En la actualidad.

Lexa frunció el ceño al ver a Aden, tal vez no había sido buena idea. ¿Y si recordaba todo al ver a su hijo? Pero pareció no hacerlo, nos animo a que nos uniéramos al grupo.

Aden y yo los seguíamos algo rezagados para poder continuar tranquilamente con nuestra conversación. Había encontrado un gran aliado para poder deshacer todo este embrollo, Lexa le había puesto al tanto de todo, le había confesado a que dioses les rogó por esto para que nos pudiera ser de ayuda en alguna vida. Sin duda seguía siendo la misma estratega a pesar de los años.

Entramos en unos almacenes que no existían la primera vez que viví aquí, Lexa se encargo de explicar que era una construcción napoleónica. Me perdí observando los grafitis que adornaban las paredes, algunos muy desgastados por el paso de los años y la humedad, dedicatorias de enamorados, escritos de simples visitantes que una vez estuvieron aquí...

-Esta es la más antigua que he encontrado.-Comento Lexa señalando.-Tiene gracia que si hiciéramos esto ahora seria un acto de vandalismo.

-¿Qué te ha dicho Wells?-Rodeé su cintura atrayéndola hacia mí.

-Que estoy bien.-Hizo que la soltara.-Aquí no Clarke.-Murmuró algo avergonzada ya que Aden no nos quitaba el ojo de encima.-Te dije que no había nada de lo que preocuparnos.-Apretó mi mano de forma cariñosa.

Tal vez Luna tenia razón y yo recordaba todo gracias a la ayuda del Lapislázuli que continuaba colgando alrededor de mi cuello, pero eran dos milenios repitiendo la historia y el miedo a perderla no me abandonaba.

-¿Sabes quien es?-Le pregunte dirigiendo mi mirada a su hijo y ella simplemente negó frunciendo el ceño.-Su madre esta en el grupo de desintoxicación que lleva Roan.

Pude ver compasión en sus ojos cuando miró a Aden, estoy segura que sentía algo extraño al verlo, como cuando nos encontramos nosotras, esa necesidad de querer estar juntas.


Lexa parecía feliz a mi lado ajena a todo, y yo podía permitirme vivir con el hecho de que no me recordara, me amaba con eso me bastaba.

El reinició de las obras por parte de Jaha había hecho que se olvidara de su investigación, le preocupaba más que el constructor no respetara los nuevos planos que le hacían perder unos cuantos niveles de aparcamientos subterráneos.

Pero yo seguía necesitando la ayuda de Luna, y esta se negaba a ayudar a Lexa por temor a los dioses que nos habían condenado por ofrecerles nuestras vidas que ya estaban extinguiéndose. Debía intentarlo de nuevo, no podía darme por vencida, tenia que asegurarme de que la muerte no nos impidiera continuar con esta nueva vida que habíamos iniciado.

Conduje hasta la ciudad donde tenia situada la tienda. Estaba llena de objetos misteriosos y antiguos, daba escalofríos al igual que Luna.

-¿Qué haces aquí?-La egipcia salió de detrás de una cortina que daba a la trastienda.

-Ya lo sabes.-Suspiré con frustración.-Te necesito.

-No pienso ayudaros a tentar a los dioses de nuevo,-Empezó a arreglar cosas despreocupada.-sin embargo,-Me clavó sus oscuros ojos.-podrías pedirles disculpas por lo que Lexa hizo, rogarles para que revirtieran las consecuencias del engaño. Olvidaríais para siempre quienes fuisteis.-Aquello me pareció una amenaza.

-Si es el precio a pagar para no volverla a perder lo haré.

-Siempre fuiste algo ingenua Clarke,-Rió entre dientes.-todo conlleva un sacrificio mayor. ¿Qué tanto estas dispuesta a perder para poder vivir?

Luna había entregado su vida suicidándose, Aden renunció a la suya también dejándola en manos de su madre quien lo asfixió. Sin duda la egipcia estaba pidiéndome exactamente lo mismo.

-¿Nos encontraríamos en otra vida?-Indagué con temor.

Me estaba planteando esa idea, vivir como Lincoln, Octavia, Raven... decir adiós para siempre a Lexa y a mí misma, con la esperanza que alguna vez nuestras almas se volverían a encontrar.

-El destino es el destino Clarke, puedes hacer todo lo que este en tus manos para cambiarlo y nunca lo conseguirás. Os encontrareis en otras vidas y os amareis como en todas las anteriores.

-¿Y nunca más sufriré perderla prematuramente?-Tenia que asegurarme ya que los dioses siempre jugaban con ases bajo la manga.

-Tendréis vidas largas y felices.

-¿Y qué he de hacer?

Luna saco un frasco, igual que el que un día me mostró Lexa, el mismo veneno que quiso usar para matar a Jason. Hacia mucho que no rememoraba ese nombre, el que una vez fuera mi esposo había caído en el más profundo olvido para el mundo y su historia.

La hechicera cerro la tienda y me pidió que la acompañara a la trastienda, donde encendió unas velas. Me senté junto con ella alrededor de una pequeña mesa redonda donde me tomo de las manos. Tuve que soltarla para silenciar el móvil, que había empezado a sonar sin control, no dejaban de llamarme y llegarme mensajes.

-Discúlpame un minuto.-Salí de la tienda.

