Capítulo 8 - Revelaciones
*0*0*
-Tamaki.-susurró.
-Hola, Haruhi.- la voz del rubio sonaba un tanto apagada.
-¿Para qué has llamado?
-Necesitaba escucharte.
Había algo raro con él. Ella podía sentirlo.
-¿Qué ocurre, Tamaki?
-Siempre fui transparente para ti, ¿cierto? Incluso ahora, no soy capaz de engañarte.
-Pues...según nuestro acuerdo de divorcio, no es así.
Tamaki soltó una risita amarga.
-No me riñas ahora, Haruhi. No ahora.
-Dime qué sucede.
-Es mi madre, ¿sabes? Mi madre...acaba de fallecer.
Haruhi se llevó una mano a la boca para ahogar un gemido. En cuestión de segundos, algunas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.
-¡Lo siento! ¡Lo siento tanto!
-Tal vez era lo mejor. No padecerá más. Su semblante luce...tan pacífico. Parece un ángel.
-Yuzuru...¿cómo está él?
-Papá...papá está...devastado.
-¿Puedo hacer algo?
Justo entonces, Tadashi lanzó un grito de protesta. Estaba hambriento y reclamaba su desayuno. Tamaki lo escuchó.
-Es tu hijo, ¿no es así? Hikaru me lo ha contado.
-Sí.
-Quisiera pedirte...que me acompañes al funeral.
-Tamaki, no creo que sea posible. Tengo un bebé a quien cuidar.
-Por favor, sabes que mamá te amaba como a una hija. No me perdonó que nos hayamos divorciado.
-Pero, Tamaki...-
-Jamás volveré a pedirte otra cosa. Acompáñame a darle el último adiós a mi madre...por favor.
La voz del rubio sonaba rota. Estaba sollozando. Haruhi apretó el aparato en sus manos.
-Está bien. Prepararé mis cosas y tomaré el primer vuelo disponible a París.
*0*0*
Apenas había puesto un pie en el aeropuerto de Tokio y su padre ya lo esperaba junto a Tachibana en el auto. Kyouya se tensó al ver a Yoshio ahí, sin embargo, hizo una respetuosa reverencia y subió con él a la parte trasera del vehículo. En vista de la hora, el patriarca Ootori había dispuesto que fueran a desayunar. Solo ellos dos. Algo no parecía marchar bien.
-¿Qué tal el viaje?- le cuestionó a su hijo, una vez que estuvieron sentados a la mesa de un restaurante.
-Ha ido bien, padre. Cerramos el negocio con los Takagawa.
-Es muy satisfactorio escuchar eso. Has hecho un excelente trabajo.
-Te lo agradezco, padre.
-Veo que no me he equivocado en mi decisión. ¿Alguna vez te preguntaste por qué te elegí a tí como mi sucesor?
-Cuestionar tus decisiones no es algo que me corresponda, padre.
-Verás, más que el hecho de que seas bastante capaz, te convertiste en alguien digno de mi confianza. Y como sabrás, eso es bastante mérito.
-Y lo agradezco, padre.
-Lo menos que esperaría de tí es que correspondieras a dicho gesto. Espero que lo tengas muy en cuenta, Kyouya.
El menor de los Ootori tensó la mandíbula. Las palabras de Yoshio le desconcertaban.
-Pierde cuidado...padre.
Un camarero llegó a la mesa y colocó un par de tazas para luego verter café dentro de ellas. Enseguida se marchó. El patriarca Ootori dio un sorbo a su bebida.
-Por cierto, no he podido evitar recordar hace algunos días a esa amiga tuya, la señorita Fujioka. ¿La has visto últimamente?
¡Mierda! Yoshio sabía algo. Estaba seguro. ¡Mil veces mierda!
Kyouya se esforzó por mantener la compostura. Bebió un poco de café y luego devolvió la taza a su sitio.
-La he visto poco. No hemos coincidido desde hace meses.
-Qué desafortunado. Entonces supongo que no conoces a su hijo.
La mirada del heredero Ootori se endureció.
