Capítulo 1:

Septiembre

El cielo de Londres estaba gris, las nubes se amontonaban unas encimas de otras amenazando con lluvia aunque solo provocaban una humedad que conseguía que hiciera calor.

Paul Levesque iba ataviado con un traje de chaqueta oscuro y una camisa blanca un poco desabotonada; no llevaba corbata. Conduciendo por las calles iba de camino al prestigioso Colegio de la ciudad, había sido contratado como profesor de Historia. Estaba en América cuando recibió la noticia y ni se lo pensó dos veces, aceptó. No podía perder esa oportunidad.

Llegó al enorme edificio, que era como un castillo. Aparcó donde se le había asignado y subió al despacho del rector. Había sido citado allí para hablar de los horarios de las clases y de su sueldo.

Llamó al despacho con los nudillos.

- Adelante. – dijo una voz autoritaria

- ¿Se puede, Sr. McMahon? – preguntó Paul asomando la cabeza.

- Por supuesto, pase, pase. Usted debe de ser Paul Levesque, mi nuevo profesor de Historia.

Paul le estrechó la mano que le tendía. Vince Mcmahon era alto, ancho de hombros y de gesto tosco. Tenía el pelo canoso e iba arreglado con un traje de cuadros. Aparentaba tener menos de la edad que tenía.

- El mismo. – respondió Paul dándole el apretón de manos. – Es un placer conocerle, Sr. Mcmahon.

- El placer es mío Sr. Levesque. He leído artículos suyos al igual que leí su libro sobre la historia de este país, así que me vi obligado a contratarle. – le dijo el rector sentándose e indicándole a Paul que lo hiciera.

- Y me alegra de que lo haya hecho, me honra estar en este prestigioso colegio. – Halagó Paul.

Mcmahon sonrió, durante la siguiente media hora estuvieron hablando sobre los horarios, los cursos a los que impartiría clase y el sueldo.

- Bien Sr. Levesque, puede ir a su despacho e instalarse. Esta noche habrá una cena donde podrá conocer al resto de profesores y el lunes, comenzará el curso. – informó

Paul asintió, de nuevo estrechó la mano de Vince y salió del despacho. Bajó al aparcamiento y cogió su maleta, miró al gran edificio. Sonrió feliz.

Tenía todas las tecnologías que se pudieran desear y tenía un gran equipamiento, pero el aspecto antiguo que tenía su fachada e interiores era memorables.

Llegó a su despecho; tras la puerta que había detrás del escritorio, había una habitación parecida a un salón, con una chimenea y un sofá enfrente de ella, con dos butacas a los lados. En las paredes había estanterías repletas de libros y una cristalera donde se veían copas y botellas de diferentes licores.

Abrió de nuevo la puerta situada a la izquierda y se encontró con su cama. Grande, con un edredón y sábanas de colores claros. También había una ventana cerca, grande. Se asomó a ella y vio el paisaje, veía el lago que quedaba detrás del colegio y justo detrás de este, el campo de fútbol donde se impartía gimnasia.

Colocó la ropa en la cómoda que había en la misma habitación, al igual que fue dejando sus pertenencias por la misma. Sobre las 9.30, bajó a la cena.

Entró en el comedor donde había una larga mesa, numerosas sillas, cubiertos y platos. Vince se encontraba allí, charlando con el profesor de Filosofía, el Dr. Ric Flair.

Ese sí que era una eminencia, pero le daba vergüenza presentarse temiendo a no estar a su altura, como para poder interrumpirle una conversación con el rector.

- ¡Hola, Sr. Levesque! – exclamó Mcmahon al verle – Perdona Ric, mira, éste es Paul Levesque, el nuevo profesor de Historia.

- Encantado de conocerle, Sr. Levesque. – dijo Flair – Leí sobre usted, es un gran profesor.

- No más que usted. – dijo Paul estrechándole la mano – He leído desde siempre todos sus artículos y son perfectos.

- Que va hombre… - dijo Flair sonriendo.

Paul le devolvió la sonrisa y Mcmahon le presentó a la persona de su derecha, Linda Mcmahon, profesora de Química.

Poco a poco fueron llegando los profesores, y Mcmahon se los fue presentando.

Se sentó a la derecha de un hombre bastante alto con bastante musculatura, el pelo negro y los ojos verdes claro. Se llamaba Mark Calaway y enseñaba ingeniería informática.

A la izquierda de Mark había un hombre bastante más pequeño que este, tenía rasgos latinos y enseñaba Filología Española; su nombre era Óscar Gutiérrez.

Todos se pusieron a cenar, todos excepto…

Un hombre irrumpió en el comedor. Iba colorado de ir corriendo y un poco despeinado, cosa que arregló atándose una coleta.

- Hombre Shawn…. Creía que ya no llegabas… - murmuró Vince cuando lo vio llegar.

- Yo tampoco creí que fuera a llegar. ¿Esto ha cambiado de sitio? Es que me he vuelto a perder…. – dijo Shawn.

Todos los profesores rieron, Paul sonrió un poco. Shawn iba ataviado con unas bermudas hasta las rodillas de cuadros y una camiseta de manga corta, dejando ver un tatuaje que tenía en el brazo izquierdo. Se sentó al lado de Paul, el único sitio libre.

- ¡Hola! – saludó emocionado a Paul estrechándole la mano - ¡Soy Shawn Hickembottom, profesor de Bellas Artes! ¡Encantado!

- Encantado soy Paul Levesque, profesor de Historia. Encantado Sr. Hickembottom… - dijo Paul sorprendido por la efusividad de su compañero.

- Nananana…. Llámame Shawn, mejor Shawn que Michaels así que Shawn. – dijo éste.

- Está bien… Shawn. – dijo Paul.

Shawn sonrió y comenzó a comer como un loco.

- Perdónele Sr. Levesque, pero Shawn no es que haya sido muy presentable… Pero me es imposible despedirlo… Es un excelente profesor.

- Oich que cosas me dices, Vince… - dijo Shawn fingiendo sonrojarse.

- Lo ves… Eso era lo que te decía… - dijo Vince señalándole con el tenedor.

Paul rió mirando a Shawn de reojo. Este le miró; tenía una mirada espectacular, con unos ojos azules, que podría mirar sin hartarse y con una expresión única.

- Y ¿de dónde eres, Paul? – preguntó Shawn haciendo volver al aludido a la realidad.

- Eh… Yo nací aquí, pero me he criado en América. – dijo Paul.

Shawn asintió y siguió engullendo.

- ¡Gente! – dijo cuando terminó de comer – Me voy a sobar. – Y se fue.

- Este hombre siempre informando de lo que hace… - murmuró Glen Jacobs, profesor de Física.

- ¿Ah, sí? – preguntó Paul interesado - ¿Siempre lo hace?

- Sí… Por lo que cuentan sus alumnos, hay veces que deja una clase a medias diciendo que va a mear… - explicó Glen riendo.

Paul también rió, terminó de cenar y también fue a sus habitaciones. Tenía que dormir; la diferencia horaria era una porquería. Se durmió feliz porque tenía un gran trabajo, un trabajo del que iba a disfrutar muchísimo.