Disculpas por la demora, aquí llega el capitulo final.


En la actualidad.

El pitido de las constantes de Lexa era lo único que me ataba a la tierra en ese momento, la tenia sin tenerla. Llevaba meses en coma, mentiría si dijera que no había sospesado de nuevo la oferta de Luna pero tenia esperanza, esperanza a que los dios escucharan mis plegarias, esperanza abatida como tantas luchas perdidas.

Apenas abandonaba la habitación del hospital cuando no trabajaba, incluso cuando lo hacia siempre encontraba un momento para escaparme a verla. Pese a las insistencias de las innumerables visitas que recibió Lexa durante todo este tiempo que me rogaban que fuera a descansar. Lincoln la visitaba casi a diario, se sentía culpable por no haber estado con ella en aquel fatídico instante.

Me estaba cansando de que los dioses me ignoraran, los maldije tratando de llamar su atención, deseaba que su ira cayera con más fuerza sobre nosotras.

-Clarke van a pensar que estas loca si te escuchan hablar en latín.

Fue un susurró que tan apenas pude apreciar, empecé a llorar emocionada y me abalancé sobre ella.

-¿Estas aquí?-Acaricié su rostro.-¿Eres tú?-Clave mis ojos en ese verde tan paradisiaco que eran los suyos, buscando a mi cartaginesa.

-¿Desde cuando hablas latín?-Preguntó confusa con la voz ronca.

Tal vez mi emoción había sido desproporcionada, pero al menos estaba de vuelta, mi caza tesoros estaba aquí y en alguna parte dentro de ella seguía Lexa.

-Es una larga historia.-Reí entre dientes.

Le di un poco de agua, tenia la la boca seca de todo este tiempo.

-Más de dos mil años no se resumen pronto.-Sonrió, esa sonrisa prepotente era sin duda la de mi esclava.-Te amo domina.

Le devolví la sonrisa y bese sus labios desesperada, ya no sabia si todo era un delirio mio o era real. Se apartó cuando traté de profundizar el beso.

-¿Qué?-Pregunté con miedo.

-No sé cuanto tiempo llevo sin lavarme los dientes.-Comentó avergonzada y no pude evitar reír.

-Lexa eso es lo que menos me importa, hemos pasado muchos siglos sin pasta de dientes.

-A mí me importa. ¿Y mis gafas?-Abrí el pequeño armario donde guardaba sus cosas.-Maldito cuerpo imperfecto.

-Creo que nunca viste bien.-Me encargué de ponérselas.

-Tu belleza sigue sin tener rival.

-La tuya la supera cartaginesa.

Nos perdimos durante minutos en la imagen de la otra.


Aun nos costo unos días que le dieran el alta, el reencuentro con Aden fue precioso, le pidió mil y una disculpas a lo que su... Aden le restó importancia agradeciéndoselo. La lleve a mi casa para que estuviera tranquila pero parecía haber pasado una eternidad desde la ultima vez que...

Nada más cruzar el umbral de la puerta me estampo contra la pared agarrando mi mandíbula y devoró mi boca con ansiedad, mordiendo y tirando de mi labio inferior. Empezó a deshacerse de mi ropa a tirones, los botones de mi blusa saltaron por los aires, la cremallera de mi vaquero quedo inservible.

-Tranquila amor.-Apreté su nuca para calmarla y sus ojos encendidos e indomables me penetraron.

Esa mirada siempre conseguía excitarme de tal manera que ya había mojado las bragas.

-¿He de recordarte quien esta al mando?-Preguntó con fiereza.

-Demasiadas vidas.-La empuje al sofá y me lance sobre ella, con un movimiento de cabeza deje caer mi pelo hacia un lado mientras Lexa me denudaba de cintura para abajo.-Ahora estoy al mando.-Le quité las gafas dejándolas con cuidado sobre la mesa auxiliar del salón.-¿Esta claro esclava?-La bese meciéndome sobre su cuerpo.

Mordió mi cuello mientras me apretaba los pechos, me desabroche el sujetador sacándomelo ante su cara, gruñó y la dejo caer en mis tetas.

-Esto sí seria capaz de dominar la galaxia.-Las tomo en sus manos y las cubrió de besos y lametones.

Tiré de su pelo para separarla y mordí su labio hasta que inundo mis labios un sabor a metal, lamí el pequeño corte y su lengua vino a mi encuentro. Me agarró del trasero y se levanto conmigo en brazos acostándome sobre la pequeña mesa y coloque mis pies sobre sus hombros.

-¿Quieres esto?-Pregunté juguetona abriendo las piernas y cerrándolas de inmediato con fuerza.

