Capítulo 2 - La soledad de su corazón

*0*0*

El vaiven de sus caderas comenzaba a enloquecerlo. Él entraba y salía de ella de un modo casi brutal, provocándole gruñir. Haruhi, en cambio, gemía de un modo tan sensual que lo motivaban a hundirse más en su ser. Ambos estaban muy cerca del orgasmo.

-¡Dame tu semilla, Kyouya! ¡Quiero que llenes mi interior! ¡Quiero a tu hijo en mi vientre!

Y entonces sucedió. El joven Ootori eyaculó dentro de aquella frágil silueta. Ella sonrió complacida.

-Lo has hecho bien.- fue todo lo que ella dijo antes de comenzar a vestirse y dejarlo solo en aquella oscura habitación.

Kyouya despertó jadeando y con la frente perlada de sudor. Otra vez aquel maldito sueño. Era la tercera vez en una semana. La verdad era, que cuando Haruhi le había hecho la propuesta, no había dejado de pensar en ello. Un hijo. Un hijo de ambos. ¡Qué locura!

Aunque el hecho de que la joven le pidiera aquello lo había desconcertado, tenía que admitir que una parte de él hubiese aceptado sin ningún reparo. El motivo de su negativa tenía que ver con sus sentimentos hacia ella. La amaba, sí, y justo por ello era que haría cualquier cosa a su alcance por verla feliz. Pero un hijo...era demasiado pedir.

Sin duda, un bebé sería también un motivo de satisfacción para Kyouya, sin embargo, Haruhi lo había dejado claro: ella no quería una relación, no quería al padre involucrado en la crianza de ese niño y eso lo dejaría fuera definitivamente. Aún sin ser alguien ejemplar, tampoco se consideraba tan miserable y bastardo para desentenderse del bienestar de un indefenso pequeño.

Kyouya frotó su rostro con ambas manos, luego se giró a su costado izquierdo para mirar el reloj sobre el buró. La cuatro de la mañana con cinco minutos...y ya no podría volver a dormir. Completamente frustrado, el joven Ootori se quitó las sábanas de encima y se puso de pie. Como las noches anteriores, a causa de ese fastidioso sueño, tendría que darse una ducha con agua fría.

*0*0*

Los gritos alegres de los niños irrumpían la calma en aquel enorme jardín. Fuyumi Ootori sonreía mientras les dirigía a sus hijos una atenta mirada. Ellos jugaban en la orilla de la picina. Al no tener otros planes, Kyouya había aceptado de buena gana la invitación de su hermana para pasar el día en su compañía.

-¡Hajime, manténte alerta de tus hermanos!- indicó ella a su hijo mayor. Luego su mirada se dirigió al más joven de los Ootori. -¿Te apetece algo más?- preguntó, sin parar de sonreír.

-No, te lo agradezco, hermana.

-Es una pena que Makoto haya tenido que viajar estos días. Tenía muchos deseos de verte y conversar contigo.

Kyouya curvó los labios ligeramente. Su cuñado era de las pocas personas que lo consideraban alguien agradable.

-Lo es. Haz el favor de enviarle mis saludos.

-Lo haré.

Unos agudos grititos llamaron la atención de los adultos. Fuyumi negó suavemente manteniendo una tierna sonrísa.

-¡Rei, no molestes a tus hermanos!

Kyouya frunció el ceño. Sin lugar a dudas, sus sobrinos le simpatizaban, pero el hecho de que aquellos traviesos chicos fueran propensos a meterse en líos y corrieran por todos lados le provocaba dolor de cabeza. Su hermana, en cambio, era amorosa y paciente aún cuando la superaban en número.

-Hermana, ¿puedo hacerte una pregunta?

-¡Por supuesto, Kyouya!

-¿Qué hace a una mujer idealizar tanto la maternidad?

Fuyumi pareció confundida un segundo.

-¿Qué pregunta es esa, Kyo?- inquirió, ensanchando su sonrísa.

-¿Ha sido muy personal? Ruego me disculpes.

-¡No, no! ¡Nada de eso! Simplemente es extraño que hagas ese tipo de preguntas.

-Y estás en tu derecho de reservarte tu respuesta.

-No tengo ninguna objeción en responderte, te lo aseguro. Antes solo...¿está todo en orden?

-Lo está, hermana. Sólo es algo que me gustaría comprender.

-Bien, yo...en mi caso, siempre he sabido que quería convertirme en madre. Lo deseaba desde que era una niña. Fue siempre así.

-Entiendo, pero...tú no estabas enamorada de Makoto cuando se casaron.