-¿Tienes algo que decirme Kyouya?
-En lo absoluto, padre.
Inesperadamente, Yoshio se puso de pie y proyectó un puño sobre la mejilla de su hijo. Las gafas del menor de los Ootori cayeron al suelo. Sin perder la dignidad, el joven se levantó de su asiento y recogió los anteojos. Luego volvió a sentarse. Su mejilla izquierda estaba enrojecida y un hilo de sangre salía de la comisura de su boca. Yoshio había arreglado sus ropas antes de tomar su lugar. Con discreción, frotó sus nudillos adoloridos con la mano contraria. Algunos presentes miraban la escena.
-¡No te atrevas a tomarme por idiota, muchacho! ¿Creíste que no me daría cuenta? ¡Soy tu padre!
-Lo sabes, ¿entonces que es lo que quieres que te deje claro?
-¿Qué has pretendido al ocultarlo todo este tiempo?
-No he pretendido nada. Criamos a nuestro hijo sin estar juntos. Sólo es eso.
-¿Es que cometiste una estupidez al igual que un adolescente? ¿Es eso?
-Ambos somos responsables y maduros. Planeamos tener a ese bebé.
-¿En la clandestinidad? ¿Acaso eres un maldito rufián? Nuestro círculo te hará pedazos si lo llegan a saber. ¿Te has puesto a pensarlo?
-Me tiene sin cuidado.
-¿Te tiene sin cuidado el prestigio de nuestra familia? ¡Eres un desconsiderado imbécil!
-¿Qué más me da? No vivo para complacer a nadie. Ni siquiera a ti.
-¡Cuida tus palabras, muchacho! Más te vale hacer algo al respecto. Cásate con ella y reconoce a tu hijo como el Ootori que es. Si no lo haces, me encargaré de quitarle a ese niño. Sabes que tengo las influencias para hacerlo.
-No te atrevas siquiera a intervenir. Que seas mi padre...no te da el derecho.
-Jamás desperdició mis palabras. Más te vale tenerlo en cuenta.
Yoshio Ootori se levantó finalmente de su asiento y sin más, se marchó. El cuerpo de Kyouya se estremecía de rabia.
*0*0*
Kyouya se presentó al edificio de la Corporación Ootori más tarde. Sólo después de haberse dado un baño y curar la herida en sus labios, en lo cual no había tenido mucho éxito. Un visible hematoma se formó en el exterior de la boca y parte de la mejilla. Aún así actuó con la mayor naturalidad posible.
-Señor Ootori.- su asistente lo llamaba mientras se acercaba a él. -¡Dios mío! ¿Qué le ha sucedido? ¿Se encuentra bien?
-No es nada. Estoy bien. ¿Hay alguna novedad?
-El señor Suou llamó ayer. La señora Anne...falleció. Me di a la tarea de ordenar un envío de flores en su nombre.
El joven Ootori sintió un ligero malestar. La madre de Tamaki había muerto. Él debía estarlo pasando terrible. Luego de algunos segundos, Kyouya entró a su oficina. Sin perder tiempo, tomó su móvil y marcó a Haruhi. Por alguna razón, no se lograba establecer la llamada. Desistió de su intento y decidió marcar a su oficina.
-Oficina de Haruhi Fujioka, ¿en qué puedo ayudarle?- respondió la asistente.
-Arisa, me gustaría hablar con Haruhi, ¿me comunicas con ella?
-Ella...no está aquí ahora.
-¿Cuando volverá?
-No...no lo sé en realidad.
-¿Hay algo que necesite saber? Te noto un poco alterada.
Hubo unos instantes de silencio. La joven pareció dudar.
-Haruhi...se fue ayer a París.
-¿A París?
¡Claro! Había corrido a consolar a Tamaki. ¡Qué idiota se sentía!
-Sí, la señora Anne...
-Ya estoy enterado.- le cortó Kyouya. -¿Mi hijo?
-Tadashi está bajo mi cuidado. No se preocupe.
Sola...estaba sola junto a él. ¡Por supuesto!
