Al principio la odiaba.

No soportaba que fuera tan formal, tan fuerte, tan perfecta. Mucho menos, podía con la sensación de inferioridad que sentía cada vez que la veía.

Siempre en calma, con seguridad en si misma.

Hinata detestaba ese vacío que sentía cuando su padre las comparaba, dejándola siempre por debajo de su hermana menor.

¿Qué tenía Hanabi que no tuviera ella?

Aparte de talento para la lucha, claro.

Sin embargo, en momentos como ese, le era imposible odiarla.

Hanabi podía ser todo lo que una kunoichi podía desear, siendo capaz de dominar cualquier técnica, y derrotando a todos sus rivales.

Pero como mujer, dejaba mucho que desear, y eso se notaba con sus fracasos en la cocina, y sus chapuzas tejiendo.

Hanabi podría ser capaz de utilizar un kunai para matar a un enemigo sin vacilar, pero a la hora de maquillarse, le temblaba el pulso.

No eran pocas las veces que Hinata había deseado ser una ninja tan hábil como su hermana.

En ese instante, estaba intentando deshacer los nudos que se le habían formado en su labor sin ningún resultado.

A su lado, Hinata la observaba con una sonrisa de satisfacción. Su labor era impecable. Su bordado representaba unas rosas tan bien hechas que incluso parecían reales.

En definitiva, su trabajo distaba mucho de las pocas, imprecisas, y amplias puntadas de la labor de Hanabi.

Eso demostraba que no era perfecta. Y le resultaba más fácil quererla en situaciones como esa.

Por su parte, Hanabi miró con fastidió su labor, y le echo una pequeña ojeada a la de su hermana. Inmediatamente se sonrojo avergonzada.

¿Por qué era tan difícil?

Sus hilos estaban enmarañados, y ella ni siquiera se había dado cuenta del momento en que se habían empezado a enredar.

¿Difícil aprender a manejar las técnicas Hyûga a la perfección? Para nada. Difícil era aprender a coser.

Sintió una ligera sensación de malestar pensando en que su hermana dominaba más que bien la costura.

Quizás fuera porque tenía la paciencia suficiente. Quizás que le gustaba bordar. O quizás simplemente era talento.

Fuera como fuera, Hanabi habría dado cualquier cosa por saber bordar la mitad de bien que su hermana mayor.

Lo que fuera.

Hinata podía ser débil, pero tenía la suficiente habilidad como para saber cuando un pastel debía de ser sacado del horno, y no precisamente debido al fuego, como le sucedía a ella.

Suspiró, pensativa.

Cuando miraba los trabajos de su hermana, se arremolinaban en su interior dos sensaciones: por un lado sentía admiración.

Por el otro, sentía un odio tremendo.

Ella podría ser la niña de los ojos de su padre, pero no había nada que deseara más que saber que la mirada orgullosa de su madre, estaba dirigida a ella tras ver su labor. Por el contrario, solo recibía mohines de decepción y consejos que nunca lograba recordar.

A simple vista, Hinata y Hanabi no tenían nada en común.

Pero quien las conociera lo suficientemente bien, sabría que si había algo que las unía: ambas hermanas, por mucho que lo disimularan, sentían celos la una de la otra.

¿Qué hermanos no?


Bueno, aqui otro pequeño drabble. Hinata y Hanabi son muy distintas, y yo queria destacar ese hecho. Y por supuesto, he incluido un sentimiento que entre hermanos tarde o temprano se siente. Yo ahora ya no, pero de pequeña sentia bastantes celos de mi hermana debido a que ella era tan alegre, que era aparecer...y olvidarse el resto de mi jaja. Hace poco discutimos...y me entere que ella esta celosisima de que yo saque mejores notas. Dice que se lo pongo muy dificil. Asi, pues, ¡te lo dedico Vero! Y por supuesto, muchas gracias a los lectores.

¡Gracias por leer!