿Qué hizo Lexa?-Pregunté con firmeza.-Estoy segura que tiene que ver contigo, te vi saltando desde lo alto de una torre y...-La miré de pies a cabeza.-estas aquí como nosotras.
-Un pequeño sacrificio a cambio de la eternidad mi señora, la cartaginesa sin embargo ofreció algo que ya no le pertenecía por eso os es arrebatado una y otra vez.-Murmuró en un tono tenebroso.
-¿Podrías hablar con más claridad?-Pregunté exasperada.-Y llámame Clarke.-Rogué echando un vistazo a nuestro alrededor.
-Solo tienes que mirar delante de ti.-Señalo con su cabeza las momias.-Yo entregué mi vida, las vuestras ya no os pertenecían. Lexa le pago a los dioses con algo que ya era de ellos por eso estáis condenadas.
-Yo no pedí esto.-Murmuré.
-Podemos intentar liberarte al fin y al cabo solo eres una víctima.-Clavo sus oscuros ojos sobre los mios.
-¡No!-Negué efusivamente.-Quiero a Lexa a mi lado, correré el mismo destino que ella. Esta sí que es mi elección Luna.
-Entonces no necesitas mi ayuda para nada.-Se dió la vuelta.
-¡Espera!-La detuve cogiendo su brazo cuando se iba.-¿Qué hay de los demás?-Pregunté confusa.-¿Son...
-Es un ciclo Clarke, todos vuelven, viven y mueren sin saber nunca quienes fueron.
-¿Entonces nos hubiéramos encontrado de todos modos si Lexa no...
-Seguramente pero nunca hubierais sido conscientes de lo que habías vivido con anterioridad. Ella lo sabia, sentía fascinación por el mundo por eso pasaba tanto tiempo conmigo aprendiendo mis conocimientos. No sé como ni porqué pudo imaginar que engañaría a los dioses.
-Quería cumplir su promesa de volver a vernos y confesarme que me amaba. Nunca te di la libertad egipcia.-La miré severa.-Así que sigues siendo de mi propiedad, ayúdame y te liberaré.
-Me liberé cuando me arroje de aquella torre Clarke.-Rió en un suspiro.
-Es tu deber ayudarla.
Me dirigí al piso de Lexa, Anya como siempre me dejó pasar, iba con su uniforme de seguridad.
-Esta en el baño podéis gritar todo lo que queráis que yo me voy a trabajar.-Cerró la puerta guiñándome un ojo.
Entre al baño y la contemple relajada en la bañera con los ojos cerrados. La de veces que habíamos disfrutado de un baño juntas.
-Hola.-Susurré.
-¿Me acompañas?-Murmuró.
Asentí mordiéndome el labio reprimiendo una sonrisa.
Me desvestí lentamente para ella, dejando caer prenda tras prenda al suelo. Me metí en la bañera tras ella para que se relajara en mis brazos mientras recorría su cuerpo con la esponja, queriendo y temiendo que recordara.
218 a.C.
Los hombres habían formado un gran circulo a nuestro alrededor, vociferando y animándonos a empezar con la pelea.
Roan me alentó a dar el primer golpe pero fue él quien estampo su puño en mi cara haciéndame caer de culo.
No había forma técnica de combatir su rudeza y sus artimañas. Al menos lo conocía lo suficiente para anticiparme a sus movimientos.
-¡Has perdido reflejos Lexa!-Gritó divertido.
Ese primer golpe me aturdió un poco, me zumbaba el oído. Pateé su tobillo de lado y perdió el equilibrio cayendo de rodillas mientras yo me levantaba y le propinaba un rodillazo en la mandíbula seguido de un puñetazo directo a su rostro.
Roan agarró mis piernas pegándome a él y me dio un cabezazo en el estomago mientras tiraba de mis extremidades tumbándome de espaldas en el suelo. Saltó sobre mí pero mi rodilla se clavo antes en sus partes nobles, lo empuje deshaciéndome de su peso.
Me senté a horcajadas sobré él y le di una tunda de golpes, pero Roan era una fuerza bruta. Dejo de protegerse la cara y me cogió del trasero a la vez que me daba un cabezazo y se levantaba conmigo en brazos para luego soltarme contra el suelo nuevamente.
Sentí un puntapié en las costillas que me hizo retorcerme de dolor. Cuando se agachó para recogerme flexioné mi pierna y la estiré golpeando su pecho con mi pie, lo cual le hizo retroceder.
Corrí hacia él una vez de pie, salté sobre su espalda y rodeé su cuello con mi brazo dejando caer mi peso hasta que su espalda se arqueó, fue el momento indicado para golpear tras su rodillas hasta que cayó sobre ellas. No dejaba de intentar liberar la presión que ejercía sobre su cuello, así que me ayudé con ambos hasta que perdió el conocimiento.
Todos se quedaron en silencio observándome.
-¡Comandante!-Gritó alguien incitando al resto a continuar.
Cuando Roan se despertó lo hizo a mis pies, yo estaba sentada disfrutando de su tienda y su comida mientras Wells el sanador cerraba las heridas de mi cara.
-Has luchado bien. Creo que te he dejado más feo de lo que ya estabas.
-Comandante.-Sonrió postrándose ante mí.
-Dudo que hoy atravesemos esas murallas pero si lo hiciéramos.-Suspiré largo y tendido.-Corre la voz entre los hombres, hay una mujer joven, rubia con un lunar sobre su labio.-Saqué el anillo que llevaba colgado.-Sus ojos son azules como esta piedra.
-¿Y pechos grandes?-Preguntó entre risas y asentí sonriendo.-¡Dos pechos tiran más que dos carretas!-Parecía divertido con la situación.
-No quiero que le toquen ni un pelo.-Ordené seria.-En cuanto la tengan que la traigan ante mí como prisionera.
-Así se hará Lexa.
Era la única forma de protegerla si conseguíamos atravesar la defensa de la ciudad. Había vuelto a tener el mando de todos esos ambiciosos asesinos y estaba segura que la mayoría no eran de confianza, seguramente esperarían el momento adecuado para tomar el mando. Mejor que no supieran que Clarke era mi única debilidad.