-Iré más tarde a verlo.
-¿Quiere dejarle algún recado a Haruhi?
-No.
Y sin más, Kyouya terminó la llamada.
*0*0*
Uno a uno, los asistentes a los funerales de Anne Sophie Grantaine comenzaron a marcharse. Haruhi miraba la lápida con melancolía. Aunque habían permanecido distanciadas por obvias razones, ella le había tenido un gran afecto a aquella mujer. Fue casi como una segunda madre. Sin haberlo advertido, una de mas manos de Tamaki se posó sobre su espalda con suavidad.
-Se han llevado a papá a casa. Sólo quedamos nosotros...vámonos.
El joven Suou le ofreció su brazo y ella lo tomó. Sabía que ese tipo de gestos eran bastante naturales en él. Comenzaron a caminar hacia la salida a un paso muy pausado.
-Te agradezco mucho que hayas venido.
-Sabes que la adoraba.
-Y ella a ti. Lo sé.
Dieron algunos pasos más en silencio.
-¿Me acompañarías a beber algo?
-Tamaki, no lo creo conveniente.
-Por favor, puede que sea la última vez que nos veamos.
-No seas tonto, no digas eso.
-Mi vida giraba en torno a ella. Desde que nos divorciamos, mis obligaciones como el heredero Suou y cuidar de mi madre eran lo único para mí.
-Yuzuru te necesitará ahora más que nunca.
-Tienes razón.
Volvieron a permanecer callados. Se encontraban ya muy cerca del auto de Tamaki.
-¿Podrías...aceptar mi invitación? Anda...por los viejos tiempos.
Haruhi lanzó un profundo respiro de resignación.
-Iré contigo.
El rubio le abrió la puerta del pasajero y le ayudó a subir. Luego se apresuró a tomar su lugar. El auto echó a andar. En cuestión de pocos minutos llegaron a una pequeña cafetería. Tomaron una mesa para dos y ordenaron.
-¿Cuando fue la última vez que nos vimos?- preguntó él una vez que la camarera se retiró. -¿Dos, tres años?
-Fue en Navidad, hace dos años.
-¡Ah, sí! La cena que organizaron los gemelos. Parece que ha sido más tiempo. ¿Cómo has estado?
-Bien. Bastante ocupada, tú sabes.
-Siempre imaginé que te verías muy linda haciendo de mamá. Y...si me permites decirlo, la maternidad te ha dejado más hermosa de lo que eres.
-Gracias.- se limitó a responder, un tanto incómoda.
-¿Qué edad tiene tu hijo?
-Está por cumplir siete meses.
-¿Lo has dejado con su padre?
-No..no en realidad. Él es...un hombre con bastantes ocupaciones.
-Ya veo. ¿Te casarás con él?
-Tamaki...-
-¡Vamos! Me preocupo por ti.
-No es necesario que lo hagas. Y en cuanto al padre de mi hijo, pierde cuidado. Si me caso o no con él no hace diferencia.
-No dejo de pensar que pude ser yo, ¿sabes?
-¿De verdad vamos a tener esta conversación? Tomaste la decisión. Y te recuerdo que no fue solo una vez. Luego de la quinta perdí la cuenta.
-Me arrepiento. No hay un solo día en seis años que no lo haya hecho.
-Bien pudiste elegir a una de esas mujeres y hacerla la madre de tus hijos.
-Me ofendes, Haruhi. Sabes de sobra que sólo te he amado a ti.
-Extraña forma de amar la tuya.
-Fui un idiota. Lo sé. Me dolía mucho la distancia que habías puesto entre nosotros y...busqué un desahogo.
-Siempre vas a tratar de justificarte, ¿cierto?
-Si pudiera regresar el tiempo...
-Es imposible. Ya no tiene caso que discutamos esto. Tengo mi vida y tengo a mi hijo. También deberías continuar.
Una sonrísa nostálgica se formó en los labios de Tamaki.
-Hemos hablado tanto de tu hijo...y no lo he conocido aún. ¿Tienes alguna fotografía?