Llamé a Lincoln, que de inmediato me pregunto alterado si mi novia estaba conmigo, abrí los ojos de par en par ante cada una de sus palabras. Se había derrumbado parte del túnel con el inició de las obras y no encontraba a Lexa por ningún lado, ni siquiera contestaba al teléfono.

Sabia que debía entrar y terminar lo que Luna había empezado pero saber que Lexa podía estar... que otra vez íbamos a ofrecer una vida perdida podía tomarse como una ofensa mayor. Eche un vistazo a la tienda y salí corriendo hacia el coche.


Cuando llegué a las obras había un equipo de rescate, tardarían horas en asegurar todo y mover los escombros que les impedían el paso.

-¡Hay otra entrada! ¡Hay otra entrada!-Intente llamar la atención de la brigada.

Los lleve hasta mi casa, desconfiaron un poco pero Lincoln les aseguró que el túnel daba ante mi chimenea. Empezaron a picar con cuidado, levantando el suelo poco a poco hasta dar con la entrada.

Estaba temblando, llorando, no podía pasarme esto otra vez. Los brazos de Lincoln me retenían, habían bajado al túnel en busca de Lexa y no nos permitían acompañarlos. Me liberé a empujones cuando vi la que subían por el pequeño hueco, estaba inconsciente, pálida, toda rasguñada... sorteé a todos diciendo que era doctora hasta alcanzar el cuerpo de Lexa al cual empecé a practicarle una RCP.

Al ritmo de mi llanto presionaba esternón, sé que Isis no tenia nada que ver en esto, pero recordé la historia que Lexa me contó sobre ella en el museo, la diosa entendería mi dolor por perder a la persona que amaba así que le rogué, le rogué que me la devolviera.

218 a.C.

Ocho meses de asedio y la ciudad seguía sin rendirse, declinando todas nuestras ofertas, incluso una noche habían salido de sus murallas y habían acometido contra nosotros hiriendo a nuestro general. Hecho que lo enfureció aun más que esta larga espera llena de bajas y suministros derrochados.

Nos organizamos para atacar con todas nuestras fuerzas durante semanas seguidas, estaban demasiado debilitados era imposible que aguantaran otro embate más.

Mis hombres estaban cansados de atacar esas murallas impenetrables sin resultado alguno, pero la promesa de enriquecerse al saquear la ciudad y violar a las mujeres los mantenía al pie de esta lucha.

Habían encendido hogueras en el interior de la ciudad, no sé con que intenciones pero el fuego durante el caos de una batalla no significaba nada bueno.

Cuando conseguimos derribar partes de la muralla otra formada por hombres nos esperaba tas la primera. Inamovibles, luchando con fiereza para impedirnos el paso me vi conmovida por ellos. Me dolía quitarle la vida a unos hombres tan valientes y moribundos, algunos conocidos entre ellos como el magistrado que se sorprendió al verme con el ejercito cartaginés. Lincoln nos había ayudado y ahora... uno de mis hombres le atravesó el pecho, cerré los ojos un segundo deseándole lo mejor en la próxima vida.

El gran bullicio que me rodeaba me agobiaba, apenas podía moverme, todo era sangre, gritos de sufrimientos, llantos.

Estábamos haciendo un pequeño hueco por el que poco a poco íbamos colándonos al interior de la ciudad. No pude creerlo cuando vi el fuego extendiéndose sin control, gente corriendo en llamas y mujeres arrojándose desde lo alto de las murallas.

Contuve las lágrimas esperando que mi domina no estuviera corriendo el mismo final que sus conciudadanos.

Distinguí la figura de Luna que se arrojo al vacío y recordé sus enseñanzas.

Volví hacia atrás, alejándome de la batalla, necesitaba llegar a la domus lo antes posible y estando en medio de una lucha encarnizada no podría. Cogí la pierna de un jinete y tiré de él para robarle la montura.

-¡Puta traidora!-Escuche un grito y al momento sentí una ardiente punzada atravesando mi pecho.

Cabalgué en dirección a la entrada del túnel debía llegar hasta Clarke antes de que fuera muy tarde, rescatarla de aquel infierno y huir, empezar una nueva vida, merecíamos algo mejor, algo como lo que estábamos viviendo antes de vernos en medio de una guerra que poco tenia que ver con nosotras.

El galope del caballo movía la flecha que me atravesaba, me costaba respirar y sacarla significaba morir desangrada. Frené el animal ante la entrada y prácticamente caí de él.

Me deshice de la mayor parte de la ropa y las armas que llevaba, pesaban demasiado, me asfixiaban y limitaban mis movimientos. Moví la gran piedra, apenas pude bajar dos peldaños de la escalera cuando resbale por ella hasta caer de espaldas. Grité de dolor al sentir la flecha ahondando más en mi interior.

No tenia fuerzas para continuar respirando y mucho menos para dar un solo paso más. Me apoye contra la pared tomándome un segundo, los párpados se me cerraban, todo ardía en mi pecho y me sentía mareada, cubierta de un sudor frío.

Cogí el anillo mientras mis lágrimas se precipitaban sin control, no iba a volver a verla, iba a morir sin haberle confesado mis sentimientos. Rogué, rogué a los dioses del inframundo otra oportunidad, no estaba segura de que fuera a funcionar, necesitaban una vida a cambio y la mía ya les pertenecía. Pero si Clarke estaba aun viva y sentía lo mismo que yo podría encontrarme vida tras vida.

-Volveremos a vernos mi dominum.-Susurré antes de desfallecer.


Siento la demora, espero que os guste.