Capítulo 7 - La tempestad

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Advertencia: Contenido adulto. Lean bajo su propio riesgo.

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Haruhi sonreía tranquila mientras permanecía sentada sobre la cama de hospital. Chiharu sostenía a Tadashi en sus brazos. Mori, Mitsukuni, Umi y los gemelos la rodeaban para contemplar al bebé.

-¡Vaya! ¡Es adorable!- dijo la esposa de Takashi.

-¡Es tan lindo!- agregó Umi.

-Tiene el cabello oscuro.- observó Hikaru

-Definitivamente, no tiene los ojos de su mamá. Son grises.-indicó Mitsukuni.

-Pues, por si no lo notaste antes, no se parece en nada a Haruhi.- respondió Kaoru.

-Esos rasgos...me parecen un tanto familiares. Estoy seguro de haberlos visto antes.- continuó el mayor de los Hitachiin.

-¡Tonterías, Hikaru!- replicó Chiharu. -Los recién nacidos aún no tienen similitudes con alguno de sus padres. Sus rasgos no están lo suficientemente definidos.

En tanto la discusión continuaba, Haruhi se recostó sobre la cama. Sus pensamientos iban dirigidos a Kyouya. Quería poder gritarles a todos que él era el padre de su hijo y que pasar juntos por la experiencia de la paternidad había transformado algo en su corazón. El heredero Ootori había hecho más que solo contribuir a la concepción. Había sido un verdadero compañero, protector, cariñoso, comprensivo. Cualidades que cualquier mujer podría llegar a apreciar. Y no solo eso, a lo largo de aquellos meses, Haruhi lo había reconocido como un ser humano con sentimientos nobles. Llevaban años de conocerse, de permanecer cerca...¿por qué no había sido capaz de verlo antes? Sin duda, de haberlo elegido a él desde el principio, su vida hubiese sido muy distinta.

Ella no terminaba de comprender qué era lo que sentía por Kyouya. Era algo más que una simple amistad, eso le quedaba claro. Y más allá de que ahora compartían la responsabilidad de un hijo, Haruhi había descubierto que estar cerca del heredero Ootori le provocaba una extraña sensación en el pecho y que su sola presencia le hacía sonreír. Quería tocarlo, sentirlo. Quería esas conversaciones que terminaban por hacerlos sonreír. Quería borrar de su rostro aquel semblante frío que sabía que no era más que una careta, porque el corazón de ese hombre era muy cálido.

Con todo aquello, ¿podría afirmar que lo amaba? No tenía la certeza. Su experiencia en el amor se reducía a ese fracasado matrimonio. No deseaba adelantarse a nada. Además, tampoco sabía si Kyouya le correspondía. Si algo debía suceder, se lo dejaría al tiempo.

El suave llanto de Tadashi irrumpió todo a su alrededor. Chiharu se levantó del sofá y se aproximó a la cama para dejar al niño en los brazos de su madre.

-Debe estar hambriento. Será mejor que nos retiremos para que puedas alimentarlo.

-Les agradezco su visita.

-Para nada, querida. No nos perderíamos esto.

Haruhi sonrió.

-Por cierto, Haruhi, Kyouya te ha enviado sus felicitaciones. Le llamé esta mañana...se escuchaba exhausto. Dijo que conocerá al bebé en cuanto tenga oportunidad.- comentó Mitsukuni.

-Eso de ser el jefe parece trabajo duro, ¿eh? Kyouya no ha asistido a ninguna de nuestras reuniones en casi un año. De lo que se ha perdido.- expresó Kaoru.

-Bien, ya basta. Tadashi necesita comer. Salgamos de aquí.- concluyó Chiharu.

Cuando abandonaron la habitación, Haruhi le ofreció el pecho a su hijo. El bebé se aferró a su pezón y comenzó a succionar con avidez. Ella sonrió. Kyouya estaba ahí...todo el tiempo estuvo ahí.