-Lo sé. Sin embargo, no por eso iba a abandonar mi sueño de convertirme en madre. Makoto y yo nos dimos la oportunidad de conocernos aún después de casados. Me simpatizaba y tenía claro que no era un mal hombre...¿por qué no podríamos enamorarnos? Era cuestión de averiguarlo. Y ya lo ves, un matrimonio de catorce años y tres lindos niños. No hay forma de que me arrepienta de aquella decisión.

Kyouya simplemente asintió. Su hermana le estaba dando una posible solución. Él amaba a Haruhi, ella sólo quería un hijo suyo. Quizá, si el joven Ootori le daba el tiempo suficiente, si le dejaba permanecer cerca para que ambos pudieran conocerse, si tenían algo que compartir, podría funcionar.

*0*0*

Fue el lunes por la mañana cuando Kyouya decidió ir a buscarla. Aparcó su vehículo en el estacionamiento justo afuera del edificio de Fujioka y Asociados.

-¡Buen día, señor Ootori! ¡Qué gusto verlo por aquí!- saludó Arisa, la joven asistente de Haruhi.

Hacía poco más de tres años que esa chica estaba junto a Haruhi. Arisa era casi una niña y estaba en una muy complicada situación. La joven abogada no dudo en brindarle ayuda, por lo que aquella frágil y tímida muchacha sentía por ella una lealtad y admiración muy profundas. Más que una relación laboral, ambas se apreciaban como si fuesen hermanas.

-Buen día, señorita Hayashi...-

-¡Por favor! No debería tratarme con tanta formalidad. Soy mucho más joven que usted. Puede llamarme por mi nombre.

-De acuerdo...Arisa, estoy buscando a la abogada Fujioka.

-¡Oh! Lo lamento, pero Haruhi se ha tomado el día. Puedo agendarle una cita para mañana, si lo desea.

-¿Acaso se encuentra enferma?

Arisa negó suavemente y sonrió con tristeza.

-Hoy es el primer aniversario. Ha ido a visitar a su padre.

¡Mierda! ¿Cómo podía haberlo olvidado? Había pasado tan mala semana que ese importante detalle había pasado de largo.

-Lo entiendo. Te lo agradezco.

-Le informaré a Haruhi sobre su visita.

-No te molestes, yo mismo me pondré en contacto con ella. Con permiso.

Kyouya salió del edificio y enseguida subió a su vehículo. Se sentía como un estúpido por haber olvidado que, precisamente hoy, hacía un año que Ryouji había fallecido en un accidente. Fue algo de verdad trágico. El padre de Haruhi volvía por la noche de un turno de trabajo cuando un conductor ebrio lo arrolló. Ranka no fue capaz de llegar siquiera al hospital. Todos los esfuerzos por salvarle la vida fueron completamente inútiles. El joven Ootori había asistido al funeral.

Finalmente llegó al cementerio. Kyouya comenzó a caminar entre hileras de frías lápidas. Estaba seguro de recordar el camino. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, pudo ver a Haruhi inclinada frente a la tumba. Ella vestía unos jeans y una ajustada blusa con largas mangas; su cabello, que apenas bajaba hasta sus hombros, estaba sujeto por una coleta. Era un tanto extraño verla así cuando usualmente era tan elegante. Aún así, no dejaba de parecerle hermosa.

El joven Ootori caminó hasta quedar justo a lado de ella. Haruhi, al no haber advertido antes su presencia, comenzó a limpiar rápidamente las lágrimas en sus mejillas.

-¿Puedo acompañarte?- le preguntó él.

-Si lo quieres...

Kyouya se arrodilló frente a la lápida para presentar su respeto. Poco después, se puso de pie y se colocó muy cerca de Haruhi. Ella rehuía al contacto visual, manteniendo su rostro desviado hacia otro punto. Aún así, él pudo notarlo. Todo ese dolor y sufrimiento que se escondían en la amable sonrísa que veía tan a menudo.

Comprendía entonces sus razones. Haruhi se sentía completamente sola. Sí, tenía amigos y personas que la apreciaban, pero ya no había nadie más en el mundo que compartiera su sangre. Alguien a quien ella de verdad pudiera llamar familia. Alguien que esperara verla llegar a casa al final del día. Kyouya sintió una punzada de culpabilidad.

-¿A qué has venido?- preguntó ella, rescatando su atención.

-Necesitaba hablar contigo.

-Aquí estoy.

-No sé si sea algo que me gustaría decir frente a tu padre.

Haruhi sonrió levemente.