Forcejeó contra mis piernas tratando de abrirlas desesperadamente cosa que me divirtió. Optó por levantarlas al aire y empezó a lamer, como un capullo que florece empecé a abrirme para ella, moviendo mi cadera contra su lengua.


No dormimos en absoluto aquella noche, habíamos follado por toda la casa y las ganas de más y más sexo no cesaban. Me arrastré por la cama mordiendo su perfecto culo que parecía esculpido por el mismo Michelangelo Buonarroti, lo lamí trazando una linea que continuo por su espalda y volví a clavar mis dientes en su cuello haciendo que se diera la vuelta para atrapar mis labios en un tierno beso.

-¿Se ha terminado todo?-La pregunta que temí hacer salió de forma inconsciente.

-Polvo y ceniza amor, todo debió consumirse esa noche y nuestros cuerpos se libraron de la purificación del fuego.

-Luna dijo...

-Lo sé.-Me interrumpió entristecida.-Debía haber ofrecido una vida intacta, tenia la esperanza que tú siguieras viva.-Peinó mi cabello con sus dedos.-Se supone que era un regalo para ti, que tu alma viviera y si sentías lo mismo que yo me buscarías, sin embargo lo convertí todo en una condena.

-Luna sabe como terminar con esto.

-¿Qué perdemos?

-Nuestros recuerdos.-Negó.-Me aseguró que volveríamos a encontrarnos.

-Siempre lo haremos esta escrito.

-¿Me propones esperar a que nos perdamos nuevamente? No quiero volver a pasar por eso, el dolor de verte morir una vez más, vivir de nuevo ajena a todo hasta volverte a perder. Me niego Lexa, no lo acepto.

-Te propongo terminar con todo desde el principio, liberar nuestros cuerpos.-Se acomodó en la cama.-La ultima vez que te sobreviví estuve estudiando como hacerlo... solo, tú solo confía en mí.

Se levantó rápidamente poniéndose sus boxers y su camisa, salió de la habitación y escuche unos fuertes golpes, las paredes temblaban.

-¿Qué haces?-Pregunté confusa, todavía tenia el suelo de mi casa levantado y Lexa estaba picando en la chimenea.-Vas a tener que pagar toda la reforma.

-No será problema.-Dio unos fuertes martillazos.-La viuda era una mujer muy rica.

-Nunca me contaste si de verdad mataste a tu marido.

-Por su culpa Aden quedo postrado en una cama.-Golpeó de nuevo con ira.

-Espero que tu plan no implique matar a nadie más.-Rió y entre las piedras que cayeron de la chimenea apareció una gran caja metálica.

-Me di cuenta que siempre terminábamos en este lugar, de haber sabido que nuestros cuerpos seguían aquí abajo enterrados habría terminado con ellos mucho antes.-Abrió la caja a martillazos.

-¡Oh dios mio!-Los ojos se me iluminaron al ver los lingotes de oro que la caja guardaba.-¿Terminar con ellos?-Retrocedí confusa.

-Es para Aden, legalmente le pertenecía.

-¿Y nosotras?-Indagué.

-Clarke,-Rodeó mi cintura.-todo conlleva un sacrificio, habrá que esperar una vida más para reunirnos con él.

Definitivamente su plan implicaba matar a alguien, a nosotras una vez más.


Esa noche antes de salir del trabajo me llevé un par de fármacos del hospital, Lexa me esperaba con un coche robado, al final le había sido útil el servicio a la comunidad para hacer amigos.

El museo ya había cerrado y Anya tenia turno nocturno así que fuimos hacerle una visita, la Lexa caza tesoros lo solía hacer frecuentemente, le encantaba recorrer el museo de noche con total tranquilidad así que no parecía extraño que nos presentáramos allí.

Le ofreció uno de los tres cafés que llevábamos para aguantar lo que venia a ser una noche larga.

-No sabes cuanto he echado de menos tu compañía por las noches Lex, bueno verte pasear como un fantasma por los pasillos.-Rió la guardia de seguridad y le dio un trago al café.-¡Joder! ¿De donde lo has comprado? Esta buenísimo.-Le dio un nuevo trago.

-Tendría que matarte si te lo contara.-Bromeó Lexa y sonrió de medio lado.

Me anticipé cuando Anya empezó a tambalearse y la sujeté para que no se desplomara de golpe contra el suelo, acompañe su cuerpo hasta dejarla totalmente acostada y me aseguré que no nos interrumpiera inyectándole una dosis más. Por la mañana se despertaría como si nada y con suerte no recordaría nuestra visita.