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Haruhi sonrió al notar la seguridad y la confianza con la que Kyouya cargaba a Tadashi. Y pensar que hacía solo un par de meses se mostraba renuente por miedo a pensar que podía lastimarlo. Apenas podía dejar de mirarlos. Amaba ver el rostro amable del joven Ootori cuando sostenía a su bebé. De seguro, ni él mismo se daba cuenta de ese detalle.

Kyouya se aproximó hasta el sofá en el que Haruhi permanecía sentada, llevando a su hijo en brazos. Ella los recibió con una sonrísa.

-¿Comenzarás a llenarte de trabajo tan pronto?- preguntó él al ver los expedientes sobre la mesa de centro.

-Debo ponerme al corriente con los casos que estamos llevando antes de regresar.

-¿Necesitarás ayuda con Tadashi?

La joven dirigió su vista hacia su pequeño, quien miraba atentamente a su padre mientras mantenía una de sus manitas dentro de su boca.

-No, lo llevaré conmigo a la oficina.

-No dudes en informarme si necesitas apoyo con su cuidado.

-Te lo agradezco. Espero que no sea necesario.

Estuvieron en un pacífico silencio durante algunos minutos. Resultaba cómodo. Ellos tres en una singular armonía.

-Tadashi duerme.- anunció Kyouya, acariciando una de las suaves mejillas de su hijo.

-Lo llevaré a su cuna.

-Permíteme llevarlo.- sugirió él.

Haruhi asintió con una sonrísa y los miró mientras se alejaban. Continuó revisando documentos, aunque en realidad, no podía concentrarse en ellos. Luego de varios minutos, el heredero Ootori regresó.

-Creo que ya debo irme.

-Aún es temprano. ¿Quisieras cenar algo?

-No, te lo agradezco. No me apetece. Además, tienes mucho por hacer.

-No...yo...en realidad podría dejarlo para más tarde. Me gustaría mucho que me acompañaras.

-¿De verdad?

Ella asintió.

-Si lo quieres, me quedaré.

Haruhi se levantó de su asiento y se dirigió a la cocina. Kyouya la siguió. Ella encendió el fuego y comenzó a preparar té.

-¿Qué tal las cosas con Tadashi ultimamente?- preguntó él. Su mirada parecía ausente.

-Comienza a dormir un poco más por la noche. Despertará aproximadamente en cuatro horas para tomar el pecho. Luego volverá a dormir.

-Parece que ya ha establecido una rutina conveniente.

-Es muy pequeño apenas. No hay una rutina que aún pueda seguir. Pero es un bebé bastante dócil. ¿Eras así a esa edad?

Kyouya se encogió en hombros.

-Mi madre no es de las que suele contar anécdotas de aquellos días. De hecho, ni siquiera es de las que tienen un tiempo para conversar de un modo cordial con su familia.

-Debe haber sido difícil para ti.

-Era demasiado joven cuando me acostumbre a la ausencia que conllevaba su glamurosa vida. Mi hermana y los sirvientes se hicieron cargo de mí. Por lo menos hasta que cumplí siete.

La imagen de ese pequeño y solitario niño de siete años inundó la mente de Haruhi.

-No ha sido tan malo como crees.- Kyouya sonrió con suficiencia. -Me ha permitido sobresalir en mi mundo.

Ella dio un par de pasos hasta llegar a él, luego lo envolvió en un abrazo que el joven no dudo en corresponder.

-No tiene que ser así estando aquí. Conmigo no hay necesidad que seas esa persona. Puedes ser el Kyouya que he elegido como padre de mi bebé. El que ha estado junto a mi todo este tiempo.

-Haruhi...

La joven se separó de él, lo suficiente para mirarlo a los ojos. Los ojos del heredero Ootori tenían un rastro de gratitud. Ella lo sujetó por la nuca y lo acercó a sus labios. Se besaron después de dos meses de haberlo hecho por primera vez. Ahora sus labios se frotaban con urgencia, con deseo. Con la necesidad de estar muy cerca uno del otro. Decidieron separarse cuando el aire comenzó a hacerles falta.

