III. Pereza con P de Propiedad.
3. Luis Coloma dijo: "Por la calle del después se llega a la plaza del nunca"
— Evans— me llamaron. Sin pensarlo me detuve a secas a mitad del pasillo y vi a la prefecta Chang acercarse a mí, con ese andar presumido y ese cabello tan negro que le ondeaba como capucha. A últimas fechas, comenzaba a verle más parecido con un dementor.
— Chang— respondí. La aguilita se detuvo y me escudriñó con la mirada. ¡Merlín! ¿Qué no tenía que dar ella su propia ronda? Sin dejarme amedrentar por sus ojos inquisidores, espere su examinación hasta el final y entonces por fin, se dignó a hablarme.
— ¿Dónde está la túnica de James?— una sonrisa traviesa estaba por asomar de mis labios ante la mención de la mentada túnica, pero para mi fortuna, logré evitarla y parecer indiferente.
— No lo sé. Potter sabrá dónde se saca la ropa— musité, aburrida
— No te hagas la inocente, sé bien que tú se la quitaste y quiero saber dónde la guardas o a quién se la diste— ¡vaya pajarita! Dicen que los Ravenclaw son tranquilos, pero esa avecita, sí que estaba por enterrarme las garras.
— ¿Por qué te interesa? Potter no es un niño chiquito, deja que el resuelva sus asuntos— le dije sin más.
— James me ha pedido que la encuentre, si lo hago, saldrá conmigo oficialmente y no tendré que acorralarle para que note que existo— chilló. ¿Dije que Chang tenía garras? Olvidadlo. Acá solo había una pollita— Apuesto a que la tienes tú y solo no se la das porque es tú única manera de que mi James te siga persiguiendo. ¡Enterate Evans, James ya pasó de ti!— sin el mínimo deseo de seguirle oyendo, me di la vuelta sonriendo.
— Espero que la encuentres, porque no recuerdo a quién se la deje— me aleje del pasillo y seguí mi camino a la Torre de Gryffindor. Evité a toda costa los pasillos de James y Remus y cuando crucé el retrato de la Señora Gorda, una cantarina melodía muggle se me había venido a la cabeza. La sala común estaba vacía y en la chimenea el fuego crepitaba antes de extinguirse. Subí despacio la escalinata y cuando entré a mi dormitorio, no me fue sorprendente ver a Alice y Mary dormidas como viles dragones bonachones y a Dorcas, leyendo apresurada su nuevo libro.
— ¿Aún no duermes?— pregunté
— Un capítulo más— me respondió monótonamente. Asentí con la cabeza y me metí al baño. Me cambié el uniforme y dejé la túnica en mi baúl al salir. Me despedí de Dorcas y me tumbé en la cama, no bien hube cerrado las cortinas con cuidado, alcé la almohada y la vi.
Hacia dos semanas que hubiera quitado a Potter su bonita túnica de Quidditch, por sus citas nocturnas que me habían dejado tirada durante la ronda de Premios Anuales. Hacia dos semanas que le hubiera dicho que la daría a sus fans pero ni loca habría cumplido esa amenaza tras oler el embriagante perfume de mi merodeador. Con ese toque de tierra y menta, la prenda olía tan jodidamente exquisito que no me desharía de ella en al menos tres días. O eso pensé.
Pasada una semana, James ya me había preguntado tres o cuatro veces dónde encontrar su túnica y fingiendo que no recordaba o sacudiéndomelo con desdén, le había dejado dar vuelta tras vuelta por el castillo preguntando a todas dónde estaba su ropa. Que lo había disfrutado, eso es cierto. Qué me agrado que las Potter-fans me acosaran a por respuestas, no, no me agrado para nada.
¿Pero que podía hacer? Tenía en mi poder la preciosa túnica del capitán de Quidditch más sexy que hubiera pisado el castillo y la había encantado para que su aroma no se perdiera. La sensación de dormir con ese aroma, toda la noche me era embriagador y con dos semanas, había descubierto que me resultaba adictiva la esencia de James. Ahora bien, el siguiente juego de Gryffindor sería el siguiente sábado, lo que me daba un total de un fin de semana y una semana, para devolver la túnica.
¿Tendría la fuerza para hacerlo? No sabía.
¿Escribiría -si era necesario- Propiedad de Lily Evans en la prenda? Sí, seguro que sí. Porque con ese aroma penetrando en mi nariz, sabía que era la pereza de devolverla lo que me impedía arrojársela a James y estaba más que segura, que si alguna fans o brujita caliente se prensaba de mi capitán y mi túnica, no iban a existir suficientes sitios en Hogwarts para ocultarse de mí y Cornamenta se enteraría de lo que una pelirroja encabronada es capaz.
Por esta noche, el aroma James en mi cama, me hacía feliz. Y ojala que la semana corriera lento para no tener que devolverle la prenda.
Continuará…
¿Reviews?
¿Crucios?
A Lily le gustan las niñas que comentan (y a las que no, las manda con Myrtle)
Con cariño, JulietaG.28
