1938
Iba de camino a mi casa por el casco antiguo, ya había anochecido, las bombas habían desbordado el hospital de heridos, por ello trabaje desde ese día sin apenas descanso hasta que las fuerzas empezaron a fallarme.
Alcancé a ver una sombra en mi puerta, allí había alguien esperando. Empecé a sentir miedo y el revolver de Lexa lo había guardado para devolvérselo porque sinceramente no pensaba que me fuera hacer falta.
Estaba apunto de darme la vuelta cuando un joven muchacho rubio dejó verse, sus ojos me miraban llenos de ilusión.
-Eres tú.
-¿Te conozco?-Pregunté confusa.
-No.-Dijo agachando la cabeza.-¿Has encontrado a Lexa?
-¿Perdón?-Apenas era un niño pero desconfié ante su pregunta.
-No importa, tal vez no sea el mejor momento para esto. Nos volveremos a ver.-Murmuró antes de irse apenado.
Me quedé paralizada viendo como se marchaba. Empecé a escuchar un motor, una moto verde aceituna con sidecar se acercaba por aquella tortuosa calle.
Casualmente era Lexa. Bajo de la moto y cogió las muletas que llevaba dentro del sidecar.
-Hola.-Me saludo con timidez.
-Hola.-Respondí de la misma forma.
-Quería comprobar que estabas bien.-Dio unos pasos hacia mí.-No tuvimos tiempo de hablar después de...-Murmuró.
Me apresuré a abrir la puerta para resguardarnos en la intimidad de mi casa y la vi temblar.
-Te dije que era algo fría la casa.-Comenté nerviosa.
Yo también temblé, pero de deseo por querer sentirla de nuevo.
Tomé su cara entre mis manos y la bese desesperadamente. Había extrañado sus labios estos días, no necesitaba más para sobrevivir en este mundo que a ella.
Era una autentica locura, apenas nos conocíamos pero llenaba mi alma por completo.
-Me tengo que ir Clarke.-Confesó con tristeza tomando mis manos entre las suyas.-Cambiamos de posición y... quería verte una vez más.
-No te vayas.-Suplique entrelazando nuestros dedos.-Puedes quedarte aquí.
-Debo hacerlo. Si...-Tragó saliva.-Te juró que volveré a por ti.
-Quédate esta noche.-Presione mi frente contra la suya.-Por favor, te amo.
Sus intensos ojos verdes se clavaron sobre los mios y me beso dejando caer las muletas, estrechándome en sus brazos. Mordí su labio, mi respiración se había descontrolado, la arrastre a la habitación con calma saboreando la suave piel de su cuello.
La ayude a sentarse en la cama y tiró de mi sobre ella, devorando mi boca como si fuera la ultima vez que pudiera hacerlo mientras me desnudaba con agilidad. Apretó mis pechos haciendo que se arqueara mi espalda, sin duda estábamos más desinhibidas que en la tienda, descubriendo y gozando de cada pequeño placer que nos podíamos ofrecer.
Tras su partida me enteré que esa misma noche habían atacado el campamento, muchos murieron otros terminaron presos, cuando Lexa llegó por la mañana fue arrestada también. Todos condenados al paredón, fui a visitarla casi a diario, aunque la mayoría de veces no me permitían verla.
Dolía, dolía la fugaz e intensa felicidad que había sentido y ahora estaba condenada a muerte.
En la actualidad.
Lexa no me había dicho nada de su visita con Wells, me mordía las uñas impaciente por recibir alguna noticia.
Sabia que tenia una visita guiada en el castillo, Roan había cambiado su tarea comunitaria. Así que decidí plantarme allí, hacia años, décadas o más bien siglos que no entraba en aquel lugar.
Subiendo por la rampa de acceso vi la moto de Lexa aparcada, una cadena rodeaba la rueda y sonreí. ¿Quien querría robar este montón de chatarra? Tal vez en otro momento me hubiera parecido una maravilla pero ahora con todos los adelantos que conocía solo me parecía eso.
Todo estaba tan cambiado, el acceso principal no era el original, además la cuesta me pareció mortal, llegué sin aliento a la entrada y me acerque al conserje.
-Hola.-Jadeé intentando recuperar el aliento apoyando las manos en las rodillas.-¿Ha visto un grupo de personas?
-Varios la verdad.
-¿Y uno acompañando a una chica castaña, alta de ojos verdes...
-¡Oh! ¿Te refieres a Lexa?-Asentí.-Esta en el foro ahora mismo.