Las mejillas de Haruhi estaban ligeramente enrojecidas. Acarició con lentitud el pecho de Kyouya por encima de la camisa. Él lanzó una pesada respiración y luego tomó las manos de la joven entre las suyas.

-¿Estás bien con esto?- preguntó el heredero Ootori.

-Lo deseo, Kyouya. Quiero...estar contigo.

Ahora fue él quien la besó. Con firmeza y pausado, como siempre había querido hacerlo. Sintiendo que finalmente le pertenecía en verdad. Sus labios continuaban unidos mientras se dirigían a la habitación de ella. Sin separarse, cerraron la puerta tras ellos. Kyouya se dispuso a encender la luz.

-No.- le pidió Haruhi. -Déjalo así.

-Quiero verte.- explicó él.

-Pero...-

-No hay ningún problema con tu cuerpo. Has dado vida. Para mí es hermoso.

Muy a su pesar y con el rostro aún más ruborizado, la joven permitió que iluminara un poco el dormitorio. Kyouya sonrió ligeramente y comenzó a desnudarla. Sujetó el borde de su blusa y la levantó para quitarla. Cuando la prenda quedó sobre sus brazos, Haruhi terminó de deshacerse de ella. El heredero Ootori dirigió entonces su mirada a los pechos de la madre de su hijo. Su sonrísa se ensanchó.

-Han crecido.

-¡Kyouya!- replicó escandalizada mientras intentaba cubrirse. Él la detuvo.

-Me gustan. Me gusta lo que veo.

Con un experto movimiento, Kyouya le quitó el sostén, liberando aquellos senos que se moría por tocar. Cuando lo hizo, Haruhi casi gritó. El notó que unas pequeñas gotas comenzaban a deslizarse desde los pezones. La joven desvió el rostro, bastante avergonzada. El heredero Ootori deslizó su lengua por el rastro líquido.

-Comprendo ahora por qué a Tadashi le agrada tanto.

Antes de que ella pudiera hacer algún reclamo, los labios de Kyouya se aferraron a uno de los pechos, succionando. Haruhi comenzó a gemir.

-¡Aaah! ¡Basta...Kyouyaa! ¡Eso...es de tu hijo!

Él se detuvo. Mientras la joven se retorcía de placer por aquel acto, Kyouya la había despojado de su pantalón, dejándola únicamente en bragas. El heredero Ootori dirigió una de sus manos a la suave intimidad femenina.

-Vaya. Ya estás muy húmeda.- dijo él, acercándose a los labios Haruhi. Su voz estaba cargada de excitación.

Entonces Kyouya comenzó a desabotonarse la camisa.

-Déjame ayudarte.- casi le exigió ella, haciendo la labor con urgencia.

Volvieron a besarse mientras él se deshacía de su ropa. Cuando su torso estuvo desnudo, la joven lo acarició con ansiedad, deseando sentirlo bajo sus palmas. Una de sus manos subió hasta quedar entre la nuca y el cuello masculino. Lo arañó ligeramente y Kyouya gruñó contra su boca.

-Te advertí que no lo usaras en mi contra.- le recordó mientras le sujetaba ambas manos y la guiaba hacia la cama. La depositó ahí con cierta brusquedad.

Haruhi lo miró con un brillo de anticipación cuando él le quitó la ropa interior. Kyouya ya se encontraba desnudo por completo y mostraba una tremenda erección. Sin darle tiempo de reaccionar, él le abrió las piernas y dirigió su rostro hasta el sexo de la joven. Ella lanzó un gemido prolongado. ¡Por todos los cielos! Kyouya definitivamente sabía lo que estaba haciendo.

Cada gemido contenía su nombre. El heredero Ootori no podía sentirse más motivado. Cada caricia que él le proporcionaba con sus labios la arrastraban a una espiral de placer. La manera en la que los dedos femeninos le sujetaban el cabello le anunciaba que pronto alcanzaría un orgasmo. Cuando llegó a la cima, ella lo llamó en una erótica súplica. Sin esperar a que ella recuperara el aliento, Kyouya la penetró.