Lexa ya había desactivado las alarmas para que no viniera la policía, hizo lo mismo con las cámaras de seguridad y borró todo rastro de nuestra presencia allí, algo que Anya le había enseñado para que Lexa pudiera disfrutar y tocar todo lo que quisiera sin que su compañera de piso perdiera el trabajo. Aunque normalmente nadie veía las grabaciones a no ser que sucediera algo y nunca pasaba nada en un museo.

Salí a por las dos mochilas de deporte que llevábamos en el coche y ese martillo que se había convertido en la herramienta favorita de Lexa. Lo empuño con fuerza y la seguí hasta la parte de arriba donde estaban nuestras momias.

-No habrá vuelta atrás.-Me advirtió.

-¡Hazlo de una vez!

Golpeó las dos vitrinas que guardaban las momias y cada una se encargo de meter su cuerpo en una de las mochilas. Fue rápido, teníamos que salir cuanto antes pero me detuve ante la exposición de joyas, le arrebate el martillo a Lexa y rompí el cristal para coger mi anillo de lapislázuli.

-Eres una autentica criminal.-Comento sorprendida.

-Este anillo es mio y me lo llevo.-Dije poniéndomelo.


Aden acudió al descampado que acordamos con la moto de Lexa, era un sitio demasiado alejado, hacia una década había sido para obligatoria en la ruta de fiesta de los jóvenes pero ahora solo eran un par de discotecas abandonadas y en ruinas. Nadie se daría cuenta en días o semanas de lo sucedido en aquel lugar.

-Llegado el momento nos volveremos a encontrar si aun lo deseas.-Lexa coloco su mano en el hombro de Aden.-Siento haberte metido en esta locura.

-¿Estas de broma? Me encanta ser consciente de cada una de mis vidas.-Lexa sonrió a medias.-Sé donde encontraros mama.-La abrazó.

Lexa se separó con los ojos cristalinos y empezó a rociar el interior del coche con gasolina.

-A la mercenaria nunca se le ha dado bien expresar sus sentimientos, mira la que lío para confesarme su amor.-Sequé sus lágrimas como muchas otras veces.-Disfruta.-Asintió.-No tenemos más opción, sabes que no te dejaría solo de nuevo si así fuera.

-Lo sé Clarke.-Me abrazó con fuerza y le devolví el abrazo.-Ahora vete y no te gaste ese tesoro de golpe.-Rió.

Cuando la moto se alejo ambas subimos en el coche, el fuerte olor a gasolina me aturdía pero era agradable.

-¿Lista?-Preguntó Lexa cogiéndome de la mano.

Miré hacia el asiento de detrás, sentía como si nos mirasen nuestras momias, miré a Lexa y asentí.

-¡Espera! Te amo.-La bese.-Tenia que decírtelo una vez más.

-Te amo Clarke.-Sonrió y me beso de nuevo.-¿Fuego y cenizas?

-Fuego y cenizas.

Arranco el coche y empezó a acelerar de manera desmesurada encendí un zippo que sostuve mientras nos dirigimos contra uno de los muros para finalmente hallar nuestro destino, el que debió ser hace más de dos mil años, que nuestros cuerpos se consumieran ante las llamas.

¿Y ahora qué? ¿Vagar? ¿Esperar?

Todo es tan confuso y misterioso en la vida que parece que nada tenga el más mínimo sentido.


Una cantidad adecuada de años después.

Recorrí una calle muy bien adoquinada y me detuve ante una vieja casa con un polvoriento cartel de se vende, el color, los números, las letras estaban quemados del sol y del tiempo.

-Cuenta la leyenda que cada quinientos años el ave Fénix era consumido por el fuego para resurgir de sus cenizas.

Sonreí al escuchar aquella voz a mi espalda, un calor y un hormigueo inundó mi cuerpo.

-¿Debería comprar esta ruina?-Pregunté sin dejar de observar la fachada de la casa.

-Sin duda alguna,-Sentí una mano en mi cintura.-siempre ha sido nuestro hogar.-Me giré encontrando sus fieros ojos verdes que me miraban con deseo mientras sostenía el teléfono en su oreja.-Hola buenos días caballero, llamaba por una casa que tiene en venta...-Miró el teléfono confusa.-Me ha colgado.-Alzó la ceja sorprendida.

-¿Caballero?-Reí.-¿De que época eres?

-De muchas y de ninguna.

La puerta de la casa se abrió dejando ver a un anciano sonriendo felizmente.

-Sabia que solo vosotras podrías llamar interesadas por esta casa.

-¿Aden?-Preguntó Lexa aun más sorprendida de que aquel jovencito de cabellos dorados fuera ahora un anciano de pelo cano.

-Bienvenidas a casa de nuevo.

FIN.


Gracias a todos los que habéis leído esta locura, que volvamos a vernos.

Twitter: saritasegval