-No veo la razón de tu interés.
-Es parte de ti, Haruhi. Para mí es suficiente razón para querer conocerlo.
-Preferiría que continuara al márgen de esto.
-¿Es que acaso ocultas algo?
-No. ¡Que tontería!
-Entonces déjame conocerlo. Sólo te pido ver una fotografía, no es como si te pidiera traerlo a Francia.
Ella se mordió el labio inferior, dudando. Parecía inevitable. Tarde o temprano la verdad saldría a relucir. Suspiró con pesadez y tomó su bolso. Hurgó un poco en él y sacó una pequeña agenda y de ahí retiró un retrato. Se lo extendió a Tamaki, quien enseguida lo aceptó.
Entonces aquella juvenil sonrísa se congeló en su rostro, mientras miraba la imagen de un bebé vestido con un lindo traje de marinero, sentado sobre una manta. Su carita regordeta con una infantil sonrísa de alegría. El cabello negro cayendo sobre su frente...y esos ojos grises tan astutos que parecían mirarle. ¿Cómo podría ignorar esos rasgos tan familiares?
-¿Cuándo..? ¿Tú...y Kyouya? ¿Cuándo pasó?
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-Pierda cuidado, señor Ootori. Tadashi ya duerme. Estuvo algo incómodo durante el día pero ya ha pasado.
-¿Haruhi te ha dicho cuando volverá?
-Reservé su vuelo para mañana a primera hora. Llegará a Tokio por la noche.
Tres días. Tres malditos días.
-Puedes llamarme al móvil si Tadashi necesita algo.
-De acuerdo. Lo haré.
Cuando la llamada terminó, Kyouya se levantó de su asiento, completamente fastidiado.
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-Te has liado con Kyouya...apenas me lo creo.
-Pudo ser cualquiera.
-¡Pero no es cualquiera! ¡Hablamos de Kyouya!
-A final de cuentas no entiendo qué es lo que te escandaliza tanto. Estamos divorciados. Puedo hacer lo que me venga en gana con mi vida.
-¿Y por qué con él? Sabes que es como mi hermano.
-¿Vas a declararle tu rencor, acaso?
-No podré verlo más a los ojos sin pensar que tú y el...
Tamaki negó, enérgico.
-¿Te sientes traicionado por algo tan insignificante? Trata de imaginar entonces cómo me sentí yo con una infidelidad tras otra. No estás para reprocharme nada.
-¿Lo amas?
Haruhi quedó perpleja ante tal pregunta. ¿Que si lo amaba? Kyouya era el padre de su hijo. Era un maravilloso compañero. Era el hombre con que el podía hablar de cualquier cosa, que la comprendía. Había decidido entregarle su confianza, y hasta ahora había sido bien correspondida. Con él adoraba hacer el amor, compartir sus cuerpos en busca de placer y encontrando una comunión plena. No podía imaginarse ya con nadie más. ¡Por supuesto que lo amaba!
-¿Importa eso?
-No me evadas. Necesito saberlo.
-En realidad no entiendo para qué.
-Quiero saber si al menos tengo otra oportunidad. Si aún guardas sentimientos por mí.
-Ya no cometería ese error, Tamaki.
-Sería como al principio. Estoy dispuesto a reconocer a tu hijo como mío.
-Mi hijo ya tiene padre.
-Y él...¿Kyouya te ama como lo hago yo?
Era un buen cuestionamiento. Tenía claro que le tenía afecto. Él era cálido en su trato más no efusivo. Estaba siempre para darle su apoyo y protección. La respetaba. Adoraba de su cuerpo como nadie más lo habia hecho. Sin embargo, aquella frase nunca había salido de sus labios. ¿Kyouya la amaba?
-No responderé a tus preguntas solo para complacerte.
-Entiendo. No lo sabes. ¿Tienes claro que no podrías llevar una vida junto a él? Kyouya solo se casaría contigo si puede obtener algo de ello. No tiene la convicción de hacerlo por amor. Él no es de esas cosas.