Comenzaron un ritmo lento pero constante. Él cerró los ojos, disfrutando las sensaciones que les producía aquel vaiven. El interior de Haruhi lo oprimía y lo reclamaba de un modo tan delicioso que resultaba imposible pensar que hacía tan poco tiempo habia dado a luz. Kyouya apretó la mandíbula y aumentó la velocidad de sus embestidas. Ella se aferró a las sábanas.

-Estoy...estoy cerca..¡Aaaaah!... sigue...¡Aaaaaaaaah!

Haruhi se dejó ir. Kyouya meció sus caderas un par de veces más antes de salir de su intimidad y derramar su semilla sobre el estómago de su compañera. Luego se desplomó en la cama, justo a lado de ella.

-Ha sido increíble.- le susurró la joven, sonriendo cansada.

-Lo fue.- coincidió el heredero Ootori antes de besarle los labios.

Cuando el beso terminó, Haruhi se levantó del lecho. Luego se dirigió al cuarto de baño.

-Iré a asearme. Tadashi no tardará en despertar.

Kyouya se limitó a asentir. Ella dudó un momento antes de entrar.

-¿Quieres...acompañarme?

-¿En la ducha?

-Sí.

Él sonrió con tranquilidad. Entonces se levantó de la cama y fue tras ella.

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Kyouya aparcó el auto frente al despacho juridico. Recorrió sin problemas el camino hasta la oficina de Haruhi. Era la hora del almuerzo y sintió deseos de verla a ella y a su hijo. Al llegar a la recepción, le sorprendió no encontrar a Arisa en el sitio de siempre. Esperó algunos minutos pero ella no regresó. Asumió que quizá se había ido ya a almorzar.

Llamó suavemente a la puerta de la oficina un par de veces. Al abrir, se encontró a la joven asistente con Tadashi en sus brazos. El bebé bebía de una mamila. Haruhi se encontraba dormida sobre un sofá. Lucía realmente agotada.

-¡Señor Ootori! Le ofrezco disculpas. Tadashi comenzó a llorar y he venido a verle. Haruhi está exhausta y preferí dejarla dormir un poco más.

Él se limitó a asentir.

La joven procedió a palmear la espalda del niño en cuanto hubo terminado su leche. Luego se dispuso a cambiarle el pañal.

-Lo haces bien. Pareces tener experiencia con bebés.- señaló Kyouya.

Entonces la joven esbozó una sonrísa triste.

-Yo tuve un hijo, señor Ootori. Tenía diecisiete años cuando le di a luz.

-Lo siento. He sido imprudente.

-No se preocupe. Usted no lo sabía. De cualquier modo, él debe estar mucho mejor ahora. Nació prematuro. Mi marido era un hombre violento y solía golpearme. Cuando me decidí a dejarlo, Haruhi fue quien me ayudó. Cubrió los gastos médicos de mi bebé y nos dio un hogar...pero mi hijo tenía una salud muy delicada. Murió antes de cumplir seis meses.

-Lo lamento.

-Fue duro...pero fue Haruhi quien me impulsó a seguir. Le debo tanto que jamás podría terminar de agradecerle. La aprecio y la respeto como si fuera de mi familia.

Kyouya miró entonces a esa mujer durmiendo sobre el sofá. Nunca había tenido dudas acerca de su nobleza. Sin embargo, en aquel momento la admiraba y veneraba aún más. Ella nunca dudaba en dar todo de sí misma sin esperar algo a cambio. Arisa se acercó a él y le ofreció al bebé.

-Supongo que ha venido a estar con Haruhi y Tadashi. No lo interrumpiré más. Estaré afuera.

El heredero Ootori sostuvo a su hijo y comenzó a frotarle suavemente la espalda.

-¿Qué te parece si vigilamos el sueño de mamá un rato más?

El pequeño balbuceó ante la mirada atenta de su padre. Kyouya sonrió.

-Sabía que estarías de acuerdo.