Me dirigí allí cuando el hombre trataba de explicarme como llegar, no necesitaba explicaciones, probablemente conocía esto mejor que nadie, al menos las partes edificadas en mi época, seguramente podía yo mostrarles cosas que desconocían.
Aunque viendo solo los cimientos del templo de Diana tal vez ya no había mucho que enseñar, dado que guerra tras guerra esta ciudad había sido clave en ellas y no habían sido pocas.
Lexa estaba sobre una piedra de lo que fue el forum en su día, explicaba algo gesticulando con las manos y señalando hacia todos los lados.
-¿Por fin la has encontrado?-Me giré encontrándome a Aden para mi sorpresa.
-¿Aden?-Dudé.
-Soy yo Clarke.-Dijo con una gran sonrisa.
-¿Qué haces aquí?-Lo estreche entre mis brazos emocionada.-¡Oh dios mio! ¿Te ha visto ella?
-No.-Frunció el ceño.-He intentado no acercarme demasiado porque no sé como hacerlo. Tantos años buscándola y ahora no se como acercarme a mi madre.
-¿Estas en el grupo de... Roan?
-Mi madre, la de ahora es la que esta en desintoxicación.
-Tal vez eso te ayude a acercarte a Lexa. Su madre de esta vida también fue adicta. ¿Ha sido duro para ti?-Acaricié sus cabellos dorados por la luz del sol.
-He vivido más que ella. Además tuve una cuidadora excelente que me enseño a tener paciencia.-Añadió con complicidad haciéndome sonreír.
-¿Cómo es que estas aquí? Digo...-Mi cara dibujo una mueca pues no entendía nada.
-Fue ella.-Miró a lo lejos a Lexa.-Después de que te encontrará muerta creí que había enloquecido, hablaba de vidas de ti... Yo por mi parte había perdido la ilusión que tú devolviste a mi vida.
-¿Qué hizo?-Pregunté con temor.
-¿Recuerdas la historia que me contabas sobre la guerra entre Cartago y Roma? ¿Lo que hicieron las madres para liberar a sus hijos de la esclavitud?
-¿Te...-Me tembló la voz y tragué saliva.
Luna me había dicho que ella había sacrificado su vida a cambio de esto y me partía el corazón pensar que Lexa había terminado con la de su propio hijo, tal vez para reunirnos de nuevo los tres pero seguía siendo algo atroz.
-No sufrí, tranquila. Aunque de vez en cuando todavía siento que me quedo sin oxigeno. Me durmió y luego coloco una almohada sobre mi cara. ¿De verdad pereciste aquí pasto de las llamas?
-No exactamente.-Negué.-La ciudad llevaba ocho meses asediada. No había comida, los soldados estaban agotados. Cada vez que derribaban parte de una muralla al amanecer estaba reconstruida dispuesta para defendernos de un nuevo ataque. Ese día atacaron con todas sus fuerza y recursos, no iban a sacar nada de esta ciudad por eso hicimos las hogueras para fundir todos los metales, tanto valiosos como no.
-¿Y qué paso con vosotras?
-Esperaba a Lexa aquí, ante el templo de Diana, pero el fuego se había extendido, todos estaban muriendo y huí. Quise escapar para llegar al campamento cartaginés y esperarla allí pero el humo me detuvo.-Sonreí tristemente.
-¿Clarke?-La voz de Lexa a mi espalda me sobresalto.-¿Qué haces aquí?
-Quería verte.-Murmuré, no quería preocupar a Aden ahora que nos había encontrado.-Creo que se te ha escapado este muchachito del grupo.-Me aparté para que viera a Aden.
1868
Mi madrina me había encontrado trabajo como sirvienta para una viuda que se terminaba de venir a la ciudad con su hijo. Como buena alcahueta me había dado todo tipo de detalles, contándome hasta las invenciones de la gente.
Era una casa nueva que había mandado a construir el esposo para cuando su hijo fuera adulto, pero el joven muchacho sufrió un accidente de caballo que lo había dejado postrado en cama para el resto de su vida, una mala caída. Se ve que su padre disparo un arma demasiado cerca del animal que se asusto deshaciéndose del jinete, por ello comentaban que la madre del chico enveneno a su esposo. Pero seguramente era un invención de las malas lenguas, como que era una bruja.
Golpeé la puerta con la aldaba. Se abrió dejándome ver unos profundos ojos verdes llenos de amargura.
-¿Eres Clarke?-Preguntó con severa.
-Sí señora.-La seguí cerrando la puerta tras de mí.
-Tu trabajo es ocuparte de mi hijo, Aden no puede valerse por sí mismo y necesita cuidados casi las veinticuatro horas.
