IV. Avaricia con A de Atractiva


4. Cervantes dijo: "Dos gorriones sobre la misma espiga no estarán mucho tiempo juntos"


Sabía que era tarde, ¿vale? ¡Claro que lo sabía! Pero por más que McGonagall me retara por mi retraso, no iba a negar que me había parecido más importante encontrar mi túnica de Quidditch que según esa Emmeline —de Hufflepuf—, dijo que ella tenía — y no la tenía— en vez de aparecerme a la hora exacta para la clase de Transfiguraciones.

Lo malo de haber perdido tanto tiempo, fue que mi sitio junto a Canuto había sido ocupado por Lunático y como Colagusano estaba en la enfermería por una crisis con la poción de la hora pasada, los sitios solo me dejaban de opción a una serpiente plateada que parecía dispuesta a morderme si me le acercaba o a mi querida Lily, extrañamente solita durante la hora. ¿Ya sabrán que sitio cogí, no?

— Potter, haz el favor de dejar de sonreír como idiota y mirarme con ojos de maníaco— me dijo mi leona favorita en cuanto McGonagall dio por iniciada la clase y yo me giré para contemplar a mi compañera de pupitre largo y tendido, durante el tiempo que tenía.

— Quiero un trato— respondí al cabo de un momento. Lily alzó una ceja, confundida y despegó la vista de la pizarra donde Minnie apuntaba las Leyes de la Transfiguración de no sé qué fulano chiflado.

— No tengo nada que pactar contigo— me aseguró sin más.

— Quiero mi túnica de vuelta— susurré con una sonrisa, porque me gustaba mirarla mientras le picaba y ella se enfurruñaba— Sé que vos, sabes dónde y quién la tiene o en su defecto dónde la has guardado personalmente— porque si nadie me la daba, la idea de que la misma Lily la hubiera escondido, comenzaba a cobrar forma en mi cabeza.

— ¿Y para qué guardaría yo tú sucia túnica?— cuestionó con esa mueca que ya sabrán, parecía dar a entender que la pelirroja se olía la fragancia de Quejicus o a la señora Norris cuando la revolcamos en sustancias indeseables— Ya te he dicho que la entregué a vuestras fanáticas. No recuerdo a quién ni de qué año, pero con el amor que te profesan no será difícil que te la devuelvan— ante sus palabras, su voz ha perdido un poco la firmeza con que me hablaba a diario desde hacía años, pero su sonrisa limpia y extensa no hace más que darme a entender lo que mi chica estaba pensando. Está ganando. En este juego que ella inició sin motivos aparentes, mi leona está ganándome la partida y yo llevo algo más que la derrota segura. O eso he dejado que crea.

— ¿Te he dicho ya que eres tan atractiva como avariciosa?— mi risa traviesa logra descolocarla y cabrearla, como siempre que la pongo en práctica.

— ¿De qué hablas?—

— Si tanto quieres mi túnica, pudiste haberla pedido y con gusto te la habría dado. No era necesario montar todo ese espectáculo para verme en calzoncillos, pelirroja— le guiñó un ojo y veo extasiado como sus mejillas se tiñen de rosa— Ahora bien, sabes que sin esa túnica no puedo jugar el sábado y no quiero pasar la semana que sigue en medio de una búsqueda desesperada. Por favor, devuélveme la túnica— por un momento veo un brillo extraño resplandecer en sus ojos verdes y con el gesto más indiferente que mi chica es capaz de lanzar, Lily volvió la vista a la pizarra y mojó la pluma para comenzar a copia el texto.

— No entré a tu habitación para veros los calzoncillos, entre porque tenías deberes y no iba a dejarte holgazanear como la noche en que faltaste a la ronda por pasar tu tiempo con Chang— me dice lenta y fríamente

— ¿Me has visto esa noche?— al instante el pánico me nubló la vista. Desde el inicio del séptimo curso, me había propuesto dejar las andadas pasadas (ideas tontas de Sirius) y demostrarle a mi pelirroja que su mejor partido era yo en todo lo inmenso y mágico del castillo. Ahora bien, si esa noche en que la aguilucha de Chang me acorraló contra la pared y se lazó sobre mí, mi leona me cachó infraganti —como dicen los muggles—, entiendo por qué luego de ello, no siguió con nuestra cordial relación y su entrada tan abrupta e iracunda a mi dormitorio.

— Tome tú túnica, sí. Y no se la entregué a tus fans, cierto. Pero no te la devolveré. La he escondido en el castillo. Si tan buen merodeador eres, encuéntrala por ti mismo— aunque sus palabras sonaron frías pero retadoras, ni el mismo Lunático podría negarme que lo que acababa de advertir no era producto de mi imaginación.

Lily estaba celosa. Cabreada. Y en plan vengativo.

Una sonrisa apareció en mis labios sin poder evitarlo y es que, más que nunca confirmaba dos cosas que ya sabía de mi pelirroja: 1) Es condenadamente sexy cuando se enfada. 2) Nadie me negará que es una avariciosa. Porque ahora comprendo que Lily me quiere y me quiere solo para ella. Que he logrado celarla y su venganza no es más que para verme desesperado.

Pero si algo olvida mi pelirroja es que yo también soy un avaricioso. Y la quiero a ella. Para mí y solo para mí. Y también, quiero mi túnica.

Continuará…


¿Review? ¿Crucios?

A James le gustan las niñas que dejan reviews.


Con cariño, JulietaG.28.