-Está muerto. Y donde se encuentra debe ser un lugar tan agradable como para que algo pueda molestarle.

Entonces Kyouya emitió un ligero suspiro.

-¿Aún quieres tener un bebé?

Ella abrió los ojos tanto como pudo, cuando se repuso de la sorpresa, su mirada se tornó nostálgica.

-Lo quiero...más que cualquier otra cosa en el mundo.

-¿Qué es lo que te hace desearlo tanto?

-¿A qué debo el interrogatorio?

-Me gustaría conocer la respuesta.

Haruhi pareció pensarlo algunos segundos, luego giró su rostro para, por fin, mirarlo a los ojos.

-Durante años, me mantuve cuidando tanto de mí misma...y...ahora quisiera entregarme a cuidar de alguien más. Alguien que me necesite. Y un hijo...sería un pequeño ser a quien yo podría amar y proteger con todo mi corazón...y correspondería a ese sentimiento. Creo...que no hay amor más sublime que el de una madre y su hijo.

Kyouya asintió.

-Cuando me lo pediste la semana anterior, hubo algunas cuestiones que en verdad me molestaron...-

-Perdóname, no era mi intención...-

-Por favor, permite que continúe. No me molestó tu petición, tampoco me molestó la lógica de tu selección. Lo que me fastidió, fue que me hayas considerado lo suficientemente inmoral para desentenderme de mi descendencia.

-No, no he pensado eso en lo absoluto.

-¿Ah, no? ¿Y cómo podrías entonces calificar a un hombre que abandona a una mujer estando embarazada de su propio hijo?

-Insisto en que no ha sido eso. Entiendo que mi propuesta te pone en gran riesgo. Si alguien supiera que eres el padre, podría significar un enorme escándalo para ti, lo cual afectaría tu buen nombre y quizás afecte también tu jerarquía. Además, posiblemente tu familia te exigiría una boda y no es mi idea, ni para ti ni para mí. Te reitero que no quiero una relación.

-¿Y si quisiera estar cerca de mi hijo?

-No te lo impediría, de verdad. Podríamos criar a un bebé manteniendo una estrecha amistad y sin comprometernos mutuamente. Sin embargo, sabes que eso no es posible para alguien que tiene tantas miradas encima, como es tu caso. Por eso sugerí la distancia.

-Deja que yo me ocupe de eso, ¿quieres?

-Entonces...¿tú vas a..?

-Aguarda. Antes de darte mi respuesta, quiero poner una serie de condiciones.

-Te escucho.

-Aceptarás cualquier cosa que yo te ofrezca. Recursos, transporte o cualquier otra cosa que esté a mi consideración que puedas necesitar.

-Podemos discutir esas cuestiones, si en verdad es algo que requiera, lo aceptaré.

-De acuerdo. El segundo punto: me permitirás estar cerca de tí a lo largo del embarazo. Me dejarás cuidarte.

-Kyouya, eso no...-

-Es parte del trato. Puedes tomarlo o dejarlo.

-Bien...creo que podríamos si nos mantenemos con discreción.

-Por último, quiero estar presente en la vida del niño, verlo crecer.

Ella apretó los labios y bajó la mirada. Sabía que debía darle una respuesta pronto.

-Está bien. Sólo...te pido que lo mantengamos entre nosotros un tiempo. El resto se enterará cuando sea conveniente.

-Entonces, acepto darte ese hijo que tanto deseas.

Haruhi estaba tan conmovida que había comenzado a llorar mientras susurraba su agradecimiento. Kyouya tan solo podía mirarla con aire ausente. Estaba decidido a hacer que en aquellos meses, ella pudiera corresponder a sus sentimientos.

*0*0*

Hasta aquí el capítulo de hoy. Ojalá sea del agrado de tod s ustedes.

Muchas gracias a quienes se toman la molestia de leer, a quienes han decidido poner esta historia en favoritos y a

sariahendrick: jajaja sí, algo habrá de eso. Ojalá te agrade. Saludos.

mutemuia: así es amiga, volví. Espero que te guste esta idea. En cuanto a tu observación...es verdad, no se lo dijo con exactitud...pero se lo dio a entender. Como sea, Haruhi considera algo engorroso aquello de una inseminación en laboratorio...así que ya sabes que sigue. Saludos.

cristianrey1980: te agradezco que te tomes el tiempo. Me alegra que te haya gustado. Saludos.

okita kagura: es necesario para el desarrollo de la historia. Ya lo verás. Saludos.

Gracias por sus reviews. Espero con mucho gusto los siguientes.

Nos leemos pronto...