Haruhi desvió la mirada.
-Fuimos felices. En verdad lo fuimos. Sé que cometí errores pero si me das otra oportunidad...-
Tamaki ahora le sostenía la mejilla y se acercaba a su rostro, completamente dispuesto a besarla. Haruhi lo empujó al ver sus intenciones.
-¡No! ¡No más, Tamaki! Comprende que ya no te amo.
Sin más, la joven tomó su bolso y salió del lugar. Tamaki la dejó marchar. Esas últimas palabras le habían hecho asumir que la había perdido para siempre.
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Kyouya miró complacido como todos aquellos hombres salían de la sala de juntas. La reunión se había extendido más del tiempo necesario y ahora solo podía pensar en ir a ver a su hijo. Estaba un tanto preocupado. Tadashi había estado algo extraño por la mañana. Lloraba constantemente y no habia querido comer. Quizá la ausencia de su madre estaba siendo demasiado para el bebé. Agradecía que al menos ella llegaría de un momento a otro.
Al levantarse de su asiento, el heredero Ootori sacó su móvil y lo encendió. Cuando miró la pantalla se desconcertó. Había más de quince mensajes en su buzón de voz. Todos eran de Arisa. Rápidamente, tomó sus cosas, canceló el resto de sus compromisos y salió de su oficina.
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Un médico joven caminaba hacia la sala de espera del área pediátrica. Arisa, presionaba sus manos con ansiedad. Había tenido a bien pedir el apoyo de Hikaru, quien les había dado aviso al resto de los chicos y se encontraban ya en el hospital para estar al tanto de Tadashi. El bebé había tenido dificultades para respirar. El hombre en bata blanca se detuvo frente a ellos.
-El niño ha presentado una crisis derivada de una anemia ferropénica. Hará falta realizarle una transfusión sanguínea, sin embargo no se puede llevar a cabo si no se cuenta con la autorización de los padres.
-Su madre lo ha dejado a mi cuidado. Estará aquí en cuanto su avión llegue. Por favor, haga lo necesario.
-¿Que hay del padre?
-Él..
Unos apresurados pasos resonaron por el pasillo. La joven asistente y los antiguos miembros del club de anfitriones miraron con enorme asombro cómo Kyouya cruzaba la distancia hasta llegar a ellos.
-¡Tadashi! ¿Que ha pasado con él?
-Ha sufrido una crisis por anemia. Necesita una transfusión de sangre.- le puso al tanto Arisa.
-Necesitamos la autorización de los padres. También es necesario que llenen los formularios.- reiteró el médico.
-¡Deje sus malditos formularios y ayude ya a ese niño!
-Son requisitos del hospital.
Entonces todos lo vieron. Aquella peligrosa mirada que caracterizaba la furia del heredero Ootori.
-¿Qué demonios necesita saber? El nombre del bebé es Tadashi Fujioka. Nació el tres de junio a las cuatro horas con dieciseis minutos. Pesa ocho kilos cuatrocientos gramos. Su grupo sanguíneo es B. ¿Qué otra cosa necesita? Le prometo que si algo le sucede a ese niño no le alcanzará la vida para lamentarlo. Me encargaré de sus estúpidos formularios. Mientras tanto, atiéndalo ahora.
El hombre volvió sus pasos hacia la sala pediátrica. Kyouya se llevó una mano a la frente, exhalando con pesadez. Las miradas consternadas de sus amigos estaban sobre él. Apenas podían creerlo. Kyouya Ootori era el padre de Tadashi.
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Hasta aquí llegamos por hoy. Ojalá disfruten mucho de este capítulo. Me encantará recibir sus impresiones.
Agradezco como siempre, a quienes leen y a:
mutemuia: amiga, te agradezco al doble por el comentario extra del capítulo anterior. Ojalá disfrutes esto. Espero tu review. Sabes que disfruto de leerlos.
okita kagura: y aquí están esos problemas. Ojalá te guste el capítulo.
Gracias por sus reviews.
Nos leemos pronto...