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-¿Quién es un niño precioso? ¡Tú lo eres, Tadashi!

Chiharu sostenía al bebé, haciéndole cosquillas, provocándole una alegre carcajada.

-Insisto en que Tadashi me recuerda a alguien. Sólo que no logro averiguar a quien.- dijo Hikaru.

-Ya deberías dejarlo, hermano. No has logrado recordarlo en seis meses.

El mayor de los gemelos soltó un suspiro de frustración.

Esa tarde, celebraban su reunión en un restaurante de la ciudad. Takashi y su esposa habían propuesto aquel lugar. Aunque no se lo habían dicho a nadie, la elección se debía a que aquel sitio había sido testigo de su primera cita.

-Cariño, ¿no crees que es hora de darles la noticia?- sugirió Chiharu.

Mori la miró con aire distraído.

-Ah, claro. Vamos a ser padres.- anunció Takashi con su acostumbrada serenidad.

-¡Es maravilloso!

-¡Felicitaciones!

-¡Ya era hora!

El ambiente continuó entra risas y animadas charlas, tal y como siempre. Luego de un rato, Haruhi tomó a su hijo y llevó una pañalera en otra mano. Se puso de pie.

-Regreso en un momento. Tadashi necesita un cambio de pañales.

La joven abogada se dirigió al sanitario con su bebé en brazos. Cuando terminó su labor, cruzó la puerta del servicio y camino algunos pasos.

-¿Señorita Fujioka?

Haruhi giró hasta encontrar al propietario de aquella voz. Palideció enseguida. Yoshio Ootori se acercaba a ella.

-¡Cuanto tiempo, abogada Fujioka!

Ella hizo una torpe reverencia, apretando a Tadashi contra su cuerpo.

-Señor Ootori.

-¡Vaya! No sabía que se habia convertido en madre.

-Si...yo..-

Justo entonces, el bebé giró su rostro hacia aquel desconocido. Yoshio se paralizó al notar los rasgos del pequeño. ¡No, eso no podía ser! De inmediato recuperó la compostura.

-Es curioso. Por un momento creí ver...algo familiar. No la interrumpo más, señorita Fujioka. Ha sido un gusto saludarla. Hasta luego.

Después de una elegante reverencia, el padre de Kyouya se alejó de ellos. Entonces Haruhi sintió la sangre correr de nuevo por sus venas. Las piernas le temblaban para cuando regresó a su mesa.

-¿Era el papá de Kyouya? ¡Que coincidencia!- exclamó Mitsukuni.

-Por cierto, ¿cual ha sido la excusa de Kyouya esta vez?- inquirió Hikaru.

-Está de viaje por negocios.- respondió Mori.

La mente de Haruhi se devió de la conversación. Se encontraba aturdida aún. Algo dentro de ella se lo decía a gritos: Lo había visto. ¡Yoshio Ootori lo había visto!

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Era domingo por la mañana. Haruhi preparaba una papilla para Tadashi en la cocina. Acababa de terminar una llamada con Kyouya. Él todavía se encontraba fuera del país. Habian mantenido una conversación bastante agradable, tanto así que ella decidió no mencionar el incidente en el restaurante.

El bebé jugaba tranquilamente sobre su sillita alta mientras su madre continuaba con su tarea. El móvil de Haruhi comenzó a sonar de nuevo. Ella tomó el aparato.

-Debe ser papá otra vez. Quizás olvidó decirme algo.- le indicó a su hijo mientras le acariciaba una mejilla.

-¿Diga?

Cuando la persona al otro lado de la línea habló, el corazón de Haruhi comenzó a latir fuertemente.

-Tamaki.- susurró.

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¡Y hasta aquí el capítulo de hoy! Nos encontramos ya muy cerca del final. Ojalá les agrade.

De nuevo, agradezcoba quienes leen y a:

mutemuia: amiga, espero tus impresiones de este capítulo. Un abrazo.

sariahendrick: gracias por tus preciosos comentarios. Ojalá te guste el capítulo.

Nos leemos pronto...